Sobre la maldad de las plantas

Les parecerá exagerado, pero si lo piensan detenidamente, verán que las plantas son criaturas egoístas y perversas que no piensan más que en imponer su voluntad.

Cualquier enredadera, pongamos por caso una hiedra común, tiene por objetivo expandirse sin límite. Las he visto rodear a un árbol y apoderarse de sus miembros hasta asfixiarle, atravesar paredes de piedra y hacer temblar cimientos. Algunas coníferas no vacilan en dejar caer sustancias nocivas junto con sus hojas, para hacer la vida imposible a la hierba que de otro modo crecería a sus pies. Si no somos conscientes de nada de esto -mientras que si apreciamos la maldad humana- es por la lentitud de los movimientos vegetales. De lo contrario, huiríamos al ver a una parra recién nacida.

¿A qué se debe esta ambición ilimitada? ¿ No podría la zarza convivir con la menta y con la ortiga, en lugar de sepultarlas bajo sus ramas ?. Sin duda, si se conformasen con menos, habría sol para todas.

De vez en cuando, alguna hiedra mutante es -digamos- pacifista y se conforma con un poquito de sol para sus hojas. ¿Qué hacen sus compañeras? ¡Sepultarla sin piedad!. Y de este modo, los genes de la paz y el amor vegetal mueren y desaparecen sin haberse podido propagar.

De este modo, sin pretenderlo, la evolución nos ha transformado a todos, plantas y personas, en monstruos. Esta ambición sin límites parece que debe ser el estado natural de la vida. Decía un naturalista que si las hormigas, incluso más belicosas que nosotras, tuvieran bombas atómicas el mundo se acabaría en diez minutos.  Yo creo que incluso en otros planetas, si hay vida, será egoísta. 

Comentarios

Martin Gallego ha dicho que…
La vida sólo busca perpetuarse pero no creo que en ello haya un fin. Simplemente no puede evitarlo.
frikosal ha dicho que…
Claro, nos sale de dentro y los que por la razón que sea no lo sienten así, simplemente no se propagan. Ya sean enredaderas o elefantes.

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