La voluntad y los órganos de la generación en el Paraíso, según San Agustín

Uno de los aspectos doctrinales que preocuparon a principios de la edad media fue como pudieron Adán y Eva obedecer el mandato divino de "Creced y multiplicaros" sin caer en la tan temida concupiscencia.

La solución de este enigma se debe a San Agustín, en su famosa obra, La Ciudad de Diós. Algunos, nos dice San Agustín, piensan que la expresión se refería a la multiplicación del espíritu. Otros que ignoran, sin duda, la felicidad que hubo en el Paraíso, creen que en él Adán y Eva no tuvieron hijos.

Pero esta no es la solución. San Agustín deja bien claro que Adán podía mover su miembro viril a voluntad propia, sin necesidad de ningún tipo de apetito sexual. Y por tanto, procrear sin concupiscencia alguna.

Yo había conocido esta sentencia de manos de Russell, pero no quería citarla sin haber leído el texto original. Me ha costado mucho encontrarlo, por que La Ciudad de Dios es un libro largo y denso, pero hoy finalmente he podido dar con las palabras de San Agustín y os las transcribo.

Dice el Santo, Allí el hombre seminaria y la mujer recibiría el semen cuando y cuanto fuere necesario, siendo los organos de la generación movidos por la voluntad, no excitados por la libido. Como si fueran previsibles algunas objecciones, San Agustín dedica algunos párrafos verdaderamente interesantes a justificar su sentencia, argumentando que incluso las partes del cuerpo que no tienen huesos se pueden mover a veces a voluntad. Y entre ellas, algun fenómeno extrordinario e insospechado sirve para apuntalar la argumentación Agustiniana.

Se trata de un clásico que me permito incluir íntegramente (esperando como siempre no ofender a nadie al reproducir las palabras literales de este Doctor de la Iglesia). Se que es un poco largo, pero os recomiendo leerlo, ni que sea en diagonal.

SAN AGUSTÍN. LA CIUDAD DE DIOS. CAPITULO XXIV. Libro XIV.

La voluntad y los órganos de la generación en el Paraíso

1. Allí el hombre seminaria y la mujer recibiría el semen cuando y cuanto fuere necesario, siendo los organos de la generación movidos por la voluntad, no excitados por la libido. Porque no movemos solamente a nuestro antojo los miembros articulados con huesos, como los pies, las manos y los dedos, sino también movemos los compuestos de nervios fláccidos agitándolos y los enderezamos encogiéndolos a nuestro capricho. Así hacemos con los miembros de la boca y de la cara, que los mueve la voluntad como le place. Los pulmones, que son las vísceras más blandas, exceptuadas las medulas, y por eso resguardadas por la caja torácica para respirar y aspirar y para emitir o modificar la voz, sirven como fuelles de órgano, a la voluntad del que sopla, respira, habla, grita o canta. Y no me detengo a decir que a algunos animales les es natural e innato mover, cuando sienten alguna molestia sobre el cuerpo, solamente la piel que cubre el lugar en que la sienten, y espantan con el temblor de su piel no sólo las moscas que se les posan encima, sino también los aguijones que les clavan. Y porque el hombre no pueda hacer esto, ¿hemos de decir que el Creador no pudo dar esa facultad a los vivientes que quiso? Luego al hombre le fue también posible tener sujetos los miembros inferiores, facultad que perdió por su desobediencia, ya que para Dios fue fácil crearlo de manera que los miembros de su carne, que ahora únicamente son movidos por la libido, los moviera sólo la voluntad.

2. Conocidas nos son las naturalezas de algunos hombres, distintas de los demás y admirables por lo raras, que hacen con su cuerpo a placer cosas que otros no pueden hacer y que, oídas, apenas las creen. Hay quienes mueven las dos orejas a la vez o por separado; y otros que, sin mover la cabeza, echan sobre su frente la cabellera y la retiran cuando les place. Hay otros que, comprimiendo un poco los diafragmas, sacan como de una bolsa lo que quieren de la infinidad y variedad de cosas que han engullido. Otros hay que imitan y expresan tan a la perfección el canto de las aves y las voces de las bestias y de otros hombres, que, sino se les ve, es imposible distinguirlos. No faltan algunos que, sin fetidez, emiten por el fondo sonidos tan armoniosos, que se diría que cantan por esa boca. Yo mismo he visto sudar a un hombre cuando quería, y a nadie se le oculta que hay algunos que lloran cuando quieren y se anegan en un mar de lágrimas. Pero es mucho más increíble un hecho sucedido hace poco y del que fueron testigos muchos hermanos nuestros. En una parroquia de la iglesia de Calama había un presbítero llamado Restituto, que, cuando le placía (solían pedir que hiciera esto quienes deseaban ser testigos presenciales de la maravilla), al oír voces que imitaban el lamento de un hombre, se enajenaba de sus sentidos y yacía tendido en tierra tan semejante a un muerto, que no sólo no sentía los toques y los pinchazos, sino que a veces era quemado con fuego sin sentir dolor, hasta más tarde y por efecto de la herida. Y prueba de que su cuerpo no se movía, no porque él lo aguantaba, sino porque no sentía, era que no daba señal alguna de respiración, como un muerto. Sin embargo, contaba después que, cuando hablaban más alto los concurrentes, oía voces como a lo lejos.

Si, pues, en la presente vida grávida de pesares por la carne corruptible, hay personas a las que obedece el cuerpo de modo maravilloso y extraordinario en muchas mociones y afecciones, ¿por qué no creemos que, antes de la desobediencia y de la corrupción, los miembros del hombre pudieron servir a la voluntad sin ninguna libido en lo relativo a la generación? El hombre fue abandonado a sí mismo porque abandonó a Dios, complaciéndose en sí mismo, y, no obedeciendo a Dios, no pudo obedecerse a sí mismo. Su más palmaria miseria procede de allí, y consiste en no vivir como quiere. Es cierto que, si viviera a su capricho, se juzgaría feliz; pero en realidad no lo sería si viviera torpemente.

Comentarios

nomesploraria ha dicho que…
"Adán podía mover su miembro viril a voluntad propia, sin necesidad de ningún tipo de apetito sexual. Y por tanto, procrear sin concupiscencia alguna."
En un teatro de variedades tipo el Bagdad sería la sensación.

En genial.
juananguerrero ha dicho que…
Gracias a Dios que la evolución nos ha dotado de dos cerebros a los hombres a partir de Adán, que diría un creacionista-mixto.
Vaya con San Agustín y los penes teleñecos.
Es un mundo extraño, añado de nuevo.
frikosal ha dicho que…
Es realmente notable y extraña la solución Agustiniana a este enigma del pene de Adán, pero más notable todavía es su frase:

"No faltan algunos que, sin fetidez, emiten por el fondo sonidos tan armoniosos, que se diría que cantan por esa boca"
nomesploraria ha dicho que…
"fetidez" que hermosa palabra.
Hediondo, mefítico, nauseabundo, pestilente...

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