domingo, febrero 05, 2012

Homo sapiens y el comportamiento de las tortugas heridas

(Esta entrada es un poco densa y no se si será fácil de leer ni entender. Sigan adelante si asumen el riesgo)

Ya habré dicho alguna vez que yo opino que la biología proporciona muchas pistas para entender lo que es un ser humano. Hace 200.000 años, es cierto, dejamos de ser animales "normales", y ahora tenemos que llevar la pesada carga de la consciencia. Pero 200.000 años no son nada frente a los 4.000 MILLONES de años hemos pasado siendo seres vivos como todos los demás. Tenemos más en común con la Hedera helix que con los ángeles. Las invención de la agricultura, de la máquina de vapor, las revoluciones culturales del siglo XX, y este frenesí de flujo de información del XXI son muy importantes, pero apenas han tenido tiempo de transformarnos. En muchas cosas somos como las tortugas.

De modo que merece la pena observar a las tortugas para entender a las personas. Hace unos años visité un centro de recuperación de animales marinos. Allí tenían tortugas heridas, recogidas por pescadores. Eran cuidadas y alimentadas hasta que podían valerse por si mismas (entre paréntesis: no todos los pescadores profesionales son criaturas desalmadas interesadas únicamente por esquilmar el océano). Ahora probablemente ese lugar habrá cerrado a causa de la crisis.

El caso es que una de las tortugas nadaba sin una aleta. Era conmovedor el esfuerzo que hacía el pobre animal por aparentar (dolorosamente) un estado normal, a pesar de estar seriamente impedida. La principal preocupación de las tortugas heridas es que no se note que lo están ¿como es posible?.

Las cacerías que protagonizan los leones en los documentales de la tele suelen omitir algo esencial. Los leones no cazan normalmente gacelas, corren demasiado. Cazan, si pueden, gacelas heridas o enfermas. Yo he visto a un lobo salvaje (en España) persiguiendo él solo a un grupo de ciervos, sin absolutamente ninguna posibilidad de cazarlos. ¿Por qué? Por si alguno de ellos estaba herido. De haberlo estado, entonces si que hubiera podido devorarlo. Seguramente cada tarde les perseguía un ratito. Por el mismo motivo saltaban los gamos cuando me veían a lo lejos escondido tratando de fotografiarles: para dejarme bien claro que ellos NO estaban enfermos. "Tal vez puedas atrapar a otro, pero no a mi", me estaban diciendo. La debilidad, en la naturaleza, es sinónimo de muerte. Hay que esconderla, a cualquier precio.

¿Pero qué ocurre con las personas heridas? ¿A que se debe, por ejemplo, ese impulso biológico de llorar cuando la pena se nos come? Eso pone de manifiesto nuestra debilidad, y ciertamente nos expondría a los depredadores... pero al mismo tiempo, somos animales sociales, vivimos en una comunidad. Esa debe ser la razón. Y según como, según cuando, según donde, exponer abiertamente nuestra debilidad, y pedir ayuda, es una forma inteligente de sobrevivir. ¿Quién es más fuerte, el que esconde sus problemas o el que los expone, pidiendo ayuda? ¿El que quiere resolverlo todo por si mismo o el que reconoce que un compañero sabe más?.

Pero atención: no siempre vamos a encontrar ayuda. A veces, si reconocemos nuestras flaquezas, seremos objeto del ataque de los demás. También hay lobos entre nosotros...

16 comentarios:

diminuto blog dijo...

Es más fuerte quién los esconde (sus problemas), y porque aparenta no tenerlos.

Las apariencias mandan. Esto es lo que me dice mi pobre y expuesta experiencia.

David Álvarez dijo...

Muy bueno, Manel

nomesploraria dijo...

Todavía funciona pero ya no están en Premià sur mer:
http://www.cram.org/tor_especies.php

No tengo una respuesta clara a sus preguntas. La gente huye de los problemas de los demás. Yo intento exponerlos exclusivamente a las personas más cercanas. Si, por ejemplo, un cliente me pregunta cómo me van las cosas, mi respuesta siempre es la misma: "muy bien".

Ayer derramé una copa de somontano en el teclado y ya sólo funcionan la mitad de las teclas.

pazzos dijo...

Las tortugas también lloran. Aparentan ser muy duras y como se han convertido en una animalito doméstico muy común nadie se preocupa de eliminar el cloro del agua que le echan en la tortuguera. Al cabo de años las tortugas caseras, las que sobreviven a los caprichos y experimentos de los churumbeles, sufren lesiones oculares graves.
La estrategia de la tortuga es esconder la debilidad en la concha, su vida social se resiente pero su vida se prolonga más de cien años. Si es que eso es vida...

Amig@mi@ dijo...

Buenísima reflexión. Los humanos somos así.Pero como el grupo de los pescadores, también hay humanos buenos que nos tenderán su mano ante un problema. Quizás nuestras lágrimas sean el reclamo de la búsqueda de ayuda.
Me encantó.
Abrazos

La mirada incerta dijo...

Frikosal,
Hace mucho que lo leo y usted tiene cuerda para rato.No hay desperdicio en ninguna de sus entradas.
Un gusto leerle.
Saludos

teodorojmartinez dijo...

Creo que hoy somos una especie, y hemos sobrevivido, porque hace un tiempo sacrificamos el bien individual al bien social. Ésa es la base biológica que explica por qué un ser se dedica a ayudar a los demás en lugar de buscar su propio beneficio, de que luchemos por defender a nuestra manada, por encima del cuidado a nuestra propia existencia.

Exponer la propia debilidad hace posible a los demás saber de nuestra vulnerabilidad, les indica que en la manada existe un punto débil que debe ser protegido. Y reaccionan... aunque no entiendo a los que no lo hacen.

No entiendo la base del egoísmo; para mí es el gran misterio de la existencia.

Roger Eritja dijo...

Estuve hace unas semanas en el lugar que indicas, que ahora se encuentra en El Prat de Llobregat. Estaban liberando tortugas recuperadas. La mayor de ellas (96 kgs de tortuga depositados en la línea de mar) se dio media vuelta y se volvió para el centro...

Jesús Dorda dijo...

En los animales que viven en sociedad, y tienen un cierto desarrollo intelectual, se suele dar que cuiden a sus enfermos o heridos. Esos ejemplares pueden ser una ayuda en determinados momentos por tener habilidades que los demás no tienen, como las elefantas viejas que se conocen los caminos a las charcas o el chimpancé que conoce un sector de selva o sabe sacar hormigas del termitero. Pero también valen, duramente, para ser los siguientes en ser devorados por los leones o las hienas.
La humanidad no es una excepción a esa norma.

romi dijo...

Frikosal, tus posts, como tus fotos, son preciosos. No sé si entenderé lo que tú, pero lo que entiendo me hace pensar y volver por aquí. Un saludo,

fra miquel dijo...

De entrada densa nada, lo cuentas tofdo muy clarito...
Abrazo

ric@rd dijo...

benvolgut Manel, de densa res de res! en tot cas massa entenedora
recordo que de petit m'explicaven que els homes no ploraven, al mateix temps que em parlaven dels "espartans" i dels "pell roges", quina barreja! dient-me que ells mai ho feien ni manifestaven els seus sentiments...
hores d'ara encara no he entés el motiu pel qual els "homes", no pas les dones, no poden mostrar els seus sentiments, segons sembla per ser una mostra de "feblesa"
certament, hi ha qui en treu benefici de les "febleses" alienes, i així ens va als humans
s@lut i endavant amb les aportacions

Kikiricabra dijo...

Hola.

Yo pasaba por aquí y sólo quería reivindicar mi condición de animal normal. La conciencia, la revolución industrial y todas esas cosas están bien, pero cada especie tiene lo suyo. (¿Alguien ha pertenecido a dos especies distintas y puede contar su caso?) ¿En qué somos superiores a una bacteria adormilada desde hace 400 años? Es raro que nos asignemos un éxito en el que nosotros mismos hemos establecido los criterios para triunfar.

En todo caso, a la vista de los acontecimientos, parece que nuestra supuesta superior inteligencia nos lleva al desastre.

Y en términos biológicos serios somos peores que un cataclismo.

Finalmente, interesante entrada. Yo, a ratos pido ayuda y a ratos me lo guardo. Según esté el cuerpo.
Un saludo.

igniszz dijo...

El dilema está entre competir y colaborar. Los competidores aparentan fortaleza y esconden sus debilidades; eso les permite imponerse a sus semejantes. Los colaboradores reconocen los errores y piden ayuda, eso les permite aprender.
Los humanos tenemos las dos cosas, y es que somos mamíferos con una parte de cerebro rectiliano.

Osselin dijo...

El problema no es nuestra capacidad consciente sino el trabajo oculto de nuestro subconsciente.
El dolor, el llanto es un mecanismo de defensa ante una avería más o menos grave en nuestro subconsciente producida por un conjunto de hechos conocidos y deconocidos por nosotros mismos.
Hace poco tuve un ataque de ansiedad por stress laboral. Un lobo alfa vio que yo podía cazar mejor que él y ocupar su puesto, pero vio que yo tenía una herida, casi imperceptible , pero la vio, y mordio con todas sus fuerzas hasta eu se aseguró que yo no podría ser el macho alfa.
Una gran parte de la manada me comentó que les habría gustado más ser dirigidos por mí, pero que nada podían hacer con el resto de lobos lameass de la manada que se beneficiaban de privilegios y les ponían la caza en la boca a cambio de su silencio.
(Bueno, para más inri es una loba alfa que rinde culto a los chamanes católicos)

fenixavisunica dijo...

Pues eso a cualquier antropólogo le resulta una materia interesante, está muy estudiado el llanto entre nosotros: es biológico hasta una edad muy temprana, pero después pasa a ser un recurso enteramente cultural, no biológico.
El llanto varía no solo de cultura en cultura, si no de familia en familia, y hay quienes lloran mucho con unas personas y con otras no sueltan una lágrima.
En la familia de mi mujer llorar no es ninguna vergüenza, en la mía, sí, porque las pasamos canutas hace años y llorar no daba ninguna ventaja, solo cansaba...
Mi madre se sorprendió sobremanera de verme con la lágrima en el funeral de una tía de mi mujer...nunca me había visto llorar de adulto...

En serio, todas esas cosas que pensamos que son instintivas o biológicas, realmente no existen, son puros aprendizajes culturales, y el dolor es uno de ellos.

Todos aprendemos cuándo es ventajoso exponer nuestro dolor, y donde se nos permite y donde no.

Tengo pacientes que sufren como perros de dolor pero no manifiestan sufrirlo, e incluso hacen una vida normal; otros pacientes por auténticas tonterías creen que su mundo se acaba, por una pequeña lesión o por imitación.

No sé si te estoy aburriendo, solo quiero expresar que todos llevamos una calculadora dentro que se va retroalimentando con la experiencia vital de cada uno y con lo que vemos alrededor, tanto es así que cuando estamos solos y sin nadie que nos vea seguimos con esa conducta aunque sepamos que no tiene sentido.