jueves, diciembre 29, 2011

Las enseñanzas de la sauna

Poco me duran a mi las rutinas. Sigo acudiendo regularmente al gimnasio, pero he dejado el método del ajedrez en la elíptica para regresar a la natación. Debo contarles cual es mi nueva rutina antes de entrar en el asunto de la sauna.

Antes me costaba mucho nadar. Era por que me obsesionaba en contar las piscinas. Eso suponía una enorme dificultad para mi. A la que empiezo a nadar, y mientras veo pasar hacia atrás a los azulejos, felices en el fondo de la piscina, mi mente empieza a recorrer mundos lejanos. A veces son mundos hermosos, a veces son tristes... pero entre tanto, no puedo recordar algo tan banal como el número de piscinas recorridas. Imposible saber si eran 8, 14, 22 o las 40 que me exigía para llegar a los 1000 metros.  Después, un mal día observé que en recorrer una piscina de ida y vuelta, nadando crol, tardaba un poco más de un minuto. Esa fue una mala temporada: me obsesioné en mantener ese ritmo. Ponía en marcha el cronómetro y me mortificaba enormemente cada segundo perdido.

Después de haber aprendido la lección del muffin,  vi la luz y dejé de contar tiempos y distancias. Nado lo que me pide el cuerpo, a la velocidad que me da la gana, sin más. Después, salgo de la piscina y me meto en la sauna. Al principio me molestaba si había más gente, pero ahora me he dado cuenta de que la sauna es un microcosmos apasionante. Lo bueno de mi gimnasio es que hay gente de todas clases, y uno siempre puede aprender de todos. 

En bañador todos somos casi iguales, hasta que empezamos a hablar. El otro día por ejemplo había una pareja de señores que debían de ser muy importantes. Empezaron a proponer una serie de soluciones para la crisis que hace unos meses hubieran parecido delirios de extrema derecha pero que ya empiezan a perfilarse como probables. El termómetro marcaba ese día 95 grados y 40% de humedad. Yo aguantaba estoicamente todos los comentarios, hasta que dijeron que un señor que a veces sale por la tele es “gordo y sucio”.  No es que yo le tenga especial simpatía pero todo tiene un límite y me vi obligado a contraatacar diciendo que la persona que (según yo supuse) ellos votan ha hecho cosas muy feas, sean o no ilegales. Tocado. Acerté el disparo! La discusión se acaloró un poco y al final me marché.

La gracia de la sauna no es la sauna en si, si no la salida. Tomo aire y me tiro a la piscina otra vez, de cabeza (cosa que no está permitida pero he llegado a un acuerdo con el socorrista). Para ahorrar oxígeno es importante dejar la mente en blanco. Miro al infinito y los azulejos pasan de nuevo por delante de mis ojos hacia atrás, ahora desenfocados mientras yo braceo. Oigo los crujidos de mis músclos y el latido de mi corazón. Paladeo cada movimiento hasta llegar al otro lado.  Salgo. Respiro un par de veces y regreso nadando crol. Es entonces cuando noto una sensación de relajación brutal, como si me hubiera pasado una apisonadora por encima. Los cambios de temperatura son el secreto de los balnearios, según me dijo un entendido. Nado un rato más y regreso a la sauna.  Repito este ciclo dos o tres veces.

A cada paso por la sauna han cambiado por completo los personajes. Un día vi nadando  a un chico negro, joven, y me puse en otro carril, con una señora mayor, pensando que joven iría muy rápido y yo le molestaría. Grave error: la señora nadaba de espalda y me dio un manotazo en la cara. Peor todavía: se indignó por haber golpeado su mano con mi cara y estuvo como 15 minutos regañándome. En la sauna, a la siguiente pasada, me encontré al joven y se lo conté. Resulta que el joven escultural que yo imaginaba fuerte y saludable tiene una hernia discal, ha tenido que dejar de correr y jugar al fútbol y cambiar completamente su vida… Después entró un señor que se dedica a la venta ambulante en el mercadillo, y llorando me contó que se le había estropeado la furgoneta y que no sabía como salir adelante.

Pero el más interesante de todos es un hombre que hizo un brillante análisis de la situación política y económica. Le dije que si se presentaba a alcalde, yo le votaría. Y aquí viene lo sorprendente: ¡me dijo que ya se había presentado a las elecciones!

-Y ¿con quien te has presentado?

-Con los malos. ¡Pero eso no te lo quiero decir!

El tipo se molestó con mi pregunta, pero si alguien explica voluntariamente que se ha presentado a las elecciones tampoco debería ser tan raro que le pregunten con que partido… Es hábil hablando y está acostumbrado a llevar el peso de las conversaciones. Pero al día siguiente yo le hice dos o tres comentarios al estilo de los koan-zen … para tratar de llevarle al otro lado del cristal. Desde entonces me huye, pero creo que es un personaje interesante, merece la pena seguirle. Incluso le he aguantado, pacientemente, hablar de fútbol. Les iré informando.




También tengo que contarles la estrategia de la tortuga herida y mil cosas más, pero el tiempo es el que es. Lean esta entrada de Joselu, es muy buena.

jueves, diciembre 22, 2011

Sobre el comportamiento de iguanas y tortugas en cautividad

Los reptiles no son tan sociales ni tan sofisticados como nosotros, ni mucho menos. Pero no hay que olvidar jamás que hay serias razones para pensar que en el centro de nuestro gran cerebro hay algo así como una nuez que es el cerebro de un reptil, nuestro antepasado remoto. Esa nuez estaría al cargo de ciertas pulsiones humanas, como la reproducción y la defensa de un territorio, real o simbólico.

Hace años, para poder mejorar mis fotografías de serpientes, hice un curso de manipulación de reptiles destinado en principio a veterinarios. Allí aprendí como hay que manejar a la enorme y agresiva pitón reticulada (cosa que por suerte no he tenido ocasión de poner en práctica) y también algunos detalles reveladores sobre el comportamiento de los reptiles en cautividad.

Caso 1. La iguana. Las iguanas dedican, me parece recordar, unos 10 minutos diarios (en promedio) a la interacción con sus semejantes. Facebook tendría que cerrar, si fuéramos como las iguanas. A la que surge un conflicto, viviendo en libertad, las iguanas más jóvenes y débiles se tienen que marchar, dejando el mejor territorio para las más fuertes. Es raro que haya peleas serias entre ellas. Sin embargo, si están confinadas en un terrario, las débiles ya no pueden emigrar. Como a todas ellas les resulta insoportable la presencia de sus congéneres, no es raro que haya peleas. Son animales grandes, vigorosos y en algunos casos muy agresivos, de modo que por más cuidado que se tenga, terminan por matarse. Aunque si se las trata con elevadas dosis de ciertos psicofármacos (¡que son los mismos que se emplean para los humanos!), entonces la situación mejora. Un detalle interesante es que si hay tres iguanas, la grande, la mediana y la pequeña, entonces la pequeña se hace amiga de la grande: se tumba a su lado, como para resaltar la enorme diferencia de tamaño. La grande, que puede medir más de un metro, tolera la presencia sumisa de la pequeña que mide un palmo, pero termina por matar a la mediana que podría amenazarla.

Caso 2. Las tortugas. Como las iguanas, las tortugas cautivas tampoco se soportan y gustosamente se matarían unas a otras, sobretodo los machos. Pero una tortuga no puede matar a otra, es imposible, el caparazón se lo impide. Entonces, ¿que hacen?. Pues recurren a la sodomía. El macho dominante acorrala contra la pared y sodomiza puntualmente y por turno a sus compañeros de terrario, a fin de dar rienda suelta a su ego.

Dos comentarios:
-Observen en la foto la luz solar que entra por la izquierda y la lámpara apagada a la derecha; la expresión de la tortuga, como la otra ha sido acorralada contra el tronco, esconde la cabeza en el caparazón y se resigna ¿con dolor físico, humillada?. Y el comportamiento de la tercera que (se diría) quiere participar activamente.
-Yo se que algunos de ustedes estarán pensando que es una crueldad tener a estos animales en cautividad. No es este el tema de esta entrada, pero deben saber que estos animales son especies exóticas, que en ningún caso pueden dejarse en libertad. Gente desinformada los compró a vendedores poco éticos cuando eran adorables recién nacidos. ¿No estamos nosotros en cautividad también ?

miércoles, diciembre 21, 2011

El caso del niño en la burbuja, los recortes y Porsche.

Se de una persona (y esto es cierto aunque debo omitir toda clase de detalles) que padecía y padece una fuerte ansiedad. Yo pensaba que todo se debía a problemas laborales, que los tiene y serios, hasta que un día me lo contó: Su hijo está gravemente enfermo. Su sistema inmune no funciona debidamente, no es capaz de generar las defensas necesarias para enfrentarse al mundo. Para afrontar cualquier enfermedad, por leve que sea, precisa de antibióticos. Si fallan, el niño morirá. Se trata de una variante especialmente rara de una enfermedad poco común.

Por suerte, en un hospital de Barcelona hay un grupo pionero en la investigación de este tipo de trastornos. Se financian -según me explica- con fondos europeos y gracias a la caridad de un famoso futbolista. Gracias a esto, los recortes sanitarios no les han afectado. No quiero ni pensar lo que habrá costado mantenerle con vida. Pero ahora vienen las buenas noticias: el niño se está curando y ya empieza a poder ir al colegio. Las escuelas públicas son muy desiguales, algunas están muy bien y otras son un desastre. Gracias a su enfermedad, puede ir a una de las más deseadas, que son iguales -o mejores- que las privadas. Cuando hay dos o tres niños enfermos en la clase, les avisan y se queda en casa. Tiene un profesor para ayudarle. Gracias a todo esto, esperemos, podrá llevar una vida normal.

Lo que se entiende como estado del bienestar consiste en que yo tengo que pagar más impuestos para que el hijo de mi conocido pueda seguir vivo. No es una caridad, es justicia. Me fastidia pagarlos, pero estaba orgulloso de hacerlo. No crean que tantos, mi sueldo no es extraordinario. Pero siempre pensé que era una gran cosa que los médicos tuvieran un sueldo decente, que no tuvieran que estar pendientes de pagar la hipoteca mientras atendían a los niños enfermos. Bastantes heroico es ya su trabajo. Y que todos los niños pudieran ir a una buena escuela, puesto que nadie sabe donde va a nacer el próximo Einstein. Ya será casualidad que sus padres sean millonarios. Y los que no son Einstein, podrán ir mejor por la vida si les han enseñado a razonar. Todo esto se está terminando.

Algunos de ustedes, los más sagaces, me dirán que hace unos años -cuando aquí teníamos algo parecido al Estado del bienestar- la gente se estaba muriendo, no tan lejos de aquí, de enfermedades comunes y corrientes.Y siguen muriéndose, claro está. Eramos unos privilegiados. Nos quejamos ahora que nos han arruinado a nosotros, como se hizo antes con América Latina. El método ha sido parecido. Es lo que le ocurrió a la pobre Emma Bovary, que se puso en manos de los acreedores. Solo que aquí el sector bancario ha tenido un peso mayor que el público, increiblemente.

Todo esto es cierto. Aunque algunos ya nos quejábamos entonces de los males ajenos, las injusticias en carne propia siempre se sienten más. Nos costaba entender que la gente normal y corriente no tuviera la culpa de esa deuda enorme. Ahora en Alemania piensan -supongo- lo mismo de nosotros, que somos unos vagos y unos malgastadores y que merecemos la ruina. No les culpo: ellos sacan sus conclusiones según lo que ven por la tele. Mire esto si tienen un momento.

Antes había una alternativa, falsa, pero una alternativa, al otro lado del Telón de Acero. Se terminó. Con el fin de la guerra fría, pobres niños en sus burbujas, pobres pobres, pobres de nosotros. La pregunta es ¿hasta donde van a llegar?.

Y por otra parte, porsche aumenta sus ventas un 37.5%. Entre enero y septiembre de 2011, el fabricante alemán ha despachado un total de 90.972 vehículos.

lunes, diciembre 19, 2011

Lego Mindstorms y la salida del laberinto


El esquivador de obstáculos saliendo de un laberinto. No sean demasiado exigentes con el operador de cámara...

Bueno, llevaba tiempo pensando en hacerlo y finalmente el viernes pasado compré el Lego Mindstorms. Es un juego de robótica, como un lego normal (más parecido a un lego technic) pero con un ordenador que se programa desde un PC o un Mac. Tiene tres motores, varios sensores de diferentes tipos, engranajes, etc. Siento decir que no es barato, y todavía lo siento más después de haber leído esto. Pero si uno intenta hacer algo parecido con componentes electrónicos normales, se dará cuenta de que el tiempo que necesita para tener algo equivalente y que pueda entenderlo un niño de 10 años es simplemente infinito.

Oficialmente era para regalárselo a los niños (entre los que yo me incluyo) por Reyes o Navidad pero ayer sábado 17 de diciembre al mediodía llamé al gran Albert Buendía y me dijo que precisamente en ese momento estaban celebrando la noche de fin de año. De modo que me sentí justificado para adelantar la fecha.

Por la tarde abrí la caja y empecé a sacar engranajes. Los niños tenían una mala tarde, o exceso de cosas, de modo que no me hicieron ni caso, pero yo -aparentando indiferencia- empecé a montar el primer robot. Es un tanque, con dos orugas, que permite programar diferentes clases de movimientos. Los dos robots clásicos que se pueden programar son el que sigue una línea y el que esquiva obstáculos con un sensor de distancia.

A mi nunca me ha parecido educativo seguir una línea que ya ha pintado otro, de modo que empecé con el que esquiva obstáculos. En el mindstorms vienen las instrucciones para ensamblar la base (las orugas). Después ya no seguí leyendo y por mi cuenta le puse el sensor de ultrasonidos. El problema de los diseños del lego, en mi opinión, es que son demasiado buenos. Uno los monta y después son tan bonitos que da pena desmontarlos. Es evidente que es demasiado difícil idear algo parecido. Esto es frustrante: la gracia justamente del lego es hacer lo que a uno le parezca, aunque no sea perfecto. Especialmente si lo hace un niño. La creatividad consiste en no copiar, seguir las instrucciones del lego technic es un buen ejercicio que desarrolla la visión espacial y la habilidad manual, pero hay que ir más allá: el principal músculo de la mente es la creatividad, y a esa hay que estimularla.
Captura de pantalla con el programa del robot. Hay dos líneas paralelas, que se ejecutan simultáneamente. La de abajo hace los efectos sonoros de R2D2 y el sonido de un sonar de submarino, con algunas pausas y repeticiones. La de arriba empieza dibujando una cara sonriente y arranca los motores para ir recto; cuando el sensor de ultrasonidos detecta un obstáculo pone una cara triste y gira sobre si mismo hasta encontrar un camino libre. Es muy simple.

En fin, cuando ya estaba a medio montar acudieron los niños, más interesados. Terminamos de montarlo entre toda la familia (mi Santa tiene mucha mejor visión espacial que yo y le encanta montar legos). Entonces empezó lo más divertido: la programación. Se estarán preguntando ustedes en que lenguaje se programan estos chismes. Es un lenguaje visual, un LabView simplificado. Tengo el corazón dividido respecto de LabView (después de haber pasado algunos meses programandolo profesionalmente), pero para un niño es mucho mejor que un lenguaje convencional basado en texto. Cada bloque es una instrucción, hay lazos, bifurcaciones, senderos paralelos que se ejecutan simultáneamente, etc.

Hay que reconocer que daría mucho trabajo programar en C++ este robot para esquivar obstáculos. Lo más difícil sería controlar los motores al mismo tiempo que se hacen los efectos sonoros, que son importantes para divertir a los niños y ayudarles a entender el código. Con el mindstorms, incluso sin haberlo visto nunca antes, se puede hacer en muy poco tiempo.  Y lo más importante: se puede lograr que los niños lo entiendan... si se logra cautivar su atención durante un par de horas.

En definitiva: probablemente este sea el mejor juguete educativo del mundo. Comprenlo si se lo pueden permitir. Si yo fuera ministro, presidente, rey o algo por el estilo, tengan por seguro que en las escuelas públicas habría tres horas de clase a la semana, por lo menos, con el mindstorms. Es la mejor inversión para un niño/a de más de 10 años, sin duda... si es que están dispuestos a dedicarle tiempo para entenderlo y explicarles como funciona. Les diré más: si yo no pudiera enseñarles estas cosas a mis hijos, gustosamente pagaría a un profesor particular para que lo hiciera. Me parece, sin exagerar, FUNDAMENTAL.

Ahora viene lo más curioso: en España cuesta encontrarlo en una tienda física. ¿Motivo? Las instrucciones no están traducidas al Español y al parecer es ilegal venderlo. De modo que no me pregunten donde lo compré.

Si se han quedado con ganas de ver lo que puede hacerse con esta plataforma de robot, aquí está mi visión particular del robot que sigue una línea... o no. Si aparece un dibujo relacionado con la teoría del muffin, es obra de Albert. Ahora el reto es desmontar este robot y construir otra cosa totalmente diferente, ya les contaré.

lunes, diciembre 12, 2011

Las enseñanzas del muffin

Quisiera hablarles de las enseñanzas del muffin.

Sucedió la mañana antes de mi clase en el Montphoto. Llegué a Lloret a primera hora, para atender la clase de Francesc Muntada (que por cierto me gusto mucho). Pero llegué con mucho tiempo. Yo soy muy pesimista y cuando tengo que hacer algo importante, parto de la suposición de que va a salir todo mal, y me cubro contra todos los posibles imprevistos: me llevo tres copias de la presentación, en diferentes formatos, llego exageradamente pronto, y me voy a un bar a repasar por ultima vez las transparencias.

Todo esto es un rodeo para decirles que entré en un bar para tomarme un cortado, relajarme un poco, y poderme concentrar delante del ordenador terminando un trabajo. Pero allí estaba, en el mostrador, una enorme magdalena de chocolate diciendo "cómeme" y yo pensé que un día es un día. De modo que cuando llegó el camarero con el cortado le pedí la magdalena. Y así fue como empezó todo:

-Dirá usted un muffin, caballero.
-Bueno... una magdalena grande con trozos de chocolate dentro.
-No. Eso no es una magdalena, es un muffin.
-Tampoco hay necesidad de utilizar palabras inglesas para todo. De toda la vida esto ha sido "una magdalena".
-Es muy diferente, caballero, la magdalena está hecha con aceite y el muffin con mantequilla.
-Pues no me parece una diferencia tan significativa como para utilizar un nombre nuevo. El cruasán en Francia es de mantequilla y aquí de asquerosa grasa de cerdo, pero sigue siendo un cruasán.
-Si que lo es, caballero, es muy diferente. Aquí tenemos muffins, no magdalenas.

Así continuó la conversación un buen rato hasta que me di por vencido y le dije que me trajera el objeto comestible de color negro que había en el mostrador. Me pone de los nervios, para empezar, lo de "caballero", "el señor" y todas esas tonterías. Y esa tozudez... me costó relajarme, de verdad que me costó. Pero lo logré, y preparé dos transparencias más.

Ya me había olvidado del affaire del muffin hasta que fui a pagar y el tipo dijo:

-Mesa tres, la cuenta.... un cortado... (aquí tomo aire teatralmente para hacer una pausa de un segundo, casi eterno, como paladeando su dulce victoria)....  ¡y un muffin!.

Noté claramente como la adrenalina me corría por las venas a raudales. Mi mente se concentró en descargar una estocada verbal absolutamente incontestable, de una contundencia radical y fulminante. Pensé en decir: (1) Que ya se perfectamente lo que es un muffin y que es una magdalena pero que mi mente busca la unidad y no la diversidad. (2) Que estuve viviendo en USA y que a diario me comía no uno si no ¡dos! muffins. (3) Que cada mañana preparo una bandeja de muffins solamente para poder bajar a la calle a decir que son magdalenas y que se joroben los yanquis. (4) Que soy el tipo que más sabe de muffins en el planeta, puesto que en realidad Eva no mordió una manzana si no un maldito muffin y que fui yo la serpiente en persona quien la tentó con mi chocolate suculento y prohibido. Y más cosas, muchas más...

Pero entonces se me aclaró la mente. Me di cuenta de que algo tan extraordinario  no podía estar sucediendo por casualidad, que el camarero no era simplemente un idiota empeñado en perder a un cliente para siempre, si no un ángel. Era Dios nuestro señor quien me lo había enviado para que yo aprendiera. Lo vi clarisimo: en realidad estaba viviendo dentro de en una parábola. Y sonreí beatíficamente, como lo hubiera hecho el mismo San Francisco, para decir:

-Gracias. He aprendido mucho de ti.

Y así lo explique en la clase del Montphoto, horas más tarde: "Uno no puede quedarse encerrado en su muffin".

Gracias a todos los asistentes. Y al muffin.

jueves, diciembre 01, 2011

Ajedrez en la elíptica

Para mi, el mejor ejercicio es un paseo por el monte un día de primavera o a principios de verano, seguido de un baño en un río o en el mar. Pero a falta de esto, debo conformarme con el gimnasio. Demasiado tarde me he dado cuenta de que sin hacer un poco de ejercicio con absoluta regularidad, mi cuerpo no funciona, y mi mente, tampoco. Dije un "un poco", y es que mi problema suele ser de exceso de motivación. Soy incapaz de mantenerme en un ritmo suave, que yo pueda resistir bien. Me pongo en la elíptica como si me fuera la vida en ello, y me paso de vueltas, hago más esfuerzo del que pueden resistir mis articulaciones. Ahora he encontrado una solución: jugar al ajedrez mientras estoy haciendo ejercicio.

El ajedrez en la elíptica debería ser un deporte olímpico. Al igual que el gin-tonic, es un ejemplo de como dos cosas que por separado ya funcionan, llegan a ser extraordinarias al combinarlas adecuadamente. Pongo el programa a un nivel bajo, que me mantenga totalmente concentrado pero que me de alguna posibilidad de ganar. Estudiando el salto del caballo y los movimientos de la dama, me olvido por completo de la elíptica y puedo mantener un ritmo suave. Mi mente, absorta en la partida, se olvida por un momento de todos los problemas. Mis ojos dejan de observar los fascinantes personajes que circulan por el gimnasio. Tampoco me planteo las normas del juego, que es lo que yo siempre suelo hacer en lugar de aceptarlas como dogma y jugar. El ajedrez es un juego condenadamente bueno, una metáfora extraordinaria de la guerra convencional, del poder y del tiempo. Pero me irrita el trato de favor que tiene el rey: observen que siempre termina la partida cuando el siguiente movimiento sería decapitarlo, o cuando queda acorralado. Estas normas debieron ser ideadas para complacer a reyes y generales. Y también dejo de pensar en el problema del infierno como un lugar sin ninguna posibilidad de regresar a la gracia de Dios (Dios no existe pero si su gracia, y esto me preocupa más de lo que se imaginan, pero lo dejaré para otra ocasión).

No quisiera engañarles, yo juego muy mal al ajedrez. En mi juventud argumenté que no hay nada de creatividad en este juego puesto que dada una posición, una mente suficientemente capaz analizaría todas las jugadas y sus ramificaciones, hasta dar con el mejor movimiento. ¿Qué puede haber en eso de creativo? Simple combinatoria, si acaso. Mi razonamiento, fruto de la envidia, era cierto pero solamente para una mente enormemente más poderosa que la humana. Efectivamente, a partir de un cierto nivel no basta con no cometer errores para ganar: hay que tener la imaginación suficiente como para tenderle trampas al programa. Todo esto mientras suena el atronador chumba-chumba que por alguna razón se considera imprescindible. Suelo ganar la primera partida, pero el programa se ajusta automáticamente a un nivel más alto, y pierdo la segunda. Compruebo, una vez más, que a partir de cierto número de pulsaciones mi cerebro deja de funcionar. Cometo errores garrafales (pero también el programa, a un nivel bajo). Debo resistir mi impulso de abandonar y confiar en el fallo del contrario para lanzar un ataque. Cuando me doy cuenta, han pasado los 20 o 40 minutos de rigor y salgo absolutamente relajado de la máquina. Mientras termino la partida, hago los estiramientos, que son fundamentales, y me voy a la piscina. Nado poco, apenas lo suficiente como para poder imaginar que realmente estoy junto a un mar que ya no existe. Debo decir, entre paréntesis, que en la literatura escrita por hombres se ha fantaseado mucho acerca de los vestuarios de señoras, pero deben saber las señoras que en los de hombres se ven y se oyen cosas que (sin exagerar) parecen de las 1001 noches.

Ahora mismo, ya terminada la sesión, me estoy tomando un café en el bar. Satisfecha la necesidad corporal del ejercicio, ahora es el momento de saborear este placer sublime de encajar algunas palabras y pulsar "Publicar entrada", sin haber dicho ninguna barbaridad ¿lo logré?. Debo dejarlo aquí. Sean felices, que no es fácil.