miércoles, diciembre 30, 2009

2009

Yo siempre he tenido la intuición de que los años en realidad empiezan al finalizar el verano. Supongo que debe ser un eco de la infancia y reconozco que sería totalmente arbitrario, pero a fin de cuentas el 31 de diciembre también lo es, ni tan solo coincide con el día más corto del año (o más largo, en el hemisferio sur). Pero seguiré la costumbre y haré un pequeño resumen del año que termina. Pinchen las fotos si les apetece ampliarlas.
En 2009 publiqué las fotos de estrellas junto al Teide, y fotografié la rotación de la tierra. Y la víbora, la única serpiente realmente venenosa que hay en la península, a la que hace tiempo que deseaba (aunque admito que la foto es mejorable).

Pude contemplar el nacimiento de la libélula emperador y las sequoias en el Yosemite.

También estuve en el Golden Gate en San Francisco, la vi cópula de las lagartijas (sin por ello tener la extraña experiencia del adivino Tiresias)...

... y las cabras monteses en Sierra Nevada, la Vía Láctea en el desierto de Atacama y sobre las lápidas de un cementerio remoto...

.. fotografié tormentas de verano en el alto Aragón, la luz zodiacal en Chile...

y elusivo rayo verde, que al final no vieron los protagonistas de la novela de Verne. También el reflejo de las estrellas en un ibón pirenaico..

... y me extasié con el cielo repentinamente abierto sobre los Moais en la Isla de Pascua. La NASA publicó mi foto de la luz zodical, di una conferencia en el IEC que yo creo que fue exitosa, un curso de fotografía de naturaleza y he publicado varias cosas. También escribí mi decálogo de ética fotografica: el cuervo estaba realmente allí.

Para el 2010 tengo algunos proyectos, entre ellos un curso de fotografía de paisaje astronómico, que daremos Jordi Busqué y yo. Además de continuar con este extraño blog, que en este momento está en la posición 618 de los blogs en castellano, en Wikio. No está nada mal para ser que aquí se habla de temas como el prepucio de Cristo o se propone como deberes demostrar la existencia del Mazinger Z con el argumento de San Anselmo.

Esta entrada está programada, yo ahora estoy fotografiando estrellas, o (lo más probable) si hace mal tiempo, cerca del fuego conversando. Un abrazo a todos y feliz 2010.

domingo, diciembre 27, 2009

Sobre las conversiones

Mi inseperada conversión a la fe de Apple (la verdadera) ha causado una modesta conmoción en la blogosfera.

Yo no se si ustedes vieron "La invasión de los ultracuerpos", en la que unas crisálidas alienígenas invadían el planeta, apoderándose de los cuerpos y las almas de los ciudadanos, que no obstante seguían en apariencia iguales... incluso me parece recordar que seguían votando cada uno a su partido, pero estaban totalmente incapacitados para el amor. Pues bien, después de pasar innumerables peligros, en la escena final la chica se duerme y los invasores la vacían por dentro y la transforman en un extraterrestre, pero en el último momento, cuando todavía conserva un rastro de alma humana, le dice al chico "de verdad que no duele, déjate llevar".

Así estoy yo en este momento, todavía necesitado del PC, en parte a causa de mi proletaria conciencia de clase, pero ya con un paso en la elevada esfera del Mac, que es propia de artistas, músicos y de la gauche divine en general (¿existe todavía?). Con la mano de la derecha escribo en mi celestial iMac, mientras que con la de la izquierda estoy desinstalando el maldito antivirus McAfee que venía en el disco de recuperación de mi netbook (y que a la hora de la verdad no sirve para nada más que para pasarse el día reclamando perrumente una tras otra actualización). Por cierto, ayer me dijo un cantante de rap que la tercera guerra mundial será entre los partidarios de la manzana y los del windows (¿linux será neutral?)

Esto me recuerda el caso de mi amiga M., muy católica, que cree que en algún momento yo me voy a convertir, mientras que yo por mi parte juego no a pervertirla (¡sería incapaz de semejante maldad!) pero si a desconvertirla. Si nos vemos por la calle le pregunto si el nacimiento del Hijo ya estaba previsto por el Padre en el momento de la creación o en que párrafos bíblicos se sustenta la existencia del Espíritu Santo, mientras que ella, sin dejar de responderme con una precisión de apologeta consumado, insiste en invitarme a unos ejercicios espirituales laicos. Todo ello en medio de una alegre cordialidad que de algún modo demuestra que la amistad y el sentido común pueden ser más fuertes que las doctrinas. Más en estos tiempos cuando la fe de occidente en realidad es el consumismo.

Son varios los que insisten en que yo voy a convertirme al catolicismo el día menos pensado, como en tiempos de mi primera comunión. Yo creo que la fe no es una virtud si no más bien una flaqueza del espíritu, y necesito evidencias tangibles, como el primer José Arcadio Buendía que le exigía al padre Nicanor el daguerrotipo de Dios. Solamente creo en la medida que voy viendo, y si presencio un milagro verdadero no duden que me convertiré.

(Esta entrada está programada y ahora mismo yo no estoy aquí, pero dejen sus comentarios y serán atendidos).

martes, diciembre 22, 2009

1998, Portoroz, Slovenia

Fue en el 98, en Portoroz (Slovenia), después de la guerra en Croacia y Bosnia pero antes del conflicto en Kosovo y de los bombardeos de la OTAN en Belgrado, en el 99. Aunque he tenido que consultarlo porque los acontecimientos se me amontonan en la memoria.

Era una noche lluviosa, los callejones empedrados de Portoroz reflejaban la luz de las farolas y me recordaron algunas calles del lugar donde yo nací. Sin trípode y con película de ISO100, la foto no era fácil. Me apoyé contra la pared y sin respirar disparé con el viejo 28 abierto completamente. Después entramos en un pequeño bar donde había una animada conversación y una competición de dardos. Yo no había jugado nunca a los dardos pero nos invitaron a participar y mi amigo alemán y yo no hicimos muy mal papel. Después de la partida tomamos unas cervezas más con la gente de allí y terminamos por entrar de lleno en la conversación, que como no podía ser de otra manera fue sobre la guerra.

De repente, uno de los ocupantes de la mesa vecina, un hombre corpulento, me tomó por la mano y casi por la fuerza me sacó del local y me llevó unos metros más allá, al paseo desde donde se dominaba toda la bahía. A mi me asustó ese extraño rapto, y además volvía a llover y de vez en cuando un rayo iluminaba el cielo. Con su mano izquierda señaló al horizonte y dijo en inglés chapurreado pero perfectamente inteligible, incluso aunque no hubiese hablado de tan grande como era su emoción, "¿Ves? Todo eso es mi patria, y allí, al otro lado, están los croatas, que son gente violenta y sin civilizar". Agitaba los brazos y entonces me di cuenta de que era manco. Regresamos al bar y aquella noche la discusión fue muy larga y complicada, a pesar de que a la mañana siguiente todos teníamos que trabajar.

lunes, diciembre 21, 2009

Mont signus, de noche

Este fin de semana parece ser que ha sido el más frío en los últimos nosecuantos años (es asombroso el amor que nuestra época tiene en la estadística), y yo, en lugar de estar en casa rindiendo el debido culto a mi iMac, me fui a lo alto de una montaña a hacer fotos de estrellas. Al aparcar el coche, el termómetro marcaba -7, y me quedé bastante contrariado al ver que ahora hay que andar un rato para subir a la cima (y arriba hacía todavía mucho más frío a causa del viento). No es una gran distancia, pero de noche, con esa temperatura y cargado con parte del equipo, pues me pareció un fastidio (y la angustia de que al regresar el coche haya sido forzado y falte la otra mitad del equipo). Pero al poco de empezar a andar entré en calor y terminó por gustarme el paseo. Al llegar a la cima, comprobé con desagrado lo que ya sabía: el cielo en Cataluña (y en casi toda España) está completamente putrefacto de luz y aquí no hay foto de paisaje astronómico que valga.

Esta montaña, que es muy concurrida, era llamada Mont Signus (monte señal) en tiempos de los romanos. Lo que se ve al fondo es el mar y según un amigo que es muy versado en asuntos de náutica, era utilizado por los navegantes para determinar aproximadamente su posición. El problema es que a pesar de que el mar está relativamente cerca, hoy en día pocas veces la atmósfera tiene la transparencia suficiente como para que sea visible.

Donde está hecha la foto, justo a mi espalda, hay una pequeña casa que antes era habitada por el operador de la estación meteorológica. Viendo la lucecita de la casa frente al cielo estrellado, pensé en fotografiar Una casa entre las estrellas. Las fotos primero se piensan y después se encuentra el lugar donde hacerlas.. pasaron muchos años hasta que tuve una cámara que lo permitiera, y después me di cuenta de que me faltaba el cielo. Finalmente pude materializar la imagen que tenía en la cabeza estando en Chile.

sábado, diciembre 19, 2009

Bailando junto al faro del fin del mundo

Fui (digamos) al fin del mundo pensando que allí el cielo estaría libre de contaminación luminosa y podría observarse un importante fenómeno celeste. No había contado con el faro, y estaba tratando de decidir si aquella luz giratoria me gustaba o no (decidí que no), cuando una pareja llegó en coche. Empezaron a andar hacia el mirador cogidos de la mano y yo me acordé de Cartier Bresson y noté que se aproximaba el instante decisivo. Tenía la cámara montada en el trípode y encuadrada para fotografiar el faro, pero reencuadré. Cuando -durante a penas unos segundos- se pusieron a bailar un vals lentísimo, sin música, iluminados por el faro, hice esta foto. Estuve a punto de pedirles que se quedaran un poco más pero a la que quise atreverme ya estaban dentro del coche.

Entonces me acordé de Doisneau y decidí encontrar una pareja que a la noche siguiente posara para mi repitiendo la escena del baile sin música junto al faro del fin del mundo. ¿Cual de las dos fotos les va a gustar más? Próximamente, la siguiente.

jueves, diciembre 17, 2009

Regresar a casa bajo un cielo tormentoso - al Dr. Garat con cariño

Por fin empiezo a retornar a la normalidad informática y para celebrarlo subo esta foto a 1200 pixels por si alguien quiere ampliarla. Es la típica imagen que hay que ver grande, de lo contrario la figura humana apenas se aprecia, o no llama la atención lo suficiente. Rowell tiene un interesante capítulo en su imprescindible libro Mountain Light sobre la figura en el paisaje. Ese libro es de los que puede cambiar una vida y yo debo agradecerle al amigo Treehugger que me lo prestase hace casi 20 años. Es una lástima que esté agotado y con pocas posibilidades de ser reeditado. Ahora parece que lo que vende son los manuales de Photoshop y son muchos los que quieren reducir la fotografía de paisaje a un conjunto de trucos para que las cosas ordinarias parezcan extraordinarias, cuando en realidad de lo que se trata es de buscar cosas extraordinarias y de que se vean tal como son.

Digo que retorno a la normalidad pero todavía no he resuelto el importante asunto de los colores. Tengo dos pantallas de ordenador delante y esta foto se ve muy diferente. No se como se verá en sus pantallas, de modo que les contaré que fue una tarde fría en el desierto de Atacama. El cielo estaba extrañamente cubierto de unas nubes densas y azules. El Dr. Garat y yo fuimos hasta la laguna que hay a una hora en coche de San Pedro. El escenario es un desolado lago, casi completamente seco y cubierto de costras de sal, a excepción de unas pequeñas extensiones donde los flamencos comen. El cielo presagiaba un atardecer espectacular y desde luego no nos defraudó. Solo cuando el sol ya estaba muy bajo pudo por fin abrirse paso hacia la tierra. Durante unos instantes todo resplandeció con colores cálidos y las montañas del horizonte parecieron cobrar vida propia. En Atacama, según dicen, el cielo es tan delgado que las estrellas casi se pueden tocar. Pero tuvimos muy mala suerte con el tiempo y lo más probable, visto como están las cosas, es que yo no pueda volver nunca más.

El Dr. Garat es extraordinario en muchas cosas y podría ser perfectamente un personaje de ficción de no ser porque en realidad existe. Fíjense que cosas, gracias al blog le conocí. Yo estoy esperando que él abra otro blog, además del que ya tiene, que es una referencia en el mundo de la fotografía clínica. Y que nos cuente algunas de las cosas que a mi ya me contó en el desierto de Atacama. Un abrazo Jorge.

miércoles, diciembre 16, 2009

El Llobregat contaminado con fármacos

Una de las cosas que más me ha impresionado en los últimos meses es esta noticia: el río Llobregat está contaminado con fármacos, en particular antiinflamatorios y antidepresivos.

No se trata de que las farmacéuticas tiren cajas y cajas de pastillas al río, es mucho más grave y más sintomático de cual es la situación real del mundo que hemos creado. Son los orines de las personas que, como usted y yo, de vez en cuando nos tomamos un ibuprofeno para el dolor de espalda, o unas pastillitas que receta el médico para que no estemos tristes (y a la que uno se descuida ya son de por vida). Nuestro organismo no metaboliza completamente esas sustancias, y van a parar al río. En el río hay depuradoras, y en su desembocadura justo al lado del aeropuerto incluso viven pájaros prodigiosos como el martín pescador o este aguilucho que ilustra la entrada (que fotografié junto al Llobregat). Las depuradoras no son mágicas: eliminan el gran excremento y la inmundicia más obvia, pero hay muchas moléculas contaminantes e imagino (no soy experto en el tema) que para filtrarlas todas haría falta una cantidad enorme de energía, debe ser imposible. Somos tantísimos que ese simple gesto de tomarnos una pastilla (con receta médica) e ir al baño ya es una agresión contra el medio ambiente. Y después, aguas abajo, son otros los que beben nuestros orines.

Lo primero que debemos preguntarnos es si la cantidad encontrada es realmente significativa ¿no será que los cromatógrafos son tan sensibles que detectan cantidades irrisorias? Parece ser que si son cantidades relevantes (del anterior enlace): El estudio ha revelado una posible relación causa-efecto entre los fármacos y los invertebrados, de manera que en donde hay más concentraciones de antiinflamatorios y betabloqueantes (contra la hipertensión) se observa un aumento de las larvas de insectos que no han prosperado. (Una vez más, los insectos, menospreciados por los ignorantes, demuestran su importancia como bioindicadores)

Lo segundo es ¿cuales son las causas?. Yo creo que la primera debe ser la enorme cantidad de gente que vive a orillas del pobre Llobregat. Y la segunda, el elevado consumo de fármacos por persona. Aunque a nadie le gusta pasar hambre si tiene comida al lado ni aguantar el dolor o morirse de infarto si dispone de una pastilla que lo soluciona, yo diría que el sistema sanitario de nuestro país tiende a favorecer el consumo de medicinas. Y habría que ser muy inocente para creer que las empresas farmacéuticas son ajenas a esta situación. Pero pensando en los psicofármacos y en los antidepresivos en particular, este consumo no se entiende si no es asumiendo que en realidad vivimos como animales enjaulados, angustiados y enfermos. ¿Piensan que casi todos nosotros deberíamos ser felices porque tenemos comida para comer y una cama para dormir? Es muy importante comprender lo que le ocurre al pulpo enjaulado, les ruego que lo lean.

Dijo Batiatto en el 86 (y entonces no entendí la letra),

Non servono tranquillanti o terapie
ci vuole un'altra vita.
..
Non servono più eccitanti o ideologie
ci vuole un'altra vita.


Hay que hacer algo, pero cada día son más los que miran por la ventana con la esperanza de ver caer un meteorito que lo mande todo a la mierda.

martes, diciembre 15, 2009

La paradoja del cielo desconocido, en el Heraldo de Aragón


Ayer lunes, el suplemento Frontera Azul del Heraldo de Aragón publicó mi artículo "La paradoja del cielo desconocido". Salen algunas de mis obsesiones: la tristeza de las estrellas solitarias tapadas por las luces de las ciudades y el viaje de Odiseo, cuando abandonó a Calipso navegando sin dejar la Osa a su izquierda. Me han puesto fotógrafo y naturalista pero en realidad soy agrimensor.

domingo, diciembre 13, 2009

¿No me notan radiante?

Fue el sábado. Me levanté tan feliz y con el café en la mano fui a mirar el correo electrónico, pero antes de poder conectarme, me salieron como diez ventanas del antivirus avisándome de que otros tantos programas malévolos estaban pululando por mi ordenador. No tengo ni idea de como han llegado allí, estos virus son como hidras repulsivas que a veces persisten incluso después de haber reinstalado el ordenador entero. Y mucha gente se debe estar lucrando con esas cosas, tanto los que las inventan como los que supuestamente las arreglan. Además, llevo dos semanas tratando de instalar un colorímetro y no quiero ni contarles los problemas que he tenido. No pude más, me vestí y totalmente en contra de mi voluntad, me fui a por un Mac.

La tienda de Apple que hay en la ciudad dormitorio es excelsa, impoluta y cristalina, un templo de la elegancia en el que casi da miedo entrar. A mi el asunto de los Macs siempre me ha parecido una especie de religión: se diría que los conversos están dispuestos a perdonar cualquier problema en sus máquinas, y ninguno en los sucios PCs con Windows. Yo nunca he sido dogmático y (¿justamente por eso?) siempre he andado escaso de fe. La tienda, no obstante, es tan pulcra y tan bonita, y los clientes son tan interesantes que uno casi desea ser bautizado y poder participar en sus ceremonias aunque sea en el modesto papel de monaguillo. Y una vez iniciado, estar por encima de la inmundicia del Windows, a salvo de todo en un mundo de seguridad y elegancia en el que supuestamente uno no tiene que preocuparse de drivers ni de antivirus, si no solamente de vivir.

Los vendedores te atienden y te da la impresión de estar hablando con seres humanos que te escuchan, cosa que en las tiendas de informática normales no he conseguido todavía. Por ejemplo, en Pricoinsa o Pista Cero despachan unos chavalitos engreidos que se creen infinitamente superiores a ti porque saben como se llaman los módulos de memoria que en este momento se llevan, y que dentro de dos meses estarán totalmente obsoletos. En una tienda Apple, en cambio, ser ignorante es incluso cool: después de todo, son los ordenadores los que están al servicio de las personas y no al revés. Incluso más: Yo les dije que eso de Apple era una secta y les pregunté si con un Mac mejoraría mi vida sexual, entre otros sarcasmos. Pero ellos aguantaron el tipo sin pestañear y yo salí de allí con un iMac de 21.5 pulgadas, con 4 Gbytes de RAM y un Core2 Duo, por 1049 euros. Es el más barato de los que se venden con pantalla y después de todo, comparando harware igual, es solamente un poco más caro que un PC.

Al llegar a casa me costó diez minutos encontrar el interruptor, de tan exquisito como es, pero una vez pulsado todo funcionó a la perfección. Eso si, me pidió mi dirección física y electrónica, mi nombre completo y mi teléfono, y me sugirió que me hiciera una foto. ¡Justo igual que el Facebook!. Pero Apple ha conseguido que la gente venere sus productos, es indudable que la belleza seduce. De momento, yo todavía no me aclaro mucho, veo muchas cosas que obviamente van mejor en el PC que en el Mac y en lo erótico no he notado nada, por el momento. Eso si, he conseguido configurar una red local y estoy pasando archivos del PC... que voy a tener que reinstalar de nuevo para eliminar los virus recalcitrantes.

Sin entrar en tediosos detalles técnicos quisiera expresar mi angustia ante el hecho de que tengo importantes datos en discos formateados con PCs, en muchos discos, en archivos que se han ido quedando exiliados a causa de las sucesivas reinstalaciones de los windows. Y además tengo todas las fotos clasificadas en Imatch que es un programa que solamente está en el PC y que en este momento me resulta totalmente imprescindible. Es como una especie de laberinto, en el que no parece haber ningún guía que realmente conozca el camino. Por el momento, no puedo subir ninguna foto y este blog se queda temporalmente ciego.

viernes, diciembre 11, 2009

Los satélites de Júpiter, el Vaticano y la agudeza visual del Homo sapiens

Si salen a la calle cuando ya es noche cerrada, suponiendo que en su ciudad-dormitorio todavía no hayan encendido la iluminación de Navidad, seguramente podrán ver una estrella brillante hacia el suroeste. En realidad no es una estrella si no Júpiter, que ya está a punto de desaparecer hasta principios del próximo verano, y oculta una sorpresa: sus satélites. Cuatro de ellos son visibles desde si se dispone de un pequeño telescopio o de unos prismáticos grandes.

Siempre se ha dicho que fue Galileo el primero en dirigir un instrumento óptico hacia Júpiter y por tanto el primero en verlos. Después de unos días de observación, le resultó evidente que aquellos nuevos astros giraban en torno a Júpiter y que por tanto la tierra difícilmente podría ser el centro del universo como Aristóteles y el Vaticano afirmaban.

Pero Galileo pronto pudo comprobar que el asunto era más complicado. En las Escuelas Pías, el padre M. nos contó que si una paloma rozase con una pluma de su ala derecha la cima de una montaña una sola vez cada 1000 años, cuando toda la montaña hubiera sido reducida a polvo por el desgaste, no habría pasado más que la primera hora de la eternidad. De modo que no se pueden tomar a la ligera los tormentos del infierno, puesto que al ser eternos cualquier sufrimiento terrenal es ínfimo a su lado. Un tubo por el que se veían cuerpos celestes heréticos, bien podría haber sido obra del diablo, argumentaron los teólogos. No era cosa de exponer sus almas mirando por el telescopio cuando a todas luces era más práctico y más cristiano amenazar al pecador Galileo con la hoguera, que por mala que sea, no es nada comparada con el infierno. Con Giordano Bruno se intentó este método pero por pura soberbia no quiso abjurar y la paloma no ha dado más que medio aletazo desde entonces.

Pero ¿y si Galileo hubiera tenido una cámara? Con una cámara acoplada a un telescopio es fácil fotografiar los satélites de Júpiter, pero ¿qué ocurre con una cámara normal y un 50mm? Se dice que un objetivo de 50mm, con un campo de visión(*) de unos 40x27 grados (en una cámara FF) es aproximadamente equivalente a la visión humana(**). ¿Una D700 de 12 Mpixels con un 50mm, hubiera podido captar los satélites y hubiera sido suficiente para hacer cambiar de opinión a los teólogos vaticanos?. O, alternativamente, si nuestra la agudeza visual hubiera sido superior y hubiéramos visto los satélites a simple vista ¿hubiera sido posible mantener la arrogancia geocéntrica del Vaticano?

El próximo día se lo cuento.

(*) Se puede calcular como a=2.atan(d/(2f)) donde d es el tamaño del sensor en horizontal o vertical, f es la distancia focal y a el ángulo.
(**) Yo personalmente creo que el 35mm se parece más a lo que vemos.

jueves, diciembre 10, 2009

Desde dentro del dolmen

En mi opinión, los monumentos megalíticos tienen una presencia simbólica y una densidad espiritual superiores a las de cualquier otra construcción. En particular los dólmenes, ponen de manifiesto la escasa resistencia a la tracción de la piedra y desenmascaran los excesos de arrogancia estructural de la denominada arquitectura moderna. Cuando todas las oficinas de cristal ya se hayan hecho añicos, todavía estarán allí las navetas, los dólmenes, los menhires y los moais, para dar fe de la voluntad humana de hacer obras trascendentes y no solamente recalificar y perpetrar plazas duras como hacen hoy en día tantos y tantos concejales de urbanismo.

Creo que (en cuanto se haya inventado la máquina del tiempo) voy a abducir a Le Corbusier, además de a Mies Van der Rohe, y les llevaré conmigo a visitar este dolmen de noche, con la esperanza de que puedan captar la gran energía telúrica que desprende. Yo se (lo digo sin ninguna acritud) que mucha gente no comparte mi punto de vista, y es normal puesto que esos dos señores son considerados grandes artistas. Pero como yo soy un simple agrimensor, puedo decir lo que de verdad pienso: ya es hora de abjurar de esos excesos y regresar a la tierra.

Para fotografiar este monumento, salí de la ciudad dormitorio una noche de luna llena y estuve conduciendo durante horas hasta que las luces putrefactas de las ciudades ya se hubieron disipado caso por completo y la presencia de la naturaleza empezó a sentirse. Entonces me dí cuenta de que había olvidado un pequeño detalle: su localización exacta. Por suerte un amigo que conoce bien la zona me fue guiando por teléfono a través de un laberinto de pistas de tierra (aclaro que con el manos libres, por si algún agente me estuviera leyendo). Y me dio un consejo: que vistiera de color claro, puesto que cuando hay luna llena salen los cazadores furtivos a disparar a los jabalíes.

Como toda la ropa de abrigo que tengo es negra, me puse encima el chaleco reflectante de color amarillo, y ataviado como la noble salamandra, fui hasta el dolmen con actitud reverente.

Desde el interior, se veía la constelación de Orión y se estaba francamente bien.

lunes, diciembre 07, 2009

En el hotel de los colibries

Si llegué al hotel de los colibries fue por pura casualidad. Aunque ahora yo sea una criatura sedentaria, sumergida en una vida rutinaria en lo más oscuro de una ciudad siniestra, en cierta ocasión fui un hombre valeroso que estuvo en la selva atlántica brasileña y abandonó la seguridad del coche y del camino ancho para internarse en una trilha incierta.

El sol era radiante pero al salir del camino el sotobosque estaba oscuro como una catedral tenebrosa y solamente algunos rayos de luz alcanzaban el suelo como a través de una vidriera. La selva me parecía llena de maravillas, extrañas plantas que aquí deben cultivarse en invernaderos, insectos despampanantes y huellas de animales misteriosos.

Perdí la noción del tiempo. Ya debía llevar un buen rato andando cuando empecé a inquietarme. No tenía la sensación de estar muy lejos, pero haciendo fotos el tiempo pasa de otra manera. ¿Habían pasado una, dos, tres horas?

De pronto, en mitad de la selva apareció un extraño hotel, aparentemente sin ninguna conexión con la realidad. En algún tiempo debió de ser lujoso pero estaba decadente y vacío. Llegué a la puerta pensando que podría estar incluso abandonado, y al mismo tiempo temiendo que no me dejasen entrar porqué estaba sucio de barro después de pasar el día haciendo fotos. Vacilé antes de empujar, pero la puerta estaba abierta y la recepción vacía.

A lo lejos, al fondo de un corredor desierto, se veía la luz de lo que se intuía que podría ser un bar. En el recinto reinaba el frescor antiguo de los patios andaluces y las paredes estaban decoradas con acuarelas de colibries y flores de la selva. Me interné diciendo hola a cada paso, y no pude evitar pensar que aquello podría ser el cielo, pero también el infierno.

En el bar estaba la recepcionista, que parecía un ángel rubio sin alas. Y me traspasó el subconsciente con una mirada amable de psicoanalista. Allí debió ver todos mis miedos y mis angustias como quien mira los cuadros de Goya. Solamente sonrió. Yo pregunté si podría tomar un suco de limão y me senté en la única mesa de la terraza.

Cuando apenas había tenido tiempo de maravillarme de la tranquilidad de aquel lugar, apareció la camarera, como si hubiera salido de las mil y una noches, con el zumo de limón para mi y lo más importante: un recipiente con agua azucarada para dar de comer a los beija-flor, los colibries, los principales -y seguramente únicos- huéspedes del hotel.

La camarera y la recepcionista también se sentaron y por un momento tuve la sensación de estar interrumpiendo una antigua ceremonia que se celebraba cada tarde.. Al cabo de un rato empezaron a aparecer los colibries, a pocos metros de nosotros. Yo nunca los había visto antes, son criaturas diminutas, tornasoladas y tímidas, demasiado bellas para ser de este mundo.

Les aseguro que en ese lugar el tiempo no existe. No había ni un solo turista, pero me recomendaron que fuera a hablar con un anciano sabio alemán que vive en una cabaña anexa, estudiando las criaturas de la selva y especialmente a los colibries desde hace más de cincuenta años. Se extrañaron al saber que a la mañana siguiente yo tenía que estar trabajando en Rio de Janeiro.

Al salir del hotel el sol ya había caído. La piscina estaba llena de flores muertas y al lado del camino volaban unas mariposas azules grandes como un libro, tan indolentes que se podían contar sus aletazos. A lo lejos se oían ruidos de pájaros desconocidos, y estando atento podían intuirse los monos por el movimiento de las ramas. Apreté el paso para llegar hasta el coche con las últimas luces del día. Tal vez hubiera debido quedarme aquella noche allí.

Muchas veces he pensado en regresar.

viernes, diciembre 04, 2009

Calipso y las estrellas. Un modesto enigma.


Orión, al otro lado del río, en un una noche de luna.

El barco en el que viajaban Odiseo y sus compañeros sufrió un incendio causado por un rayo, enviado sin duda por Zeus. Murieron todos excepto Odiseo, que se agarró a la quilla y pudo llegar exhausto hasta la isla paradisíaca de Ogigia donde la divina Calipso, de lindas trenzas, le rescató, le alimentó con nectar y ambrosía y le hizo su amante. Y de haberse quedado con Calipso, Odiseo hubiera sido inmortal.

Yo, a pesar de que no soy hombre de mucha fe, siempre he creído en la verdad literal de todo lo que se narra en la Odisea. De modo que cuando subo a un barco, aunque sea para cruzar un río, estoy atento por si un naufragio me lleva hasta Ogigia, donde sin duda Calipso sigue disfrutando de su huerto. Es más, cada mañana, aunque esté en la ciudad-dormitorio sorteando el tráfico infernal, siempre suelo mirar al cielo en busca del temporal que ha de llevarme al paraíso. Un poco tarde, eso si, para disfrutar de la eterna juventud.

Pero, siendo un poco más pragmático, lo lógico es buscar a Calipso más o menos en la zona donde Ogigia puede estar. Cuando Odiseo se marcha de Ogigia pretendiendo llegar a Itaca, Homero nos dice lo siguente: Así que el divino Odiseo desplegó gozoso las velas al viento y sentado gobernaba el timón con habilidad. No caía el sueño sobre sus párpados contemplando las Pléyades y el Bootes, que se pone tarde, y la Osa, que llaman carro por sobrenombre, que gira allí y acecha a Orión y es la única privada de los baños de Océano. Pues le había ordenado Calipso, divina entre las diosas, que navegase teniéndola a la mano izquierda.

Como últimamente se me da mejor hacer preguntas que responderlas, ustedes me perdonarán si dejo propuesto como modesto enigma averiguar donde puede estar Ogigia y en que época del año tuvo lugar el viaje de Odiseo.

miércoles, diciembre 02, 2009

El corral abandonado y un plan para abducir a Mies Van de Rohe

Aragón está plagado de estas construcciones rurales en desuso, ya sean casas, corrales o graneros. Para algunos esto será señal de una triste despoblación, y seguramente tengan razón, pero a mi estas modestas edificaciones abandonadas (y por el momento a salvo de las garras de los concejales de urbanismo) me parecen espléndidas y no dejo de visitarlas siempre que tengo ocasión. Construidas únicamente con piedra, barro y madera, los materiales disponibles a menos de uno o dos kilómetros de distancia, algunas han durado centenares de años. En la zona que yo frecuento, los tejados suelen ser inclinados y utilizar losa como material impermeable. Otro día les hablaré de estos preciosos tejados. Hoy solamente quisiera hablar bien de esta arquitectura antigua, que no parece muy diferente de la de hace 1000 años, a juzgar por como están edificadas las ermitas.

Que lástima que el Sr. Ludwig Mies van der Rohe (y le Corbusier) no hubiera pasado una temporada estudiando la humilde pero sabia arquitectura popular, en lugar de entregarse a sus delirios, que deben haber sido el germen de las plazas duras y de los edificios-horno que tanto daño han hecho. Este verano, paseando por la Alhambra, pensé que si se inventa la máquina del tiempo yo mismo descenderé a la tierra con fecha 1901 para abducir al joven Ludwig y llevármelo a visitar un patio andaluz, o una casa hábilmente orientada en una huerta de levante (y que se tome una limonada al fresco de la brisa marina). Y le haré pasar un día entero al aire libre para que medite y vea lo que es una piedra y lo que es el sol y por donde pasa en invierno y en verano. Cosas imprescindibles, en mi opinión, para un arquitecto. Y después le retornaré a su época y ¿quien sabe? tal vez las plazas duras se transformen espontáneamente en arboledas.

martes, diciembre 01, 2009

De sterrennacht y la estrategia comercial de Van Gogh


La célebre pintura Starry Night (De sterrennacht) de Van Gogh, elegida APOD el pasado Octubre. ¿Cual de las dos versiones se parece más al original? Me encantaría saberlo.

Poco después de pintar un campo de trigo con cuervos, Van Gogh sacó un revolver y se pegó un tiro en el pecho. Como la herida inicialmente no fue mortal, regresó andando y murió unas horas o días más tarde (lo menciono porque creo que no es un detalle anecdótico). Pero en mi opinión, todavía más triste que su muerte es el hecho lamentable de que Van Gogh no vendió ni un solo cuadro en su vida. ¿Se imaginan poder retroceder en el tiempo y darle unos euros por Starry Night?

Hace años pude visitar el museo Van Gogh en Amsterdam, en pocos meses estuve allí un par de veces y tal vez a causa de un empacho llegué a pensar que estaba sobrevalorado.

Pero más tarde leí artículo Vincent Van Gogh naturalista de Pedro Ayerbe (que recomiendo) y empecé a apreciar de nuevo la mirada subjetiva pero enormemente lúcida del artista y su capacidad fabulosa para interpretar la realidad. Además, descubrí Starry Night.

Es una obra extraordinaria. La pintó en 1889, 13 meses antes de suicidarse. Además de mostrar la luna cenicienta y el cielo de un azul profundo y oceánico (pero real), sugiere el ritmo y la presencia de la Vía Láctea y de los astros en general como un torbellino. De este modo, integra el cielo y la tierra en un solo mundo, mostrándonos la realidad aumentada e interpretada por su mente superdotada y amante de la naturaleza. Starry Night no está en Amsterdam si no en el Moma de New York y yo, que no he estado nunca allí, quiero ir a verla sobretodo para saber los colores exactos que usó. Menos conocida pero también muy interesante por su composición, por la integración de cielo y tierra y por la paleta de colores, Starry night over the Rhone, de un año antes.

Pero Van Gogh no vendió ni un solo cuadro en su vida. Este hecho puede interpretarse como un descrédito para todo el género humano o, según lo que les parezca, como un problema grave en la personalidad del pintor. Van Gogh lo intentó. En una carta que no puedo encontrar le comenta a su hermano, marchante de arte, que está pintando motivos con colores alegres que gustan a casi todo el mundo. Pero algo fallaba. ¿Era demasiado bueno, demasiado adelantado a su tiempo? O, simplemente, ¿era incapaz de comunicarse adecuadamente con sus semejantes?.

Y si no hubiera muerto joven y de un disparo si no anciano en un psiquiátrico, ahogado en sus propios vómitos, dentro de una camisa de fuerza, ¿se hubiera hecho tan famoso?.

Ahora paso al otro extremo. En la calle mayor de mi ciudad-dormitorio hay algo equiparable a una pequeña galería de arte. En el escaparate hay colgados unos óleos impecablemente realizados por cotizado un pintor local. Muestran una visión totalmente convencional del paisaje que rodea a la ciudad-dormitorio... pero tal y como era hace cien años, con unas casas de campo de chimeneas humeantes que ya no existen, sin la autovía ni la carretera, ni los cables de alta tensión. El único elemento moderno de esos cuadros son las -lejanas- casas que trepan por la ladera de la montaña. Esas casas son propiedad de los burgueses que posiblemente van a comprar sus cuadros por (digamos) 3000 euros la unidad. Son obra de un artesano hábil pero insensible o prostituido, que aparentemente vive feliz sin plantearse los enigmas del cosmos ni haber descendido a los infiernos de la vida, como si lo hizo Van Gogh. Y en sus cuadros nos da una visión complaciente del paisaje, nos muestra este mundo como el mejor de los posibles y bendice pues la especulación criminal que en realidad ha destruido el paisaje que él idealiza.