
La luz del sol se abre paso entre las nubes.
Son escenas con un contraste de luz brutal, excesivo para la cámara e incluso para los ojos. Esta maravilla de amanecer en la laguna, que fue como un estado de gracia, duró apenas unos minutos que me pasaron como si fueran segundos.
Cuando todo terminó, al ver las fotos en la pantalla, me gustó alguna toma de una cigüeña que ya subiré. Pero me pareció claro que en las tomas de paisaje había fracasado, no eran más que una sombra de lo que yo había visto. Y además, no se como lo hubiera podido hacer mejor: los filtros degradados neutros no hubieran servido más que para oscurecer todavía más las nubes y el HDR no vale con todos los pájaros moviéndose.
De modo que los paisajes de esa mañana se quedaron arrinconados en el disco duro. Pero un día,
cuando ya no recordaba la escena original, los encontré por casualidad. Y no me parecieron tan mal, de modo que he subido uno.
Dije
el otro día que no me gustaba el trabajo de
proceso de fotos (aunque no fuera más que por la resonancia kafkiana del término). Pero a veces, como en la foto de esta entrada, no hay más remedio que perder mucho tiempo exprimiendo a fondo el archivo RAW para poder algo de la imágen que se parezca a lo que vimos.
A propósito del proceso de fotos, quería comentar que tengo en casa el libro de José María Mellado,
Fotografía digital de alta calidad. A pesar de que en algunos aspectos no estoy de acuerdo con sus planteamientos (o, por decirlo con más precisión: algunas de las cosas que él propone a mi no me sirven, concretamente su tratamiento por zonas), el libro está muy bien y explica técnicas que merece la pena conocer. Se ha convertido en un gran éxito y en un clásico en muy poco tiempo, y hay que conocerlo aunque solo sea para poder discrepar. Y en eso estoy, intentando asimilarlo. Un día me gustaría comentar un poco más sobre este libro.