sábado, abril 02, 2011

La electrónica digital y yo

Le debo muchas cosas a mi padre, pero sin duda la mejor fue la más simple. Cuando yo tendría nueve o diez años, una tarde se presentó en casa con un manojo de cables, una pila de petaca, dos bombillas y dos o tres interruptores. Me explicó como se pelaban los cables, como se podía hacer que una bombilla se encendiera apretando un interruptor... y poca cosa más. El resto lo puse yo. Tuve la enorme suerte de no tener ni televisión ni playstation, ni excesivas actividades extraescolares... ni tampoco muchos amigos, ya puestos a contarlo todo. Me pasé tardes y tardes en casa jugando yo solo con la maravillosa electricidad. ¿Como se podía hacer que un interruptor encendiera dos bombillas? ¿O que hicieran falta dos interruptores para encender una bombilla?. Y la más difícil ¿como hacer que una sola bombilla se encendiera menos, pero sin poner dos en serie?
Esto último fue más complicado: mi padre me explicó que hacía falta una resistencia. Armado de valor, me fui a la tienda de electrónica que había delante del ayuntamiento. En aquellos tiempos la reparación de televisores era un negocio próspero y cuando yo entré, la tienda estaba repleta de técnicos ¿Sería muy cara una resistencia? Casi puedo recordarme a mi mismo haciendo cola, rodeado de adultos que compraban cosas misteriosas como transistores o transformadores. Cuando finalmente llegó mi turno, pregunté tartamudeando cuanto costaba una resistencia. "¿De qué valor?", me dijo irritado el señor M.,  "tengo resistencias desde un ohmio hasta cien millones de ohmios ¿cual quieres tu?"

Rojo como un pimiento, avergonzado de mi increíble ignorancia, salí con el rabo entre las piernas sin atreverme a decir nada.

Pero regresé. Regresé muchas veces a aquella maravillosa tienda. Al principio, casi tan asustado como la primera vez ... pero aprendiendo poco a poco, de un catálogo de kits, o de alguna revista de electrónica que me compraba mi padre. Entonces ya sabía más que él, y cada vez le pedía cosas más caras, cosas que para él eran misteriosas pero que por lo general procuraba comprarme. A los 14 años terminé mi primer reloj digital, montado en un protoboard, que marcaba horas y minutos. Después añadí un oscilador de cuarzo y los segundos. La tienda del señor M. se me quedó pequeña, y aunque él no lo reconoció hasta muchos años más tarde, estaba asombrado de que un chaval le sacara los colores a la cara preguntándole cosas sobre circuitos integrados CMOS. Cosas que en realidad él jamás supo. Ni le importaron.

Poco después entraron en mi vida los ordenadores, conocí a otras personas que me ayudaron a aprender el muy misterioso código máquina y al terminar tercero de BUP - más solo y con menos amigos que nunca, acomplejado y traumatizado por mil cosas que hoy no voy a contarles- se me ocurrió comprar un libro de microprocesadores, de la editorial Marcombo. Era un libro difícil, en principio escrito para ingenieros electrónicos, pero que para mi propia sorpresa (y a costa de no estudiar) poco a poco pude ir descifrando. Se me ocurrió la absurda idea, insólita a los 17 años, de diseñar un microordenador. Pero esto ya da para otra entrada.

Lo que yo en realidad quería contarles hoy no es nada de todo esto. Yo quería contarles como se puede hacer que los niños actuales, hiperestimulados por mil cosas que no comprenden (ni les interesa comprender) puedan sentir aquella maravillosa emoción que a mi me extasiaba cuando encendía dos bombillas empalmando unos cables con cinta aislante. No es fácil, pero hoy, desconectado el teléfono y sin mirar la red en todo el día, creo que he conseguido un pequeño avance con mi hijo mayor. Luego les cuento como lo he logrado y se lo explico por si alguno de ustedes quiere probarlo. Ahora voy a ver si ponen la mesa para cenar. Buenas noches, gracias por leer hasta aquí y disculpen si les he aburrido.

18 comentarios:

Sussss dijo...

Cuenta cuenta, que yo también tengo un hijo mayor de una edad similar y hoy ha tocado día tontícola...

Belnu dijo...

Entonces lo has conseguido!!!

Uno+Cero dijo...

Maravillado e intrigado en partes iguales. Su historia es poco común y su intención es digna de elogio. A mis catorce años, que ya sucedieron de la mano de ordenadores y código máquina, me llamaba la atención programar juegos; algo en lo que nunca logré avanzar demasiado. He intentando que mi sobrino, ahora ya con 16, le pique la curiosidad y dedicara menos tiempo a la playstation y más a sumergirse en las técnicas requeridas para conseguir hacer algo similar a lo que tanto lo entretiene. Pero no he sabido cómo lanzar adecuadamente el anzuelo.

Jordi Busqué dijo...

Yo creo que en el anzuelo hay que poner el orgasmo cerebral que produce la comprensión. Al menos en mi caso es de lo que más me motiva.

Aunque soy un negado en electrónica, en uno de mis primeros contactos construí un microchip pero sin el micro: con cables en un protoboard. Había tantos cables que aquello parecía una peluca. Por suerte funcionó a la primera porque hubiera sido incapaz de encontrar el fallo entre semejante jungla de cables.

felquera dijo...

Buff, yo es que soy de letras... y además muy torpe. Sin embargo, a pesar de que soy un negado con la técnica y con la tecnología, a mi hija de 4 años(el otro no tiene ni 4 meses) me la llevo al campo (que tampoco me queda tan lejos) y le enseño los nombres de los árboles, de los arbustos, de los pájaros y de las flores que me sé. Puede que sea algo similar, y espero que algún día le sirva aunque solo sea para recordar con cariño a su padre.
Y por cierto, para el día del padre me regalaron una guía de constelaciones que espero pder utilizar para aprender cosas nuevas en mis salidas fotográficas nocturnas. Tenemos una pendiente ;-)

Manel dijo...

D'aburiment res!! i he llegit fins al final. Et prometo que ha sigut una de les millors entrades que he vist raderament del blogs que segueixo. No es cap exageració.

Eva Huarte dijo...

Eres un crac, "igual para un barrido que para un fregao", posiblemente les pase a los más jóvenes, que se lo han encontrado casi todo hecho, pero posiblemente también salgan algunos dentro de unos años explicando sus primeros experimentos delirios o traumas... quién sabe.
Pero sigue sigue, te leo atenta hasta el final... si lo hay!

MartinAngelair dijo...

Por lo que entiendo,...


...eras un niño que disfrutabas como pocos de algo,

...(electrónica, canicas,...:)




Creo que debes asumir que eras en realidad, un niño afortunado.




Y nuestros hijos, también lo son. Debemos empezar por hacer que lo entiendan, y lo valoren.



(sobretodo que lo disfruten, quizás crezcan pensando que el ser afortunado es algo deseable y posible)


Así lo quiero creer, y de la forma más egoísta posible (por él, por supuesto)





En cualquier caso, volveré a esta entrada por si la desarrollas más y soy capaz de trasladarla, o directamente es él el que la quiera leer.






Buenos días.
Besos.

(también para tu hijo mayor, y para tu niña pequeña)

David Álvarez dijo...

Nada de aburrimiento, todo lo contrario. Yo creo que no hay nada mejor que despertar la curiosidad de un niño (y de uno no tan niño), luego lo demás sale solo.
La semana pasada estuve de campamento de ecología en el monte con los alumnos de tercero de la facultad No hay nada mejor que ver sus caras cuando se dan cuenta de que lo que ven en los libros está ahí fuera,y se dan cuenta de que por las noches salen las ranas y las salamandras, y que debajo de las piedras de un río hay miles de invertebrados.
En fin, que al final se fueron encantados (y yo creo que mas).
un saludo

Joselu dijo...

Yo también era muy aficionado a los libros divulgativos de Electrónica recreativa y es cierto que con una bombilla, una pila de petaca y cables se podían hacer cosas muy interesantes y que me ocuparon muchas tardes en que no había nada en que distraerse salvo tu propia iniciativa, la lectura o mirar aburrido por la ventana intentando atisbar en los otros mundos que estaban frente a ti. De esto cabría hacer también otra entrada en lo que se refiere a la capacidad de observación que yo estimo más desarrollada en otras épocas en que había menos estímulos. Mi capacidad de interacción con mis dos hijas viene limitada por su propia idiosincrasia y los pactos y realidades con la pareja. No todos le damos el mismo valor a las cosas.

Un día conté el regalo de mi padre cuando tenía once años, ¿Te acuerdas? La radio de galena, el mejor regalo que me han hecho nunca. Coincide en líneas generales con lo que tú cuentas.

Noemí dijo...

Leerte nunca es un aburrimiento. Y conocerte un poquito más, aún lo es menos :)
Un abrazo muy fuerte.

Inuit dijo...

A leerte hice un salto:
editorial Marcombo= Macondo, el pueblo.
El niño = Melquíades y Cien años de soledad, la búsqueda que no cesa.

Un abrazo e Inuits

igniszz dijo...

Estamos ansiosos de que nos cuentes tus avances con la prole, ya que estamos en el mismo barco, por lo que se ve. Lo de la electrónica es curioso; la primera enciclopedia que tuve fue una de electrónica, y todavía la guardo. Años más tarde, en la facultad, suspendí la electrónica, manda eggs!
Yo creo que para las mentes curiosas uno de los mayores placeres es descubrir.
Me cuesta de creer que en nuestros hijos no haya nada que les despierte la curiosidad.

Erna Ehlert dijo...

Cuando eran pequeños a mis hijos les regalaron un camión y un helicóptero con dirección a distancia.
El segundo día ya desmontaron los juguetes y a partir de entonces lo que recibieron era “Lego” para montar. Se aficionaron mucho con esto y lo han preferido a la televisión.
Con los años llegaron a construir de todo con este sistema, ya que con el tiempo agregaron motores, engranajes y más sofisticaciones.

Incluso a mi me gustaron estos juguetes y llegue a construir casas con todos sus detalles.

A temporadas tenían su cuarto invadido de paisajes con trenes, coches, edificios y mucho mas todo construido por ellos con el sistema “Lego”.
Lo bueno era, que para hacer algo nuevo, se tenía que desmontar lo anterior. Nunca han tenido pena por eso.
Luego vino la época de radioaficionados, la fotografía y después los ordenadores y un montón de revistas sobre los temas de tecnología.

Bueno, aparte los lleve mucho al campo y a las playas. Por suerte tenia tiempo para pasar con ellos. En los años aquellos yo tenía un horario de trabajo en la oficina muy elástico aparte de tres a cuatro horas diarias fijas.

Josep Fábrega Agea dijo...

Entonces te gustará mucho comprar y montar este apratejo , genial para fotógrafos:
http://www.youtube.com/photoduino

Hablando de otra cosa. Conoces a este pájaro?
http://www.greeksky.gr/

Y por último, esta última semana he estado asesoradno a mi hijo para montar un circuito eléctrico de preguntas y respuestas. MI hijo acaba de vivir la experiencia que tu narras conmigo .
Hemos disfrutado los dos como enanos (¡ y ya se viene conmigo a fotografiar!)

¡Qé grande es ser padre!

diminutoblog dijo...

"Era un libro difícil(...), pero que para mi propia sorpresa (y a costa de no estudiar)..."

Estabas estudiando. Fuera del redil, pero estudiando.
Estudiar fuera del redil es peligroso, y más si los potenciales amigos te ven como un bicho raro.
Viva el peligro.

¿Aburrir? ¿Tú...?
Je je je...

Óscar dijo...

Si aburrieses no te leeriamos

ercanito dijo...

Tus luchas me abren los ojos. Yo estoy empezando como "educador" y todo esto me viene muy bien leer estas cosas aunque no tenga ni puta idea de electrónica. Lo importante es emprender la actidad docente que sea, que atrape la atención de los niños y que tenga suficiente gancho para hacerlos protagonistas del juego. Todo ello sin recurrir a tele, pc, vídeojuego...