martes, julio 05, 2011

El hombre que va a morir

Finalmente me hacen pasar a la sala de espera número 4. El TAC es más penetrante que la RM y perfila mejor los huesos, se podrá ver que es este tejido, me dijo el médico. Después de unos minutos se oye de nuevo la voz especialmente antipática de la chica de recepción: "Sala número 5". El nuevo paciente pasa fugazmente por delante de la sala 4. Es un anciano extremadamente flaco. Busca el número de la sala, pero está débil y desorientado. Tiene miedo. Yo creo que va a morir.

El altavoz dice mi nombre. El TAC se hace muy rápidamente, sin necesidad de que me desnude. Los rayos X atraviesan los pantalones y los calcetines sin ninguna dificultad. Ni el impermeable me quito.

Al salir, el hombre que va a morir está esperando de pie, agarrado con la mano izquierda al marco de la puerta 5. Me ve salir, aterrado. Me recuerda a mi abuelo, cuando le vi preparando las cosas para irse al hospital. "No se preocupe", le digo al hombre que va a morir, "van muy rápido y no duele", pero en realidad quería decirle, "ánimos que todo pasará pronto". Pero él se sorprende de que un desconocido le hable. Tiembla y apenas abre los labios cuando sonrío lo mejor que puedo para decirle buenos días.  Se ha peinado y afeitado, se ha vestido pulcramente, pero es pobre. Como mi abuelo.

Necesito la pequeña, instantánea, satisfacción de un cortado. La cafeina y la grasa de la leche caliente, incluso sin azucar, son percibidas erroneamente por mi cuerpo como una recompensa. Hay una pequeña cola en el bar. Cuando mi abuelo se marchó al hospital yo tendría nueve años. Estábamos comiendo. Mi madre y mi abuela le ayudaban a preparar sus cosas pero mi hermana y yo seguimos en la mesa. Al verle pasar dije que estaba amarillo y (era el año 76) pregunté en voz alta de que había muerto Franco. No volví a verle, no me atreví a mirar el cadaver.

Pido un cortado, "Uno cuarenta", me dice. Es carísimo. Saco una moneda de dos euros del bolsillo y se la tiendo. Pero no la coge, me prepara el cortado y me lo da. Está quemando, me gustaría pagar y llevármelo a una mesa para sentarme un momento. Me duelen las piernas. Se pone a hablar con la otra camarera. Yo sorbo el cortado una y otra vez, con la moneda en la mano y el gran sobre con todas las pruebas médicas en el suelo junto a la barra. Cuando vine a hacerme la resonancia magnética me sucedió lo mismo, recuerdo, tardaron mucho en cobrar y pensé en marcharme sin pagarselo.

Ya me he terminado el maldito cortado y ella sigue sin cobrarme. Se va un momento. Esta vez lo voy a hacer. Me meto la moneda en el bolsillo y voy hacia la puerta. Si me ve, le diré que puesto que no me cobraba y me enfadaré... o tal vez no, tal vez daré una excusa.. diré que me olvidé. Ya veremos. Ya estoy en la puerta de cristal y no me ha visto. Abro y salgo, andando ligero pero sin que se note que corro. Todavía podría verme. Que idiotez que la sangre me hierva de esta manera en las venas por un simple cortado. Soy un pobre idiota.

Si yo realmente pudiera creer que el universo es un teatro, o un sueño en la mente de un extraño dios, nada de esto me preocuparía: ni el hombre que va a morir, ni mi abuelo, ni este dolor incesante.

En el pasillo de cristal que pasa junto al bar sigo andando asustado. Si me ve, tal vez me llame, tal vez me chille. Pero no me ha visto, salgo al exterior. Ya casi lo he conseguido. Es una sensación maravillosa. Llueve y cruzo la calle sin mirar. Un taxi me pita.

Ahora siento la necesidad ardiente, casi fisiológica, de sentarme y escribir la historia del hombre que va a morir.

21 comentarios:

Homo pyrenaicus dijo...

Un relato soberbio Dr. No se qué le deparará la vida, pero no me extrañaría verle publicando. Posee Vd. esa rara magia de atraparnos fascinados en lo cotidiano, porque la enfermedad, la muerte y los camareros incapaces son cotidianos, por mucho que nos pese...

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Excelente narración de una aventura intimista, cotidiana...al fin y al cabo, todos somos el hombre (o la mujer) que va a morir (alguna vez).
Saludos y mi renovada enhorabuena por tus textos.

nomesploraria dijo...

Glups

Joselu dijo...

Me ha gustado. Entiendo la situación del hombre que va a morir y el testigo que es consciente de ello. Pero hace poco que he dejado de temer a esos momentos que preceden a la muerte, que son los más densos, junto a la niñez, de nuestra existencia. Quizás son la imagen y el reflejo del espejo sin saber qué es imagen y qué realidad.

Marcelo Caballero dijo...

que buen relato...me gusta y mucho el ritmo del texto...no te suelta hasta que termina. Felicitaciones!!

Antonio Martínez Rúa. dijo...

Pues ya está escrita... y bien escrita.
Es terrible el momento de darse cuenta de que cuando mueres, lo haces solo.
A veces añoro la seguridad y ayuda de las "religiones"... Si alguna vez me voy sin pagar un cortado, tenga usted la seguridad que me acordaré de su historia, y del hombre que va a morir. Y antes de irme del bar, en el espejo que acostumbran lo veré darse la vuelta y caminar rápido con el pulso acelerado.

Bufaforat dijo...

Mañana de funeral. Jesus deja una viuda y dos hijas. Maldito tabaco.

Que bien escribe usted doctor.

Albert dijo...

Tendría que haber regresado a ese bar Dr. (siempre se regresa al lugar del crimen...) poco después de marchar usted, entró el anciano de la "sala nº 5" a tomar un cortado. Lo encontraron muerto en la barra con una moneda de dos euros en la mano...

Dr. Jorge Garat. dijo...

Que placer leer tus líneas, ya te echaba de menos. Cada día me voy al "favorito" Frikosal y te miro, si es el mismo de hace días me preocupo.
Soy un neurótico, de seguro.
Lindo relato.

Miazuldemar dijo...

Qué buen final aporta Albert.

Yo creo que usted quería inconscientemente poner a prueba sus piernas, a ver si con ellas aún era capaz. Hacer un acto "ilícito" como acto de rebeldía no está mal ;)

Un relato muy bien escrito. Es bueno.

Salud amigo. A cuidarse, y que siga corriendo.

Oriol Alamany Sesé dijo...

Magnífico relato, con ritmo y corazón... y ánimos, los hospitales son un poco deprimentes.

Jan Puerta dijo...

Si tuviera un bar, o una cafetería, estarías invitado a todos los cortados que quisieras hasta el día de tan fatídica coincidencia.
Un abrazo

Josep Fábrega Agea dijo...

Hace muy poco se murió un vecino de Hepatitis C y hace poquísimo un amigo íntimo de un ataque de corazón fulminante.
Suelo no pensar en que venimos a esta vida a morir. Pero la vida me lo recuerda demasiado a menudo.

He pasado varias veces por TACS y tres veces pro la UCI (entonces se llamaba UVI)...y aquí estoy, vivito y coleando (lo que me dejan)

En cuanto a la adrenalina yo también la siento. Siempre me voy sin pagar si el camarero/a pasa de mí y no me cobra.
Una vez fueron 150 euros de una buena cena en un restaurante de categoría.
Cuando en el Decathlon, Corte Inglés, Bauhaus, Alcampo etc veo que me quieren cobrar un precio abusivo por algo que es baratísimo, tomo mis decisiones adrenalínicas.

MartinAngelair dijo...

En esos 'lugares' se llega a vivir una de las soledades más terribles que podamos conocer.




Un beso muy fuerte.
B.N.C.M.

David Álvarez dijo...

cuando sea mayor quiero escribir asi!!

ercanito dijo...

No uses ancianos desvalidos para justificar tu robo, que te hemos pillao... jeje

Magnífico, muy bueno, con unas dosis alegóricas acertadísimas, como ya te he dicho con algo de humor.

Espero una pronta de recuperación al viejo que se va a morir, y a ti... pues que el tac demuestre que tal tejido es seda china como mínimo.

Pd: lo de publicar no me parece descabellado. Un libro del Frikosal tendría su cosilla.

Ramon Villero dijo...

!

igniszz dijo...

Parece un extracto de Farenheit 451.
Deberíamos vivir la vida al revés; empezar encontrandote mal, cada vez te sientes mejor y con más ganas de hacer cosas, cuando desaparecen los hijos, tienes toda la libertad del mundo y te dá por estudiar y todo, adiós al trabajo, para acabar tu vida jugando, y despedirte con un buen orgasmo!

Erna Ehlert dijo...

Me ha impresionado tu historia.

Es fascinante y al mismo tiempo tiene algo triste, aunque el final demuestra valentía.

Eres muy bueno escribiendo.

Daniel Arenas dijo...

Vaya, ese relato me ha dejado algo "hecho polvo" prácticamente parece de novela negra y tétrica... incluso deprimente.

Amig@mi@ dijo...

Mi enhorabuena. Es un relato de premio
Un abrazo