La Paca Vaca

El otro día me acordé de la Srta. P.

Hace un montón de años, la Srta. P se compró un R5 granate y para poder pagarlo se tuvo que buscar el problema de llevar al cole algunos niños que vivían cerca de su casa. En el atasco de cada mañana yo les veia pasar desde el coche de mi padre. La Srta. P al volante y cuatro niños formalísimos y recien peinados en el asiento de atrás.

La Srta. P era profesora de francés, como mi madre. Es más, eran amigas. Alguna tarde mientras merendaba, las había oido en el comedor de nuestra casa estudiando juntas los misterios del pase compose y demás sutilezas, para poder sacarse un árduo diploma de capacidad pedagogica.

Tal vez por eso siempre me inspiró cariño. Y respeto, por que en aquella época la autoridad de un maestro de escuela estaba por encima de cualquier duda. Aunque tuvieran que buscarse clases particulares y llevar niños al colegio para poder comprar un utilitario.

Pero los años pasaron y ya os adivierto que esta historia es un poco triste. Es que la Srta. P era soltera y eso entonces era sinónimo de soledad y de fracaso. Y asi, al mismo ritmo que el R5 perdía el esplendor de su granate, ella se fue haciendo algo mayor y -lo peor- fue acumulando algún kilo.

El primer golpe duro lo recibió cuando el Francés fue sustitudo por el Inglés y ella fue siendo degradada, primero a Ciencias Sociales y después, a lo más bajo: la biblioteca.

Ciertamente, su sueldo fue mejorando. Hasta llegar al punto en que lo del hambre del maestro de escuela no fue más que un amargo recuerdo. Pero por algun extraño fenómeno, al mejorar su sueldo los maestros perdieron autoridad.

Y los niños cambiaron. Dejaron de ser simplemente traviesos para convertirse en mónstruos crueles sin ningún respeto. Los peores eran los que estaban en la biblioteca, que se usaba de sala de castigos. Como es lógico y ya habreis adivinado, empezaron a llamarla "La Paca Vaca". Primero a escondidas como en un juego, después entre ellos, más adelante la llamaban directamente Paca Vaca a la cara. A falta de otro remedio, finalmente se resignó a soportarlo pensando que su jubilación no estaba lejos.

Entonces los mónstruos se envalentonaron. Hasta que un día formaron un corrillo a su alrededor y empezaron a gritar "Paaaca Vaaaca .. Paaaca Vaaaca .. Paaaca Vaaaca ..". Ella, que anteriormente había sido la Srta. P, y todavía antes la profesora de Francés, se dió cuenta de que en realidad ya no era más que La Paca Vaca, una vieja solterona, una menopáusica solitaria y gorda, rodeada de mónstruos vociferantes, unos cabrones completamente ajenos a cualquier clase de piedad. Y rompió a llorar, perdiendo la poca autoridad y autoestima que le quedaban.

Como no eran mas que unos niños consentidos, lo más natural hubiera sido darles dos tortas a cada uno, expulsar a los dos o tres peores .. o pillarse una merecida baja por depresión tras otra, hasta jubilarse. Pero como la Paca Vaca trabajaba en un colegio privado, que ahora es concertado, ninguna de estas cosas era factible.

De modo que ya cerca de su jubilación, la Paca Vaca siguió conduciendo cada mañana su vetusto R5, capeando ella sola atascos cada vez mayores para llegar a las 9 hasta su infierno privado en espera de la jubilacion, que no llegó a ver por que un cancer se la llevo al otro barrio.

Me imagino que dirían una misa por ella en la capilla, es lo que se solía hacer.

Comentarios

Albert B ha dicho que…
Cagundena. M'he quedat fet pols.
Anónimo ha dicho que…
por casualidad llegué a tu blog...
La verdad es que esta historia me ha dejado mal sabor de boca...
Pero es tan real como la vida misma...
acabaría el cuento con que los niños crecieron y tuvieron hijos, y no se preocuparon de educarlos, y al cabo de 100 años ya nadie podía leer... y volvieron a vivir en cuevas...
pablito ha dicho que…
Que historia más triste :(

Es tan triste que debe ser verdad.

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