viernes, julio 31, 2009

Virus

Ya era previsible, tarde o temprano tenía que tocarme a mi. En la anterior reunión de agrimensores, en Chile, los pendrive pasaban de ordenador a ordenador en una alegre prominscuidad informática que no podía dejar de tener consecuencias para la salud de mi portátil. Los últimos días que pasé en Valparaiso, además, tuve un problema con una tarjeta de memoria que decidió formatearse ella sola justo cuando estaba leyendo unas fotos que a mi me parecían muy interesantes.

Ambos problemas es posible que estén relacionados, ya lo dijo acertadamente Occam con su entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem (pero, a diferencia de un primo que fue alumno aventajado en los jesuitas, yo no hablo latín: dejémoslo en que no ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias; la explicación más simple suele ser la correcta. Y eso, dicho sea de paso, esto es un argumento fortísimo en contra de la barroca teología cristiana).

En cualquier caso, aquí me tienen luchando contra los virus, en lugar de estar frikosaleando (y yo se que algunos de los usuarios de excelsos Macs ahora sonríen al leer esto, pero también se que no es una sonrisa malvada ni de superioridad, si no benevolente como la que San Francisco de Asís dedicaba a los infieles o al lobo).

Ahora precisamente que yo tenía tantas cosas que contarles a propósito de mi viaje. Quería decirles, exagerando un poco, que la historia de la Isla de Pascua es tal vez la única historia que debería enseñarse en las escuelas de todo el mundo (eso es exagerando un poco, ya lo admito, pero -parafraseando a Vila Matas- si yo no exagerase entonces ya no tendría un blog). Tengo buenos argumentos para defender mi exageración, y también fotos de los moais de día, con ojos llorosos, y de noche, frente a la impresionanate Vía Láctea austral. Tengo en preparación un artículo de arqueoastronomía, modesto si ustedes quieren, pero basado en los trabajos del Padre Sebastian Englert. Quiero contarles mi historia con el Rayo Verde, y enseñarles la puesta de la luna cenicienta entre la luz zodiacal. Y el enigma de la cruz del sur, y la luz impresionante del salar de Atacama. Ah, y un auténtico zahir que encontré en una cueva de la isla.

Todas esas historias están ahora mismo a medias entre mi mente atareada y los discos, que siguen en cuarentena. Prometo publicarlas, si es que no se me borra todo.

Entre tanto, el próximo domingo viene en El País un artículo nada menos que de mi amigo el fotógrafo que fue astrofísico. No se lo pierdan.

jueves, julio 30, 2009

Las estrellas en el Valle de la Luna

Atacama, Atacama, Atacama... tres viajes a Chile (por motivos profesionales todos ellos) me costó poder llegar a este desierto, el más seco del mundo, donde los cielos supuestamente son transparentes como el cristal y uno casi puede tocar las estrellas con la punta de los dedos, sin más que subir a los 4000 metros de los altiplanos.

Pero justamente nosotros llegamos en uno de los periodos con cielos tapados más largos que se recuerdan. Incluso llovió. Siete años, según nos dijeron, habían pasado desde la última vez que estuvo nublado una semana entera.

Solamente la última noche se abrió el cielo casi por completo, aunque brevemente. Me vestí para el frío y me fui corriendo al Valle de la Luna, al lugar que había elegido días antes para fotografiar la Via Láctea entre espectaculares formaciones rocosas.

Teniendo en cuenta que lo más probable es que no pueda regresar más a este lugar, al que tanto había querido ir, lo más lógico en mi caso hubiera sido que el mal tiempo me hubiera puesto enfermo de rabia. Pero parece que con la edad voy adquiriendo una resignada sabiduría.. o la capacidad de positivar las situaciones, que se yo. Lo importante es evolucionar.

Y de todos modos, aunque el cielo no fuera perfecto (observen las nubes abajo a la izquierda) la noche en la inmensidad desierta del Valle de la Luna bien merecía un viaje.

domingo, julio 26, 2009

De regreso

Ya de regreso, me encuentro de nuevo en Santiago de Chile, disfrutando una vez más de la compañía y hospitalidad de mi amigo el Dr. Jorge Garat, a quien yo quisiera poder describir aunque fuera brevemente. Pero se me quedarían cortos todos los elogios y les diré solamente dos cosas: que tiene una muy interesante biblioteca y que es un excelente compañero de viaje.

Espero poder disponer de un poco de tiempo la próxima semana para irles contando algunas cosas. Esta foto es de una laguna salada en el desierto de Atacama, el lugar más seco del planeta pero donde nosotros vimos llover. También quisiera hablarles de la Isla de Pascua, donde pude estar un par de días y hacer algunas fotos, de la leyenda del rayo verde, de los cielos de Chile, y de algunas cosas más.

Todo esto, claro está, contando con que mi avión no se estrelle. Un afectuoso saludo y hasta pronto.

lunes, julio 20, 2009

Cabras monteses en Sierra Nevada

Hace unas semanas tuve la suerte de poder fotografiar algunas cabras monteses en Sierra Nevada. Ya era casi de noche, de hecho habíamos salido a hacer fotografías nocturnas. Yo no llevaba equipo adecuado para animales, pero mi amiga Luna me cedió un momento su teleobjetivo para que pudiera hacer algunas fotos, a riesgo de no poder hacerlas ella (al final le salieron estupendas). Esta cesión de teleobjetivo en un momento crítico fue un acto de gran generosidad que los que hayan fotografiado fauna salvaje sabrán apreciar. Y dicho sea entre paréntesis, Luna es una de las personas que mejores fotos hace en este país (para que se hagan una idea, les diré que además de a las cabras, incluso logró sacarme favorecido a mi).

Pero yo ahora estoy en otro país. He visitado otras montañas, con otros amigos, he vivido otros momentos, algunos buenos y otros malos, he hecho otras fotos y de alguna forma soy una persona un poco diferente. Poco a poco, ya se lo iré contando.

De momento quisiera compartir con ustedes el recuerdo de aquel magnífico animal saltando ladera abajo, a la luz de la luna, a pocos metros de nosotros.

viernes, julio 17, 2009

La noche razonable en las Alpujarras

Para las fotos nocturnas siempre busco lugares lo más aislados posible, lejos de la contaminación luminosa. Pero en las Alpujarras me pareció que hay un equilibrio razonable entre naturaleza y actividad humana: a pesar de las luces de coches que pasaban por una carretera, del pueblo vecino y de algún cortijo, la Via Láctea se veía en todo su esplendor sobre los campos. Incluso en esa noche, con luna en cuarto creciente.

Sigo de viaje pero gracias a la gentileza de un amigo que me ha prestado su conexión a internet he podido subir esta entrada. Ahora aquí acaba de amanecer, aunque el tiempo está nublado y me he perdonado la sesión de fotos del amanecer. Ayer por la noche estuve haciendo fotos, pero el cielo no acompañó demasiado.

Un afectuoso saludo a todos los lectores habituales (y a los ocasionales también), disculpen que no conteste sus comentarios pero por lo menos hasta el lunes no me va a ser posible.

martes, julio 14, 2009

Vanessa cardui

Sigo de viaje pero ahora estoy descargando las fotos que he hecho hoy (a ver como han salido) y he aprovechado para subirles una entradita, esperando que en mi ausencia no se olviden completamente de este cuadernillo.

Esta es la Vanessa cardui, mariposa nómada que nace en Africa y cruza el estrecho aprovechando un temporal que la lleve al norte. Es una criatura intrépida pero prudente, como todos los que emprenden largas travesías. Por eso cuesta fotografiarla: siempre permanece alerta y a la más mínima sospecha se aleja volando.

Este año llegaron en grandes cantidades y durante unos días incluso los prados cercanos a la ciudad-dormitorio estuvieron plagados de ellas.

La semana próxima espero poder volver a atender el blog con regularidad. Entre tanto un abrazo muy fuerte a todos ustedes.

viernes, julio 10, 2009

La libélula violeta

La libélula violeta (Trithemis annulata) tiene un color intenso, casi inverosímil, que resulta muy difícil de reproducir correctamente en una fotografía. Frecuenta pantanos y aguas estancadas de cierta extensión. Yo solamente la he visto dos veces en lo que llevo vivido.

Este macho es de las Alpujarras y habita (o habitaba hace unos días) junto a una pequeña presa que forma una profunda poza artificial. A esta poza, se entra andando por entre unos juncos que no dejan ver toda la extensión de agua. Poco a poco la profundidad va aumentando y cuando ya hay que regresar para dejar la cámara en la orilla y poder continuar nadando, entonces aparece un pequeño y maravilloso lago de color verde, con el agua limpísima. Allí, entre las algas del fondo, vi una serpiente de agua y traté (en vano) de encantarla para poder hacerle unas fotos.

Este maravilloso lugar, de no ser reciente, hubiera sido ideal para el baño secreto de las ninfas acuáticas o por lo menos de las princesas moras en tiempos de Boabdil. Pero quien sabe, al parecer mucho antes de que se construyera la presa allí ya hubo un estanque natural.

Estoy en este momento en Santiago de Chile, donde mi amigo el Dr. Jorge Garat me ha dado un recibimiento digno por lo menos de un obispo. Mañana a primera hora, si todo va bien, tomo otro avión.

miércoles, julio 08, 2009

La cópula de las lagartijas y Tiresias el adivino

Es bien sabido que los Dioses reservan un destino especial para quienes observan la ondulante cópula las serpientes: cambiar de sexo. Tal vez el caso más famoso haya sido el del joven Tiresias, quien tras presenciar el apareamiento de dos culebras de escalera, se convirtió en mujer y se hizo sacerdotisa de la diosa Hera. Años más tarde, cuando Zeus discutió con Hera acerca de quien de los dos gozaba más en el momento singular del orgasmo, ambos estuvieron de acuerdo en llamar a Tiresias para que arbitrase en la disputa con pleno conocimiento de causa.

"Si el placer del coito se dividiera en diez partes, nueve serían para la mujer", respondió Tiresias sin dudar, dando la razón a Zeus. Hera, indignada, dejó ciego a Tiresias pero Zeus le compensó dándole el don de poder ver el futuro. Después de siete años, Tiresias presenció de nuevo la cópula de dos serpientes y volvió a ser hombre, pero no recuperó jamás la vista ni perdió la clarividencia.

Yo siempre he esperado poder ver el apareamiento de dos serpientes, vívoras a poder ser, para poder gozar a continuación de las nueve partes que me son desconocidas. O desmentir al célebre Tiresias en caso contrario.

Pero por el momento yo tan solo he podido ver a estas dos amantes lagartijas, que me parecieron realmente preciosas y tan interesantes como cualquier serpiente. Al verlas se quedaron un rato inmóviles, en una posición retorcida que empezaba siendo dorsoventral pero que al llegar a la altura de las colas pasaba a ser ventral. Sentí mucho haberlas molestado, y no se si llegaron a culminar el acto antes de desaparecer rápidamente cada una por su lado. Me hubiera gustado sacar un primer plano de las manos cogidas pero no pude hacer más fotos (y esta está recortada para dejar fuera del encuadre una brizna de hierba ¿la ven?).

Siento decepcionarles pero yo aparentemente no he sufrido ninguna metamorfosis. Debe ser que solamente vale para serpientes, aunque también debo decir que el futuro siempre me ha parecido un poco negro. ¿Esto debe ser ceguera o clarividencia?

Estaré unos días agrimensurando, esta vez un poco más lejos de lo que yo suelo ir. Siento enormemente no poder participar más ni responder a todos los comentarios. Hasta dentro de unos diez días no voy a tener tiempo para nada (pero el robot ya subirá algo). Si alguien sabe la especie de las lagartijas se lo agradeceré enormemente. Sean ustedes felices y no se crean la propaganda de los pro-nucleares.

lunes, julio 06, 2009

Al sur de Granada

La semana pasada estuvimos de vacaciones en una casita alquilada al sur de Granada, en las Alpujarras. En algunas zonas de las Alpujarras hay una actividad humana considerable, como es lógico al ser un valle extraordinariamente fértil y además con mucho turismo. Pero una amiga (y lectora ocasional de este blog) nos recomendó este durandiano lugar, absolutamente apartado, desde el que no se puede ver ninguna otra construcción.

En este rincón hemos pasado una semana balsámica que incluso me ha permitido recuperarme un poco de mi misantropía crónica. He hecho algunas fotos que espero poderles ir enseñando pero se me acumula el trabajo (en la vida real) y también las historias que contar en esta vida imaginaria del blog.

En una película americana salía un escritor, interpretado por Jack Lemmon si no recuerdo mal, que había ido a Europa para escribir una especie de diario titulado algo así como "La buena vida en Francia". El hombre era un vividor y en una escena decía que llevaba dos meses de atraso en el libro y una semana de adelanto en la vida real. En la película esto resultaba muy gracioso, pero a mi, que no soy un vividor (por lo menos en el sentido tradicional de la palabra), me está pasando algo parecido: se me acumulan cosas que contar. Si yo fuera ordenado, podría guardar ahora historias de las noches pasadas en el Yosemite y en Sierra Nevada, para repescarlas en los tristes meses de invierno. Pero no se si seré capaz.

Por el momento tengo un montón de tarjetas de memoria encima de la mesa y la maleta otra vez abierta. Dentro de unos días me vuelvo a marchar.

miércoles, julio 01, 2009

El mapache que comía fast food y otras historias de machapes


Primer mapache. Es el de la foto. Nuestras vidas se cruzaron fugazmente en el Yosemite. Nosotros habíamos cenado una pizza en un merendero. Cuando ya estaba por marcharme a fotografiar estrellas , vi una especie de gato enorme saltando de mesa en mesa, en busca de alguna patata frita abandonada o de un trago de cocacola. ¡Era un mapache!

Segundo mapache. Yo nunca había visto un mapache pero curiosamente, su cola anillada y sus gestos ágiles me transportaron a la infancia. Recordé haber leído un libro de un niño que tenía un mapache. La historia, que nos fascinó primero a mi hermana y después a mi, estaba ambientada en los tiempos de los primeros automóviles. A los dos nos pareció que la vida de aquel niño que construía una canoa, patinaba sobre los ríos helados, acampaba con su padre junto a un lago y jugaba con su mapache era la felicidad en estado puro.

Pero años más tarde, un mal día se me ocurrió leer la vida del autor, que venía en las últimas páginas. Y descubrí que cuando tenía la edad del protagonista había quedado inválido. Entonces comprendí que todas las aventuras del niño y su mapache eran en realidad una idealización de su propia infancia. Me imaginé al autor, que tan vital me había parecido en las páginas del libro, encerrado en una habitación con una máquina de escribir, rebuscando entre sus recuerdos como el personaje de Borges, alargando indefinidamente con el pensamiento cada una de las tardes en que pudo correr libremente por el bosque. Y entonces me pareció un libro muy triste.

Tercer mapache. Mis hijos tienen una enorme cantidad de muñecos de peluche. Entre los más queridos del pequeño figuran un encantador pulpo verde que compramos en una gasolinera y un mapache que mi hermana le trajo de Estados Unidos (sin duda, recordando al segundo mapache). Pero con este peluche había un problema: el niño se empeñó en llamarle machape en lugar de mapache. Yo se que eso no tiene la menor importancia pero soy un perfeccionista y le corregía cada vez que decía machape. Hasta que un día se enfadó y me dijo:

-¡Es que Machape es su nombre! Se llama Machape, ¿entiendes papá?

Con aquella frase creo que quedó demostrado que ser un poco exigente con los niños no es malo, por lo menos para su imaginación.

Pero él mismo se obligó a algo terrible: perpetuar la palabra machape por los siglos de los siglos.

Un día ocurrió lo inevitable. Ya estaba en la cama con el pulpo verde pero era incapaz de conciliar el sueño, por falta de peluches, y me llamó:

-¿Me puedes traer el mapache, papá?
-Dirás Machape, hijo.

No pude evitarlo.

(Esta entrada es cosa del robot. Donde yo estoy ahora no creo que haya internet)