viernes, noviembre 13, 2009

El hijo del monstruo

En su primera infancia, Enrique fue muy feliz con sus padres. Papá le mimó incluso más que mamá y siempre tuvo ganas de contarle otro cuento antes de apagar la luz. Por la mañana a Enrique le encantaba pasar gateando entre las placas óseas de la espalda de papá, y observar las llamas tenues que le salían de la garganta cuando bostezaba. Enrique a veces pensaba que algún día, cuando fuera mayor, sería tan fuerte como papá.

Así fueron las cosas hasta que estuvo en el último año de parvulario. Todos los niños habían empezado a observarlo y alguno incluso lo había comentado en casa, pero Enrique nunca se había parado a pensar que su padre era diferente. Hasta que un día, sin mala fe, su mejor amigo se lo preguntó a la hora del recreo:

-¿Verdad que tu papá es un monstruo?

Esa tarde, cuando papá le fue a buscar y le levantó en brazos para darle un beso, por primera vez se avergonzó de sus pezuñas. Por la noche, antes de irse a dormir, Enrique se armó de valor y se lo preguntó a mamá.

-Si, es verdad, papá es un monstruo pero él no tiene la culpa y te quiere muchísimo, hijo mío, te aseguro que tienes el mejor papá del mundo.

Aquella explicación fue suficiente y durante algún tiempo no se habló más del tema. Pero no tardan tanto los niños en llegar a la adolescencia, y el amor incondicional que sienten por sus padres empieza a cambiar.

El papá de Enrique tuvo mucha paciencia en esa etapa difícil, pero a él eso parecía irritarle incluso más puesto que en realidad buscaba inconscientemente el enfrentamiento. Enrique empezó a descuidar cada vez más sus tares escolares y finalmente llegó a casa con malas notas. Papá se vio obligado a pedirle que rectificase. A pesar de que fue de lo más moderado en su advertencia, Enrique le respondió airado: "Un monstruo, eso es lo que tú eres".

El papá de Enrique hubiera podido contener la ira sin gritar o sin soltar grandes llamaradas por la boca, pero no pudo con la tristeza. A él le hubiera gustado ser normal, no para poder ir a la playa o comerse un helado en una terraza sin que nadie le mirase despectivamente, si no para ahorrar a su hijo el tremendo dolor de tener un monstruo como padre. Bajó la cabeza y se llevó las pezuñas a la cara para que su hijo no le viera llorar.

A la mañana siguiente, Enrique se levantó afligido y se disculpó sinceramente, aunque ya no le dio un beso como hubiera hecho antes. Su padre le quitó importancia al tema, pero sin haberlo acordado, al llevarle al instituto empezó a dejarle más lejos para que Enrique no tuviera que avergonzarse. Fue en vano, los demás chicos ya hacía tiempo que le llamaban el hijo de la bestia y los grupos de chicas se reían al verle pasar a lo lejos. Enrique en realidad hacía años que no tenía amigos.

Una mañana, al despertar, Enrique notó que su cuerpo estaba empezando a cambiar. Los dedos de las manos se le estaban ensanchando, las uñas se le habían oscurecido y le crecían exageradamente fuertes, como si quisieran juntarse unas con otras. Las vértebras de su espalda empezaban a hacerse más prominentes y su aliento empezaba a ser anormalmente caliente.

Frente a las tostadas del desayuno, con una sola mirada, papá entendió la angustia de Enrique. Le llevó a su cuarto, donde años antes él y mamá habían pasado un mal rato explicándole de donde vienen los niños y donde tantas veces le habían consolado de sus problemas escolares. Pero para esa conversación, la más difícil, solamente podía estar el padre. Allí se lo dijo:

-Tú también vas a ser un monstruo, hijo mío.

33 comentarios:

treehugger dijo...

vio esta entrada doctor?

Le Mosquito dijo...

Alguien tenía que decírmelo.
Gracias.

Dr. Jorge Garat. dijo...

Y aun le queda a Enrique un largo camino por delante, entre otros, "matar" al padre para ser un mejor monstruo que él, o cuando menos, un monstruo con identidad propia.
Su cuento da para pensar mucho Dr.

frikosal dijo...

Th,
No, ya lo miraré.

frikosal dijo...

Mosquito,
No se que decirle, luego le contesto.

frikosal dijo...

Jorge,
Yo no se si la teoría clásica del psicoanálisis vale también para los monstruos. A ver que dicen los entendidos.

JOAKO dijo...

Eastamos condenados a parecernos a nuestros padres, a veces a nuestro pesar, estoy de acuerdo con la afirmación tienes el padre que te mereces, de otra forma ya no serias tú.

Icíar dijo...

:)

Anónimo dijo...

¡Qué cuento más bonito! Frikosal, tienes un amplio expectro de luz, amplísimo. Es precioso. Luego tendríamos que definir qué es un mostruo hoy, en nuestros días.

Este cuento se tendría que ilustrar, luego, lo imprimimos y lo leemos, y ellos dibujarán sus monstruos personales.
Anomimamente, ahora, yo.

Anónimo dijo...

ESPECTRO (perdón)

igniszz dijo...

Ufff!

igniszz dijo...

La historia no puede acabar aquí, falta un desenlace!!!!

Rafa Pérez dijo...

Is this the world we created? (Queen)

Preciosa historia a la que veo segunda parte que sí será buena. Será aquella en la que la madre también se convierte en monstruo.

La Tanqueta de Leganés dijo...

¡AQUÍ EL ÚNICO MOSTRUO SOY YO!
EA!

Francoise Voisin dijo...

No sabe usted como la admiro, señora Tanqueta.
Por cierto... ¿Qué tal sigue el monstruo de Leganés?

Me rindo a sus pies, cual oruga, y le dedico las siguientes letras.

Suspiro por sus ojos, señora
y por sus pestañas, muero.
Me revoluciona el mortero...
y, aaahh... llena mi lavadora,

Empero...

¡Ay de aquel que osare miralla!
¡Ay de aquél que quisiera vella!
Pues de tanto yo querella
dejaría que, a su paso,
en mi pecho dejase huella.

De mi poemario:
Entre tú, yo, y La Brunete

DANIMANTIS dijo...

A partir de ese día Padre e Hijo fueron felices......
una felicidad que no conocieron hasta ese día.....

David Álvarez dijo...

Muy bueno!! Y creo que no hace falta ilustrarlo, hay tantos monstruos actualmente que sería imposible poner solo uno. Ojalá fueran todos como los del cuento.

Jesús Dorda dijo...

A veces descubrimos el monstruo que hemos heredado en forma de defectos, haciendo y diciendo exáctamente lo mismo que en nuestro padre tanto nos molestaba. Afortunadamente también podemos poseer algunas de sus mejores cualidades, sobre todo si nos esforzamos.

¿? d. Baco dijo...

Sensibilidad. Propensión natural del hombre a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura.

Inteligencia. Sustancia puramente espiritual

Gratitud. Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.

la desanchá dijo...

¡Bendita la rama que al árbol sale!
Dicen.

odette farrell dijo...

Bárbaro cuento... no le conocía su faceta Kafliana Dr. Frikosal?

Anónimo dijo...

¿Por que yo veo otros monstruos en su cuento, los que no salen con nombres y apellidos?
.... entrañables criaturas de fuertes pezuñas y abrasador aliento ....
Supongo que no soy objetivo.

Yendo un poco más allá, no se moleste jeje Dr., pero me parece que es un tema recurente en su blog. ¿Se lo ha hecho mirar?

JesúsA

Guerrillera dijo...

La lastima es que los hijos se parecen como mínimo a uno de sus progenitores aunque no queramos, los genes están allí!

El único comentario que no estoy de acuerdo es en la frase:

"Hasta que un día, sin mala fe, su mejor amigo se lo preguntó a la hora del recreo:
-¿Verdad que tu papá es un monstruo?"
sino más bien creo que el niño dijo a su mejor amigo un comentario que escuchó de algún adulto y lo repitió.

Creo que como padres-madres, y me incluyo yo la primera, hacemos comentarios-opiniones que podríamos evitar.

Joselu dijo...

Sin entrar en mayores detalles, este cuento me ha resultado una pizca doloroso. ¡Qué terrible el descubrimiento del hijo de la naturaleza del padre! O de la fama. Me ha recordado El ladrón de bicicletas de Vitorio de Sicca. Nada hay más doloroso que la ruptura de la imagen del padre.

Animal de Fondo dijo...

Siempre me gustó como escribes, cuando te pones a ello; eres buen fotógrafo, pero, a mi juicio, ya te lo dije una vez, aún mejor escritor. El relato, simplemente, está bárbaro. No le sobra nada, lo que es, en mi opinión, una de las cosas más difíciles que pueden hacerse en el mundo.
¡Gracias!

frikosal dijo...

Gracias por sus comentarios, ha sido un fin de semana feliz pero un poco atareado tratando de fotografiar un fenómeno celeste que al final no se ha podido observar y la verdad es que estoy molido. Si quisiera decir un par de cosas:
-Agradecer a quien ya sabe por sus correcciones.
-No hay segunda parte o si acaso este mismo texto ya es la segunda parte, y también la tercera y así sucesivamente.. el tiempo es cíclico, por lo menos entre padres e hijos. El único misterio sin resolver es de donde sale la madre que acepta al monstruo por padre de sus hijos pero yo no se la respuesta, la intuyo pero no estoy seguro.
-"Nada hay más doloroso que la ruptura de la imagen del padre" dice Joselu, yo creo que esto es muy doloroso pero peor es ver que uno terminará por ser como el padre.
Y siento tener que dejarlo aquí por el momento. Buenas noches.

odette farrell dijo...

Estoy de acuerdo con el comentario de Fmesmenota, eres un fotográfo excepcional pero ese cuento me dejó anonadada. Es muy profundo y muy muy triste... y como tu dices uno terminará de ser como el padre. WOW!

El futuro bloguero dijo...

cuando veo mis defectos y los comparo con los de mi padre mas me esfuerzo en no transmitirselos a mi hijo. espero que sea posible, que no sea una tarea esteril.

gracias por la reflexion.
(y por la foto, voy a correos a buscarla, me llegó el aviso de entrega) Ya te cuento

Mamen dijo...

Un poco de Kafkiano sí que tiene. Me he quedado a dos velas, igual que cuando esperaba el final de "La metamorfosis" ¿No hay más? Jo! ;-)

tOnI p. dijo...

Que me sale la lagrimita. Pero no, los monstruos no lloran !!

frikosal dijo...

Si, es muy muy triste.

Amig@mi@ dijo...

No conocía esta faceta y... ¿Cómo no?. También la borda.
Me encantó :), de hecho, me encantan estos párrafos con moraleja y este la tiene y profunda.

Un abrazo

Amig@mi@ dijo...

No pude evitarlo, soy curiosa por naturaleza y entré en el post que te recomendó treehugger.
Tendré pesadillas eso seguro, pero me alegro de por una vez haber encotradotan unidos al bien y al mal. La cara y la cruz de la moneda; el hombre causante de tanto daño, el mismo que cuida y protege a los indefensos.
Uff, cómo me ha impresionado!.
Llego a una conclusión: es tan poco lo que sabemos de la humanidad...
Un abrazo y perdón por entrometerme.