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lunes, junio 30, 2008

Ascenso y declive de Don Alfredo, alcalde ejemplar.

(Esto es pura ficción, si alguien se da por aludido, de verdad que lo siento ... no es culpa mía.)

Don Alfredo fue un alcalde ejemplar desde el momento de su primera elección, en el 77. Jamás le tembló el pulso a la hora de usar el principal instrumento de la política municipal: la recalificación. En sus 30 años de mandatos sucesivos, Don Alfredo logró multiplicar por cuatro el número de pisos de la ciudad-dormitorio y por cuarenta el presupuesto del Ayuntamiento.

Toda clase de negocios relacionados con la construcción crecieron como la espuma, incluyendo la prensa local, que también vivió un período de esplendor sin precedentes gracias a la publicidad inmobiliaria.

Don Alfredo conocía bien su ciudad. Censo electoral en mano, repartió zonas azules, verdes y rojas para mortificar a unos mientras premiaba la fidelidad de otros con calles peatonales, exiguos jardincitos y ambulatorios. Dividió a tiras los barrios díscolos, para que los desafectos tuvieran que desplazarse largamente el día de las elecciones. Hábilmente, con unas pocas dádivas, logró que las asociaciones de vecinos fueran fieles aliados de su política urbanista. Es cierto que algunos se atrevieron a criticar el crecimiento desmedido de la ciudad-dormitorio y a denunciar la sensación de ahogo que sufrían sus habitantes. Pero fueron pocos y rápidamente se les pudo cubrir de estiércol.

Incluso la oposición llegó a convencerse de que lo mejor era que Don Alfredo siguiera presidiendo el Consistorio por los siglos de los siglos. Presentaban candidatos mediocres, apocados, que dejaban pasar la campaña electoral sin pena ni gloria. Agradecido, Don Alfredo invitaba a toda la oposición a viajar por el mundo y conocer las principales capitales, a fin de poder elegir el destino más glorioso para la ciudad-dormitorio del futuro. Y ellos, en su propio interés, silenciaban los costes regios de esas visitas.

Cuando Don Alfredo se sintió más fuerte, logró su mayor triunfo personal: construir un campo de Golf en una gran zona verde que había sido cedida por un filántropo para hacer un hospital. Fueron días difíciles, los rojos y los verdes plantaron batalla. Pero Don Alfredo, con el apoyo del Partido, logró su objetivo. Contando con el favor de la prensa, empleó los antidisturbios sin complejos. Supo ganarse a la opinión pública prometiendo grandes mejoras para la ciudad. Y dividió a los opositores, difamando a los más radicales y acogiendo a los moderados en el seno de su gobierno. Al final, Don Alfredo salió incluso reforzado.

¿Quién hubiera podido pensar que Don Alfredo fuera capaz de tantos y tantos logros, siendo como fue un niño sin imaginación, de aprobado justito? ¿No fue su padre el que le prohibió poner los pies en el negocio familiar, por inútil? Es que él había nacido para Alcalde. Con las prisas de la transición, y siendo de buena familia, poco le costó trepar al carro del Partido y descabezar al líder histórico de los tiempos de la clandestinidad. Y después, a ganar elecciones, cada vez con mayor porcentaje de votos, pero con mayor abstención.

Las personas son como las hojas que caen en el río, algunos van rápido y parece llegarán lejos por que son idealistas y brillantes, pero después, en un meandro, la corriente les aparta y les deja a un lado. Mientras que otros que parecían menos, siguen y siguen avanzando, por que tienen las virtudes supremas para la política municipal.

También en el plano familiar don Alfredo fue un hombre ejemplar. Siempre procuró lo mejor para los suyos, y por eso fijó su residencia en una zona señorial, más acorde con su dignidad, lejos de los humos y los atascos de la ciudad-dormitorio. Preocupado por el porvenir de sus sobrinos, que no tenían aptitudes para nada tangible, supo darles una seguridad en el trabajo, colocándoles en otros ayuntamientos del Partido. Y él, a su vez, acogió a innumerables hijos y sobrinos, en una muestra tácita de amistosa reciprocidad. Hasta el punto de que malas lenguas decían que los atascos de cada mañana no se debían principalmente a la inexistencia de transporte público real, si no a ese copioso flujo cruzado de hijos y sobrinos.

Pero un mal día soplaron vientos de cambio en el Partido. Hubo una lucha intestina y Don Alfredo tomó partido por el barón perdedor. Los hambrientos clamaron renovación. Viéndose forzado a dejar el cargo, durante algún tiempo albergó la ambición de abdicar en su hijo. Pero los envidiosos concejales quisieron negarle esta última petición.

Como cada jueves, Don Alfredo se reunió con los caciques y promotores inmobiliarios en el discreto reservado de un restaurante de la capital, sin saber que era la última vez. Durante la cena le dejaron explayarse, y varias veces asintieron cuando dijo "¡Los concejales son peores que los buitres, con lo que yo he hecho por ellos, y a la más mínima ya quieren enterrarme!". Pero a su espalda ya habían pactado que el nuevo Alcalde no sería su hijo, si no concejal el de Urbanismo.

Después de los postres, a traición, le entregaron el paquete de la joyería con el Rolex de oro que simbolizaba su fin. Y fue el más fiel, el de InmoCasa, quien dándole unas palmadas en la espalda le dijo, "Es que son muchos años, Alfredito, ya es hora de dar paso a la juventud". Sollozando, apenas pudo decir "cabrones" antes de que le metieran en el coche oficial, mientras ellos ya habían empezado a extender los planos sobre la mesa, para repartirse los terrenos al norte de la nueva autopista.

martes, junio 10, 2008

Historia de amor y muerte en 13 frases

1-Él era un perro callejero de los más feos, asalsichado, famélico, con el pelo raído y una pata ranca. Ella era mansa, muy menuda, de color negro y carita de rata.

2-Una anciana solitaria se encariñó de ella y la cobijó una temporada.

3-Pero el día del entierro, entre tanta gente desconocida entrando y saliendo, la perrita se marchó lloriqueando por la puerta abierta.

4-Después de tantas pedradas, tanta hambre y tanto frío, el asalsichado tuvo la suerte de encontrarla una mañana propicia.

5-Se olisquearon, y sin más preámbulos fueron a esconderse debajo de un camión.

6-Siendo tan pequeños, entre el diferencial y el depósito de gasoil quedaba un hueco que tenía la altura justa para que pudieran amarse.

7-Yo era el niño que les vio camino de la escuela, y toda la mañana estuve meditando acerca de los misterios de la vida.

8-Al mediodía seguían debajo del camión, descansando tumbados uno al lado del otro para poder continuar.

9-Por la tarde me contaron que un perro finolis olió a la perrita, pero que el asalsichado plantó cara y pudo rechazarle de un mordisco.

10-A las siete de la tarde, volviendo de catequesis, el camión arrancó y pude ver como los dos salieron algo asustados.

11-Y se marcharon trotando juntos calle abajo, él con la pata ranca.

12-Habiendo tenido los dos una vida tan miserable, me pregunto si cuando murieron atropellados, o de un mal parto, o quien sabe como, debieron recordar aquel día debajo del camión.

13-Pero yo no se si el recuerdo de las alegrías pasadas puede mitigar el dolor presente, o si por el contrario, lo aumenta.

martes, noviembre 06, 2007

El caso de la pianista multiorgásmica

1. Ahora mismo me he acabo de enterar del caso de una chica de buena familia y muy formal que estudiaba primero de ciencias exactas y quinto de piano, cuando conoció en la parada del autobús a un joven oficinista elegante y atractivo pero algo serio.

2. Charlando charlando, pareció que surgía una afinidad y él propuso ir a tomar café.

3. El oficinista era tan serio y la pianista lo encontraba tan guapo, que ella creyó conveniente contarle sus experiencias con el sexo tántrico para romper el hielo y ver si el asunto pasaba a otro plano.

4. Pero como él solamente conocía las posturas de toda la vida y su antigua novia siempre se quejó de monotonía y poca duración, el oficinista al oir aquellas proezas se escondió medio arrugado detrás de la tacita de expreso.

5. Asi siguieron, ella hablando y hablando de los secretos del orgásmo múltiple, que en realidad había leído la tarde antes en el Cosmopolitan de la peluquería, y él arrugándose cada vez más.

6. Hasta que al final él dijo adiós muy flojito y se marchó derrotado.

7. Y yo he pasado un rato observándoles desde lejos, ahora la pianista está sola en la mesa del fondo de la cafetería, tan formal como siempre con su traje chaqueta que la hace parecer mayor, preguntándose que puede hacer la próxima vez para que los hombres que le gustan no la encuentren demasiado formal.

8. Pero a mi se me ha hecho tarde, ya han pasado casi ocho frases, asi que cierro el cuaderno, tapo el boligrafo, pago la infusión y me voy.

sábado, noviembre 03, 2007

Goya, procesiones y procesionarias (reposición)

Parece ser que esta entrada es una de las más consultadas del cuaderno. A ver si os gusta (y perdonad los que ya la visteis).

Siempre que he visitado el Prado he salido fascinado por las pinturas negras de Goya. Una de las visitas, en el 96, fue por Semana Santa. De vuelta a la pensión donde pasábamos la noche en un pueblo al sur de Madrid, me encuentro con que se veía una procesión. Inmediatamente me recordó las pinturas negras de Goya, no por la temática sino por los colores oscuros, las luces y las sombras.

Desde la ventana saque unas diapos con mi 601. Hace un par de años las pasé por el escanner. Aclarando las sombras y jugando con el filtro de enfoque para resaltar los bordes, tienen un aspecto más pictórico (pero detestable desde el punto de vista de la decencia fotográfica).


Vayan por usted, Don Francisco de Goya y Lucientes, encerrado en su casa, hasta los cojones de todo, pintando solamente para usted toda o casi toda la mierda que tenía en la cabeza. Estoy convencido de que lo más fuerte lo hizo en papel y lo tiró después al fuego.

Por pura asociación de ideas, había pensado enseñaros otras procesionarias, concretamente las del pino (Thaumetopoeia pityocampa) que fotografié en Semana Santa del 2005, nueve años después. Mucho cuidado con estas orugas porque además de ser una plaga son venenosísimas.

Como todo el mundo sabe, estos bichos siguen a su líder aunque haga cosas absurdas. El sistema es fácil: funciona en base a que cada individuo mete la cabeza en el culo de su predecesor.

Fijaros en las uñas de las tres patas de la oruga trasera, y en estos pelos que son los que provocan la terrible urticaria.

Para hacer buenas procesiones de procesionarias, es necesario que todo el mundo siga la doctrina, en este caso la técnica cabeza-culo, y tenga fe ciega en el líder. El líder, al no tener la frente entorpecida por ningún culo, es infalible.

Herejía. Si algunas orugas empiezan a pensar más de la cuenta, se crea un serio problema. Y finalmente, el caos.

Esto es una reposición de un artículo que en 2005 me publicó la revista El Pollo Urbano

miércoles, octubre 31, 2007

Viaje de Gulliver a Concretia y después hacia la Luna (fin)

(Viene de aquí)

Varios días antes de llegar a la capital de Concretia, vimos una extraña línea gris en el cielo, que poco a poco se fue perfilando mejor: era una torre. Cuando finalmente llegamos, pudimos comprobar en que consistía el método para viajar por los cielos y hasta la Luna. Se trataba de una prodigiosa construcción de enorme altura, capaz de llegar hasta cualquier parte. Los concretios, maestros en la construcción de edificios, habían logrado propulsarse por el cosmos a fuerza de levantar pisos.

Pronto pudimos averiguar el funcionamiento. En la base de la Torre Lunar, por que así es como la llamaban, los albañiles-cosmonautas mezclaban una pasta viscosa de color gris en el interior de unos toneles giratorios. La pasta se cargaba en unos carros metálicos que trepaban por las paredes de la Torre con ayuda de un ingenioso sistema de engranajes. Una vez en la parte superior, se vertía la pasta en un molde y se dejaba endurecer, formando un nuevo piso. Al día siguiente, los carros y los cosmonautas-albañiles trepaban por el piso recién endurecido y levantaban la Torre Lunar un poco más. Ya alcanzaba una altura prodigiosa, más allá de lo que la vista podía escrutar.

Los primeros centenares de plantas ya estaban ocupados por los cosmonautas pioneros, que estaban continuamente quejándose del ruido de las obras. Pero era tal la carestía de la vivienda que más y más personas acudían a la Oficina Lunar para dar una paga y señal. Se decía que los próximos cien mil pisos ya estaban vendidos, y algunos terrenos de la Luna ya estaban apalabrados.

Por pura curiosidad yo mismo entré en la Oficina Lunar y pregunté precios. Como me parecieron interesantes, di paga y señal de un apartamento en el piso trescientos y pico mil y de una parcela en la Luna. Todo ello sobre plano, que es la mejor forma de comprar. Me dieron un certificado de cosmonauta-comprador y uno de cosmonauta-colono, firmados por el cosmonotario. Todavía los guardo.

Al principio, el ingeniero Jones quedó asombrado por la destreza y el dominio de la técnica constructiva de los Concretios. Mientras que yo fotografiaba la Papillio machaon y la Vanesa atalanta, él realizaba la parte más dura del trabajo: levantar croquis de los engranajes, realizar cálculos y, sobretodo, tratar de averiguar la composición de aquella pasta gris. Pero un día me dijo que no era necesario espiar más.

-Sea cual sea el material, cualquier estructura de este tipo terminará cayendo a causa de su propio peso. Es imposible que alcancen la Luna, Gulliver. Observe mis cálculos, incluso si la sección de la base decreciera en razón de diez a uno por cada cien pisos, despreciando la acción del viento y considerando una resistencia específica mil veces superior a la del acero.…

Pero yo no le quise escuchar y me marché a la Oficina Lunar a exigir que me devolvieran el dinero. “Esto se va a caer, es imposible que aguante”, les dije. La secretaria, azorada, pulsó un botón y me echaron a la calle de inmediato. Aquella noche vino lo peor. De madrugada se presentó la policía-Lunar en nuestra posada, nos arrestaron y decomisaron los cálculos y bocetos del ingeniero Jones.

Después de unos días de estar sometidos a torturas y vejaciones que no describiré, fuimos llevados a la presencia del Constructor-Cosmonauta. A diferencia de Impey Barbicane, presidente del Gun Club que también trató de alcanzar la Luna pero de un cañonazo, el Constructor-Cosmonauta resultó ser un tipo maleducado, codicioso e ignorante. Con voz engolada, preguntó al ingeniero Jones:

-A ver el listillo este ¿cuando dices que se va a caer?
-Bueno, según mis cálculos, no puede tardar más de una semana. Teniendo en cuenta la resistencia específica....

No pudo seguir. El Constructor-Cosmonauta se levantó de la silla, dio un puñetazo en la mesa y gritó:

-¡Maldito empolloncete! Esta Torre no se aguanta con cálculos si no por mis cojones.

Miró al funcionario e hizo el gesto de cortarnos el cuello con el dedo índice.

-Al amanecer. Y esos papeles me los quedo yo.

La prensa nos había presentado como peligrosos saboteadores, y al pasar por al lado de la ventana vimos que la multitud ya esperaba ansiosa la ejecución, que había de ser con navaja. Fueron momentos horribles. Pero a medida que transcurrían las horas, se fue levantando un fuerte viento del norte que llenó de esperanza al ingeniero Jones. No cesaba de repetir que la caída era inminente. Y en efecto, siendo todavía noche cerrada, la torre se vino abajo con un estrépito monumental que despertó a toda la península de Concretia.

Aprovechamos la confusión para escapar de la cárcel. Por desgracia, el pobre ingeniero Jones fue alcanzado por la multitud colérica. Yo logré escabullirme por los pelos, y todavía me parece que oigo sus horribles gritos. La multitud furiosa le descuartizó en vida. Me fue totalmente imposible ayudarle: los albañiles-cosmonautas, los vendedores de parcelas lunares, los notarios-cosmonautas, los compradores, los inquilinos, los impresores de certificados lunares, absolutamente todos ellos querían matarnos por que toda la vida en Concretia giraba en torno a la maldita torre.

Días más tarde, después de haber cruzado la frontera de forma clandestina, pude ver una caravana de carros. Y me enteré de que era el Construtor-Cosmonauta, que partió cargado de oro tan pronto como nos hubo condenado, horas antes de la caída.

Sintiendo mucho la baja de mi compañero, informé a su Graciosa Majestad de todo lo ocurrido y le presenté la nota de honorarios y gastos reembolsables (incluyendo mi paga y señal por las fincas lunares y los pisos). Todavía estoy esperando que me los paguen.

G, Moscú, octubre 2007

martes, octubre 30, 2007

Viaje de Gulliver a Concretia y después hacia la Luna

Estaba en mi escritorio repasando algunos detalles de mi viaje al país de los Cíclopes, cuando llamó a la puerta un hombre misterioso. Resultó ser el ingeniero Jones, un enviado de su Graciosa Majestad la Reina, que había venido a proponerme participar en una expedición.

Al parecer, en Concretia se había inventado un método para viajar por los cielos, que pronto permitiría llegar incluso hasta la Luna. Y no se trataba de la técnica americana de propulsar un vehículo lunar con un cañon gigantesco, que ya había demostrado no ser viable (además del inconveniente de no permitir el regreso). Su Graciosa Majestad deseaba obtener toda la información sobre este nuevo y prodigioso invento para poder reproducirlo. Se trataba de una peligrosa misión de espionaje.

-Gulliver, sus hazañas han impresionado a la Reina, y ha llegado el momento de que preste usted un servicio a la Patria, que sabrá recompensarselo. Su experiencia como viajero va a sernos de gran ayuda. Iremos en secreto, disfrácese de cualquier tontería, por ejemplo, fotógrafo de insectos.

Yo ya tenía ganas de partir nuevamente de viaje, por que no estoy hecho para la vida de familia. Esperando obtener por fin gloria y fortuna, pero cansado de tantísimos naufragios, solamente puse una condición: ir por tierra. Esta cláusula fue aceptada y a los pocos días partimos. Ya en el continente, nos dirigimos hacia el sur hasta llegar a la inverosímil Concretia, donde habíamos de descubrir un nuevo y prodigioso método de transporte celeste, capaz de llegar hasta la Luna.

Por el camino, interrogamos discretamente a muchos los viajeros. Todos coincidían en que se trataba de un invento prodigioso, pero nadie quiso decirnos con exactitud en que consistía.

El ingeniero Jones estaba muy expectante. En su opinión, cada nación se especializa en una técnica. Los americanos, concretamente el “Gun club”, siendo grandes expertos en armamento y ejércitos, concibieron el cañon Lunar. ¿Cual podría ser la técnica de los concretios para llegar a la Luna ?

Varios días antes de llegar a la capital de Concretia, vimos una extraña…

Fin de la primera parte. Mañana, sin falta, la conclusión.

viernes, octubre 19, 2007

Segunda historia de Q

Hoy llueve en la ciudad dormitorio.

La oficina central de la Caja de Ahorros está en un viejo edificio en el centro de la ciudad. Aunque no es un subterráneo, al entrar da la impresión de ser un submundo oscuro y miserable, construido para criaturas oscuras y codiciosas como las cucarachas. Está comprobado que allí dentro el tiempo tiene una textura diferente.Y los días de lluvia tienen un transcurrir viscoso y putrefacto que no va a ser bueno para Q, el hombre que lo veía todo lleno de mierda.

Para empezar, ya hace un rato que Q está atendiendo a la señora R. Como casi cada mes, sobre el día 25, ella viene a pedir la cuadratura del círculo: Un anticipo de la pensión de viudedad para poder pagar el supermercado. Y la señora R, aunque pasa de los 70, es de armas tomar. Ya está casi gritando cuando exclama:

-¿Pero no se acuerda usted de cuando vivía mi marido? La cantidad de operaciones que hacíamos, lo que han llegado a ganar con nosotros. Jamás dejamos de pagar nada. ¿Y ahora no puede adelantarme 50 miserables euros una semana?
-Si, yo conocía a su marido, señora R. Toda la vida lo han pagado todo sin falta, por supuesto que lo se. Pero es imposible.

Q lleva un rato dándole las amables excusas habituales cuando levanta la vista y ve, allí arriba al Contable E que está de pie observándoles. Está en la puerta de su celestial despacho de Auditoría Interna y la exigua luz que entra por la claraboya le hace parecer un ser superior. Ya hay más de diez personas detrás de la señora R y la conversación sigue subiendo de tono. No se trata solamente de decirle que no. Hay que echarla discretamente a la calle cuanto antes. La Institución no puede perder tiempo con los pobres, para eso están las Hermanitas de la Caridad.

-Señora R, mire, lo siento, no voy a poderle dar el dinero. Me está poniendo en un compromiso. Dejémoslo aquí.
-Es usted un miserable. ¡Sepa que voy a contar todo esto en mi blog!

¿Se puede conservar la dignidad siendo pobre? La señora R sale de la oficina andando alterada. Por más que ella intente disimularlo a base de betún, los agujeros en sus zapatos ya son más que evidentes. Mal asunto para un día lluvioso.

Mientras el siguiente cliente pide un extracto, Q se da cuenta una vez más de que el día que dejó el BUP de letras y el cuaderno de versos para entrar en la Caja de Ahorros la cagó. Tentado por la seguridad de un empleo vitalicio, se ha metido en un nido de gnomos mediocres y avariciosos. Y se pregunta por que no habrá obedecido su impulso inicial de sacarse 50 euros del bolsillo para dárselos a aquella pobre mujer. Q ya era un cobarde, ahora además le han convertido en un miserable.

Algunas personas, como el contable E, pueden cambiar el tono de voz en menos de un segundo, para adular al rico y acto seguido asfixiar al pobre, sin el menor problema de conciencia. Q, en cambio, recuerda que cuando era un niño pequeño quiso ser Robin Hood. Parece que de mayor la vida le ha convertido en el Sherif de Nottingham y recauda a los pobres para dárselo a los ricos y así poder ir pagando su propia hipoteca ¿Donde andará Robin Hood? Tal vez, piensa, lo mejor sería prescindir de las pastillas que le recetó el médico y acabar de una vez con tanta, tantísima mierda de vida en el maldito edificio de la Caja de Ahorros.

Pero de pronto siente temor ¿habrá durado demasiado la conversación con la abuelita pobre? ¿Estará E enfadado? Sus sospechas se confirman al cabo de un rato, cuando la aglomeración ha pasado. El contable E desciende del celestial reino de Auditoría Interna para hablar con Q.

-¿Ya le ofreciste una Hipoteca Inversa a esa vieja pesada? No se que se habrá creído. Ni que fuéramos Hermanitas de la Caridad. ¿Por que no se hizo un plan de pensiones cuando podía? No podemos alimentar a todos los pobres. Además, ¿ella para que quiere su piso ahora? No tardará en caer. ¿Te has fijado en sus zapatos?
-Mmmm, si, si que se lo comento cada mes, lo de la inversa quiero decir.

Pero, por suerte, no es esta la razón de la visita de E. Da varios rodeos, comenta algo sobre el fútbol. Se le ve nervioso. Es evidente que quiere algo. Se supone que son amigos pero en realidad Q le teme. Como todos los demás. Una simple petición de cuentas puede acarrearle muchísimo trabajo. Al final, E se decide a pedirle el favor. Que esta vez debe ser de los grandes por que empieza pidiendo discreción varias veces antes de exponer el asunto.

-Tengo un problema con mi mujer W. Estoy receloso. ¿Tu no sabrás de alguien en Seguridad que pudiera vigilarla discretamente? Algún chaval, me refiero, que esté empezando y me lo haga como un favor..
-Si, creo que si, hablaré con un securito que tiene ciclomotor y se cree que es Philip Marlowe, a lo mejor te podrá echar una mano.
-Bueno, a mi me da igual de que equipo sea, pero si hay algo, a ver si pudiera hacerme una foto.

Al cabo de unos días, E regresa y Q le tiende un sobre cerrado. Con la mano temblorosa, lo abre y examina unas fotos. Por un momento, E está estupefacto. Pero pronto se recupera. Guarda las fotos y carraspea.

-Ese chico se ha ganado el sueldo.
-Ah, pero ¿pensabas pagarle?
-Bueno, es un decir, me lo ha hecho como un favor, ¿no?

Cuando E se marcha con el sobre en las manos, Q se acuerda de W, la mujer del contable, de pecho travieso y mirada viva. La recuerda, como siempre, languideciendo en la interminable cena fraternal de cada año, al lado del contable que habla de sellos y discos de Julio Iglesias.

Q se pregunta si su cobardía no le habrá hecho cagarla una vez más, como cuando vendió el cuaderno de versos a cambio de un empleo vitalicio en el infierno de los gnomos, que es peor que el del Diablo. Por que el Diablo, a pesar de su indiscutible maldad, tiene cierta altura de miras, disfruta a tope de la vida, y no es rastrero ni roba los dineros céntimo a céntimo.

miércoles, octubre 17, 2007

El peso de los bits

Mi abuelo, que era de Granada, se murió a los 74 años justo cuando empezaba a escribir sus memorias. Y hubieran sido muy interesantes, desde luego mucho más que las mías. Ahora que tengo los 40 tacos a la vuelta de la esquina (un par de meses después de Navidad) creo que ha llegado el momento de empezar a ordenar mis recuerdos, los buenos y los malos.

Revisando lo que la gente cuenta de su vida, veo que hay cierta tradición en contar la primera experiencia sexual. Para no aburrir a la audiencia, yo por el momento no voy a abordar este apasionante tema, y empezaré por algo que para mi fue anterior al primer polvo: Mi primer programa.

Lo recuerdo perfectamente. A un buen amigo de mi juventud, sus padres le compraron un Spectrum. Al salir del Castillo de Curas donde estudiábamos secundaria, fuimos disparados a su casa para ponerlo en marcha por primera vez. Con expectación, lo sacamos de la caja (ahora parece un chisme ridículo), lo enchufamos a la tele y allí apareció el mensaje

(c) 1982 Sinclair Research Ltd.


Y ahora ¿que hacemos con esto? Por que en aquellos tiempos los ordenadores llamados domésticos no servían prácticamente para nada como no fuera aprender a programar en Basic y usar unos juegos que tardaban más de cinco minutos en cargarse desde un caset.

Resulta que mi hermana había hecho un cursillo de Basic un par de años antes y yo había leído los apuntes con deleite. Y recordaba algunas cosas. Lo suficiente como para poder escribir (después de luchar con el odioso teclado) algo así como:

10 LET x=10
20 PRINT x


Entonces, apretando RUN salió, glorioso un

10

en la pantalla.

¡Que emoción que gran maravilla de la tecnología era el Spectrum!, ¡Hacía exactamente lo que le pedías!

Y que suerte haber nacido en esta época de prodigios. Por que el Spectrum del 82, que era casi un juguete para chavales, ya era muchísimo más potente que el ordenador que llevaban los cohetes Apolo del 68.

En casa de mi amigo, y después en la mía, y en otros muchos lugares, he pasado horas y horas escribiendo programas, unas veces cobrando y otras sin cobrar, pero casi siempre con la sensación de descubrimiento de aquella primera tarde.

PS. Aunque no he estudiado informática ni soy programador profesional, soy un obsesivo irremediable. Y a fuerza de disfrutar y disfrutar escribiendo programas, el peso de los bits acabó cargándome el cerebro y ahora soy un poco frikosal. Tened cuidado los que trabajáis en este sector, escribir software es malo para el cerebro (pero solamente si se disfruta haciéndolo).

viernes, octubre 12, 2007

Historia de R (pequeñas maldades para pasar grandes tardes)

(Extracto del blog de Esperanza R.)

Pequeñas maldades para pasar grandes tardes (en el supermercado).

Queridas amigas,

Como ya sabéis, desde que falleció mi esposo, la situación económica no es nada fácil para mi. Después de tanto trabajar he llegado a la vejez en la más absoluta miseria. Ya pasé por eso en mi juventud, pero no esperaba verme de nuevo así a mis 70 y tantos años.

Somos muchas las que nos vemos en estas penurias. Mi anterior entrada, Ciencia Ficción para viudas: Como llegar a fin de mes sin pasar por Cáritas, tuvo más de 20 lectoras y vuestros amables comentarios son un estímulo para que hoy, desde el ordenador de la biblioteca municipal, aborde un tema más desenfadado: como pasar una divertida tarde por tan solo un euro. Por que aunque seamos mujeres mayores y pobres, esto no significa que no podamos divertirnos.

La pequeña maldad que os propongo hoy es fácil. Os ponéis la mejor ropa que tengáis y con la permanente recién hecha, os vais al supermercado. Una vez allí, cogéis un carro y lo llenáis hasta los topes de las cosas que os gustaría comprar pero no os podeis permitir. Yo cogí una botella de Brut Nature, que tanto le gustaba a mi Difunto, una de Baileys que me gusta a mi, varios botes de especias de las buenas y azafrán natural como el que antes ponía en la paella de los jueves, vinagre de Módena, una botellita de fino, unas latitas de berberechos, trescientos gramos de jamón serrano envasado, un litro de aceite virgen, un buen trozo de queso de Parma del bueno, una lata de Friskis como el que le ponía a la pobre Bluf... En fin, lo que a cada una le guste. Pero eso si, que no sea pescado o cosas que se estropeen. Por que la pequeña maldad, que ya os debéis estar imaginando, consiste en dejar el carro en un rincón y después coger el paquetito de arroz y el aceite de girasol de cada semana, dos diez más el euro del carro que lo daremos por perdido y bien perdido.

Es cierto que algo de trabajo vais a darle a los del supermercado, pero mira, que se joroben y no lo pongan todo tan carísimo.

El otro día se me ocurrió una pequeña maldad incluso más divertida y económica. Consiste en observar a los demás compradores y, cuando se distraigan, meterles algo en el carro. Se trata de que se lo lleven y lo encuentren en casa. Ojo no seáis muy malas, meted cosas baratitas, como un paquete de caramelos. Para empezar, si veis a una señora con dos niños, seguro que no se va a dar cuenta. Cuando tengáis más experiencia y aplomo, podéis probar a meterle una caja de preservativos al Hermano Joaquín, o una Chibeca a los jamalajís.

Si os descubren, haced ver que os habéis equivocado. En realidad, así fue como yo empecé con esta segunda maldad. Por error, metí mi aceite de girasol en el carro de la señora W, la mujer del Contable E. Cuando me di cuenta, fui a sacarlo pero pensé: ¿A ver si no se va a dar cuenta? Y lo dejé. Y no, no se dio cuenta. Siguió comprando como si tal cosa.

Pero en lugar de ir a pagar, W dejó el carro en la aglomeración de los congelados y salió a toda prisa por la salida de "Sin compras". Se marchó corriendo como una loca por la calle de atrás. ¿Estará ella haciendo pequeñas maldades?

jueves, octubre 11, 2007

Historia de E

Al igual que su hermano mayor, desde la más tierna infancia E mostró gran capacidad para la aritmética. A los seis años ya era capaz de sumar y multiplicar. La resta y la división le costaron algo más.

Pero a los doce años se estancó. Era un niño de comportamiento ejemplar, obediente (más que simplemente bueno), capaz de sacar cuentas con la rapidez y precisión de una calculadora y escribir con ortografía y caligrafía perfectas. No obstante, sus notas empezaron a ser mediocres y después francamente malas. Incluso empezó a suspender las matemáticas en cuanto llegaron los polinomios y los problemas con ecuaciones.

Ni E ni su hermano mayor tuvieron absolutamente ningún interés por ninguna rama del conocimiento humano. Ni la física, ni la literatura, ni la química, ni la historia, ni los tebeos de Mortadelo. Nada. Su única pasión infantil, además de (lógicamente) el fútbol, fue la filatelia.

Lejos de preocuparse, su Padre estaba encantado. Era el perfil mental ideal para que el mayor heredara la tienda de legumbres cocidas. Incluso las dificultades infantiles con la división y la resta gustaron al Padre.

-Mejor. En ningún negocio, ni restando ni dividiendo se saca beneficio. Sumar y sobretodo multiplicar. Eso es lo que interesa.

En cuanto a E, el menor, entró en la Caja de Ahorros de botones a la edad de catorce años, gracias a la recomendación expresa de un amigo.

Fue en la Caja de Ahorros donde E pudo desarrollar plenamente su perfil. Ya desde el humilde puesto de botones logró una comunión completa con los loables intereses de la Caja de Ahorros, institución sin ánimo de lucro que pronto fue como una familia para E. Y fue ascendiendo, lentamente, a lo largo de las décadas. Actualmente E es un Contable menor en el departamento de Auditoría Interna, pero aspira a situarse en el departamento de Análisis Financiero.

E es un hombre feliz. Pasa las tardes ordenando su enorme colección de sellos y escuchando discos de Julio Iglesias. Está casado con una mujer adorable. Sus mayores ilusiones en la vida son tener un raro sello de la Reina Isabel segunda y un amplificador de válvulas. En cuanto ascienda al departamento de Análisis, podrá permitirse adquirir ambos.

Pero últimamente hay un pequeño problema en la vida de E. Ha notado un cambio en su mujer W. Hará cosa de un año que la paella de los jueves le sale francamente mal, y la ha visto varias veces escuchando música con unos auriculares. El otro jueves, W dejó su aparatito de música (¿de donde habrá salido?) encima de la mesa. Fueron solo unos minutos, pero E pudo por fin llevárselo al oído. ¡Que música más rara! Y además, el sonido era pésimo. ¿Como era posible que W no estuviera escuchando al Julio Iglesias de siempre en los espléndidos altavoces Bose?



Demasiado tarde, E recuerda lo que le advirtió su Padre.

-E, hijo mío, no te cases con esa chica. He notado un brillo en su mirada que no me gusta. Hemos trabajado mucho para que llegues a donde estás.

En vida, E no se atrevió a desobedecer a su padre y tuvieron que esperar a que pasaran seis meses del entierro para contraer matrimonio con W.

lunes, octubre 08, 2007

Historia de W

W ya lleva casada mucho tiempo con el Contable. Ya debe hacer casi una eternidad. Como cada jueves, a las tres en punto el Contable llega de la Caja de Ahorros y ella ya tiene la paella en la mesa. Él habla y habla de las pequeñas comisiones (que acaban proporcionando importantes beneficios) del euribor, del irph y de la importancia de las auditorías. De pronto exclama:

-No se que te pasa, cariño, antes te salía mejor el arroz. Ya debe hacer cosa de un año.. te queda un poco pasado.

W se sonroja levemente, pero el Contable no la ha visto.

Después de comer, él se entregará a sus grandes pasiones extralaborales: los discos de Julio Iglesias, que pone a un volumen brutal en su fastuoso equipo de alta fidelidad, y la colección de sellos, que ordena incansablemente. W friega los platos mientras suenan, una vez más, "De niña a mujer" y "Me Va Me Va".

Pero, desde hace cosa de un año, W tiene un mp3 que le permite cierto grado de libertad musical en la cocina. ¿Que notas mágicas estarán acariciando sus oídos en secreto mientras por toda la casa resuena Me va la fiesta, la madrugada, me va el cantar?

Después de recoger la cocina, W se va al super con el carrito de la compra. De regreso, el Contable mira el ticket y completa su hoja de cálculo de gastos. Meticulosamente pero sin maldad. Su pasión son los detalles.

-Cariño, parece mentira como se han puesto los yogures. A partir de ahora los compraremos en el Dia, los martes.

Para cenar, como cada jueves, hay patatas con acelgas. El Contable pone un disco de Raphael. Mientras cenan, diserta largamente sobre las innegables ventajas de los amplificadores de válvulas.

Pero de pronto, ocurre algo completamente inesperado. W le interrumpe y exclama, a media voz, mirando al suelo:

-Ya hace cosa de un año que tengo un amante.

Que rara suena le suena a W la palabra amante puesta en su propia boca. No recuerda haberla pronunciado nunca antes. Es una palabra que se oye en las telenovelas o, como máximo, que se usa para hablar de la vida de otras mujeres. Pero es cierto: W tiene un amante. Desde hace cosa de un año, todos los miércoles por la tarde, corre más allá del supermercado como una yegua desbocada, da un rodeo para evitar pasar por delante de la peluquería y entra a escondidas en el quinto D de un edificio destartalado, donde se entrega en cuerpo y alma a un pintor abstracto de futuro incierto que tiene casi 20 años menos que ella. Ha sido él quien ha poblado sus oídos de músicas fantásticas, su cuerpo de sensaciones que no creía que fueran posibles y su mente de pensamientos que le impiden cocinar la paella tal y como Dios dejó escrito.

-¿Como dices, cariño?
-Digo...que me gusta mucho este cantante.
-Si, Raphael es casi el mejor. Escucha esta estrofa:

Como yo
que vivo enamorado de la vida
de la luz, del aire, de la musica y la flor


De segundo hay tortilla de patatas. Después de recoger, W se va a la cama donde el Contable ya la espera leyendo "Expansión", que deja doblado cuidadosamente en la mesilla de noche antes de apagar la luz para hacer el amor, como cada jueves.

jueves, octubre 04, 2007

Un cuento chino (de árboles)



Se dice que estando el Maestro Lao Tse de viaje junto con algunos discípulos, pasó por el frondoso valle donde había transcurrido su infancia. Muchos años habían pasado desde que el Maestro estuvo allí por última vez. Y donde antes hubo cientos de árboles, ahora tan solo quedaba uno con vida. De no haber sido el Maestro Lao Tse, se hubiera sorprendido o incluso enfadado. Pero él se limitó a comprobar que todo transcurría según lo esperado, por que todas las cosas de este mundo (incluso los dioses si los hubiera) obedecen las inmutables leyes del Tao, que nada obran pero nada dejan sin hacer.

Ya empezaba a soplar el frío viento del norte, anunciando el inicio del otoño. El venerable Maestro se detuvo y recorrió el horizonte con bastón, indicando donde estuvieron algunos de los árboles.

-Allí hubo un árbol que limitaba dos fincas. Hubo una disputa por las tierras y uno de los vecinos debió cortarlo. Un poco más allá, en casa de Liu, había un cerezo de excelente fruto. Debió de cansarse de que los vecinos le robaran las cerezas y lo cortó. Más allá del camino estaban los robles, tan apreciados por su madera, que debieron ser cortados para construir muebles en el palacio del Mandarín. Y los quejigos fueron cortados para encender fuego en los fríos inviernos. Recuerdo que allí, en lo alto del cerro, había un árbol solitario que destacaba por su belleza y presencia. Sin duda atrajo al rayo.

-Maestro, ¿y ese arbolito de allí, como es que es el único que sigue con vida?

-Joven Fri-Koh, observarás que ese árbol no da fruto ninguno y su madera es quebradiza. No destaca por su belleza ni por su tamaño ni por nada en especial. Su leña tarda en secarse y cuando arde lo hace mal y sin dar apenas calor. Por no dar, apenas da sombra, por que sus hojas son pequeñas y escasas. Es el más inútil de todos, el único que no sirve absolutamente para nada ni despierta envidia alguna. Y justamente por eso sigue con vida.

En ese momento salieron algunas ancianas de una casa y se quedaron observando al Maestro y sus discípulos. Pero ya nadie recordaba al venerable Lao Tse en aquel valle, y él les hizo una señal para proseguir el camino que les había de llevar de regreso a la lúcida soledad de la montaña.

Para todos los que siendo niños soñaron con poder volar y de mayores han acabado cansados de las esperas en los aeropuertos. Terminal Q, Octubre 2007.

miércoles, octubre 03, 2007

Historia de Q

Q se desplazó a la capital para unos trámites de especial importancia. Pero al bajar del tren a primera hora de la mañana, vio que toda la ciudad estaba cubierta por una capa de líquido marrón, viscoso y maloliente. Las calles, los innumerables coches, las mesas en los bares. Todo estaba cubierto de asquerosa mierda. La gente parecía no darse cuenta, seguían con sus asuntos. Una señora limpiaba el cristal del escaparate de su pequeña librería. Un camarero charlaba animadamente de fútbol con los clientes. Un barrendero recogía las hojas caídas.

¿Como es posible que no se den cuenta de que todo eso no sirve para nada entre tanta mierda? Siguen comportándose como si tal cosa, como si la mierda no estuviera allí. ¿Que sentido tiene seguir con la rutina de cada día si todo esta lleno de mierda? En estas condiciones nada tiene el menor interés. Y era imposible retirar semejante cantidad de inmundicia. Incluso si lo hubieran intentado. Pero parecía evidente que no eran conscientes de que sus vidas estaban enterradas entre la mierda.

Q creyó que era inútil tratar de hacer nada mientras la capital estuviera llena de mierda y regresó a su casa. El tren también se había llenado de inmundicia, pero los mendigos seguían pidiendo monedas y los jóvenes hablando de amores y desamores. También su ciudad estaba asquerosamente sucia. Su calle, su casa, todo estaba impregnado de porquería. Le pareció más absurda que nunca. Estaba claro que ni las calles mal trazadas, ni las casas feas ni las interminables obras servían para nada. Todo era un asco. Se tendió en la cama, incapaz de hacer nada.

Pasaron más de seis horas hasta que su mujer llegó a casa con los niños que gritaban, lloraban y reían. Q seguía sin poder hacer nada, abrumado por el peso de tanta porquería. ¿Como es posible que no lo vean? Entraron gritando en el cuarto.

-¿Es que piensas quedarte aquí tirado todo el día sin hacer nada?
-Pero ¿no os dais cuenta?, todo es un asco, todo es inútil.

Unos días más tarde, el médico (casi sin mirarle) le recetó unas pastillas de por vida.

-La mierda, mi querido Q, está dentro de su cabeza. Cuando eramos monos salvajes y en primavera hacía sol, debíamos ser felices, emprendedores, apasionados. En otoño, era mejor ser prudentes por que se avecinaba el mal tiempo. Ahora, mi querido Q, todo eso ya no existe. Somos como los pulpos cautivos y en su cabeza es siempre invierno. Tómese estas pastillitas, apenas tienen efectos secundarios, dejará de ver esas feas mierdas e incluso es posible que le guste el fútbol.


Me marcho un par de días, no seáis muy duros con los comentarios.

domingo, septiembre 23, 2007

Marta Gómez (La Foca) - 2

Fotonovelas sin fotos. Marta Gómez (La Foca). Hoy: La Psicóloga. Capítulo 2.

(viene de aquí)

Patricia Prados empezó su licenciatura en Administración y Dirección de Empresas en una Escuela de Negocios muy cara y prestigiosa, siguiendo el consejo de sus padres como siempre había hecho hasta entonces. Pero a causa de una desafortunada serie de sucesos que en este momento no hacen al caso, su vida dio un giro inesperado y en segundo curso dejó la Administración y la Dirección para matricularse en Psicología. Por su carácter y sobretodo por su posición, ella iba para ejecutiva o directora de algo importante, más que para terapeuta. Pero a pesar de que la Psicología no fue su vocación primera, era una chica enérgica, capaz, y la conmovían las miserias del mundo que suelen salir en los telediarios. De modo que al terminar los estudios decidió ser lo más competente y útil posible como Psicóloga Educacional, rechazando una oferta de una importante empresa de selección de personal (propiedad de un amigo de su padre).

Precisamente ese día empezaba ilusionada su primer trabajo, en realidad una sustitución. Hecha un pincel, salió de la zona alta conduciendo justo por debajo del límite de velocidad para poder llegar puntualmente al IES de la Ciudad Poligonal, donde había de entrar en la atormentada vida de La Foca por pura casualidad. Tal vez si la Psicóloga asignada al IES de La Foca (y a nueve más) no hubiera estado de baja por enfermedad profesional esta historia hubiera sido bastante diferente.

La Ciudad Poligonal fue construida en los 70 para evitar que la escasez de vivienda debida a la fuerte emigración provocara disturbios, que en aquella época no eran infrecuentes en las zonas periféricas. Dicen que desde el cielo la estructura geométrica de las calles es preciosa (de ahí su nombre), pero "La Poligonal" se hizo mundialmente famosa cuando un fotógrafo extranjero de renombre publicó un libro con fotos de los edificios frente por frente a fotos de nichos del cementerio. Si habéis visto el libro, sabréis que el parecido visual es sorprendente, incluso el color negruzco del hormigón, alternado con algunas notas de colores vivos que en los nichos son coronas de flores y en la Ciudad Poligonal ropa tendida a secar.

Años antes, Patricia Prados había visto varias veces el famoso libro en la mesilla de noche de un amigo y reconoció inmediatamente la panorámica de los edificios-nicho, que se puede apreciar muy bien desde la autopista. Es una vía de seis carriles que pasa a cien metros escasos de la ropa tendida a secar, pero no hay ningún acceso para Ciudad Poligonal. Esto la desconcertó, pero siempre es fácil orientarse llevando el navegador TomTom, que en este caso indica que no hay más remedio que tomar la siguiente salida (la que hicieron para el nuevo campo de golf) y retroceder más de diez kilómetros por calles laberínticas, abarrotadas de coches y personas que a Patricia le recordaron sus recientes vacaciones en Rabat. Cuando finalmente consiguió aparcar, miró a derecha e izquierda (y se preguntó si volvería a ver su flamante Golf entero). Agarró el bolso con fuerza y salió andando decidida hacia el IES, aparentando indiferencia al oír las invitaciones al acto carnal que le gritaban los trabajadores de la construcción.

El director del IES no perdió demasiado tiempo con Patricia, pero no debéis culparle por ello, hay que tener en cuenta que desde que se puso enferma la Psicóloga titular, cada semana venía una sustituta diferente. Se limitó a pasarle los informes y a desearle suerte con una sonrisa que, tal vez, tuvo algo de irónico. Enérgica y resolutiva, Patricia leyó las anotaciones de sus predecesoras y ordenó los casos de grave a leve según su criterio. La carpeta de Marta Gómez (La Foca) estaba vacía excepto su expediente académico, que pese a ser nefasto, en el IES Ciudad Poligonal no llamaba la atención, y quedó para el final.

Cuando entró el primer chaval en el despacho, Patricia Prados supo cual era la enfermedad profesional de su predecesora. Notó un vértigo que hacía años que no sentía y, sobre la marcha, decidió que sus conocimientos de Psicología Conductista, la Teoría Clásica Psicoanalítica, la Psicología Humanista e incluso la nueva Psicología Transpersonal, debían dejarse de lado y utilizar principalmente el Sentido Común. Por lo menos, en la primera sesión.

No quisiera distraerme del tema, y omitiré las difíciles conversaciones con chicos y chicas que habían estado ingresados a causa de brotes psicóticos o desordenes alimenticios, con conductas brutalmente agresivas o víctimas de diferentes clases de abusos.

A diferencia de la psiquiatría, que cuenta con la posibilidad de prescribir tremendos fármacos que podrían tumbar a un caballo en caso necesario, el diálogo es la principal y casi la única herramienta de la psicología. Pero es frecuente que los pacientes, en particular los adolescentes, se muestren reacios a hablar. No obstante, por alguna razón, Marta Gómez (La Foca) se expresó con claridad y con una rapidez que sorprendió a Patricia Prados mientras todavía tomaba notas en la carpeta del chico anterior.

-No hay ninguna solución: soy gorda, fea y tonta. Mi vida va a ser un desastre, no tengo ni una sola amiga, no me hace ni caso ningún chico, ni me lo va a hacer nunca, no voy a seguir estudiando por que no sirvo, tendré una porquería de trabajo como mi madre. Si tuviéramos dinero, a lo mejor podría operarme para ser como las demás, o viajar a otro país, pero el sueldo de mi madre no da para nada de eso. Me cuesta mucho dejar de comer (o vomitar, como hacen otras). Y además, no se cantar.

Patricia Prados, sorprendida ante esta inesperada efervescencia verbal, levantó la mirada del dosier y observó a La Foca con sorpresa. Después de las sesiones anteriores ya estaba agotada y casi derrotada. Por un momento estuvo a punto de darle la razón a La Foca punto por punto y reconocer que en efecto no había solución. Pero su profesionalidad se impuso, sacó fuerzas de flaqueza y durante casi una hora trató de hacerle ver que todo el problema estaba en su interior, que la adolescencia es una etapa difícil, de enseñarla a afrontar los problemas con energía y coraje (aquí cometió el error de ponerse a ella misma como ejemplo), a disfrutar de las cosas sencillas de cada día, a interpretar en clave positiva las malas experiencias, puesto que de todo se aprende, a buscar las soluciones dentro de si misma y no en los demás. Finalmente, le hizo notar las cosas positivas y bonitas de la vida, las flores en primavera, el azul del cielo, el mar, el vuelo de los pájaros.

En ese momento La Foca miró por la ventana buscando alguna paloma, pero ya era casi de noche y solamente vio los edificios-nicho de la Ciudad Poligonal y el atasco en la autopista que cada día depositaba una nueva capa de hollín en las aceras. Y vió a sus compañeros, que ya estaban en la calle andando hacia la plaza. Vanesa, normalmente la más cruel, miró hacia el IES y ella instintivamente volvió la cara para esconderse.

La Psicóloga, agotada, había dejado de hablar y ya estaba escribiendo una carta para su madre.

Patricia Prados entró en su coche pensando si se habría equivocado con La Foca, cuando la vio en la parada de autobús, mirando directamente al suelo, hasta el punto de que la barbilla le tocaba al esternón, con los ojos llorosos detrás de las gafas baratas, aquel cabello corto peinado hacia atrás que tan poco la favorecía, vestida con un chandal horrible y exageradamente ancho, que la hacía parecer incluso más gorda. Como siempre, con la carpeta apretada contra el pecho para disimular sus tetas que eran el principal motivo de risa de las demás chicas en el vestuario.

Y Patricia pensó que tal vez incluso habría subestimado la urgencia del problema de La Foca, pero justo en ese momento se dio cuenta de que el cristal de la derecha del coche estaba roto y faltaba el TomTom. Cuando volvió a levantar la mirada, el autobús ya se alejaba humeando con La Foca dentro. Patricia Prados tragó saliva, se preguntó si volvería a verla, y si no se había equivocado de profesión aquel día que decidió ser Psicóloga.

De noche y sin el navegador, Patricia se vio perdida en aquel mar de edificios-nicho, incapaz de tomar la autopista para regresar a la seguridad de su mundo, a pesar de que la oía rugir a cien metros escasos del IES Ciudad Poligonal, pero completamente inalcanzable. "No hay ningún acceso para Ciudad Poligonal", recordó.

Continuará (?)

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Verdades y mentiras. Todos los personajes que aparecen en las Fotonovelas sin fotos de Frikosal son completamente ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura indecencia.

lunes, septiembre 17, 2007

Marta Gómez (La Foca)

Fotonovelas sin fotos. Hoy: Marta Gómez (La Foca).

Una univesidad Alemana realizó un estudio estadístico muy amplio que demostraba que las personas agraciadas físicamente, al margen de su capacidad intelectual, tienen mejores trabajos, ganan más dinero, y tienen más amigos. En otros lugares del mundo se ha llegado a conclusiones parecidas. Marta Gómez no conoce estos estudios, pero su resultado no le sorprendería. Está a punto de cumplir 16 años y estudia ESO. Digámoslo de una vez: Marta Gómez, La Foca, es bastante fea y muy gorda. Dos cosas terribles que la hacen profundamente desgraciada.

Yo quisiera poder decir que La Foca tiene alguna cualidad intelectual que mitiga su nulo atractivo físico. Pero no es asi, La Foca no es ni muy lista ni muy voluntariosa. No destaca en los estudios ni tampoco tiene ninguna sensibilidad especial para la música, la pintura, la literatura, el diseño ni nada por el estilo. Pasa las tardes sola en casa comiendo patatas fritas y viendo los programas de Ana Rosa Quintana, o esperando a su madre en el trabajo. Y está deseando cumplir los 16 para dejar el instituto y poder trabajar de teleoperadora.

Lo peor es que La Foca no es tonta, como pretenden sus compañeros. Si lo fuera, su caso tal vez no sería grave, por que no sería consciente de sus circunstancias. Nadie debería pensar que puesto que Marta puede comer y beber cada día, su desgracia es relativa, y mucho menor al de las personas que están hambrientas o enfermas. Esto no es cierto, si lo fuera nadie arriesgaría la vida en una liposucción. Si que es verdad que la felicidad es algo que se lleva dentro, y que algunas personas con un caracter excepcional podrían sobreponerse al desprecio de todos sus compañeros del instituto, pero se trata de personas excepcionalmente fuertes y valientes. Desde luego no es su caso.

Llegados a este punto, tal vez esperais que La Foca tenga alguna amiga, o tal vez algún primer amor, algún chico, aunque fuera feo o raro. No es asi, La Foca está siempre sola, llega sola al IES y se va sola. Está sola a la hora del patio y en el comedor. Ve a las chicas hablando entre risas de chicos, de las primeras salidas nocturnas de los sábados, de ropa, de tiendas. Todas estas cosas son totalmente inalcanzables para La Foca.

Es cierto que el dinero no da la felicidad, pero también lo es que un fin de semana en Venecia o unas vacaciones en la playa puede hacer la vida más llevadera. En casa de La Foca, no obstante, la situación económica es complicada y hay que mirar mucho lo que se gasta. Ya hace años que ni ella ni su madre han salido de la sórdida ciudad dormitorio donde viven.

No espereis que nadie tenga misericordia de ella. Cualquier intervención suya en la clase es motivo de risa generalizada. Sus esfuerzos por saltar el plinton son recibidos con burlas y sonidos que imitan al de la foca. Todos sus compañeros, chicos y chicas, la llaman La Foca desde hace años. Ella lo sabe y procura evitar la plaza donde se reunen al salir del IES, pero esto no siempre es posible, y ella pasa rápidamente, mirando al suelo, temiendo oirles insultarla. Pero cuando la ven sola por la calle, sosteniendo la carpeta con las dos manos contra su pecho para disimular en la medida de lo posible sus senos ridículamente pequeños, más en una chica tan gorda, desde lejos gritan "Foca, ¿a donde vas?, ¿no vas a parar de comer patatas fritas, Foca?". Y rien una y otra vez, saboreando su pequeño éxito, felices de no ser ellos los insultados.

Por las noches, a veces se desnuda completamente y se quita las gafas para mirarse al espejo. Cada día se ve más parecida a una foca. Los ojos grandes, saltones y miopes, la nariz chata, el cuerpo gordo y desgarbado, la incipiente celulítis en los muslos. Todo encaja, no se parece de nada a las chicas que salen por la tele. Marta ya hace tiempo que asumió que ella es La Foca, e incluso lleva el pelo corto y tirado hacia atrás para accentuar su parecido. El colmo del infortunio es ese vello, especialmente el de la cara, en el bigote (que tantas chicas tienen y disimulan). Marta no se lo depila ni decolora. Marta, La Foca, se odia. Y suele pensar que estaría mucho mejor muerta.

Asi estaban las cosas cuando Marta escribió "La Foca" al lado de su nombre en el exámen de matemáticas. ¿Tal vez, de forma incosciente, estaba pidiendo ayuda? El profesor se alarmó, comentó el caso con los compañeros y habló con la psicóloga que pasa una tarde cada dos semanas por el IES. Concertaron una entrevista.

Continuará (?)

jueves, julio 26, 2007

Se arreglan relojes de torre

En un pueblecito por el que suelo pasar hay un taller con un cartel que pone "Se arreglan relojes de torre". El relojero es un hombre viejo que se levanta todos los días sobre las nueve y baja al taller para ajustar los relojes de torre que le van llegando de los pueblos vecinos. A las dos se va a comer y por la tarde, a jugar al dominó o a dar un paseo. Como si fuera médico, antes de irse a dormir pasa a dar un vistazo a los relojes que están a punto de entrega, por si alguno atrasara más de la cuenta. No hay demasiado trabajo.

Si entráis con alguna excusa, seguramente os dará conversación mientras repasa engranajes. En el taller todavía se respira ese aire meticuloso y pausado de los viejos artesanos. Mientras trabaja con pulso firme, suele contar que ha desmontado más de cien veces todos los resortes de todos los relojes de la provincia. En algún momento especialmente delicado de la reparación, si necesita concentrarse, el relojero calla unos segundos y puede perder el hilo de lo que estaba diciendo. Si llegáis a tener confianza, os dirá que no le gusta la nueva urbanización ni el campo de golf que sustituirá al trigo y que, según dicen, va a ser la salvación del pueblo.

Yo creo que mi amigo el relojero tiene la luminosa paz interior de los hombres en equilibrio absoluto y verdaderamente felices. Cada vez quedan menos relojes mecánicos de torre, pero el relojero me dice que, sin faltar al respeto, él no quiere meterse en cosas eléctricas. Y cuando el último alcalde mande cambiar el último reloj mecánico por uno de cuarzo, el relojero me asegura (sin darle demasiada importancia) que se va a morir.

Siento deciros que el otro día cuando pasé a verle me llevé un buen disgusto. Allí estaba el cartel como siempre, pero resulta que el taller lleva muchos años cerrado. Parece ser que hace décadas que se cambió el último reloj y el viejo relojero, en efecto, murió. ¡Ya me extrañaba a mí que todavía hubiera un taller de relojes de torre, un artesano tranquilo y un pueblo sin campo de golf!

A fuerza de ver el cartel que pone "Se arreglan relojes de torre", lo debo haber imaginado, todo esto de mi amigo el relojero.

jueves, julio 19, 2007

En libertad entre las criaturas del río

(pinchad las fotos para ampliarlas)

Hace unos días, a la hora de comer, pude escaparme durante un par de horas. Dejé atrás todas mis responsabilidade (las familiares, las profesionales y las secretas). Y alejándome de la absurda ciudad donde se dice que vivo, salí al monte buscando dos tesoros: la libertad despreocupada y la naturaleza.

Esperaba poderme resguardar del calor en lo más profundo del valle, donde no alcanzan las ondas de la telefonía móvil. Me llevé una alegría al ver que el pequeño riachuelo seguía plantando cara al mes de Julio. No llevaba mucha agua, pero estaba razonablemente límpia. Y sobretodo, no había nadie en kilómetros a la redonda (o eso pensaba yo).


Allí, entre las algas, habitaban los más diversos y sorprendentes animales: el escorpión de agua, el escarabajo buceador, diferentes tipos de libélulas y sus feroces larvas, ranas comunes y ¿quien sabe? tal vez también la prodigiosa culebra de agua que tanto disfruto contemplando.

El escorpión de agua en realidad es un bonachón.

Durante un buen rato disfruté acechando a las libélulas con mi cámara, a pesar de que a esta hora son muy esquivas. Pero a finales de Julio el calor es terrible, y el zumbido implacable de las cigarras aumenta la intensidad de los rayos de sol. La cámara, el trípode y la mochila con flashes y objetivos parecía que pesaban mucho más que al salir de casa. Y allí estaba el río ofreciéndome sus tentadoras aguas.

Como bien sabía Tom Sawyer, pocas cosas hay más placenteras para disfrutar de la libertad robada que un baño prohibido e inesperado en el río. Después de comprobar que no hubiera nadie cerca, me puse el bañador que empleó Adán en el Paraíso terrenal. Y entré en una poza estrecha pero fría y profunda, provocando gran alarma entre los zapateros, el escorpión de agua y diversas larvas que no supe identificar. Esperaba poder notar el tacto escurridizo de la culebra de agua entre los dedos de los pies, pero no tuve tanta suerte.

Es una delicia meter la cabeza dentro del agua silenciosa, dejando los ojos abiertos para que se llenen de la luz verde de algas. Y al salir, oir solamente las cigarras que cantan desde el bosque y pensar en los amigos A., B., D. .... que en ese mismo momento están trabajando en la capital.

Las ninfas del río.

Aquí es donde se bañan las ninfas del río.

Yo no creo en criaturas sobrenaturales de ningún tipo, a excepción de las ninfas de los ríos, que son mujeres mágicas que juegan y rien incansablemente en los rincones más escondidos de los bosques. En estas criaturas hermosas, alegres y despreocupadas si que me da la gana de creer. En contra de lo que algunos dicen, no son malas ni peligrosas, aunque si algo traviesas. Y es sabido que algún fotógrafo que se ha bañado en estas aguas, al salir se ha encontrado con la sorpresa de que un grupo de ninfas semidesnudas le han escondido la cámara y se pasan de una a otra sus ropas durante largo rato, hasta que él accede a sus peticiones.

Con estos pensamientos en la cabeza salí del río. Allí estaba mi ropa, el trípode y la mochila de los objetivos. Me sequé bajo el ardiente sol y regresé a la ciudad absurda donde se supone que vivo. Ya en el coche, las cigarras siguieron cantando. Pero pude oirlas cesar durante un segundo, yo creo que para contemplar a las ninfas recien llegadas.

sábado, julio 07, 2007

Breve informe sobre el comportamiento sexual de las mantis religiosas, ameles y empusas (I)

La revista "El Pollo Urbano" tuvo el atrevimiento de publicarme esta obscenidad el pasado Enero. Reproduzco el texto casi textualmente, en dos partes para no hacerlo tan indecente, y añadiendo algunos detalles más que he podido aprender desde entonces. Debo hacer notar que este artículo cuenta con dos fotos del sinpar Jesús Acín, pero esto no le hace culpable de las cochinadas que he escrito yo.

Espero no ofender a nadie al desvelar la historia íntima de ciertos insectos. Nadie debe darse por aludido, cualquier parecido con situaciones protagonizadas por personas es pura coincidencia. Además, es totalmente erróneo atribuir a los animales los defectos humanos, como gula, cobardía o pureza. Y más erróneo todavía en el caso de las virtudes. Pero como resulta divertido, por una vez (si os parece) nos tomaremos esta licencia.




Una mantis macho, de color marrón, y una hembra de color verde. El sexo no tiene nada que ver con el color, hay machos y hembras verdes y marrones indistintamente. Son (o parecen) muy expresivas, observad como la hembra mira a la cámara mientras que el macho parece algo asustado.

1-La vida sexual de las mantis religiosas

Los mántidos son insectos depredadores lejanamente emparentados con las cucarachas. Su mandíbula es fuerte y sus brazos están dotados de terribles espinas. Permanecen largo tiempo inmóviles al acecho, manteniendo los brazos plegados cerca de la cabeza como si estuvieran rezando. Es por ello que la especie más abundante en España, la mantis común, se conoce también con el nombre popular de Mantis religiosa o Insecto de Santa Teresa. Quien las haya estudiado de cerca sabrá que su cuello es articulado y que, a diferencia de otros insectos, suelen mirar con descaro a la cámara o al observador mientras levantan sus brazos en actitud de amenaza.

Pero lo más notable en la mantis religiosa son sus intensos y dramáticos hábitos sexuales, que sobrepasan ampliamente las últimas escenas de la mítica película "El imperio de los sentidos". La hembra supera al macho en tamaño, y aunque ambos son capaces de volar, es ella la que lo atrae valiéndose de su irresistible perfume. El macho puede olerla a gran distancia y acude al encuentro cegado de pasión, como Ulises hubiera acudido fatalmente a los cantos de las sirenas.




Cópula (interracial) de mantis religiosas, fotografiada magistralmente por mi amigo Jesús Acín. La segunda toma es un enigmático primer plano de los genitales.

La cópula dura horas, durante las cuales ambos individuos permanecen casi inmóviles. Pero hacia el final, la hembra levanta inesperadamente uno de los brazos con espinas y, sin mediar palabra, decapita al macho. Es en este momento y no antes cuando el macho, ya herido de muerte, puede fecundarla. En sus últimos estertores eyacula desesperadamente tratando de no morir sin descendencia. Después, la hembra lo devora como si fuera una más entre sus presas.

Los hijos de la pareja heredarán el apetito de la madre y el entusiasmo del padre, prorrogando año tras año este espectáculo que a algunos de nosotros nos parece atroz (pero hay que hacer notar que nuestra especie ha inventado la bomba atómica y la recalificación urbanística).

Podemos preguntarnos si ante este panorama, el macho podría optar por el celibato. Tal vez algunos mantis por pura cobardía prefieran morir vírgenes. Pero esta opción no es heredada por sus inexistentes hijos, de modo que no se puede propagar a la siguiente generación. De modo que la castidad cobarde no deja de ser una elección minoritaria en esta especie.

La única estrategia que podría usar el macho para salir de este laberinto que le obliga a morir para procrear sería algún tipo de eyaculación precoz. Así podría embarazar a la hembra y huir antes de su ataque. Pero, en realidad, la cópula es como una partida de ajedrez. Y podemos estar seguros de que si el macho no utiliza esta defensa, que le permitiría ser padre y salir con vida para conquistar otras hembras, es por que ella de algún modo debe impedírselo. No solamente quiere sus genes, también exige su cuerpo.

En este punto es preciso hacer dos importantes reflexiones. La primera atempera la atrocidad del acto mientras que la segunda la aumenta.

--Las mantis solamente viven un año. Después de cópula, la hembra agotará su energía poniendo los huevos y finalmente ella también morirá. Devorar al macho es lo más lógico, se trata de aprovechar toda la energía que ambos han acumulado, transfiriéndola a la siguiente generación. Si la hembra no devorase al macho, al cabo de unos días también moriría y sería comido pero por un pájaro o por las hormigas. El sacrificio durante el coito no es pues una monstruosidad sino una muestra de ahorro de energía y pragmatismo.

--Pero resulta que la hembra no se entrega solamente a un macho sino a todos los que puede. Se sabe de casos (Fabre lo describe) en que la hembra ha copulado hasta con seis machos, devorándolos a todos. En esta especie, la ninfomanía y la bulimia se presentan juntas. Supongo que cinco de ellos se han sacrificado en vano, mientras que solo uno la ha fecundado. ¿Tal vez el primero? ¿El de eyaculación más copiosa? ¿El de mejor sabor? Sin un conocimiento profundo de la vida uterina de las mantis, esto no son más que especulaciones.

En otras especies animales, los machos aprendieron a calmar la voracidad de las hembras ofreciéndoles un regalo. En ciertas arañas, el macho acude a la cita con una mosca adormecida y envuelta en telarañas, con la esperanza de poder escapar mientras la hembra ya fecundada se come a la mosca. Es más, Richard Dawkins afirma que la evolución inventó la tela de araña con este propósito, y luego se vio su aplicación a la caza ordinaria. También comenta que algunos machos aprendieron a escaparse con la mosca para ofrecerla a otra hembra y multiplicar de este modo sus posibilidades de paternidad sin necesidad de más moscas.

Entre los pájaros de numerosas especies este tipo de regalos rituales son la parte inicial del apareamiento. El caso del homo sapiens también es interesante pero queda fuera del alcance de este humilde y breve informe.

También podríamos pensar que tal vez alguna mantis hembra con tendencias románticas podría optar por no devorar a su marido. Y sin duda esto puede ocurrir, pero este acto compasivo la priva de una importante fuente de alimento, y la coloca en situación de desventaja respecto a las demás hembras que no renuncian a esta especie de pensión alimenticia. Tal vez no podría poner tantos huevos o tal vez serían más pequeños, con lo que esta conducta reduciría las posibilidades de que sus descendientes llegaran a reproducirse y tampoco perduraría para las generaciones futuras.

Continuará...

viernes, julio 06, 2007

¿Qué será de mis pirámides?

Los rituales funerarios se celebraron correctamente y el espíritu del Faraón se despertó al cabo de unos días en el interior de su esplendida pirámide. Las fantásticas escenas de la laguna que mandó pintar también cobraron vida: los patos, las garzas y las mariposas empezaron a revolotear al calor de la imagen del sol. Y sus esclavos favoritos acudieron a reverenciarle. Pero el Faraón estaba cansado, la muerte no es un trámite fácil. De modo que decidió echarse una cabezadita antes de mandar a los esclavos aparejar el carro de caza.

Apenas habían pasado 4000 años, una parte infinitesimal de la eternidad, cuando despertó de nuevo. Pero su espíritu ya no estaba en la pirámide, si no solo y desnudo en una extraña sala de paredes asépticas llena de momias. "¡Me cago en la leche! ¿Donde me han metido estos cabrones?", se preguntó.

Una pirámide se construye para ser recordado eternamente y así alcanzar un cierto tipo de inmortalidad. Como los ciudadanos del montón no tenemos el poder de los faraones ni el de los presidentes de clubes de fútbol, no alcanzamos para pirámides y debemos contentarnos con tener hijos, plantar arboles, escribir libros. E incluso menos: decorar casas, escribir blogs, hacer fotos.

Pero los pobres faraones han acabado en un museo de Londres y sus pirámides son pasto de los turistas. Las salas donde yacen indignamente, son las pirámides de otros hombres que quisieron levantar museos. Si ellos, siendo casi omnipotentes, fracasaron en su deseo de permanecer inmortales y felices, ¿a que podemos aspirar nosotros? ¿que será de de mis pirámides, que son simples bytes y fotos de insectos? Como las ilusiones de un niño, apenas serán lágrimas en la lluvia.

sábado, junio 30, 2007

El método de las gambas

Se cuenta que en la antigua China, en los tiempos de Lao Tse, vivía un anciano maestro en lo alto de una colina. A él acudían los jovenes que querían progresar en el arte y la ciencia de la fotografía de insectos. Tan solo unos pocos eran admitidos. De entre ellos, el joven Tree-Hu, que aprendió con el método de las gambas.

-Esta bien, mañana a las 9 de la mañana empezaremos el curso. Te acercas a Mercabarna y me traes medio kilito de gambas de Palamós, que sean bien frequitas y de las grandes. Tu diles "Como si fueran para el Señor Obispo", que ellos ya sabrán cuales son. Y una botellita de vino blanco bien fresco.

Y asi fue, a la mañana siguiente el maestro aguardaba con el fuego listo para preparar las gambas. Las dejó en su punto exacto de cocción, un pelín crudas, jugosísimas. Y se las comió todas mientras el joven aprendiz Tree-Hu observaba guardando respetuoso silencio (exepto el involuntario roncar de sus tripas).

-Buenísimas. Hoy has progresado mucho, más de lo que te imaginas. Ya puedes marcharte. Vienes mañana con medio kilito más y otra botella, pero sube a las 8 con leña y preparame el fuego, ahora que ya sabes como hay que hacerlo.

Asi transcurrió un mes entero, y cuando ya parecía que el monzón empezaba a soplar y la estación de las lluvias estaba próxima, el aprendiz Tree-Hu preguntó tímidamente.

-Maestro, ha transcurrido un mes pero yo no noto ningún beneficio con el método de la gamba.

-¿Como que no? A mi el método de la gamba siempre me ha ido estupendamante. Esto para que aprendas la primera norma "Lo que va bien para unos no sirve para otros".

Y Tree-Hu dijo "Que cabrón", demostrando que empezaba a aprender.