Mostrando entradas con la etiqueta Lagartijas y otros reptiles / anfibios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lagartijas y otros reptiles / anfibios. Mostrar todas las entradas

martes, junio 17, 2008

Apología del sapo común

¡Ya están aquí los primeros sapos de la temporada en su forma adulta!

El sapo común (bufo bufo), que cada vez es menos común, acaba de terminar su metamorfosis. Salieron de estos huevos y después de su estancia en la tierra en forma de renacuajos como estos, ahora algunos pocos de ellos han llegado a la forma adulta.

Son realmente diminutos, pero ya tienen todo el vigor, las ganas de vivir y el saber estar de un sapo. Una maravilla de la naturaleza. Este ejemplar está en mi mano izquierda, un poco cerrada para que no se cayera. Eso que hay al fondo es uno de mis dedos (pinchad la foto para ampliarla).

Tuve que contenerme para no darle un beso y echarlo a perder, ¿qué hubiera hecho yo con una princesa al lado del río?.

lunes, mayo 26, 2008

Renacuajos, espermatozoides y el sermón del padre M

En primavera se nos acumula el trabajo a los naturalistas (pero yo no soy naturalista). Como dije el otro día, por estas fechas los renacuajos de sapo ya tienen su aspecto inconfundible de espermatozoides negros y una medida respetable. El movimiento natatorio de la cola les permite desplazarse con salero, pero después de una lluvia no es suficiente para luchar contra la corriente que se los lleva aguas abajo. Esto suele ser peligroso, por que normalmente sus progenitores depositan los huevos en lugares donde no falta el agua. Arrastrados por la crecida, muchos de ellos van a perecer cuando salga el sol.

Contemplando los renacuajos arrastrados por la corriente, me vino a la memoria un notable sermón que el padre M pronunció hace unos 30 años. Como el asunto trajo cola, me permito recordarlo (como siempre, sin ánimo de ofender a nadie).

El padre M era un hombre de gran energía. Vestía impecablemente y nos soltaba unas broncas impresionantes. El tema del sermón fue algo así como "Fe y razón, intentos vanos de los racionalistas de entender y justificar la fe".

Decía el padre M:

Estos racionalistas, siempre con el vicio de querer entenderlo y demostrarlo todo, fracasan estrepitosamente cuando pretenden acercarse a la fe cristiana. El otro día pude oir su lamentable explicación del misterio de la Inmaculada Concepción. Dicen esos desvergonzados que tal vez en el Jordán había un meandro y las chicas se bañaban aguas abajo...... ¿comprenden?. Pues para oir estas explicaciones ¡prefiero mil veces quedarme sólo con la fe, sin más!

Un recorte de la anterior, fijaros que ojitos más bonitos. Cuesta sacarles favorecidos pero yo les quiero mucho.

lunes, mayo 12, 2008

La puesta

Esto son huevos de algún anfibio, creo que de sapo común. Los sapos no necesitan del agua tanto como las ranas y suelen alejarse de los ríos y charcas para su vida adulta. Pero necesitan agua para reproducirse. Y para encontrarla, vuelven a donde nacieron. Esto (imagino) les obliga a un dramático viaje de retorno, abandonando el lugar que habían conquistado como adultos para enfrentarse a los peligros de un viaje incierto. Atraviesan peligros inimaginables para un animal de porte lento, como por ejemplo las carreteras. Allí mueren a centenares. De modo que incluso el sapo común es cada vez menos común (y estoy seguro de que más del 80% de los habitantes de mi ciudad-dormitorio no lo han visto nunca).

Alguien podría preguntarse por que los sapos no se dedican a la vida contemplativa, o a cualquiera de los múltiples placeres de los que puede disfrutar una pareja de sapos, en lugar de embarcarse en una empresa tan peligrosa e ingrata como la reproducción. Y posiblemente algunos de ellos de vez en cuando resuelven no reproducirse. Pero, al ser su comportamiento hereditario, sus hijos inexistentes no pueden heredar este temperamento digamos que hedonista (sin ánimo de ofender).

La puesta y la cópula se realizan a finales de invierno. Yo todavía no he podido presenciar este acontecimiento, pero debe ser impresionante verlos abrazados. La hembra realiza una puesta enorme que parece un enjambre de serpientes transparentes con los huevos fecundados en su interior. Esto es lo que muestra la fotografía.

Al cabo de unos días salen los diminutos renacuajos, o más bien a mi me pareció que los huevos cambian de forma y empiezan a ser cada vez más parecidos a un renacuajo. Al principio casi no pueden ni moverse, pero ahora a principios de mayo ya tienen la presencia de espermatozoides negros que agitan la cola vigorosamente. A medida que crecen, su número disminuye, van siendo víctimas de otros animales. Esto es normal: con tan solo unos pocos que que lleguen a la edad adulta y puedan salir del agua, se ha cumplido su objetivo.

Pero si sus progenitores no eligieron bien y la charca se seca, todos mueren y los peligros del viaje han sido en vano. Este justamente debe ser el motivo del viaje, si a ellos les fue bien, eligen el mismo lugar para sus hijos. ¿Esta estrategia les permitirá hacer frente a la brutal sequía de este año? La lluvia del fin de semana pasado puede haber sido una espada de doble filo si no va seguida de otras.

jueves, abril 24, 2008

El caso de la iguana salvaje

Estando entre las sombras de la selva, vi una iguana (creo que es una iguana) en el tronco de un árbol. Hasta entonces, yo solamente conocía a las iguanas tristes que viven en peceras sin agua, por lo que mi emoción fue indescriptible. Lo primero fue hacerle una foto de seguridad, sin acercarme demasiado.

Teniendo por lo menos un recuerdo, empecé a pensar en fotografiarla. El 60mm no facilita demasiado las cosas, hay que estar muy cerca de los bichos. Siendo yo extranjero en la selva, me pregunté si las técnicas de aproximación que utilizo con lagartijas y con lagartos me funcionarían con la iguana.

Si que me sirvieron, y debe ser que todos los reptiles somos iguales, en cierto sentido. Para dejar el fondo más o menos expuesto, tuve que abrir el 60 macro a tope (2.8 que son 3.5) y tirar a ISO400. La sombra de la selva es muy densa.

Usando el flash integrado, pude hacer unas tomas de medio cuerpo e incluso un primer plano.

Me acerqué tanto que hubiera podido agarrarla con la mano. Le rocé levemente la cola con el dedo y se marchó, creo que sin llegar a sentir pánico.

miércoles, abril 16, 2008

La lagartija hechizada

Fui ayer martes a ver como andaban las libélulas. Fue la primera sesión de la temporada con chanclas y bañador, entrando al río con la cámara en busca de bichos. Debo decir que hay menos agua que en septiembre, cosa lógica por que hace muchos meses que no llueve en cantidades significativas. Yo nunca había visto nada parecido. Al llevar mucha menos agua está bastante asqueroso, a pesar de la depuradora.

No vi ni una libélula, debe ser pronto para ese lugar, pero encontré una interesante puesta de sapo común, de la que ya hablaré. Y es curioso, por que el otro día fui a otro sitio a ver una puesta de sapo con el amigo JAB, y allí si que vimos libélulas.

El caso es que ya de regreso vi esta fantástica lagartija. Se escondió (o ella creyó esconderse) entre las hierbas, al lado del camino. Dejé la mochila en el suelo, saqué la cámara y me acerqué con sigilo por el lado que tenía en sombra. Me pareció lo más fácil, por el lado bueno había más vegetación. La lagartija ni se movió. Con el flash de la cámara pude compensar un poco en contraluz, hice esta foto y muchas otras. Me tumbé en el suelo y saqué un primer plano (que no he subido).

Pero ya estando de pie, como la lagartija no se había movido en absoluto, me acerqué por el lado bueno, el de la luz. A rastras fui aproximándome. Nunca me lo han puesto tan fácil. Pensé que estaba muerta. La vi respirar, pero tan quieta que me hacía sufrir. Ni siquiera parpadeaba. Como la bella durmiente, quieta al sol, me dejó acercarme a la mínima distancia de enfoque del objetivo. Es decir, tenía mi ojo a unos 32 centímetros del suyo.

Hice algunas tomas, pero la sensación de que estaba muerta me angustiaba. Además, siempre queremos más. La fotografía es una forma de posesión, nadie lo dude. Y nuestra avaricia por tenerlo todo no tiene límite, siempre queremos más y más. Por lo menos eso me ocurre a mi y a todos los amigos aficionados a las fotos, nunca se dan por satisfechos, siempre faltan unas tomas. Me gustaría que nos hubierais visto fotografiando ávidamente a una tarántula el pasado sábado.

Al fin, buscando el clímax, aparté la cámara y acerqué la mano lentamente como para acariciarle el lomo con el dedo. Pero me daba entre miedo de recibir un mordisco (por que era muy grande) y respeto, sin contar con la aprensión de que estuviera realmente muerta. A pesar de haberla visto respirar, parecía imposible esa inmovilidad.

Teniendo mi dedo tembloroso a uno o dos centímetros de sus deseadas escamas, saltó hacia delante de un salto, se revolvió y se escondió en la maleza. Vivita y coleando, con buena salud, que maravilla.

Creo que es un macho de colilarga, psammodromus jeanneae, en celo. Macho en celo seguro y Psammodromus casi también, se conoce por el color amarillo de la cabeza. Pero el jeanneae ya no lo se. Fijaros en la diferencia del perfil iluminado al perfil en sombra. A raiz de unos comentarios que me han hecho en caborian, quiero precisar que la foto está exactamente igual que como salió de la cámara, sin aplicar ninguna clase de proceso excepto reducir el tamaño y poner el nombre.

lunes, marzo 31, 2008

Cosas de dragones

El otro día tuve ocasión de fotografiar una tarentola mauritanica, un pequeño dragón de jardín. Vi, entre otras cosas, que tenía:

1-La pupila vertical y la mirada perdida.

2-El lomo de dinosaurio, mortificado por un ácaro rojo

Sigo de viaje, discuplad mi poca actividad.

jueves, marzo 27, 2008

El lagarto en si. La técnica del camaleón.

¿Donde estoy? (pinchad para ampliarlas)

Puede parecer una tontería, y probablemente lo es, pero el caso es que ya llevaba años obsesionado con el lagarto ocelado. ¿Alguien recuerda la película de Almodovar donde aparece este animal como un símbolo del paraíso rural perdido? No es esa mi situación, en mi ciudad-dormitorio obviamente no hay, y en los alrededores es escasísimo. Pero, como ya conté, los reptiles me gustan mucho.

Desde el año 2000 frecuento bastante el pre-pirineo Aragonés, y allí si que hay alguno. Yo he podido ver varios, pero siempre de pasada. Una cosa es ver un reptil y otra muy diferente fotografiarlo. He preguntado por el lagarto ocelado a casi todos los habitantes de la comarca, especialmente a pastores y cazadores. La respuesta casi siempre es la misma: antes si que se veían muchos pero ahora, desde hace unos años, ni uno. De modo que el verano pasado lo dí por imposible, y centré todos mis esfuerzos en buscar culebras de agua, de escalera y víboras.

Una tarde de agosto fresquita, a la hora del último sol, me pareció un buen momento para que una serpiente se parara a calentarse encima de una piedra. Estaban los niños jugando cuando oi un ruido de reptil a unos metros y pensé que por fin podría fotografiar la víbora. Puse el 180 macro y esperé inmóvil. Y oh, maravilla, allí, estaba el increíble lagarto ocelado por el que tanto había suspirado. Y además, era evidente que ese era su refugio. Un claro en el bosque, algunas piedras grandes para esconderse, algo de vegetación. Ideal, según los libros, para el ocelado.

El lagarto en si.

Imposible lograr que los niños mantuvieran el debido silencio y la inmovilidad absoluta que requería la situación. En vano les dije que trataran de verlo, tal vez hubiera sido el primero y el último de su vida. Y ¿como van a entender ellos que llevo años esperando este momento? Pude hacer una foto testimonial pero el bicho se me escondió. A la mañana siguiente, al amanecer, allí estaba yo cámara en mano, vestido con colores discretos, con el 105 macro en la mano, y dispuesto a lo que fuera.

Y el lagarto salió. Estos bichos al ser de sangre fría en lo primero que piensan es en calentarse más que en comer. Según me habían dicho, y yo he comprobado con las lagartijas, el asunto está en quedarse completamente quieto. Tengo entendido que los lagartos tienen buena vista, pero solamente se fijan en las cosas en movimiento. Ahora bien, a la que yo trataba de acercarme, por lento que fuera, se volvía a esconder. Traté de quedarme quieto al lado de su agujero, pero solamente salía si yo estaba lejos.

Así estuvimos mucho rato, y ya pensaba que no lo lograría cuando se me apareció en la memoria el programa "La olimpiada zoológica" del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, donde se ve como anda el camaleón (he aprendido tantas cosas de esa serie!). Es vacilante, da un paso adelante y medio atrás, bailando lentamente como si fuera una rama movida por el viento. De esta forma, los animales que sobretodo vemos las cosas que se mueven de forma rápida y en una dirección definida, lo pasamos por alto.

Así que probé a acercarme con la técnica del camaleón, moviendo el cuerpo adelante y atrás, adelantando una pierna y retirándola parcialmente, siempre mirando a través del visor de la cámara (que es una manera de esconderse). Y me funcionó. Tardé mucho en avanzar unos ocho o diez metros, pero el lagarto me ignoró completamente, como si yo fuera invisible. Y seguramente lo era, no para sus ojos si no para su sistema nervioso. Pude fotgrafiarle razonablemente bien, pero no como yo hubiera querido, todo me parece poco para el lagarto: yo lo hubiera querido sacar en primerísimo plano, como si fuera una vedette, con el fondo impoluto y una nitidez absoluta en todas las escamas. Lo mejor fue poder seguirle y poder observar su rutina diaria de caza, las preciosas escamas azuladas, que sorprendentemente le camuflan muy bien, y su cabeza como de tortuga querida. Estuve mucho rato espiándole. Tiene, me parece a mi, una elegancia enorme. Y también una notable inteligencia y un conocimiento muy preciso de su oficio de lagarto. Pero yo diría que su mente es de tipo mineral, completamente rígida. Y creo que debe ser bastante predecible.

La cabeza de tortuga-gato del lagarto, y los ocelos azules. Una señora al ver esta foto me dijo "que precioso bolso", no se lo tuve en cuenta.

Entonces fue cuando la cagué. Tan buen resultado me dió la técnica del camaleón que pensé "Este lagarto está atontado, no es posible que con estos movimientos no me vea". Pecado enorme de soberbia. Entonces me acerqué de forma normal, despacio pero con una dirección bien definida. Y el bicho me vio, se escondió en algún lugar. Esperé mucho rato pero ya no salió más. Por la tarde volví, y a la mañana siguiente y al otro día, a diferentes horas, así hasta el fin de las vacaciones. Ya no le volví a ver más. Solamente me dio una oportunidad, espero que esté escondido debajo de una de esas piedras y poder verle de nuevo este verano.

Aquí vive el lagarto.

martes, marzo 11, 2008

El sufrimiento de la salamanquesa

(Atención que esta entrada puede resultar desagradable)

Fue por casualidad. Llevaba la cámara cuando pasé por un jardín de uso público a última hora de la tarde. En un rincón vi una joven Tarentola mauritanica o salamanquesa (o dragonet, dragoncito). Este reptil se ha adaptado a vivir en las paredes de nuestras ciudades. Se alimenta de insectos y es completamente inofensivo, pero tiene que vencer un grave prejuicio: por alguna razón algunas señoras de mediana edad afirman que se comen la ropa de los armarios y los suelen matar a escobazos. No se puede hacer nada para convencerlas de lo contrario. Es una lástima, este es un animal precioso. Gerald Durrell le dedica un capítulo entero en uno de sus libros, donde el reptil mantiene una lucha épica con una gran mantis.

¿Qué más se puede pedir? Un precioso reptil de unos cuatro centímetros, prácticamente recién salido del huevo, en un lugar accesible y con la última luz de la tarde que tanto me gusta. Incluso su sombra me parecía digna de salir en la foto como si fuera otro personaje.

El dragonet parecía muy confiado, tal vez incluso demasiado. Había algo raro en su comportamiento, no se escondía y siempre se giraba para dejarme a su izquierda. Fijándome bien pude ver un pequeño ácaro rojo (se intuye en la foto) al lado del ojo. ¿Era ese su mal?

Me encanta su pupila vertical, que aquí está reducida casi a una línea a causa del fuerte sol de la tarde.

Seguí fotografiándola, pero la sensación de que algo no encajaba en el comportamiento del animal era creciente. Al final pude ver su lado oscuro, la causa de sufrimiento estaba en el otro ojo. La joven salamanquesa era tuerta.

Tenía el ojo derecho destrozado, no quedaba nada de su pupila ondulada de dragón. ¿Tal vez una paloma se lo arrancó de un picotazo? Se puede casi imaginar el sufrimiento del animal, medio ciego y con el humor vítreo desparramado. No tenía ninguna opción, un joven dragón cazador de insectos necesita los dos ojos para poder vivir.

Estuve un buen rato pensando que podía hacer. Es cierto, más de la mitad de mis congéneres se están muriendo de hambre y eso normalmente no me quita el sueño. Pero la visión directa del sufrimiento nos desconcierta. Me tentó llevármela a casa pero no creo que hubiera aceptado comida muerta, y sin poder cazar hubiera muerto de hambre. Además, desde otro punto de vista ¿no hubiera sido una crueldad darle hormigas?. La dejé en un lugar menos visible pero creo que hice mal, simplemente debí prolongar su sufrimiento.

Ya nos previno Lao Tse contra la benevolencia. Ni el cielo ni la tierra muestran benevolencia; tratan a las cosas del mundo como si fueran perros de paja. Tampoco el sabio es benevolente; trata a las personas como si fueran perros de paja. Pero reconozco que me falta la sabiduría suficiente, si hubiera podido la habría curado.

jueves, febrero 14, 2008

El ojo de la bestia

Ya están las primeras lagartijas corriendo por los montes, completamente ajenas al devenir de la precampaña electoral. Que maravilla de animales, no me canso de observarlos. Con esta no pude desarrollar una relación basada en la confianza y me tuvo mucho tiempo esperando (en vano) frente a la puerta de su torreón, como las tarántulas.

Si pinchais para ampliar la imágen vereis que parece como si tuviera un poco de conjuntivitis, lo he observado varias veces y no se si es normal.

viernes, enero 18, 2008

Una con lengua

Una (lagartija) con lengua para el amigo JA, que hace tiempo me la pidió. También me pidió a la garza real pescando pero de momento no va a poder ser.

Yo tenía el foco en los ojos cuando le dio por limpiarse, y la pude sacar con lengua.

Este mediodía he podido salir un momento al campo para ver como está el asunto. Terrible la sequía. El pequeño río de las ninfas, donde me bañé en verano, ahora lleva mucha menos agua. En algunos lugares está completamente seco. Si esto sigue así, va a ser una muy mala temporada. Esperemos que llueva.

He tirado algunas fotos. La macrofotografía es un asunto complicado. Cargado con todos los caros y pesados artilugios uno se siente realmente torpe. Como cada temporada, los primeros días las fotos simplemente no me salen. Por lo menos a mi, yo tengo que adquirir otra vez una cierta habilidad para compensar la luz de los flashes con la del ambiente, enfocar, componer las imágenes, sostener la cámara sin que se mueva...

miércoles, noviembre 28, 2007

La lagartija y yo

Después de observarla durante horas, esta lagartija me tomó tanta confianza que llegó a apoyar su pata sobre mi dedo índice izquierdo, mientras la fotografiaba con la mano derecha.

Más sobre la mística de las lagartijas aquí.

miércoles, septiembre 26, 2007

Tres historias de serpientes (III)

(viene de aquí)

El día después de haber rescatado a la culebra de escalera, me fui de nuevo al río, como siempre con la ilusión de sorprender a la mítica culebra de agua, pero esta vez fuera del agua. Y debo decir que ese día mejor me hubiera quedado en casa.

Ya nos advirtió Heráclito de que no es posible bañarse dos veces en el mismo río, pero esta vez el cambio fue demasiado grande. Cuando ya estaba dentro del agua con la cámara al cuello, me dí cuenta: el agua casi estancada estaba llena de una especie de uvas negras hinchadas que flotaban perezosamente. No eran uvas, si no excrementos de cordero. Alguien había llevado un rebaño a abrevar (cosa que seguramente tiene todo el derecho a hacer). Siempre he temido a las multitudes, incluso las de corderos.

Asqueado por tanta porquería flotando a mi alrededor, dí media vuelta para salir de allí cuanto antes. Por donde han pasado los rebaños siempre hay parásitos, por lo menos pulgas y garrapatas e incluso una vez vi a la muy asquerosa sanguijuela en un río frecuentado por vacas.



Me esperaba una sorpresa algo macabra: Allí, en mitad del río, estaba la culebra de agua, flotando panza arriba entre las bolas hinchadas de caca de cordero. Muerta, sin posibilidad de resucitar. La saqué del agua con un palito para poderla ver y rendirle justo homenaje. Era un ejemplar pequeño que apenas debía de estar empezando a descubrir como ser una serpiente. Después de haberla buscado tanto, me dio verdadera pena verla alli tumbada con la mirada vidriosa, el cuerpo deforme y la sonrisa helada por el rigor mortis. Imagino (quiero imaginar) que los corderos la pisaron al entrar en masa al río para beber.



Yo había pedido poder fotografiar la culebra de agua fuera del agua. Hay que tener mucho cuidado con los deseos, por que a veces se cumplen. Ya me marchaba cuando una mosca acudió a darle un beso en los labios a la serpiente muerta.



Y con este beso hubieran terminado mis vacaciones por lo que a reptiles se refiere, de no ser por la providencial aparición de uno de mis animales míticos: el lagarto ocelado. Pero de eso hablaremos otro día.

miércoles, septiembre 19, 2007

Tres historias de serpientes (II)

(viene de aquí)

Estaba conduciendo con la familia a ultimísima hora de la tarde, por una carretera estrecha que a duras penas permite el paso de dos vehículos. En pleno verano, a esa hora mágica entre el día y la noche en que las luces están recién encendidas y parece como que todavía no alumbran, cualquier cosa es posible. Y nadie se extraña si ve a un chotacabras esperando agazapado en el centro de la carretera, para salir volando justo cuando ya parecía que no era un pájaro si no una piedra.

Pero ese día yo vi un palo extraño y sinuoso, justo a la salida de una curva. ¡Una serpiente!



Apenas tuve tiempo de encajarla entre las ruedas del coche, aparcar en la cuneta y poner las luces de avería. "Es un palo", me dijo mi mujer. "No, es una serpiente y creo que no la he pisado". Salí del coche con la cámara en la mano, y efectivamente no era un palo si no una culebra de escalera, vivita y coleando, sin ninguna lesión. Era una de las que yo tanto había deseado (aunque en otra ocasión ya la pude fotografiar con tranquilidad).

El asunto no estaba fácil. La carretera no era transitada, pero unos conocidos venían detrás con su furgoneta y no podían tardar demasiado en llegar. La culebra había tenido mucha suerte de que la viera, pero yo no estaba dispuesto a correr este riesgo. Aquí lo suyo hubiera sido tumbarme en el suelo y sacar un primer plano de la cara, sin esa sombra tan fea. Estaba muy tranquila calentándose encima del asfalto (la temperatura era de 19 grados) y creo que me hubiera dejado.



Los niños bajaron del coche y pudieron verla un momento (a salvo desde la cuneta) mientras la empujaba con un palo para que se apartara. Después de haber visto tantas atropelladas, es una sensación bonita salvar a una serpiente y poder observar sus movimientos tan elegantes y llenos de vida.

A fuerza de preguntar constantemente por las serpientes, todo el mundo en el pueblo estaba al corriente de mi obsesión de verano. De modo que al día siguiente cuando salía hacia el rio me preguntaron como estaba la cosa.

-La de agua se me resiste, solamente la he podido retratar dentro del río, pero ayer vi una culebra de escalera.
-¿Como es que no la mataste?

Esto nos lleva a la tercera y última historia de serpientes, pero os dejo con mi mejor culebra de escalera, un bicho impresionante que fotografié el año pasado.



(pero antes tengo que dar otra entrega de mi Fotonovela sin fotos: Marta Gómez, La Foca).

viernes, septiembre 14, 2007

Tres historias de serpientes (I)

Este año he pasado muchas horas buscando culebras de agua en diferentes rios. Lo primero, preguntar por ellas a los bañistas y a la gente del pueblo. Unos me dijeron que llevaban años bañandose cada verano allí, sin haber visto ni una, ¡por suerte!. Otro, en el mismo lugar, me dijo que había muchas, que una vez agarró una por la cola y que le mordió la mano (y se tocó con la otra mano, como si todavía le doliera). Un naturalista competente me dijo donde podía encontrarlas, y le creo, pero en ese lugar yo solamente encontré un precioso sapo, del que ya hablaré.

Esta se escondía debajo de una piedra pero pude verla y al levantar la piedra me dejó unos segundos antes de escaparse.

"Las serpientes tienen sus ritmos, es cuestión de aprenderlos", me dije. De manera que casi cada mañana yo me paseaba rio arriba, rio abajo, con el bañador, las chancletas y la cámara, buscando a mi culebra, la que tenía que hacerme feliz. Y vi varias, aunque no pude hacer ninguna foto buena.

Pero estoy contento solamente por haberlas podido ver. Si no nos han visto y nos quedamos quietos, es posible observarlas un rato. Es un placer contemplar como van serpenteando por todos los rincones en busca de una presa, con sus movimientos sinuosos y lentísimos que dentro del agua las hacen parecer una rama. Pero por desgracia, el más mínimo movimiento de la superfície emborrona la imágen. Para hacer una buena foto, hay que sorprenderlas en la orilla ... o lograr que salgan.

Esta es la que estuvo a punto de jorobarmelo todo.

Al tratar de empujarlas cariñosamente con un palo, se esconden y no hay forma de hacerlas salir. Excepto esta última, que casi me estropeó la cámara. Al verla, dejé la bolsa en la orilla para sacar el polarizador, lo que no mejoró demasiado la foto. Como estaba tranquila pensé, "esta no se me escapa" y dejé la cámara encima de la bolsa abierta, cojí un palo y fui a por ella con cuidado. Pero al empujarla por el cuello, la culebra se empeñó tozudamente en dirigirse a mi jugosa pierna en lugar de a la orilla. Y al final, tanto se acercó, que me asusté y di un gran paso atrás dentro del agua, salpicando horriblemente la cámara y todo el equipo. Como si hubiera tirado un cubo de agua encima de los objetivos.

No creo que pretendiera morderme, pero mi tontería estuvo a punto de salirme muy cara. Tuve que usar el procedimiento de emergencia para remojones: sacar todos los trastos, apagarlos y sacar la pila inmediatamente, secarlos con lo primero que encontré (mi camiseta) y después al sol un buen rato.


Otro día si que pude fotografiar una culebra de agua fuera del agua, pero no de la forma que yo hubiera querido.

viernes, julio 27, 2007

De vacaciones con Frikosal

Como el dragón
oculto en su gran cueva,
una lagartija

Queridos amigos,

Me marcho unos días de vacaciones. El plan era ir solamente con la familia, pero Frikosal se ha apuntado a última hora y viene con nosotros. Como siempre, se ha empeñado planificar el viaje él. De modo que nada de ciudades de vacaciones ni resorts de mar o montaña, ni Disneiuols. El tipo se ha entretenido en diseñar una ruta por los lugares más salvajes y con menos densidad de población de la península, zonas prácticamente deshabitadas y sin comercio de ningún tipo, ni televisión, radio ni teléfono por cable. Para estar a salvo de la pre-temporada de fútbol, me dice. Además, me ha asegurado que veremos los bichos más bestias que quedan con vida por aquí. O por lo menos los vamos a tener cerca. Ya veremos, si sale bien seguro que Frikosal os podrá subir alguna foto.

El problema es que no habrá internet, de modo que Frikosal no va a poder atender su blog. "Bah, no te preocupes, si esto no lo mira nadie, no es más que un pasatiempo", le he dicho yo. Se lo ha tomado un poco mal, nos hemos discutido y he tenido que soltarle cuatro verdades.

¡Es que Frikosal, en realidad, vive a mis espaldas! Yo tengo que trabajar como un tonto para poder pagar la hipoteca, alimentar y vestir a los niños, mantener su coche y ¡sobretodo! comprar sus carísimos e imprescindibles objetivos y flashes. Y al llegar a casa, yo tengo que aguantarme las broncas por ser un zángano mientras él ordena las fotos tranquilamente, escuchando una y otra vez los discos de Leonhard Cohen.

Estoy un poco cansado de Frikosal. Es un obsesivo incansable, un quijotesco iracundo, un hipersensible, un perfeccionista pesado y, sobretodo, un megalómano. Pero no puedo echarle, es (por decirlo de alguna manera) parte de mi. Aunque el médico me ha dicho que hay unas pastillas que podrían hacerle desaparecer casi sin ningún efecto secundario, voy a esperar un poco a ver si pudiera controlarle. En el fondo no es mala persona y a veces nos reímos juntos: yo me río de él y él me llama mediocre oficinista, conservador, cuarentón decadente, mal padre, dormilón y alguna cosa más que no quiero repetir.

En fin, hasta el domingo estaré yo atendiendo este cuadernillo de pasatiempos, mientras Frikosal prepara y empaqueta sus preciosas lentes. Como si fuera Francisco Mingorance ¡que se habrá creído ese tipo!

Hasta luego amigos ¡Sobretodo no se os ocurra jugar al golf!

miércoles, abril 11, 2007

En el ojo de un sapo, para Myrtus

(pinchad en las fotos para ampliarlas)
El sapo común, Bufo bufo, es cada vez menos común. Les gustan los insectos, y son muy hábiles cazándolos a lenguetazos. Necesitan agua para reproducirse, mal asunto. Pero su principal problema es que les encanta pasear de noche por las superficies calientes, como el asfalto de las carreteras. Algunas noches he visto docenas de sapos atropellados, y más de uno debo haberme cargado yo (sin querer, claro está).

En esta foto de abajo, si os fijais un poco, se ve el cielo y a mi hijo B. reflejado en el ojo de un sapo. Entonces tenía tres añitos y alucinó un buen rato mirando al sapo mientras yo le hacía fotos.

No todo el mundo sabe apreciar los ojazos rojos de un sapo. Por esto, y por la gran alegría que me transmite, me encanta el blog de Myrtus. Os recomiendo que lo visiteis.

martes, abril 10, 2007

Semana Santa con lagartijas



Después de varios días de lluvia y nieve, el viernes Santo salió el sol ... y mis amigas las lagartijas. Durante la misa, el sol daba en la puerta de la iglesia. Allí me fui a fotografiar dos lagartijas que viven en el banco de piedra, oyendo involuntariamente las estaciones del Via Crucis mientras seguía los movimientos de las lagartijas por el visor (y de vez en cuando daba un vistazo a mis hijos que jugaban en la plaza).

Al salir los fieles y el sacerdote, cuatro personas en total (estaba en un pueblo realmente pequeño) me vieron tumbado en el suelo con la cámara en la mano y creo que me tuvieron que esquivar para no pisarme. Las lagartijas se asustaron y yo me levanté para saludarles. Por suerte ya me conocen, pero me sabe mal parecer tan excéntrico.

El domingo de Gloria salió de nuevo el sol y volví a la carga. Solamente estaba una de las dos lagartijas. Después de hacer muchas fotos yo creo que se acostumbró a mi presencia. Con mucho cuidado, le puse el dedo delante para ver si subía a mi mano izquierda. Después de varios intentos, llegó a apoyarse en él y noté el tacto precioso de sus uñas mientras hacía una foto con la derecha.

miércoles, abril 04, 2007

Sargantana, cormorán


Los que tenemos la suerte (o yo no se si será una desgracia) de ser bilingues podemos jugar a comparar algunas palabras.

SARGANTANA

es una palabra preciosa. Mientras que "lagartija", lo siento, suena un poco como despectivo, una especie de lagarto de segunda división.



Pero muchas veces es al revés, el castellano es mucho más afortunado con la palabra

CORMORAN


que en catalán tiene un nombre algo más descriptivo pero mucho menos sonoro: "corb de mar".

martes, marzo 27, 2007

Lagartija cambiando la piel, más sobre la mística hindú



La base de todo el Hinduismo, es la idea de que la plétora de cosas y eventos que nos rodean no son sino diferentes manifestaciones de la misma y única realidad. Esta realidad, llamada Brahma es infinita y más allá de cualquier concepto; no puede ser comprendida por el intelecto ni puede ser adecuadamente descrita con palabras. A los diversos aspectos de lo Divino se les ha dado distintos nombres de variados Dioses venerados por los hindúes, pero las escrituras dejan muy en claro que no son más que reflejos de una única realidad última.

Nosotros (como las lagartijas) también somos parte de Brahma. Donde nosotros vemos formas, estructuras y sucesos, en realidad solamente existe Brahma. Pero es posible experimentar completamente y personalmente, que todo, incluyéndose uno mismo, es Brahma. Esta experiencia es llamada Moksha, o 'liberación' en la Filosofía Hindú y es la esencia misma del Hinduismo.

Entre las formas de lograr la liberación se encuentra el yoga (colocar un yugo ,unir) y que se refiere a la unión del alma del individuo a Brahma.

Después de un breve momento de éxtasis que alcancé el otro día, yo pregunto: ¿Fotografiar animales (lagartijas por ejemplo) tambien puede servir para alcanzar la liberación?



(Pinchad en las fotos para ampliarlas. Los textos en cursiva son de aquí).

Debo hacer notar que (i) La idea de Brahma expuesta anteriormente, no tiene absolutamente nada que ver con el Dios cristiano. (ii) Al lado de estos elevados conceptos, el Hinduismo fomenta (o por lo menos consiente) un sistema social con unas desigualdades brutales.

jueves, marzo 15, 2007

Experiencia mística con una lagartija



Mi primera experiencia mística la tuve a los 34 y fue con esta lagartija.

Yo buscaba algún insecto que estuviera al sol, calentándose en un lugar resguardado del viento. Me encantan los insectos, igual que a las lagartijas. Ella también andaba de caza, asi que nos encontramos.

Yo llevaba un chisme para fotografiar bichos muy pequeños (Micro Nikkor 60 y un anillo de 40mm). Esto quiere decir que para hacer una foto, hay que acercar el objetivo (y la cara) a unos 4cm del bicho. Si no, no sale nada.

Pero es muy difícil acercarse a 4cm de una lagartija viva en buen estado de salud. Estuve un buen rato siguiéndola, cada vez mas cerca. Esto lo habia probado otras veces y siempre me habia resultado imposible. Pero ese dia, seguramente por el frio, estaba mas tranquila. Y me fui acercando más y más, con cariño y movimientos exageradamente lentos.

Contra todo pronóstico al final pude verla enfocada. Estaba muy cerca de mi, pero no me tenía miedo. Entonces sentí algo muy especial, noté una gran harmonía con el universo, una felicidad enorme. Y aunque ahora a mi mismo me cueste creerlo, os aseguro que en ese momento noté claramente que la lagartija y yo eramos en el fondo la misma cosa.

Aclaro que yo no fumo nada.

¿Como vamos a ser la lagartija y yo la misma cosa? Pues esto es justamente lo que enseña el Hinduísmo: todo el mundo conocido es el sueño de un Dios. La lagartija y yo no somos más que personajes en ese sueño. Y tu también, amigo lector. De modo que, en realidad, todos somos parte de Dios.


Tú Brahma, eres mujer, tú
eres hombre. Tú eres la abeja de color azul oscuro.
Tú, el papagayo verde de pupilas rojas.
Tú tienes mirada de un niño.

...

Entonces podremos estar salvados
Cuando tengamos claro que Tú y el Yo son ilusiones,
Que nosotros y todo el resto del mundo
Somos parte de un Dios.


De aquí. Con las religiones tan bonitas que se han inventado, que lástima que yo sea ateo.