Sobre la dilatación del tiempo y la inmortalidad psicológica



Cuando yo era un niño, el verano era larguísimo. Se extendía desde principios de Julio hasta mediados de Septiembre. Pero esta no era la principal razón de su aparente eternidad, en realidad un solo mes ya hubiera bastado para hacerlo prácticamente infinito. Cuando tenía seis años, cada una de las tardes de Septiembre que yo pasaba en una playa solitaria (sin ninguna huella excepto las del escarabajo pelotero) duraba exactamente lo mismo que uno de mis años actuales.

Yo me pregunto si mediante alguna gimnasia mental, o tal vez con la ayuda de algún fármaco precioso, podríamos dilatar el tiempo psicológico en nuestros momentos mejores y acortarlo en los peores.

Todavía más. Borges imaginó a un poeta condenado a muerte que pidió a Dios poder terminar su última obra. El tiempo que transcurrió desde el fogonazo de los fusiles hasta la llegada de las balas fue (en su mente) de un año, suficiente para su propósito.

Tal vez en el instante de la muerte, nuestro último suspiro de lucidez podría prolongarse en nuestra percepción durante años y años. Para ello no sería necesaria la intervención del nigún Dios, bastaría con que las neuronas pudieran funcionar de forma rapidísima, mucho más que las alas de una libélula. Asi podríamos revivir nuestros pensamientos y gozar una vez más del recuerdo de las tardes pasadas en las playas solitarias que ya no existen.

Esto es lo más parecido a la inmortalidad que puede concebir un ateo melancólico.

En fin, por más vueltas que le de, irremediablemete ya se han terminado las vacaciones. Eso si, quedan algunas fotos por procesar, algunas historias que contar.

Comentarios

nomesploraria ha dicho que…
Pues aquí estaremos para verlas (las fotos) y leerlas (las historias)

Ben tornat
treehugger ha dicho que…
Confieso ser victima de la misma contracción del tiempo. A medida que avanzan los años cada vez me pasan mas rapido. Quisiera añadir que la contraccion del tiempo no es lineal, sino que con el nacimiento de cada hijo se acelera a una velocidad asfixiante, inversamente proporcional a la disminucion del tiempo libre.

-th
Marmorlu ha dicho que…
Bienvenido !
Pues a mi el mes de Agosto, currando y sin mi compañero laboral me ha parecido una eternidaaaadddd.
Por no decir nada de del coñazo que resulta que se me haya roto la maquinilla de afeitar (si, a pesar de tener barba la uso para "perfilarla") y no sea posible encontrar un Servicio Técnico abierto en todo Madrid durante el mes de Agosto....
ODIO el mes de Agosto.
Un abrazote y "güelcom-baq"
Carmen ha dicho que…
De ese tiempo infinito de la infancia recuerdo, sobre todo, las siestas. Eran esas horas eternas y muertas en las que los mayores (al menos mis mayores) se iban a dormir y dejaban a los niños un montón de tiempo para explorar, para subir a las cámaras donde mi abuela guardaba recuerdos, para leer en el portal que era el lugar más fresco de la casa, o simplemente para hablar de nuestras cosas sin que nadie nos interrumpiese. También ya de adolescente era ese mismo tiempo el que utilizaba para leer y escribir las cartas de amor que enviaba y recibía de mis "amantes" madrileños abandonados durante todo el mes de agosto. Bienvenido!!!
El Roble Melojo ha dicho que…
Llevo mucho tiempo pensando que cuando nos largamos de esta vida lo mejor que nos llevamos son las cosas hermosas que nos entran por la vista. Por eso me suelo quedar bastante tiempo contemplando paisajes que me gustan, aunque los vea muchas veces, para llevármelos de recuerdo por si los cambian.

Entradas populares de este blog

¡ En busca de la luz zodiacal !

Andrómeda en el palacio de Siddharta