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miércoles, mayo 28, 2008

Mi reloj soviético, los contadores Geiger y algún eco de la guerra fría

Cuando fui a Moscú la primera vez, en el 2003, pasé varias tardes en la calle Arbat buscando algún chisme de fabricación soviética, como por ejemplo un reloj. Los turistas se habían (¿nos habíamos?) apoderado de la calle, que en un tiempo fue el centro de la vida bohemia e intelectual de Moscú. ¿Alli hubiera podido estar The Chestnut Tree Cafe de Orwell, si el Londres de la ficción hubiera sido el Moscú real?

Todo eso había pasado y en Arbat no había más que vendedores de baratijas chinas obviamente falsas. Que ironía, China entregada al capitalismo salvaje, copiando efectos del ejercito de la Unión Soviética para venderlos a los turistas en Arbat.

Si que hubiera podido comprar uno de aquellos robustos contadores Geiger soviéticos que todavía se usaban en los supermercados. Por que entonces se decía que algunas hortalizas llegaban de Ucrania y estaban radioactivas a causa del accidente de Chernobil. Diecisiete años después de la explosión en la central nuclear, las ancianitas pasaban rutinariamente su geiger por encima de las lechugas antes de meterlas en el carro de la compra. Y yo creo que no hubiera sido difícil encontrar uno barato, siempre me arrepentiré.

El caso es que uno de mis amigos se enteró de que yo andaba buscando algún aparato soviético. Su padre, que había sido militar, desmontó personalmente los relojes de algunos viejos aviones de combate a reacción que estaban por ser desguazados y me dio uno. Es este que muestro en la foto. Mide unos 12cm de diámetro y pesa más de medio kilo. Con este aparato, que va a cuerda, el piloto de un avión supersónico contaba los segundos y los multiplicaba por la velocidad (¡más de 400 metros por segundo!) para saber la distancia recorrida y poder determinar su posición en el mapa con ayuda de la brújula. Todo ello, volando por encima de mares de niebla, con muy poca autonomía, esperando encontrar su base en la arboleda infinita de la taiga. Sin relojes de cuarzo, ni ordenadores ni mucho menos gps, hay que admirar el valor y la pericia de esos hombres, que por otra parte nos apuntaban con sus misiles nucleares. Pregunté por la precisión del reloj. La aeronáutica soviética, me aseguraron, fue y es la mejor del mundo, mucho más avanzada que la americana, y el reloj es un prodigio de la técnica.

Tuvo su intríngulis sacarlo del país. No se si fue buena idea meterlo en el equipaje de mano. Un chisme metálico pesado que hace tic-tac siempre causa mala impresión en los controles de seguridad. Le dije a la funcionaria que me había costado 10 dólares en Arbat y ella se lamentó de la decadencia de su patria. Jamás digo si un homo sapiens es guapo o feo, pero este caso merece una excepción: la funcionaria era una diosa encarnada en guarda de seguridad de aeropuerto.

-Costó mucho más fabricar este instrumento.
-Lo se. Lo guardaré en un lugar de honor junto a la chimenea y pensaré en Arbat y en Rusia.

Lleva hora y cronómetro. Detrás hay una leva para calibrarlo. Ya en casa, como adelantaba, la moví un poco y ahora parece que va algo mejor. Pero esto no tiene por que ser un defecto, es simplemente que la calibración hay que trabajársela.

Quise hacer una foto del reloj, con una obturación de un minuto, para que se viera la aguja de la minutera movida. Es la de arriba. Pero la segundera no está uniformemente borrosa como yo pensaba, lo que indica que la aguja se mueve a saltos. Diversas exposiciones como esta segunda, con flashes estroboscópicos de frecuencias hasta 100Hz, confirmaron que entre dos marcas de un segundo, la aguja pasa la mayor parte del tiempo en ciertas posiciones.

Es conocida la paradoja de los relojes, que por más exactos que fueran no indican la hora correcta, digamos las 10:23:45 más que durante un instante infinitesimal, puesto que enseguida han pasado unas décimas de segundo. Y esto no se arregla añadiendo agujas (demenciales) para las décimas, centésimas y milésimas: la fracción de instantes en los que el tiempo indicado es rigurosamente correcto siempre es despreciable, si asumimos que el tiempo es continuo.

Estas propiedades del infinitamente denso contínuo (que interesó a Borges como tema literario) son una buena excusa para la melancolía, tomando un whisky junto a la chimenea mientras fotografío mi reloj soviético y pienso en la feliz guerra fría de mi infancia triste, en Arbat y en la patriótica funcionaria.

Al terminar, lo guardo en una caja de plomo, por que sigo sin contador Geiger y me da un poco de repelús. A saber que armamento transportaba el avión.

Hablando del tiempo, confesaré que en este momento estoy en un tren rumbo a la capital. Esta entrada, que espero no sea póstuma, la ha subido automáticamente el servidor. No se si voy a poder atenderles hasta el viernes, pero les ruego que no se abstengan de comentar profusamente por que eso me hace muy feliz, dentro de lo que cabe.

Más sobre relojes solo en Frikosal:
-El reloj Omphalos que marca los segundos que han transcurrido desde el Génesis.
-El hombre que arregla relojes de torre.

domingo, diciembre 30, 2007

Borges según Bioy (i)

Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.
Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Borges, 1944.

La Dra.G. me ha prestado el monumental Borges, de Adolfo Bioy Casares, que en estos momentos está en mi mesilla de noche. Durante años, Borges y Bioy fueron todo lo amigos que pueden serlo dos personas. Casi a diario comían juntos y conversaban durante horas. Especialmente de literatura, algunas veces de política. Bioy anotaba un resumen de las conversaciones en su diario. Antes de morir, separó -y editó- todo lo que tenía que ver con Borges.

De este océano de conversaciones privadas emerge un Borges que es interesante no solamente como autor si no como personaje. Pero, atención: Borges (según Bioy) resulta ser un tipo cargante, elitista, que normalmente si habla de un autor es para destrozarlo. En rarísimas ocasiones emite un juicio favorable, prácticamente nunca muestra la menor compasión por nadie. Ya me lo advirtió la Dra: mejor no lo leas, más vale que te quedes con su obra.

Pero yo no desistí y he navegado -en diagonal- las 1600 páginas con un lápiz en la mano en busca de algunas claves para Borges (El índice de autores y temas citados es totalmente erróneo, inservible). Debo aclarar que no conozco ni tan solo una parte infinitesimal de los autores que ellos citan. He capeado el temporal, saltando párrafos enteros. Comento algunas cosas, y si veo que esto interesa a alguien, otro día continúo (omitiré por el momento el debate acerca de si es lícito difundir las conversaciones privadas de un amigo):

-La erudición. Ambos, Borges y Bioy, tienen una cultura sobrehumana. Yo ignoro a casi todos los autores de los que hablan. Pero me alegra ver que dejan bien, por ejemplo, a Graves, a Swift, las 1001 noches (las 1001 noches es uno de sus temas preferidos). Me pregunto que hubiera pasado si, mediante algún prodigio como una máquina del tiempo, yo hubiera podido materializarme en una de aquellas cenas en casa de Bioy. Pasado el primer interés de dos autores de ficción por conocer a una persona del futuro, me hubieran dejado fatal.

-El valor, el honor, la heroicidad (absurda). Borges descendía de militares. Uno de sus antepasados avanzó heroicamente a pecho descubierto para que el enemigo lo matara a tiros, como es debido. Este tema se repite una y otra vez en sus conversaciones (ver, por ejemplo, 17/12/1959, 15/5/1960) y en sus cuentos, por ejemplo, en El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké y en Emma Zunz). Emma Zunz, a mi entender, contiene otra de las claves para entender a Borges.

-La civilización. El 11/6/67, Borges dijo: En una guerra entre un país bárbaro y uno civilizado, aunque la razón estuviera del lado de los bárbaros, habría que desear el triunfo de los civilizados, para el bien del mundo. Borges es deliberadamente injusto por que considera la civilización como un bien superior que debe ser preservado. No puedo estar más en desacuerdo.

-La religión. Alguien, al leer el Argumentum Ornitologicum de Borges pensó que era creyente. Pero yo creo que no hay nada más lejos de la realidad. Es impagable su comentario del 2/9/56, Qué época rara aquélla. Había dioses o las personas se creían dioses. Están crucificando a unos hombres; uno le dice a otro que es un dios; el otro le cree; el primero le dice que esa noche estarán juntos en el cielo. Y, te das cuenta, la burla. La inscripción: Rey de los judíos. Y los soldados jugando a los dados. Y el que lo traiciona es el que le da el beso. Todo eso escrito en unas pocas líneas –uno escribiría páginas y páginas– y allí están, los mejores detalles circunstanciales, la historia más extraordinaria, contada al pasar. ¿Y qué me decís de las últimas palabras? “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” En ese momento comprendió que no era dios ni nada: un hombre muriéndose. Y esas palabras las registran quienes quieren probarnos que era un dios. Todo es rarísimo. Algunas veces Borges parece incluso mejor como conversador.

Actualización: Un amable
lector anónimo me manda un enlace al índice analítico corregido (yo no he podido comprobar si es mejor que el que viene en el libro). Si alguien lo hace le ruego me informe. Por favor lectores amables no sean anónimos.

martes, septiembre 04, 2007

Fragmentos de un evangelio apócrifo

Si entrais en cualquier quiosco, es posible que os encontreis con un volumen grueso, encuadernado en tapa dura, de los que quedan bien en el comedor. Se trata, nada menos, de la Obra completa de Jorge Luís Borges, primer volumen, editado por RBA.

Debeis comprarlo sin vacilar. En vano buscareis el segundo tomo, todo lo que Borges escribió viene en este volumen primero que es además el último. El hecho de que este tesoro yazca entre la prensa deportiva y la del corazón no es más que una señal de los tiempos.

En el Elogio de la Sombra, escrito en 1969 cuando Borges andaba por los 70 y ya debía estar completamente ciego, figuran unos Fragmentos de un evangelio apócrifo que me parecen interesantes. Hay 51 mandamientos, empezando por el número tres. Selecciono solamente dos:

19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.
29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.


Aquí teneis el texto completo. Borges, como casi siempre, me asombra por su lucidez.

(Mañana, La luz de la luciernaga II)

lunes, septiembre 03, 2007

Parménides, Zenón y la hoja que no puede caer


Hace 2500 años, Parménides sostuvo que nada podía suceder en el Universo, y por tanto negó que fuera posible el movimiento. Su discípulo Zenón ideó diversas paradojas para defender este punto de vista, entre ellas la de Aquiles y la tortuga. Borges, en su texto "La perpetua carrera de Aquiles y la tortuga" se ocupa del tema y cita diversas refutaciones (erroneas y correctas) de la paradoja.

Yo me referiré aquí a la paradoja de la hoja que no puede caer, que es una pequeña variante de una de las de Zenón. Si una hoja seca se desprende de su rama a finales de verano, es imposible que llegué a caer hasta el rio. Puesto que para llegar al rio, que dista (digamos) un metro de la hoja, primero debe recorrer la mitad de la distancia, 1/2 metro, y después el 1/2 metro restante. Pero para recorrer esta segunda mitad, primero deberá recorrer 1/4 y después el siguiente 1/4 y asi sucesivamente con el siguiente 1/8, 1/16, 1/32 ... hasta el infinito. Para recorrer estos infinitos espacios, debe demorar forzosamente un tiempo infinito, luego la hoja no puede llegar jamás al rio, luego su movimiento es ilusorio, un engaño de nuestros sentidos.

Supongo que a Zenón le gustaría esta fotografía de una hoja detenida en su caída hasta el rio.

Pero dicen que un día Zenón discutía con un estudiante acerca de la imposibilidad del movimiento. El estudiante, a media conversación, empezó a dar saltos hasta que Zenón perdió los nervios y le dijo "¡Estate quieto!".

Con Pitágoras y Parménides empezó la manía de no fiarse de lo que ven nuestros ojos. Este proceder, que debía resultar elegantisimo para conversar en los salones mientras los esclavos cultivaban el huerto, fue continuado después por Platón, Aristóteles, Plotino, San Agustín y Santo Tomás. Y alejó la filosofía de la ciencia, que no es más que el sentido común racionalizado.

¿Es posible fotografiar una hoja que cae inesperadamente? ¿Y un calcetín?

lunes, agosto 27, 2007

Sobre la dilatación del tiempo y la inmortalidad psicológica



Cuando yo era un niño, el verano era larguísimo. Se extendía desde principios de Julio hasta mediados de Septiembre. Pero esta no era la principal razón de su aparente eternidad, en realidad un solo mes ya hubiera bastado para hacerlo prácticamente infinito. Cuando tenía seis años, cada una de las tardes de Septiembre que yo pasaba en una playa solitaria (sin ninguna huella excepto las del escarabajo pelotero) duraba exactamente lo mismo que uno de mis años actuales.

Yo me pregunto si mediante alguna gimnasia mental, o tal vez con la ayuda de algún fármaco precioso, podríamos dilatar el tiempo psicológico en nuestros momentos mejores y acortarlo en los peores.

Todavía más. Borges imaginó a un poeta condenado a muerte que pidió a Dios poder terminar su última obra. El tiempo que transcurrió desde el fogonazo de los fusiles hasta la llegada de las balas fue (en su mente) de un año, suficiente para su propósito.

Tal vez en el instante de la muerte, nuestro último suspiro de lucidez podría prolongarse en nuestra percepción durante años y años. Para ello no sería necesaria la intervención del nigún Dios, bastaría con que las neuronas pudieran funcionar de forma rapidísima, mucho más que las alas de una libélula. Asi podríamos revivir nuestros pensamientos y gozar una vez más del recuerdo de las tardes pasadas en las playas solitarias que ya no existen.

Esto es lo más parecido a la inmortalidad que puede concebir un ateo melancólico.

En fin, por más vueltas que le de, irremediablemete ya se han terminado las vacaciones. Eso si, quedan algunas fotos por procesar, algunas historias que contar.

viernes, julio 27, 2007

De vacaciones con Frikosal

Como el dragón
oculto en su gran cueva,
una lagartija

Queridos amigos,

Me marcho unos días de vacaciones. El plan era ir solamente con la familia, pero Frikosal se ha apuntado a última hora y viene con nosotros. Como siempre, se ha empeñado planificar el viaje él. De modo que nada de ciudades de vacaciones ni resorts de mar o montaña, ni Disneiuols. El tipo se ha entretenido en diseñar una ruta por los lugares más salvajes y con menos densidad de población de la península, zonas prácticamente deshabitadas y sin comercio de ningún tipo, ni televisión, radio ni teléfono por cable. Para estar a salvo de la pre-temporada de fútbol, me dice. Además, me ha asegurado que veremos los bichos más bestias que quedan con vida por aquí. O por lo menos los vamos a tener cerca. Ya veremos, si sale bien seguro que Frikosal os podrá subir alguna foto.

El problema es que no habrá internet, de modo que Frikosal no va a poder atender su blog. "Bah, no te preocupes, si esto no lo mira nadie, no es más que un pasatiempo", le he dicho yo. Se lo ha tomado un poco mal, nos hemos discutido y he tenido que soltarle cuatro verdades.

¡Es que Frikosal, en realidad, vive a mis espaldas! Yo tengo que trabajar como un tonto para poder pagar la hipoteca, alimentar y vestir a los niños, mantener su coche y ¡sobretodo! comprar sus carísimos e imprescindibles objetivos y flashes. Y al llegar a casa, yo tengo que aguantarme las broncas por ser un zángano mientras él ordena las fotos tranquilamente, escuchando una y otra vez los discos de Leonhard Cohen.

Estoy un poco cansado de Frikosal. Es un obsesivo incansable, un quijotesco iracundo, un hipersensible, un perfeccionista pesado y, sobretodo, un megalómano. Pero no puedo echarle, es (por decirlo de alguna manera) parte de mi. Aunque el médico me ha dicho que hay unas pastillas que podrían hacerle desaparecer casi sin ningún efecto secundario, voy a esperar un poco a ver si pudiera controlarle. En el fondo no es mala persona y a veces nos reímos juntos: yo me río de él y él me llama mediocre oficinista, conservador, cuarentón decadente, mal padre, dormilón y alguna cosa más que no quiero repetir.

En fin, hasta el domingo estaré yo atendiendo este cuadernillo de pasatiempos, mientras Frikosal prepara y empaqueta sus preciosas lentes. Como si fuera Francisco Mingorance ¡que se habrá creído ese tipo!

Hasta luego amigos ¡Sobretodo no se os ocurra jugar al golf!

lunes, julio 02, 2007

Argumentum Ornitologicum

Hay grandes mentes que escrutan cada día este cuadernillo desde la oscuridad de sus laboratorios. Entre ellos, el mítico KW (no son estas sus verdaderas siglas), gran conocedor de ciertas aves necrófagas, me hace saber que nada menos que Borges parodió el Argumentum ontologicum.

El Argumentum Ornitologicum dice:

Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno; pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible, ergo, Dios existe.

Jorge Luis Borges, "El Hacedor", 1960

domingo, enero 28, 2007

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

"Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar".

Asi empieza el mítico relato de Borges "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", que podeis encontrar integro aquí.

Borges es, en mi modesta opinión, uno de los mejores escritores del siglo XX en lengua castellana. Paradógicamente, Borges es un autor muy poco leído. Tal vez por sus temas. Del mismo modo que las novelas de Julio Verne son de ciencia ficción, muchos de los cuentos de Borges son algo asi como filosofía-ficción."Tlön.." es uno de ellos.

Otra de las claves de Borges es el lenguaje. Borges utiliza un castellano muy especial, con frases cortas en las que cada palabra encaja en el lugar adecuado con una precisión admirable. Una maravilla, muy alejada de los excesos barrocos de otros autores. ¿ Tal vez por que Borges era bilingue Inglés-Castellano ?

Posiblemente el principal problema que impide que Borges ocupe el lugar que se merecería en la historia de la literatura, fue su relación con la dictadura Argentina.

El 19 de Mayo del 76, poco después del golpe de Videla, Borges (entre otros autores) se reune para una comida con Videla. A la salida, Borges manifiesta: "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvo al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país".

Mucha gente que jamás ha leido una sola línea de su obra, le descalifica totalmente por razones políticas. El argumento es simple: Como Borges no se opuso a la dictadura militar, Borges es un facha, un miserable, un cobarde, un interesado. Las cosas son mucho más complicadas, y yo no quiero ni puedo emitir un juicio. Seguro que era de derechas, yo no creo que fuera un cobarde ni un interesado. Además, ¿alguno de los lectores de la Odisea sabe como pensaba Homero?