El occidente, Homero debió ser el primer profesional de lo que ahora se llama "creación de contenidos". Podemos imaginarle viajando de pueblo en pueblo recitando la Odisea a la gente que se reunía en la plaza para oírle. Después le invitaban con orgullo a su casa y le pagaban con unas monedas, siguiendo el ejemplo de los generosos reyes que colman de atenciones a Ulises en el relato.
Por más grande que fuera su talento, si Homero hubiera sido agricultor, pescador, soldado o mercader, no hubiera tenido tiempo para componer las aventuras de Ulises, ni mucho menos para viajar y contarlas. Puede argumenarse que Homero realmente no existió, que es la personificación de un conjunto de narradores itinerantes. No importa demasiado: entre todos ellos, crearon uno de los relatos más interesantes de todos los tiempos. Lo mismo vale para Leonardo, Picasso, García Marquez, Borges, Bach... y un larguísimo etcétera. A ellos se debe buena parte de nuestra conciencia colectiva.
Ahora la información puede circular por las redes con una velocidad nunca vista, y sería de esperar que esto produjera una eclosión sin precedentes en todos los campos de la creación, desde la literatura al cine. Pero al mismo tiempo, se está creando un nuevo paradigma en el que se supone que "todos los contenidos deben ser absolutamente gratis".
Pronto, el pobre Homero estará pluriempleado, malviviendo, y no podrá viajar buscando material para la vida de Ulises. Ya no habrá nuevas sirenas, ni nuevos cíclopes, nos quedaremos sin la divina Calipso. Yo creo que esto nos llevará en poco tiempo a la situación en la que se encontraban los pintores de las tumbas de los faraones en Egipto, que no tenían menos imaginación que Homero pero que estaban obligados a seguir unas normas absolutamente rígidas, prefijadas por la casta sacerdotal. Eran simplemente esclavos... como buena parte de la población.
Las sociedades donde la libertad del individúo sea un valor a preservar, necesitan de pensadores, científicos, literatos, pintores, periodistas y fotógrafos profesionales. Una sociedad con creadores miserables probablemente no pueda ser libre.