lunes, octubre 05, 2015

El Presbítero Marabinni y la herejía felina (Haeresis Feles)

En tiempos de la contrarreforma, el Santo Padre Rodolfo XVII consideró conveniente intensificar la presencia de la Iglesia Católica en en las zonas rurales del norte de la actual Italia. En este contexto, el Presbítero Marabinni fue enviado (como castigo, según algunos) a la diminuta población San Giacomo.

A su llegada, apenas cuatro fieles fueron a recibirle. La bella Ermita de Santa Giovanna había permanecido cerrada durante décadas. Los preciosos objetos de culto hubieran sido pasto de las ratas de no ser por una gatera abierta piadosamente en la puerta de la ermita. Marabinni pasó la primera noche orando y llorando silenciosamente en un rincón de la sacristía.

Poco menos de media docena de fieles acudieron a la primera misa. El resto, blasfemó ruidosamente al oír las campanadas.  A los pocos días, solamente comulgaban regularmente dos abuelas desdentadas. Marabinni se refugió en la lectura de las Florecillas de San Francisco.

Una tarde de Mayo, leyendo en la puerta de su ermita con un gato atigrado dormitando a sus pies, un pensamiento salvífico se apoderó de su mente: La naturaleza es obra del Altísimo; su estudio nos acerca a Él. 

Ese fue el inicio de su perdición. Cansado del desdén de sus feligreses, empezó a alimentar regularmente a los gatos de San Giacomo. Les puso nombre y les dio cobijo en el su cuarto.

A finales de verano, empezó a perder el hilo de los sermones. Se quedaba absorto contemplando a los gatos que deambulaban por la ermita y un día exclamó desde el púlpito: "Dios mío, que bien te han salido los gatos".

Los vecinos empezaron a murmurar. Se dijo que tenía trato con gatos negros, que no se ocupaba de los fieles e incluso que organizaba ceremonias blasfemas para felinos. La lenta maquinaria del Santo Oficio se puso en marcha y tal día como hoy 5 de Octubre de 1649, el Presbítero Marabinni murió en la hoguera, con un cartel que decía "Haeresis Feles" pintado en su espalda.