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Mostrando las entradas etiquetadas como mi infancia

Ephipigger, ephipigger

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  Este animal posiblemente sea un Ephipigger ephipigger, o tal vez no, ya que la taxonomía es un pequeño infierno. Lo que es seguro es que se trata de una hembra de alguna clase de ortóptero, un pariente más o menos lejano de los saltamontes convencionales. A mi me parece preciosa con su coraza verde y su cara de buena persona, y en casa les tenemos un grandísimo afecto, hasta el punto de que si no mira nadie a veces les doy un casto beso en el abdomen (espero que no sea delito). Mi padre, hace más de 35 años, vio uno que se fue a parar sobre mi chaqueta roja, en una de tantas mañanas que pasamos felizmente en el monte. Eso fue un gran acontecimiento, por que es un animal de verdad precioso, y aunque no es escaso, ese fue el primero que yo vi. Le hizo una foto con su vieja cámara, que no era ni reflex, si no una mala copia francesa de una Leica que había pertenecido a mi abuelo. Me gustaría encontrar esa foto, que en mi recuerdo era un prodigio de color y nitidez, pero que segur...

Mi mar

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Cuando yo era pequeño el verano era casi eterno. Cada mañana salíamos a pasear por las playas solitarias buscando entre las dunas pequeños tesoros que el mar hubiera podido traer. Una especie de esponja, de restos de algas, el misterioso esqueleto interno de una sepia, una concha junto a las huellas de un gorrión.. a todo eso mi padre le sabía dar una interpretación, real o imaginaria, colocando cada pieza en el debido lugar del cosmos limpio y ordenado que entonces era para mi la naturaleza. Incluso antes de saber nadar aprendí a bucear de cualquier modo con una máscara de goma Nemrod y entonces se abrió ante mi un universo paralelo de rocas, pulpos, sardos y praderas de posidonia. En aquella playa había unas extrañas ruínas sumergidas a poca profundidad, que con poca imaginación ya podían convertirse en la Atlántida, una modesta Atlántida con caracoles de mar sobre la que yo pasé incontables horas volando ingrávido. Por la tarde yo jugaba solo a inventar historias mientras mi abuel...

El mapache que comía fast food y otras historias de machapes

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Primer mapache. Es el de la foto. Nuestras vidas se cruzaron fugazmente en el Yosemite. Nosotros habíamos cenado una pizza en un merendero. Cuando ya estaba por marcharme a fotografiar estrellas , vi una especie de gato enorme saltando de mesa en mesa, en busca de alguna patata frita abandonada o de un trago de cocacola. ¡Era un mapache! Segundo mapache. Yo nunca había visto un mapache pero curiosamente, su cola anillada y sus gestos ágiles me transportaron a la infancia. Recordé haber leído un libro de un niño que tenía un mapache. La historia, que nos fascinó primero a mi hermana y después a mi, estaba ambientada en los tiempos de los primeros automóviles. A los dos nos pareció que la vida de aquel niño que construía una canoa, patinaba sobre los ríos helados, acampaba con su padre junto a un lago y jugaba con su mapache era la felicidad en estado puro. Pero años más tarde, un mal día se me ocurrió leer la vida del autor, que venía en las últimas páginas. Y descubrí que cuando tenía...

Los Reyes Magos

Recuerdo perfectamente que mi hermana me dijo "los Reyes son los padres" y como me quedé perplejo ante una mentira tan irreverente, ella me acompañó por el pasillo tenebroso hasta llegar a la habitación de los padres, que era un lugar prohibido. Y al encender la luz vi la cama alta con la colcha de punto, las butacas y el armario ropero. Alargó la mano para abrir la puerta de madera del armario y a mi me pareció como violar el recinto sagrado de un templo. Dentro estaban las toallas pulcramente plegadas, el perfume de lavanda y los regalos de los Reyes Magos. En lugar del arco y las flechas que yo había pedido, habían comprado una diana de velcro. Al ver la diana, que no me gustaba, pude imaginarme perfectamente a mi padre en la tienda con el arco en la mano, pensando que todas las flechas irían a parar a los ojos. En aquel momento mis padres dejaron de ser dioses para pasar a ser personas, personas benefactoras y amadas, pero con un poder limitado. Ayer, después de que hubie...

Informe sobre la Vida Sexual de las Libélulas: Conociendo la anatomía íntima

La hora del recreo era un hervidero de rumores en las Escuelas Pías. Se decía que Pablito tenía una foto en la que aparecía una mujer completamente desnuda. Aquellos eran los años del destape, el general Franco había muerto pocos meses antes y cualquier cosa parecía posible, incluso estando en tercero de EGB. La foto resultó ser ...click para seguir leyendo... un calendario de bolsillo sucio con una señora muy seria de pie delante de un fondo de color rojo. Después de la impresión inicial, los pechos no me causaron especial sorpresa. Ya los había visto en otra foto recortada de la revista LIB, que fue nuestra principal fuente de información en materia de educación sexual. Pero si el muy misterioso sexo. Se decía que allí, oculto entre el pelo negro, había un agujero donde -en un acto difícilmente imaginable en aquel momento- se permitía la entrada nada menos que a la polla. Y además, que servía para orinar. ¿Era posible que todo eso estuviera oculto en aquella selva, sin ningún rast...

Llorar como los lagartos

El lagarto está llorando. La lagarta está llorando. El lagarto y la lagarta con delantaritos blancos. Han perdido sin querer su anillo de desposados. ¡Ay, su anillito de plomo, ay, su anillito plomado! Un cielo grande y sin gente monta en su globo a los pájaros. El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso. ¡Miradlos qué viejos son! ¡Qué viejos son los lagartos! ¡Ay cómo lloran y lloran. ¡ay! ¡ay!, cómo están llorando! (Federico García Lorca) Yo tenía 36 años un día de octubre, y regresaba de fotografiar mariposas. Pero ya no había mariposas. En la radio del coche escuché la historia de los lagartos, tan tristes, tan viejos y tan pobres buscando su anillo. Yo también lloré. ¿Por qué lloré como los lagartos? Esta pérdida de un objeto tan especial, el anillo de desposados, que es de plomo, barato y pesado, que solamente tiene valor para ellos, me conmovió. Es, una vez más , el paso del tiempo y la destrucción de las ilusiones y los recuerdos. A Charlot, en Tiempos modernos , se le ...

Historia de amor y muerte en 13 frases

1-Él era un perro callejero de los más feos, asalsichado, famélico, con el pelo raído y una pata ranca. Ella era mansa, muy menuda, de color negro y carita de rata. 2-Una anciana solitaria se encariñó de ella y la cobijó una temporada. 3-Pero el día del entierro, entre tanta gente desconocida entrando y saliendo, la perrita se marchó lloriqueando por la puerta abierta. 4-Después de tantas pedradas, tanta hambre y tanto frío, el asalsichado tuvo la suerte de encontrarla una mañana propicia. 5-Se olisquearon, y sin más preámbulos fueron a esconderse debajo de un camión. 6-Siendo tan pequeños, entre el diferencial y el depósito de gasoil quedaba un hueco que tenía la altura justa para que pudieran amarse. 7-Yo era el niño que les vio camino de la escuela, y toda la mañana estuve meditando acerca de los misterios de la vida. 8-Al mediodía seguían debajo del camión, descansando tumbados uno al lado del otro para poder continuar. 9-Por la tarde me contaron que un perro finolis olió a la perr...

Bolsas de plástico que vuelan (y la libertad)

Hoy hace viento. Entre el cristal del despacho y la reja metálica hay atrapada una fea bolsa de plástico de color rosado que vuela y vuela sin poder liberarse. El otro día alguien me dijo que podría filmarla, como el impagable personaje de American Beauty (el que parecía loco pero resultó ser el más cuerdo de todos). Si, podría, pero no es lo mismo, por que las bolsas que él filmaba danzaban en aparente libertad. Y mi bolsa, la que ahora mismo estoy viendo, está confinada en un espacio pequeño de paredes tangibles. Mirando esta bolsa prisionera los ojos se me han ido a la calle, donde otra bolsa blanca volaba libre hasta llegar casi al segundo piso. Y esta visión me ha transportado por un momento al sombrío patio del castillo de curas que fue mi colegio. Siendo un niño, los días de viento yo jugaba a sacar bolsas de plástico de la papelera (a escondidas) y hacerlas volar como si fueran cometas. Que ilusión verlas entre los remolinos, elevarse y pasar minutos enteros sin tocar el suelo....

El mito del lagarto ocelado

En este cuadernillo ya me he ocupado anteriormente de mis tímidas experiencias con lagartijas , tortugas y serpientes . Ha llegado la hora de contar mi encuentro con el lagarto ocelado. Pero antes, debo explicar por que me gustan tanto los reptiles. Primero tuve que averiguarlo. Después de mucho bucear en mis recuerdos, creo que ya lo se. Yo nací en una planta baja, en el número 25 de una calle con el nombre de un santo de poca importancia. En esa zona de la ciudad, el urbanismo es especialmente mezquino. Las viviendas son casas autoconstruidas en parcelas de 4.25 metros de ancho por 40 o 50 metros de largo. Son tan largas, paralelas y apretadas que desde el aire (o desde el google earth) parecen lápices en un estuche escolar. Esta disposición unidimensional obliga a una arquitectura tuneliforme. Las casas únicamente pueden tener una ventana en la habitación que da a la calle, seguida de un pasillo de más de 20 metros con habitaciones a un lado. Son salas tenebrosas, húmedas, de luto ...

Las vidrieras y la fruta prohibida

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Hoja de arbutus unedo mordisqueada y algo putrefacta. Ahora recuerdo que de pequeñito, estando en misa, yo siempre miraba las vidrieras. Un día al llegar el momento de la transubstanciación oi la palabra pan y pregunté a todo pulmón si nos darían pan con mantequilla y mermelada. Tenía unos tres años y esto me lo han contado, yo solamente recuerdo que lo recuerdo. Pero el verde de las vidrieras y el rojo trans-lúcido del sol detrás de la fruta prohibida si que me han quedado grabados. Y me siguen gustando las vidrieras, el verde del sol que atraviesa las hojas y la mermelada prohibida de fresa. Por ahora, eso es todo.

La segunda grieta

Aquella tarde bajamos ordenadamente las escaleras y tomamos asiento en las sillas de madera, amedrentados por el olor a cirio. Se apagó la luz, no hizo falta que las catequistas pidieran silencio, ya sabíamos que algo importante estaba por suceder. Empezó la proyección, eran unas filminas de las misiones en Africa. Salía un joven sacerdote y misionero, con mucha convicción, que cruzaba el mundo desde Roma hasta un poblado circular de chozas amarillas, como la casita de paja del certito tonto. Y alli vivían unos negritos muy pobres, que sin ser malos del todo ignoraban las cosas de la fe por que nadie les había enseñado ni la catequesis elemental. Andaban en taparrabos y yo me avegoncé de preguntarme si se verían las tetas de las negritas, como en el documental de los Yanomamos. Pero no. Se veía algo más profundo: el corazón. Los negritos al principio tenían el corazón negro por sus pecados y yo pensé que era lógico siendo negros. Poco a poco el misionero bueno los iba purificando y en...

Mi primera comunión y las grietas en la fe.

Después de mi primera comunión yo fui un ferviente niño cristiano. Pero dos pequeñas grietas que habían quedado en mi edificio doctrinal se fueron agrandando con el paso de los días. Y por ahí se me escapó rápidamente casi toda la fe. En tan solo unos pocos meses ya había perdido todo el interés por la Misa. La primera grieta doctrinal fue de naturaleza estadística, la segunda resultó más dramática. Al salir de colegio, los martes y los jueves nos íbamos cada uno a su parroquia para prepararnos para la primera comunión. A mi me tocó en nuestra enorme y glacial iglesia. Nos hacían pasar en silencio a la rectoría. La catequista era una señora de mediana edad, razonable y bondadosa. Nos hacía sentar alrededor de una mesa ovalada. Y allí dibujábamos escenas del nuevo testamento con los colores plastidecor. Todavía resonaban los ecos del concilio vaticano segundo, y la catequista pasó casi de puntillas por encima de los tormentos del infierno. No recuerdo que mencionara el purgatorio y ape...

El peso de los bits

Mi abuelo, que era de Granada, se murió a los 74 años justo cuando empezaba a escribir sus memorias. Y hubieran sido muy interesantes, desde luego mucho más que las mías. Ahora que tengo los 40 tacos a la vuelta de la esquina (un par de meses después de Navidad) creo que ha llegado el momento de empezar a ordenar mis recuerdos, los buenos y los malos. Revisando lo que la gente cuenta de su vida, veo que hay cierta tradición en contar la primera experiencia sexual. Para no aburrir a la audiencia, yo por el momento no voy a abordar este apasionante tema, y empezaré por algo que para mi fue anterior al primer polvo: Mi primer programa . Lo recuerdo perfectamente. A un buen amigo de mi juventud, sus padres le compraron un Spectrum . Al salir del Castillo de Curas donde estudiábamos secundaria, fuimos disparados a su casa para ponerlo en marcha por primera vez. Con expectación, lo sacamos de la caja (ahora parece un chisme ridículo), lo enchufamos a la tele y allí apareció el mensaje (c) ...

Muerte de E

E. era una chica alta, desgarbada y exageradamente pálida. Hablaba con voz estridente y su apellido era risible. Tal vez estos factores precipitaron su muerte poco antes de que cumpliera 20 años. Hacíamos primero de BUP. A los 14 años ya nos creíamos mayores y dedicabamos la hora del recreo a andar charlando patio arriba y abajo con el bocadillo en la mano. Una mañana de otoño, E. y sus amigas paseaban conversando con parsimonia por un largo corredor asfaltado al lado de la capilla. Sin ningún motivo aparente, desde muy lejos Pepe gritó "E.... !!!", y arrancó a correr hacia ellas por su espalda. E. pretendió no haberle oido. Tal vez le habían aconsejado no hacer caso a los que la molestaran. Pero estaba temblando de pánico en espera de lo inevitable mientras oia las zancadas de Pepe aproximandose a su espalda. Y no era para menos, por que Pepe era violento e imprevisible. Cuando Pepe llegó ya eran muchos los que imaginaban que algo iba a suceder y estaban mirando para no perd...

La Paca Vaca

El otro día me acordé de la Srta. P. Hace un montón de años, la Srta. P se compró un R5 granate y para poder pagarlo se tuvo que buscar el problema de llevar al cole algunos niños que vivían cerca de su casa. En el atasco de cada mañana yo les veia pasar desde el coche de mi padre. La Srta. P al volante y cuatro niños formalísimos y recien peinados en el asiento de atrás. La Srta. P era profesora de francés, como mi madre. Es más, eran amigas. Alguna tarde mientras merendaba, las había oido en el comedor de nuestra casa estudiando juntas los misterios del pase compose y demás sutilezas, para poder sacarse un árduo diploma de capacidad pedagogica. Tal vez por eso siempre me inspiró cariño. Y respeto, por que en aquella época la autoridad de un maestro de escuela estaba por encima de cualquier duda. Aunque tuvieran que buscarse clases particulares y llevar niños al colegio para poder comprar un utilitario. Pero los años pasaron y ya os adivierto que esta historia es un poco triste. Es ...