jueves, enero 27, 2011

A través del tronco de la sequoia

Solamente tuvimos un día de primavera para poder visitar el parque del Yosemite (lo habré contado alguna vez), que es un lugar en el que uno gustosamente pasaría una vida entera. Fuimos a media tarde a conocer las sequoias, pero antes de llegar a las sequoias hay unas coníferas que ya son enormes, absolutamente magníficas, y más cuando los rayos de sol cruzan el bosque en diagonal, iluminando el aire cargado de polen embriagador que reluce como la luz zodiacal

De pronto, una gran piña se desprendió de su rama en lo más alto del bosque y tardó unos segundos en llegar al suelo, rebotando de rama en rama hasta llegar a los pies de mi amigo el matemático R., que ahora vive en Ecuador. Entre risas dijo que ver aquella piña cayendo ya había merecido todo el viaje, pero yo entoces no supe entenderle.

Cuando finalmente aparecieron las sequoias, los dos insistimos en entrar en un gran tronco caído, que ya estaba allí en los tiempos de John Muir. Siguiendo a unos (otros) turistas nos agachamos para entrar a conocer el interior de la sequoia, como Alicia detrás del conejo. Fuimos pasando y pasando por pasos cada vez más estrechos, yo haciendo fotos y él esperando pacientemente. Por fin, después de haber tenido que reptar los últimos metros, llegamos al otro lado, y salimos de nuevo al mundo de Alicia, que es tan vulgar (o tal vez tan maravilloso) como este desde donde ustedes ahora me están leyendo.

13 comentarios:

Miazuldemar dijo...

Preciosa entrada. Llena de magia.

Ramon Portillo dijo...

Yo también tengo mi historia con las sequoias, y nunca he estado en Yosemite ;-)

Debe ser impresionante.

Jordi Busqué dijo...

¿Se podrá vivir dentro de uno de esos troncos?

Tendría gracia pasar un día entero viendo lo que pasa en un punto concreto de uno de esos bosques tan magníficos.

Sábio el comentario del matemático. Digno de Vd.

JM López dijo...

Seguro que lo conoce...
Muchas entradas del blog me recuerdan al concepto de "sentimiento oceánico" que menciona André Comte-Sponville y usaba Freud para describir ciertas experiencias místicas. Ya sabe, esa misteriosa sensación de naturalidad, de plenitud, de unidad, eternidad o serenidad (¿No era esto lo de las lagartijas?).

La sensación de ser uno con el todo en la naturaleza. Romain Rolland lo denominó "sentimiento oceánico" porque lo ilustraba con la ola o la gota de agua que son uno con el océano.

Un saludo

Anónimo dijo...

R. (el matemático)

Conocí a la mujer que me ha llevado a vivir a Ecuador y formar una familia, un día de Febrero de 2007 en una playa de su país. Recuerdo que estábamos charlando y cayó un coco de la palmera que nos hacia sombra para ir rodando hasta nuestros pies. Yo le dije que era una señal...

Tengo grandes recuerdos de nuestra visita a Yosumite. Allí uno se siente una hormiga, impera la magia de la naturaleza.

También recuerdo muy bien al escalador andaluz que conocimos justo antes de que iniciara la ascensión al Gran Capitán (uno de los desafíos más grandes para un escalador). Muchas veces he pensado en él. Todos los retos en la vida deberían empezarse con la serenidad que él trasmitía.

Saludos desde la tierra del fuego.

frikosal dijo...

Cullons, desde la tierra del fuego, que bien !!
Yo sigo en la ciudad-dormitorio y ahora practico sobretodo el viaje interior :)
Me hace mucha ilusión recibir tu mensaje apreciado R. !

Anónimo dijo...

Así le dicen porqué tiene 4 volcanes en proceso de erupción. I, cuando el cielo está despejado, el sol quema mucho. Por eso mismo, aún estando a 2800 m de altitud el vecino tiene quatro palmeras grandototas en su jardín.

Un abraçada frikosal ;)

Ricard

Amig@mi@ dijo...

Para mí que adoro los árboles me parece una experiencia tan inigualable como envidiable
Un abrazo

igniszz dijo...

De pequeños hacíamos cabañas en los árboles. Siempre han sido nuestros amigos. Alguna reminiscencia de cuando sólo éramos simios nos debe de haber quedado.

Albert dijo...

En el Montseny, podemos ver el "Castanyer de Can Cuc" uno de esos árboles que ahora llaman monumentales. Se trata de un castaño enorme, con una oquedad en la base, en la que antaño, dicen, vivió un leñador. La verdad es que el espacio, es el de una habitación pequeñita, en la que un día comimos tres personas cómodamente, mientras nos resguardábamos de un chaparrón. No es Yosemite Dr. pero queda mas cerca... y también a su manera es hermoso.

Martin Gallego dijo...

Hay un camino que va desde Arbúcies hasta Sta. Fé (en el Montseny) que está voreado de secuoyas. No es Yosemite, pero es muy bonito.
Saludos!

Anónimo dijo...

La verdad, me parece que es usted un privilegiado que ha podido viajar al rededor del mundo y ha podido sacar tiempo para inmortalizar todos los momentos que nos muestra. Yo, a mis 38 años sigo sin poder viajar a ningun lugar. No por falta de ganas.....es lo que tiene trabajar 60 horas semanales por 1000 euros a mes. De momento me conformaré con sus imagenes y reatos que me parecen fantásticos. Gracias

frikosal dijo...

Siento mucho lo que me dices. Si que es cierto que he tenido la suerte de poder viajar, aunque haya sido para poder disfrutar solamente unas horas de lugares maravillosos. Esto fue hasta el 2009, desde entonces se ha terminado por el momento salir de España.

Es tremendo lo de las 60 horas. Aprovecha los momentos libres, si puedes, para salir de la ciudad. A veces ver aunque solamente sea un saltamontes o una lagartija ya puede ser una gran ayuda, si se sabe mirar.

Un abrazo.