miércoles, julio 20, 2011

Simpatía por los dioses caídos

Hace unas semanas pasé unas horas, de noche, en el antiguo templo de una religión absolutamente olvidada. Mientras miraba a las estrellas girar (aparentemente), pensaba que la estrella polar fue otra cuando los sacerdotes oficiaron en ese lugar sus ceremonias. Eso fue en los tiempos de Homero. El uso de herramientas de bronce se había generalizado hacía poco y la naturaleza estaba empezando a transformarse a gran escala, los bosques pasaban a ser plantaciones de cereales y la sociedad se jerarquizaba. Los cadáveres del pueblo llano muestran signos de trabajo agotador, de condiciones de vida mucho más duras que las de los cazadores-recolectores y de los primeros agricultores libres, que no dependían de ningún caudillo. Los sacerdotes, siempre al servicio de la oligarquía dominante, debieron ayudar a mantener el llamado orden, que otros llaman injusticia. Sin embargo, más de 3000 años después, que paz y que misterio había en aquel lugar. Solamente creo en los dioses caídos.

Recuerdo un bautizo. El sacerdote insistía en Satanás y en el pecado original, pero los fieles no dejaban de fotografiar la ceremonia con sus flashes, ni de hablar. El mismo momento de la transubstanciación tuvo que ser interrumpido con una petición de silencio. ¿El cura pidiendo silencio en una misa? Si, tres veces tuvo que hacerlo, pero fue en vano. Me dio pena y me sorprendí sintiendo una leve simpatía por ese hombre vestido extrañamente, hablando de cosas en las que ya nadie cree en realidad. El hombre contemporáneo ha perdido la noción de lo que es sagrado, y muchos de los que se proclaman creyentes no se dan ni cuenta de que en realidad solamente creen en el dinero, en el orden y en la tradición.

Me llevé a los niños a ver la puesta de sol, que para mi es como una misa, y me costó mucho que callasen durante cinco minutos para poder observar como debe hacerse (con devoto asombro) el sutil cambio en el color de la montaña a medida que el sol va desapareciendo bajo el horizonte.  Pero después ocurrió algo completamente inesperado. Se oyó un silbido estridente, y era el grito de amenaza de una cabra montés. Era un macho, de pie sobre las ruinas de una ermita románica, perfectamente integradas en el paisaje natural. Nos miró de frente preguntando que hacíamos en su montaña, y de un salto bajó del arco de vuelta, con una agilidad increíble para desaparecer en el bosque.

Que cada uno piense lo que quiera.

9 comentarios:

Antonio Martínez Rúa. dijo...

Pues fíjese, que yo siempre pensé que la fe, la de verdad, es un verdadero don.
Yo creo en esa cabra.

Jordi Busqué dijo...

No se le ocurra a Vd. centrarse en el feisbuc y olvidar este cuadernillo suyo que tantos sentimos como nuestra casa.

Un abrazo desde lejos, mi querido amigo!

Josep Fábrega Agea dijo...

Ha llovido mucho desde que se adoraba a Zoroastro desde los zigurats mesopotámicos (que yo diría fueron los primeros en adorar a las estrellas).

Lo sagrado existe también hoy. El televisor es sagrado y nadie osa interrumpirle. El móvil es sagrado y hay una norma no escrita que dice que puede interrumpirse cualquier activividad cuando Él suena.

Las deudas a los bancos y cajas son sagradas y no pueden condonarse por ningún motivo.

El partido del Barça es sagrado y cesará cualquier actividad cuando sea contemplado.

La fidelidad y la lealtad no son sagradas, y la traición (tal y como marcaron las leyes televisivas de GH) puede llegar a ser una virtud.

¿Pero que es lo sagrado?
Recurramos Mircea Elíade:

"El hombre entra en conocimiento de lo sagrado porque se manifiesta, porque se muestra como algo diferente por completo a lo profano.
Para denominar el acto de estas manifestaciones de lo sagrado se ha propuesto el
término de hierofanía, es decir, algo sagrado se nos muestra.
Toda hierofanía constituye una paradoja: al manifestar lo sagrado, un objeto
cualquiera se convierte en otra cosa sin dejar de ser lo mismo.
Para aquellos que tienen una experiencia religiosa, la Naturaleza en su totalidad
es susceptible de resolverse como sacralizad cósmica. El Cosmos en su totalidad puede
convertirse en una hierofanía."

Por tanto la aparición de la cabra fue una hierofanía. Y el Cosmos en sí (gran noticia para los fotógrafos de naturaleza) es pura hierofanía.

Es fácil deducir que las actuales generaciones dan de facto carácter profano a una misa o un bautizo (lo cual me alegra sobremanera)

Pero les cuesta sobremanera ver el carácter de hierofanía de un atardecer por la misma razón que les costaría ver una película de John Ford o Ingmar Bergman. Lo visual debe ser inmediato para ellos. Todo espectáculo visual que requiera una concentración perceptiva de más de tres minutos pasa a ser algo profano.
Y ya se sabe que lo sagrado en teología sólo se concibe como lo contrario de lo profano. Y de esta formas se limitan las hierofanías, salvo que les mostremos la cabra.

Josep Fábrega Agea dijo...

Se me olvida decir que hoy el Feisbuc es el Nuevo Santoral. En su día lo tuve porque un amigo sólo se comunicaba a través de él.
Ahoro sólo lo usa mi hijo para jugar a los marcianitos feisbuqueros.
Yo creo que le va ser muy útil para sus cursos y seguidores pero también creo que, en el fondo, el Feisbuc a Vd. no le pega Doctor

igniszz dijo...

La aparición del móvil no ha solucionado los problemas de comunicación entre las personas, feisbuc no lo va a arreglar; convierte la instantaneidad en superficialidad.

frikosal dijo...

No siempre es superficial facebook, eso depende de los interlocutores. Yo he encontrado gente con un pensamiento muy potente.

Oddiseis dijo...

Lo grande de los dioses caídos es que se les podía adorar en cualquier parte y bastaba con sentir la belleza o el asombro de alguna parte del mundo físico para hacerlo propio como puente entre este mundo y la manifestación de la divinidad. Eran dioses democráticos y naturalistas (¿ecologistas cabe decir?). No veo yo esas virtudes en los dioses oficiales (ni en los oficiosos) de nuestra era; ¡sospechen de los dioses a los que se ha de adorar sentado!.

Mi reconocimiento a Josep por traer (tan bien) a colación el término "hierofanía".

Oddiseis dijo...

Con su permiso, me lo apropié para una entrada de mi blog (citándole, eso sí).

Virginia H. Diaz dijo...

Que sería del mundo sin personas como tú, que silentes y observadores buscan la belleza y sus cambios sorprendentes en esta naturaleza a la que pertenecemos, pero que soñando con volar, la olvidamos y la pisamos sin apenas mirar. Te admiro por tu valentía para la soledad en la que te andas y sobre todo porque en tu búsqueda está la poesía más hermosa y cruel que conlleva la vida. Ese dios que buscamos está ahí en nosotros mismos cuando sabemos mirar a las estrellas o hablar al bosque. Mientras tu buscas, la manta del cielo te protege Frikosal y nosotros te esperamos.