jueves, noviembre 18, 2010

Pasando a Francia casi de noche

La fotografía nos lleva a los lugares más insospechados. Este verano dejé el coche en una estación de esquí del Pirineo y empecé a subir monte arriba con los últimos rayos de sol. Un par de horas más tarde llegué a la frontera. Yo sabía que por allí estaba la frontera con Francia, pero verla así de improvisto la verdad es que me impactó. Desde este punto, a unos 2200 metros de altura, el paisaje se suponía que debía ser extraordinario, pero durante el crepúsculo la niebla se había apoderado de la montaña y a duras penas podía ver por donde continuaba el camino. La sesión de fotografía de estrellas que había planificado estaba resultando un fracaso (y todo el equipo que había cargado hasta ese punto, completamente inútil). No merecía la pena continuar.

Me acerqué al cartel y entonces pensé que era realmente extraño que un paso más allá, en Francia, estuviera prohibido el parapente, hacer vivac, llevar perros, gritar, y algunas cosas más, mientras que un paso atrás, en España, se podía hacer todo eso y además, a solo dos horas andando, comprar un apartamento adosado. Que extraña discontinuidad: un poco más adelante la gente da vivas a la República y aquí, al Rey; allí al queso le llaman fromage y Sarkozy les gobierna desde lo alto, mientras que aquí estábamos en aquel momento celebrando la victoria en el mundial; allí se estudia a Moliere y aquí, a Cervantes. ¿Es posible que semejantes cambios se puedan dar en un solo paso? ¿Qué ocurre sobre la línea exacta de la frontera? ¿Y dos pastores hipotéticos que vivieran cada uno a cinco metros de la frontera, podrían llegar a la guerra por el simple hecho de que cada uno ve los informativos de sus respectivos canales de televisión? Recordé la frontera entre Chile y Bolivia, en el altiplano, en la que unos carteles advierten de que toda la zona está minada y no se puede pasar con un coche alquilado. Esta frontera en la que estoy ahora es mucho más difusa, se puede pasar en coche o andando, sin ningún control y la discontinuidad se hace menos evidente. De todos modos, no hace tanto tiempo la gente cruzaba de noche por estos pasos, y el Pirineo no son los Andes pero tampoco es ninguna broma, jugándose la vida para escapar... hacia el norte o hacia el sur. No está mal conocerlos.

Meditando sobre las discontinuidades y maldiciendo la mala suerte con la meteorología empecé el camino de regreso. No obstante, la noche fue más larga y me esperaban todavía dos o tres sorpresas que espero poder contarles.

23 comentarios:

felquera dijo...

Es que buena parte del Pirineo francés lindante con el aragonés (desde donde creo que estaba usted) es Parque Nacional. En el PN de Ordesa y Monte Perdido (si lo sabré yo bien) esas cosas también están prohibidas. Si la gente las respetase, yo no habría tenido trabajo durante seis años, pero como somos así (y los franceses también, se lo puedo asegurar) tiene que haber guardas. Salut.

Jordi Busqué dijo...

No entiendo las prohibiciones en general. ¿Con qué derecho? A mi me parece que con ninguno, sino por la fuerza.

Y, ¿cómo pensaba usted bajar luego, ya noche cerrada y con todos los trastos?

MartinAngelair dijo...

Tengo claro que sabes pasear,...

...pero,...y lo que caminas?



Muchíiiisimo!



:)






(...Las noches suelen ser largas.

Soy feliz, cuando se hacen soñadas...)





Buenas noches.
Beso.

igniszz dijo...

No se si será por la reglamentación, pero se nota cuando vas de un pueblo de aquí a otro de allí. La hierba es igual, solo cambian las personas.

Anónimo dijo...

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Belnu dijo...

Buena meditación sobre las fronteras y el absurdo. Y yo añadiría, de un lado el suelo se llena de basuras y del otro no; de un lado se preservan los árboles y del otro se cortan; de un lado la gente es casi analfabeta y del otro es más bien culta; de un lado se venden poquitos libros y del otro muchísimos; de un lado se preserva la memoria y en el otro se entierra, y así sucesivamente

Belnu dijo...

Viste aquel documental de Orson Welles sobre la frontera y el país Vasco? es genial

Joselu dijo...

Parece mentira lo que da de sí una noche fallida en cuanto a su objetivo inicial. Surgen fontecicas de filosofía en cualquier hecho de la vida cotidiana y tú las sabes extraer. ¿Qué decir de las fronteras? No dejan de plantear interrogantes que espolean el pensamiento. Pensemos en la Suiza de las dos guerras mundiales. Un remanso de paz en medio de una conflagración de tintes apocalípticos. Aquí Suiza, y allí fuera la devastación. Y era simplemente una frontera imaginaria que se dotó de una razón moral y política que le evitó la guerra. Buen tema de reflexión. Creo que lo que nos diferencia es que tú eres inductivo: de lo particular pasas a lo general, y yo, deductivo, de la general pretendo pasar a lo particular sin conseguirlo tal vez. Un placer leerte.

Jesús Dorda dijo...

Y no hace tanto tiempo, si pasabas por la carretera te pedían el pasaporte, pero paseando por los prados te cambiabas de país sin darte cuenta. A mi me pasó. Eso sí, como te pillasen podías tener problemas.
En la zona de El Portalé las vacas francesas pastan en la hierba española.
¡Ah! y en este lado la gasolina es mucho más barata y es un chollo poner una gasolinera para servir a los franceses.

nomesploraria dijo...

Muy buena la tortilla francesa.

frikosal dijo...

Felquera,
Si que debe ser donde tu te imaginas.

frikosal dijo...

Jordi,
Algo de eso hay, el estado democrático pone -por ejemplo- las señales de tráfico de donde le baja, y después hay que joderse. Algunas prohibiciones de esas son sensatas, otras tocan un poco la médula, sobretodo si se tiene en cuenta que hay como 10000 vacas pastando por allí.

frikosal dijo...

Ah, si, bajé de noche y congelado absolutamente, ya les contaré.

frikosal dijo...

MartinA,
Si que camino, más que antes pero no todo lo que quisiera todavía. Ya les contaré un día.

frikosal dijo...

Ignis,
Es totalmente diferente.

frikosal dijo...

Anonimo,
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frikosal dijo...

Belnu,
Ya sabes que yo lo veo en buena parte como tu..
No he visto ese documental y debe ser interesante, tomo nota.

frikosal dijo...

Joselu,
Me hace gracia como lo racionalizas lo de inductivo deductivo etc. No se, la verdad, es posible que tengas razón. A ver si quedamos un día y nos tomamos una cerveza.

frikosal dijo...

Jesús,
Tanta diferencia hay con la gasolina?

frikosal dijo...

Nmp,
Y los polvorones !

nomesploraria dijo...

Vinieron unas niñas a casa de mi tieta vendiendo una caja de polvorones para sufragar el viaje de final de curso. Mi tieta los compró porque es buena y comprensiva para con los demás.
Yo me los he comido todos. Las peladillas inclusive.
Vivo sin vivir en mí.

Sufragar es una palabra horrible.

frikosal dijo...

Su tieta es una gran persona, ya me gustaría a mi ser la mitad de bueno. Tenga cuidado que los polvorones los carga el diablo.

Andrés dijo...

Las fronteras son unos puntos y unas rayas sobre un trozo de papel... aunque también se dejan ver en otros aspectos que a mi, personalmente, me despiertan la sana curiosidad. A veces no hay ninguna frontera que separe una zona de otra, pero las diferencias culturales son abismales. Otras, en cambio, todo es igual a un lado como al otro, sin embargo una dura linea (frontera) los separa.
Yo lo veo algo absurdo lo de las fronteras. Y las diferencias culturales sólo me hacen querer aprender... pero bueno, quizás sólo sea un bicho raro.