
¿Donde estoy? (pinchad para ampliarlas)
Puede parecer una tontería, y probablemente lo es, pero el caso es que ya llevaba años obsesionado con el lagarto ocelado. ¿Alguien recuerda la película de Almodovar donde aparece este animal como un símbolo del paraíso rural perdido? No es esa mi situación, en mi ciudad-dormitorio obviamente no hay, y en los alrededores es escasísimo. Pero,
como ya conté, los reptiles me gustan mucho.
Desde el año 2000 frecuento bastante el pre-pirineo Aragonés, y allí si que hay alguno. Yo he podido ver varios, pero siempre de pasada. Una cosa es ver un reptil y otra muy diferente fotografiarlo. He preguntado por el lagarto ocelado a casi todos los habitantes de la comarca, especialmente a pastores y cazadores. La respuesta casi siempre es la misma: antes si que se veían muchos pero ahora, desde hace unos años, ni uno. De modo que el verano pasado lo dí por imposible, y centré todos mis esfuerzos en buscar
culebras de agua, de escalera y víboras.
Una tarde de agosto fresquita, a la hora del último sol, me pareció un buen momento para que una serpiente se parara a calentarse encima de una piedra. Estaban los niños jugando cuando oi un ruido de reptil a unos metros y pensé que por fin podría fotografiar la víbora. Puse el 180 macro y esperé inmóvil. Y oh, maravilla, allí, estaba el increíble lagarto ocelado por el que tanto había suspirado. Y además, era evidente que ese era su refugio. Un claro en el bosque, algunas piedras grandes para esconderse, algo de vegetación. Ideal, según los libros, para el ocelado.

El lagarto en si.
Imposible lograr que los niños mantuvieran el debido silencio y la inmovilidad absoluta que requería la situación. En vano les dije que trataran de verlo, tal vez hubiera sido el primero y el último de su vida. Y ¿como van a entender ellos que llevo años esperando este momento? Pude hacer una foto testimonial pero el bicho se me escondió. A la mañana siguiente, al amanecer, allí estaba yo cámara en mano, vestido con colores discretos, con el 105 macro en la mano, y dispuesto a lo que fuera.
Y el lagarto salió. Estos bichos al ser de sangre fría en lo primero que piensan es en calentarse más que en comer. Según me habían dicho, y yo he comprobado con las lagartijas, el asunto está en quedarse completamente quieto. Tengo entendido que los lagartos tienen buena vista, pero solamente se fijan en las cosas en movimiento. Ahora bien, a la que yo trataba de acercarme, por lento que fuera, se volvía a esconder. Traté de quedarme quieto al lado de su agujero, pero solamente salía si yo estaba lejos.
Así estuvimos mucho rato, y ya pensaba que no lo lograría cuando se me apareció en la memoria el programa "La olimpiada zoológica" del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, donde se ve como anda el camaleón (he aprendido tantas cosas de esa serie!). Es vacilante, da un paso adelante y medio atrás, bailando lentamente como si fuera una rama movida por el viento. De esta forma, los animales que sobretodo vemos las cosas que se mueven de forma rápida y en una dirección definida, lo pasamos por alto.
Así que probé a acercarme con la técnica del camaleón, moviendo el cuerpo adelante y atrás, adelantando una pierna y retirándola parcialmente, siempre mirando a través del visor de la cámara (que es una manera de esconderse). Y me funcionó. Tardé mucho en avanzar unos ocho o diez metros, pero el lagarto me ignoró completamente, como si yo fuera invisible. Y seguramente lo era, no para sus ojos si no para su sistema nervioso. Pude fotgrafiarle razonablemente bien, pero no como yo hubiera querido, todo me parece poco para el lagarto: yo lo hubiera querido sacar en primerísimo plano, como si fuera una vedette, con el fondo impoluto y una nitidez absoluta en todas las escamas. Lo mejor fue poder seguirle y poder observar su rutina diaria de caza, las preciosas escamas azuladas, que sorprendentemente le camuflan muy bien, y su cabeza como de
tortuga querida. Estuve mucho rato espiándole. Tiene, me parece a mi, una elegancia enorme. Y también una notable inteligencia y un conocimiento muy preciso de su oficio de lagarto. Pero yo diría que su mente es de tipo mineral, completamente rígida. Y creo que debe ser bastante predecible.

La cabeza de tortuga-gato del lagarto, y los ocelos azules. Una señora al ver esta foto me dijo "que precioso bolso", no se lo tuve en cuenta.
Entonces fue cuando la cagué. Tan buen resultado me dió la técnica del camaleón que pensé "Este lagarto está atontado, no es posible que con estos movimientos no me vea".
Pecado enorme de soberbia. Entonces me acerqué de forma normal, despacio pero con una dirección bien definida. Y el bicho me vio, se escondió en algún lugar. Esperé mucho rato pero ya no salió más. Por la tarde volví, y a la mañana siguiente y al otro día, a diferentes horas, así hasta el fin de las vacaciones. Ya no le volví a ver más. Solamente me dio una oportunidad, espero que esté escondido debajo de una de esas piedras y poder verle de nuevo este verano.

Aquí vive el lagarto.