viernes, noviembre 20, 2009

De noche en el ibón: el reflejo de las estrellas

Les ruego pinchen la foto para ampliarla.

Desde hacía tiempo me interesaba captar el reflejo de las estrellas en un lago. Esta luz debilísima solamente puede capturarse si el agua está absolutamente quieta bajo un cielo impoluto. En Chile, con mi amigo el Dr. Garat, tratamos de subir a las lagunas del altiplano para poder fotografiarla, pero la nieve nos lo impidió. En verano volví a la carga y finalmente, en compañía de los amigos Chabier y J. Vecino pude hacer esta foto y alguna más que ya subiré.

Una tormenta eléctrica nos hizo regresar antes de lo previsto. Yo siempre había pensado que los trípodes de carbono no atraen a los rayos, pero ahora que ya tengo uno de carbono, resulta que al parecer las descargas eléctricas son tan democráticas que no diferencian entre los trípodes de aluminio y los de carbono (más caros).

jueves, noviembre 19, 2009

Por solamente 5000 dólares, workshop con Phase One

Aunque el cotilleo no es sano para el espíritu, no me resisto a explicarles una cosa pero trataré de no ser cruel. Phase One es una empresa que fabrica y vende cámaras digitales de medio formato, además de software. Cada una de esas extraordinarias cámaras, de hasta 65 megapixels cuesta como un muy buen coche nuevo. Phase One organizó un worksop en el que los participantes podían usar sus equipos. Además, contraron a unas modelos que por cierto debieron confundirse: el evento fue en el desierto y algunas acudieron en biquini y tacones de vértigo. El precio del workshop era, agárrense, de 5000 dólares. Muchos profesionales hacen trabajos impresionantes con un equipo que cuesta bastante menos que eso.

Ustedes pensarán que los participantes en un curso tan selecto debían ser fotógrafos muy experimentados. Pero el caso es que las fotos de muestra que subieron al blog del evento eran realmente penosas. Sin exagerar, muy malas, terriblemente malas, tan malas que nadie se hubiera atrevido a subirlas a ninguna web de fotografía. No solamente penosas por su calidad técnica si no especialmente por su poca inspiración y poca comprensión de las cosas.

Todo esto lo se por el blog de Ken Rockwell, que por esta vez con toda la razón les puso a parir. Pero al cabo de unas horas, Rockwell cambió su entrada: al parecer esas no son las fotos finales o están hechas con cámaras mucho más sencillas. Alguna llamada debió de recibir. Diría que las fotos más flagrantes ya han sido retiradas del blog, pero con lo que hay (que no se si está hecho con Phase One pero me da igual porque esa no es la cuestión) pueden hacerse una idea.

Yo debo de ser malvado y envidioso al reírme de esos caballeros adinerados que gastaron 5000 dólares en un fin de semana pensando que los misterios de la luz y el paisaje les serían revelados. Es posible. Ahora justamente estoy dando un curso de fotografía y me gustaría que vieran algunas de las fotos que me presentaron los participantes en la edición del año pasado, hechas con cámaras que cuestan 40 veces menos.

Señores, la fotografía no consiste en gastar mucho dinero en equipos y quedarse extasiado viendo los archivos de 65 Mpixels en pantallas gigantes: tienen ustedes que buscar la luz y sobretodo el tema. Allí la foto buena no era la del desierto ni la de las pobres modelos, si no la de los asistentes al workshop y sus equipos.

miércoles, noviembre 18, 2009

Tino Soriano: Mariló y Ámber

Quería hablarles de Tino Soriano, que pese a ser uno de los mejores fotógrafos profesionales, siempre encuentra tiempo para ayudar a un principiante. Muchas veces la fotografía no tiene casi nada que ver con las cámaras ni las luces, y los mejores fotógrafos siempre resultan ser personas excepcionales en uno u otro sentido. Yo creo que si Tino ha podido encarar temas tan sumamente complicados como los niños enfermos de cáncer ha sido justamente por su enorme humanidad.

Hoy Tino pide ayuda para otras personas y aunque las cosas están muy complicadas, y tampoco son tantos los que van a leer esto, ¿quien sabe? a lo mejor da la casualidad de que alguno de ustedes pueda ayudar a Mariló y a Ámber. Pinchen el enlace.

martes, noviembre 17, 2009

Pidiendo limosna en Moscú

La primera vez que estuve en Moscú las calles del centro estaban llenas de unas ancianas encorvadas, increíblemente diminutas, como jibarizadas en vida, que mendigaban o recogían latas vacías de cerveza. La segunda vez ya quedaban muchas menos.

Yo seguía buscando nostálgicos del comunismo, y probablemente aquellas ancianas que en la transición al nuevo sistema económico fueron arrojadas a la miseria de una pensión absolutamente irrisoria lo eran. Pero me resultó imposible comunicarme con ellas. Alguien dijo que todo lo bueno que el régimen comunista contaba de si mismo era mentira, pero que todo lo malo que contaba del capitalismo era cierto.

lunes, noviembre 16, 2009

The pale blue dot

Cuando en 1990 el Voyager2 estaba a punto de abandonar el sistema solar, después de haber pasado fugazmente junto a Neptuno, Carl Sagan consiguió que la NASA diera una extraña y acientífica orden a la nave: mirar hacia atrás.

Si no estoy equivocado, en uno de sus libros Sagan cuenta que no fue fácil conseguir que la NASA diera esa orden, y probablemente tuvo que usar todo su prestigio y peso en la institución para conseguirlo. Al Voyager 2 le quedaba mucha vida por delante, de hecho sigue funcionando, y mirar atrás era exponerse al sol. Debía ser un riesgo o como poco un coste humano considerable. Pero lo consiguió. Sagan quería que todos viéramos que sumamente pequeño se ve nuestro planeta desde los confines del sistema solar.

Así es como lo cuenta él mismo, merece la pena verlo:



Siendo un niño, al ver las estrellas, Sagan preguntó a sus padres que eran. Como no supieron contestarle se fue a la biblioteca y pidió un libro "sobre las estrellas". La bibliotecaria le preguntó si se refería a las de Hollywood o a las del cielo. Así empezó la formación del que fue un importante científico y pensador, conocido sobretodo por sus actividades como divulgador. Yo no se si ustedes recuerdan el libro y la serie Cosmos, que me fascinaron siendo un niño y que de vez en cuando sigo viendo. El libro se ha reeditado.

Sagan vivió en un mundo absolutamente inmerso en la guerra fría y siempre al borde del fin del mundo. En ese contexto hay que entender el anterior vídeo. Ahora la guerra fría se ha suavizado, y se habla de otras cosas, pero allí siguen los misiles preparados para destruirlo absolutamente todo si alguien pulsa un botón. Sagan murió en el 96.

viernes, noviembre 13, 2009

El hijo del monstruo

En su primera infancia, Enrique fue muy feliz con sus padres. Papá le mimó incluso más que mamá y siempre tuvo ganas de contarle otro cuento antes de apagar la luz. Por la mañana a Enrique le encantaba pasar gateando entre las placas óseas de la espalda de papá, y observar las llamas tenues que le salían de la garganta cuando bostezaba. Enrique a veces pensaba que algún día, cuando fuera mayor, sería tan fuerte como papá.

Así fueron las cosas hasta que estuvo en el último año de parvulario. Todos los niños habían empezado a observarlo y alguno incluso lo había comentado en casa, pero Enrique nunca se había parado a pensar que su padre era diferente. Hasta que un día, sin mala fe, su mejor amigo se lo preguntó a la hora del recreo:

-¿Verdad que tu papá es un monstruo?

Esa tarde, cuando papá le fue a buscar y le levantó en brazos para darle un beso, por primera vez se avergonzó de sus pezuñas. Por la noche, antes de irse a dormir, Enrique se armó de valor y se lo preguntó a mamá.

-Si, es verdad, papá es un monstruo pero él no tiene la culpa y te quiere muchísimo, hijo mío, te aseguro que tienes el mejor papá del mundo.

Aquella explicación fue suficiente y durante algún tiempo no se habló más del tema. Pero no tardan tanto los niños en llegar a la adolescencia, y el amor incondicional que sienten por sus padres empieza a cambiar.

El papá de Enrique tuvo mucha paciencia en esa etapa difícil, pero a él eso parecía irritarle incluso más puesto que en realidad buscaba inconscientemente el enfrentamiento. Enrique empezó a descuidar cada vez más sus tares escolares y finalmente llegó a casa con malas notas. Papá se vio obligado a pedirle que rectificase. A pesar de que fue de lo más moderado en su advertencia, Enrique le respondió airado: "Un monstruo, eso es lo que tú eres".

El papá de Enrique hubiera podido contener la ira sin gritar o sin soltar grandes llamaradas por la boca, pero no pudo con la tristeza. A él le hubiera gustado ser normal, no para poder ir a la playa o comerse un helado en una terraza sin que nadie le mirase despectivamente, si no para ahorrar a su hijo el tremendo dolor de tener un monstruo como padre. Bajó la cabeza y se llevó las pezuñas a la cara para que su hijo no le viera llorar.

A la mañana siguiente, Enrique se levantó afligido y se disculpó sinceramente, aunque ya no le dio un beso como hubiera hecho antes. Su padre le quitó importancia al tema, pero sin haberlo acordado, al llevarle al instituto empezó a dejarle más lejos para que Enrique no tuviera que avergonzarse. Fue en vano, los demás chicos ya hacía tiempo que le llamaban el hijo de la bestia y los grupos de chicas se reían al verle pasar a lo lejos. Enrique en realidad hacía años que no tenía amigos.

Una mañana, al despertar, Enrique notó que su cuerpo estaba empezando a cambiar. Los dedos de las manos se le estaban ensanchando, las uñas se le habían oscurecido y le crecían exageradamente fuertes, como si quisieran juntarse unas con otras. Las vértebras de su espalda empezaban a hacerse más prominentes y su aliento empezaba a ser anormalmente caliente.

Frente a las tostadas del desayuno, con una sola mirada, papá entendió la angustia de Enrique. Le llevó a su cuarto, donde años antes él y mamá habían pasado un mal rato explicándole de donde vienen los niños y donde tantas veces le habían consolado de sus problemas escolares. Pero para esa conversación, la más difícil, solamente podía estar el padre. Allí se lo dijo:

-Tú también vas a ser un monstruo, hijo mío.

jueves, noviembre 12, 2009

¿Ustedes pueden ver el rayo verde?

Después de haber perdido las fotos el día anterior, al terminar el trabajo alquilé un coche y salí zumbando otra vez hacia la Laguna Verde. Siempre corriendo, más de lo que se imaginan, llegué a las 5:45 al mismo lugar y todo parecía casi igual que el día anterior, como para demostrarme que en realidad el tiempo si que es cíclico y que todo retorna. La puesta de sol era exactamente a las 6.00.

La puesta de sol fue buena, pero al no haber nubes, no tuvo los tonos rojizos del día anterior. No parecía que el rayo fuera a verse, pero cuando el sol ya casi había desaparecido, recordé que es un fenómeno elusivo y por si acaso tiré muchas fotos en ráfaga, sin ver exactamente que es lo que estaba haciendo. En el último instante, fiel a su fama de esquivo, apareció el rayo verde que yo apenas pude ver pero que mi cámara captó.

Puesto que se supone que solamente pueden ver el rayo verde quienes están verdaderamente enamorados ¿pueden ustedes verlo en esta foto?, me pareció que lo más correcto era mandarle la foto a mi mujer. Su respuesta, a miles de kilómetros de distancia, luchando con el trabajo y los niños mientras yo estaba frikosaleando en otro continente desde hacía ya más de dos semanas fue dura pero reveladora: ¿Enamorados de qué? ¿Del mundo, será?.

En efecto, pensándolo bien tiene toda la razón, para poder ver el rayo verde hay que estar enamorado del mundo. Dice Galen Rowell en uno de sus libros que en cierta ocasión fue a fotografiar un amanecer y le asustó un ruido. Eran unos babuinos que estaban en un árbol. Rowell pensó que le estaban mirando, pero somos egocéntricos los hombres: en realidad los babuinos se quedaron quietos hasta el fin del amanecer. Estaban mirando la escena, igual que Rowell, igual que yo lo he mirado muchas veces.

A veces la naturaleza se manifiesta fuerte y bella como un río y nos conmueve hasta los huesos, puede ser una galaxia que parece pasar entre dos montañas, el nacimiento de una libélula, un amanecer, un quebrantahuesos... pero uno se hace adicto a estas sensaciones y después cuesta mucho entrar de nuevo en el día a día gris que se respira en la ciudad, donde nada tiene un sentido verdadero y no hay transcendencia por ninguna parte.

Esa misma noche, en los acantilados al sur de la Laguna Verde, fotografié la luna cenincienta y la luz zodiacal, eligida para el APOD de la Nasa. Esa habrá sido mi foto más vista hasta el momento.

..pero todavía no termina aquí la historia del Rayo Verde porqué yo no estaba dispuesto a dar las fotos del primer día por perdidas. Por último, agradecerle a Jesús A. que me prestase su teleobjetivo para este viaje y recordar que todavía pueden apuntarse a mi curso de fotografía de naturaleza en ADENC.

miércoles, noviembre 11, 2009

La leyenda del rayo verde

Yo ahora estoy en la ciudad-dormitorio y apenas si existo, pero en Julio estuve trabajando una semana en Valparaíso (Chile) y esta historia sucedió allí.

Una tarde quedamos con mi amiga Isabel G para ir a hacer fotos a la cercana playa de Laguna Verde. Es un lugar interesante porque suele haber aves, reflejos en el río que desemboca allí y sobretodo, por la impresionante escena del sol poniéndose dentro del Pacífico.

Ya estuvimos allí hace dos años. En aquella ocasión todavía no conocía personalmente a Isabel, pero las personas que hacemos fotos de naturaleza, al margen de las circunstancias personales de cada uno, parecemos compartir todos un cierto sentido de la vida. Es algo un poco extravagante, que comparten aficionados y profesionales, y que se manifiesta en algunos detalles como aparcar el coche de cualquier modo solamente para poder observar un reflejo sobre el agua, tumbarnos en el suelo mojado para admirar la luz cálida detrás de una flor, estar media hora esperando a que un cormorán pase por el lugar adecuado... en fin, cosas de este tipo que a mucha gente le resultan insoportables pero que tal vez alguno de ustedes entienda.

Esa tarde el cielo estuvo espléndido y junto al mar había una extraña ave austral, muy parecida al Nycticorax (y quien sabe si lo era..), que se dejó fotografiar bastante bien hasta que un perro la asustó. Una bandada de gaviotas pasó a contraluz por delante del sol ya moribundo. Cuando finalmente el sol se estaba sumergiendo dentro del mar, la escena fue tan preciosa que yo me pregunté si no haría su aparición el famoso rayo verde, que a pesar de ser un fenómeno óptico perfectamente lógico, según dice la leyenda solamente pueden observar las personas que están verdaderamente enamoradas.

Aunque a causa de las nubes no apareció el misterioso rayo, el atardecer fue tan precioso que me resultó fácil perdonarle al mundo la ausencia de ese destello que yo nunca había visto.

Al llegar al hotel después de cenar, pasé las fotos al ordenador mientras leía un ejemplar de El cero y el infinito que anteriormente había pertenecido a la generosa biblioteca del Dr. Jorge Garat. A medio pasar las fotos, justo cuando empezaban a llegar las más interesantes, en la pantalla salió un mensaje de error: La tarjeta no tiene formato. Les ahorraré los detalles, las fotos se habían borrado, toda la tarjeta estaba como recién formateada y no hubo forma de recuperarlas pese a que estuve hasta las tres de la madrugada blasfemando y comprando un programa que resultó ser un fracaso (a pesar de que en la demo las fotos parecían recuperables). Y es por este motivo que he dejado esta entrada sin foto.

Me costó dormir y al día siguiente me levanté dolorido y malhumorado. Soy muy cuidadoso (algunos dirán neurótico) con mis fotos y nunca me había pasado algo parecido. Una vez perdí un carrete de diapositivas que había hecho en las inhóspitas costas de Gales, y del disgusto dejé de hacer fotos durante meses. Pero esa mañana en Valparaíso era radiante, incluso más que la del día anterior, y después de desayunar apresuradamente para irme a agrimensurar, pensé que tal vez todo aquello no era más que una oportunidad que me daba el destino para darle otra ocasión al elusivo rayo verde. Y luego les cuento más.

Recuerden que todavía pueden apuntarse a mi curso de fotografía de naturaleza de la próxima semana.

martes, noviembre 10, 2009

El loco de la ciudad dormitorio y yo

El loco de la ciudad dormitorio es un hombre alto y seco, de unos cuarenta largos, con barba larga que hasta hace poco fue negra. Es extravagante y descuidado en el vestir, sin llegar a ser completamente andrajoso y siempre va con un sombrero de paja. Cuando ríe se ve que le faltan algunos dientes. Y suele reír, pero no con la risa desencajada de los locos si no con la risa alegre de los que son totalmente felices.

El otro día le vi salir de su casa, bailando por la calle, saltando entre los coches con sus modestos trastos de pintar debajo del brazo. ¿ A donde vas, M. ? le gritó un vecino,

-Me voy a la renfe, a ver si puedo ir a S.
-¿ A S. ? ¡ Si allí son mala gente !
-¿Mala gente? ¡¡¡ Pero si todas las tías que conozco en S. están buenísimas !!!

Y siguió corriendo, saltando, bailando como una gacela por las plazas de cemento desarboladas, fugaz entre los humos de los autobuses, sorteando alegre todas esas cosas que a mi tanto me deprimen. Hasta que se perdió de vista, no puedo seguirle.

Si pongo el nombre completo de M vendrá gente a reírse de él, le graban con el móvil cuando baila por la calle y después, con maldad, lo ponen en el youtube. A él no creo que le importe, o tal vez si, pero cualquier día seré yo el que salga ridiculizado en el youtube, de modo que no quiero contribuir a eso.

Tenemos una pequeña amistad con M, alguna vez le he comprado un cuadro y suelo saludarle. Pero les voy a contar un secreto: Desde el día que le hablé de mis fotos de insectos, M cree que yo estoy loco. Un día me lo dijo, como quien no quiere la cosa, y después estuvo muchos días cambiando de acera en cuanto me veía.

En lo económico M tiene una vida incierta, pero debe ir tirando. Si ha vendido algo entra a comer en los restaurantes de menú barato, donde a veces coincidimos. Le vi en la puerta mirando el menú: macarrones boloñesa o arroz a la cubana, que dilema.. y comentamos los precios y los locales apestosos de aceite barato en los que ambos nos destrozamos el estómago. Yo a diario, él cuando se lo puede permitir. Me ha hablado de un vegetariano que tengo que ir a probar, pero no hay forma de encontrarlo.

Ya se lo habrán imaginado, la existencia de ese hombre es una amenaza para el sistema. La posibilidad de esa vida de loco, despreocupada y extravagante, preocupa a los registradores de propiedad, a los tenderos y a los notarios.

Termino con otro secreto: a mi me gustaría ser como M y poder bailar de alegría por las calles, yo que no bailo ni con la luz apagada.