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Mostrando entradas de enero, 2012

Vivac

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Siempre me ha gustado dormir en la naturaleza. En mis tiempos de estudiante, más de una vez había pasado a buscar a unos amigos que vivían en un piso compartido y, sin previo aviso, les decía: "¿Nos vamos al monte?". Empaquetábamos un viejo saco de dormir, una guitarra y un par de cosas más, y salíamos por la tarde, en coche un rato y después andando.


Entonces charlábamos hasta muy tarde.. eramos jóvenes, y podíamos dormir en el suelo, en una cueva.. y recuerdo a uno de mis amigos tocando de memoria la música de Pink Floyd y al otro llevando siempre un absurdo e incómodo farolillo de barco a todas partes.

Ahora también tengo que quedarme a dormir en el monte para poder hacer esas fotos que deben hacerse justo antes del amanecer. Y recuerdo las escenas de Dersu Uzala, cuando el Capitán Arseniev se dejaba guiar por los sabios consejos del viejo cazador para poder elegir un lugar adecuado. Es cierto, aquí no tenemos que enfrentarnos al frío de la taiga. Pero Dersu y el Capitán,…

La densidad de la memoria

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El recuerdo de una sola noche bien puede equivaler a toda una vida.

Simpatía por las ratas

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Los Rollings escribieron Sympathy for the Devil y yo siento simpatía por las ratas. Suban el volumen si les apetece.

Si, me refiero a las sucias y asquerosas ratas de cloaca. No siempre han vivido en una cloaca ni han robado comida podrida de los cubos de basura. Quisiera recordar que hace 4000 millones de años que los seres vivos pululamos por este planeta. Las cloacas son un invento muy reciente.

Antes había bosques con castaños y encinas, y las ratas se alimentaban de forma parecida a las actuales ardillas. No quisiera idealizarlo, tampoco era una vida fácil. Había zorros, jinetas, tejones, búhos, cárabos... pero "rata de cloaca" no era un insulto y las ratas tenían su propia dignidad de roedores.

Ahora, es cierto, viven entre nuestros excrementos y se alimentan de nuestras sobras. Cuando salen a la calle, su simple visión provoca espanto. Las odiamos, pero las hemos creado nosotros mismos. Debajo de las elegantes tiendas del Paseo de Gracia, debajo de ese simpático seño…

Steve Jobs (y yo)

Estoy leyendo la biografía de Steve Jobs. Los que sigan este cuadernillo sabrán que Jobs nunca fue santo de mi devoción. Escribo en un Mac y he comprado alguno de los productos que fabrica Apple pero yo en realidad no tengo santos ni devociones. Y Jobs, en particular, siempre me pareció (por lo que yo sabía) una persona difícil que no trataba bien a sus empleados. En la tienda Apple de Barcelona, una de sus empleadas me lo describió como a un iluminado, poco menos que un profeta, cuando yo había ido a quejarme con toda la razón de un defecto en la pantalla de mi ordenador.

Pero una buena amiga me insistió para que leyera el libro de Walter Isaacson, y ahora lo estoy terminando. Es una gran historia, merece la pena leerlo.

En efecto, desde las primeras páginas pude confirmar mi opinión inicial: Jobs era un monstruo. Estoy seguro de que las escuelas de negocios van a utilizar esta biografía como ejemplo para que los ejecutivos aprendan a llevar una empresa tecnológica. Mucho cuidado. P…

René Safont, cartas desde el infierno

Es desafortunado que la obra de René Safont, taxista y filósofo que vivió en París a finales de los 60 sea tan desconocida en nuestro país. En sus "Réflexions", hay un capítulo titulado "Cartas desde el infierno", que a mi siempre me ha parecido interesante, a pesar de que (según me dicen) ha perdido mucho en la traducción, al igual que la Guía de Durand.

Como el "Réflexions" de Safont está descatalogado, me parece lícito incluir aquí una de las "Cartas desde el infierno" para poner punto y final a estas entrañables fiestas navideñas.

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En contra de todos los dogmas, los condenados si que podríamos salir del infierno y alcanzar el cielo. Bastaría con encaramarnos a una de las calderas, y trepando por el metal ardiente, colgarnos de las raíces que penden sobre la bóveda del inframundo y después alcanzar la Gloria saliendo por una fuente o por un lago. No diré que sea fácil. El metal de las calderas, en contacto directo con el fuego eterno,…