sábado, junio 30, 2012

Un hotel perdido en el oasis


Hay quien dice que hace muchos años en algún lugar de este oasis hubo un fabuloso hotel junto a las ruínas de una antigua kasbah. Lo regentaba una enigmática hotelera y no estaba anunciado ni admitía reservas de ninguna clase, pero los visitantes eran recibidos con bujías encendidas, jarrones con flores y bandejas repletas de frutas y de dulces. En cambio, otros cuentan que el hotel fue barrido por una tormenta de arena o tal vez por la crisis.


Con el entusiasmo enfermizo de los buscadores de oro, durante horas recorrimos el oasis preguntando a los más ancianos si conocían la leyenda del hotel maravilloso o el nombre de la hotelera. Como en un sueño, entre la luz enferma de arena del Sahara, recorrimos interminables huertos, senderos y pistas polvorientas. Perdidos, desesperados y con el coche encallado, ya al anochecer finalmente encontramos la kasbah en ruínas e incluso pudimos hablar a través de la distancia con su propietaria.




A mi edad ya he aprendido con cierto dolor que los objetos maravillosos que a veces encuentro en los sueños no pueden ser retornados al mundo real. Por más fuertemente que los aprisione con las dos manos, siempre se desvanecen al despertar.

Pero esto es diferente: aunque es prácticamente imposible encontrarlo y ahora mismo está cerrado, el establecimiento todavía existe, sabemos donde está, tenemos el camino que conduce hasta allí grabado en un GPS ... y regresaremos.

Ahora la pregunta es ¿quien se atreve a venir con nosotros a fotografiar las ruinas de la kasbah a la luz de las estrellas?.

(Con el gran Albert Buendía Mercadal, que tiene el don de la magia, también llamado talento)

martes, junio 19, 2012

Te Ngo'e i Ahu Tongariki, a la luz de las estrellas


La luz artificial a veces es útil para los primeros planos, pero siempre es interesante hacer por lo menos una toma a la luz de las estrellas. En este caso, yo prefiero esta versión, y de hecho es la que tengo para imprimir en una serie numerada. Aquí están los detalles.

lunes, junio 18, 2012

Te Ngo'e i Ahu Tongariki

Te Ngo'e i Ahu Tongariki, La Vía Láctea en Ahu Tongariki, aunque mi tracucción a la lengua Rapa Nui posiblemente sea errónea.

Felices los antropólogos que aprenden lenguas remotas sin menospreciarlas, felices los naturalistas que se admiran del aguijón de un mosquito, los astrónomos que estudian asteroides diminutos por el simple placer de verlos girar... y todos los que inventan nuevas formas de decir lo que tantas veces se ha dicho.

Esta foto que tomé en Julio del 2009, hoy es el APOD de la NASA.

viernes, junio 15, 2012

He-hamu te raá

El padre Sebastián Englert fue destinado a Rapa Nui en 1935. Fue el primer occidental que aprendió la lengua Rapa Nui. Me lo imagino como un hombre inteligente, destinado a un lugar remoto, que a fuerza de necesidad y sentido común supo ejercer de antropólogo y arqueólogo. Recopiló las leyendas de la isla, una gramática y un diccionario. Toda esta sabiduría se puede encontrar en el precioso libro 'La tierra de Hotu Matu'a', que yo tuve la suerte de poder comprar en una reedición facsimil en Santiago de Chile.

He-hamu te raá significa 'nacer los primeros albores', la hora extremadamente azul en la que todavía algunas estrellas subsisten. Aquí, Júpiter y Mahina (la Luna) sobre un Moai.

Adiós a Anakena

Dice la leyenda -y en eso todas las fuentes coinciden- que no fue el rey Hotu Matu'a quien primero puso el pie en la isla, sino un grupo de enviados que se adelantaron para encontrar un lugar digno para su desembarco. Aunque algunos afirman que los enviados viajaron en un sueño, parece más posible que todos ellos hubieran partido desde algún lugar remoto, miles de kilómetros más a poniente, con sus dobles piraguas Polinesias de aspecto precario.

Cuando estallaba la guerra en alguna isla de la Polinesia, los perdedores no eran enteramente masacrados y devorados, sino que a algunos de ellos se les invitaba a hacerse a la mar, al muy incierto Pacífico, en busca de otra isla donde vivir. Hombres y mujeres tomaban el agua y los víveres que podían transportar en sus piraguas, semillas de sus plantas más útiles y parejas de sus animales más productivos. Elegían un rumbo y se hacían a la mar, como si fueran espermatozoides portadores de la esencia de su mundo-isla. De este modo, se eliminaba parte del excedente humano, los que la naturaleza de la isla no podía soportar. La mayoría morían pero de todos modos ¿no era ese su destino?.

Los más fuertes y resistentes, los mejores navegantes, los que sabían interpretar mejor las señales de tierras remotas desde el seno de aquel inmenso océano... o tal vez los que tenían más fuerte mana, esos lograban encontrar una isla deshabitada. Allí se establecían, doblegaban a la naturaleza y prosperaban hasta alcanzar una vez más el máximo posible de población. De este modo se iniciaba un nuevo ciclo de guerras y emigraciones. Así fueron colonizando toda la Polinesia, hasta llegar su extremo más oriental: Te Pito Te Henua, el ombligo del mundo, más tarde conocida como Rapa Nui, la Isla de Pascua.

Dice la leyenda que al llegar a Rapa Nui, los enviados no encontraron ninguna playa digna del desembarco de un Rey, persona poseedora de un mana tan colosal que quien le tocaba moría de inmediato (es el mana la energía mágica capaz de encauzar las cosas en provecho propio, de hacer crecer abundantes cosechas, de atraer a los peces al anzuelo, la lluvia a los campos, o las maletas hasta un aeropuerto lejano, pero que en estado puro puede ser tan letal como la electricidad).

De modo que rodearon la isla hasta encontrar la playa de Anakena, de finísima arena rosada, ciertamente digna de un Rey. También sabemos que apenas hubo desembarcado Hotu Matu'a, su mujer -o según otros, su hermana- dio a luz, expresando simbólicamente su deseo de poblar la isla con una nueva estirpe de hombres y mujeres que había de impresionar al mundo entero con sus proezas.

De modo que yo no quise marcharme de Rapa Nui sin haberme bañado ritualmente en las aguas de Anakena. En mi última tarde en la isla, esperé a que la luz de la tarde se hiciera más discreta. Cuando se hubieron marchado los demás turistas, ya casi en completa oscuridad, dejé el trípode y la bolsa de la cámara sobre una piedra para internarme brevemente en las aguas del Pacífico, que allí tienen una temperatura agradable incluso en pleno invierno austral. Y eso fue a mediados de Julio, que en la lengua Rapa Nui se llama Anakena, puesto que fue entonces cuando llegó Hotu Matu'a.

Ahora la cuestión es: ¿Como había podido yo -modesto agrimensor nacido en una olvidada ciudad dormitorio, en un mar de mierda y cemento situado 13.000 kilómetros más al oeste- llegar hasta la Isla de Pascua, Rapa Nui, Te Pito Te Henua, el ombligo del mundo? ¿Y con qué fin?

domingo, junio 10, 2012

El descrédito y la culpa

Después de años de esfuerzo, de tener que soportar una y otra vez la misma broma sobre los toros y la siesta, parecía que poco a poco empezaban a darse cuenta de que en realidad trabajábamos tanto o más que ellos. Que podíamos resolver incluso más cosas que ellos. A veces improvisando -lo admito- pero con menos medios, muchos menos, y a costa de más esfuerzo, les estábamos alcanzando. Y partíamos de un largo retraso. Recuerdo un congreso en el que cité el trabajo de un investigador francés. Resultó que estaba en la sala. Indignado, dijo que aquello no podía ser. Por la noche, con las ecuaciones en la mano, aceptó escucharme y se llevó una copia de nuestro artículo. A la mañana siguiente me felicitó. Y una reunión, en Alemania, en la que un proyecto estaba bloqueado. Con un rotulador improvisé una solución en la pizarra. Recuerdo un cabreo considerable de los anfitriones, y una leve sonrisa en la cara de la Scientific Officer de Bruselas... que resultó ser vasca.  También recuerdo, en Inglaterra, la sorpresa que me llevé al ver que mis jornadas diarias de trabajo eran el doble (sin exagerar) que las suyas. Por favor, disculpen si me excedí con las anécdotas: mucha gente podrá contar historias como estas y yo no pretendo ser ejemplo de nada. Pero lo estábamos logrando.

Ahora todo esto se ha ido a pique. Ahora, me temo, volvemos a ser el país de las mentiras, las marrullerías contables, el humo, la recalificación urbanística, los excesos en el fútbol. Y la búsqueda del El Dorado, el premio Gordo de la Lotería Nacional, los milagros que sin necesidad de demasiado trabajo llevan a la riqueza, una riqueza fácil, sin esfuerzo, sin tecnología. Como la de Aladino después de encontrar su lámpara. Los monopolios de hecho, los abusos de toda clase. Los funcionarios del registro de la propiedad que tenían coches de lujo. El país donde en un año se vendieron más Audis que en Alemania y se construyó más que en toda Europa. Los que casi casi llegaban al G20, los que pedían un puesto de responsabilidad entre las grandes naciones. El descrédito.

Pero yo no acepto que todos hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades, ni que todos nos hayamos endeudado de forma irresponsable. Hay unos culpables. Faltan -parece ser- 100.000 millones de euros. Alguien los ha hecho desvanecerse. Alguien le dio forma al humo que salía de la lámpara, alguien lo cortó y lo vendió a plazos. Me parece que ni el Ministro de Economía ni el presidente del Gobierno (que ahora mismo estará viendo un partido de fútbol) han sido claros: yo me temo que los vamos a tener que pagar nosotros, junto con los intereses. 

Pero no podemos permitir que la etiqueta de culpables pese sobre todos nosotros. La culpa no puede ser colectiva. La culpa es de los individuos: unos son culpables (en diferentes grados) y otros inocentes. En los años 30 en Alemania se encontró a un culpable colectivo. Así empezó lo que empezó. ¿Y como terminó? Con un juicio, en Nuremberg, donde se señaló a unos individuos concretos como culpables. En ese momento terminó la pesadilla. Se podrá criticar este ejemplo, se podrá criticar el juicio... pero lo que está claro es que no debemos aceptar una culpa colectiva que solamente puede engendrar monstruos. 

Habrá unos culpables, hay que buscarlos. Alguien, desde los bancos y las cajas, pidió crédito al exterior de forma irresponsable y lo utilizó para alimentar la burbuja. Alguien en el Banco de España y en los diferentes gobiernos miró hacia otro lado. Alguien desde fuera dejó crecer esa burbuja. Tendremos que pagar nosotros, pero la catarsis tiene que hacerse. Y no se hará.

viernes, junio 08, 2012

Paisajes grandes, paisajes pequeños

¿ Escenas de grandes espacios abiertos o rincones pequeños de una montaña con solo uno o dos árboles que esperan pacientemente el amanecer ?

viernes, junio 01, 2012

La vida interior de 8 Bellona


8 Bellona es un asteroide. Un pedrusco, algo así como una patata metálica que orbita alrededor del sol, supongo que más allá de Marte. ¿Como es? ¿Qué forma tiene? ¿Es, tal vez, como una de esas patatas canarias, pequeña y redondeada? ¿O como una patata alargada, casi con forma de pepino? Nadie lo sabe. No tenemos ni idea. Podría ser, incluso, como una tetera de porcelana, tal y como dijo Bertrand Russell en su famosa frase.

¡Como es posible! ¿No podemos verlo en un telescopio? En absoluto. En una fotografía hecha a través de un telescopio, 8 Bellona es simplemente un pixel. Bien, en un mundo ideal, sería un solo pixel. La luz de 8 Bellona, al cruzar la atmósfera se dispersa levemente. Y la óptica del telescopio nunca es absolutamente perfecta. De modo que en cada fotografía, Bellona debe ocupar algunos pixels. Digamos que la energía que nos llega de él se ha dispersado. Pero en lo esencial, solamente tenemos un  triste y miserable pixel. No podemos saber nada.

¿No se podría ampliar más la imagen con un telescopio más potente? Si, pero no sería suficiente. Bellona es abismalmente pequeño, visto desde aquí. ¿Que podemos pues saber de la vida interior de este asteroide? ¿Gira, alocado, sobre si mismo como una peonza ? ¿O se mueve con la solemnidad de las naves espaciales en 2001, la película de Kubrik?

Bien, un solo pixel ya es algo. Podemos medir el brillo de Bellona. Pero no es fácil. Su luz, la luz del sol que Bellona refleja, puede estar atravesando una nube. A lo mejor está muy alto en el cielo, o más bajo.. su luz siempre será ligeramente diferente. Pero resulta que -aparentemente- al lado de Bellona hay estrellas, muchas estrellas, de las que si que conocemos su brillo. Su magnitud, en términos astronómicos. Si comparamos la magnitud de la luz de las estrellas con la que sabemos que tienen, puesto que ya han sido medidas, podremos inferir la magnitud de Bellona, a pesar de las nubes. A esto se le llama fotometría.

Bien, aceptemos que sabemos hacer eso... (y no es fácil hacerlo correctamente). Si vamos midiendo una y otra vez la magnitud de Bellona, observaremos que fluctúa. Su brillo sube y baja, imperceptiblemente para un observador humano que lo estudiara a través del telescopio, pero no para la cámara. ¿A qué puede deberse ese cambio en la luz de Bellona? Supongamos que fuera como un pepino. Cuando lo estemos viendo por la parte estrecha, nos llegará menos luz que cuando lo estemos viendo por la parte ancha. De esta forma podremos saber su período de rotación y hacernos una idea -no muy exacta- de su forma.

Esto es precisamente lo que ha hecho Ramon Naves en la anterior figura. Cada uno de esos puntitos es una medida fotométrica. En el eje vertical está la variación en la luz que llega de Bellona y en el horizontal, el tiempo. Su telescopio, adecuadamente programado, va siguiendo el movimiento de Bellona entre las estrellas, y va registrando su luz. A pesar de las farolas, de la prima de riesgo, de las guerras lejanas y las injusticias cercanas, lentamente, hora a hora, los datos van tomando forma... Pero se hace de día y Bellona todavía no ha terminado de girar.. no hay nada concluyente. A la noche siguiente, la caza continúa. Al cabo de unas noches de observación tendremos todos los datos.

Y todo esto ¿para que sirve? Pues no sirve absolutamente para nada. Miento deliberadamente: si que sirve. Servirá algún día cuando alguien quiera comprar o vender a Bellona, o acercarlo a la Tierra, o alejarlo. O, tal vez, sabiendo los períodos de rotación de todos los asteroides se pueda inferir algo sobre su formación y sobre el origen del sistema solar. Pero hoy quiero provocarles, e insisto: NO SIRVE PARA NADA. Sirve solamente por el placer de satisfacer nuestra curiosidad, de hacer algo difícil, de hacerlo bien, de regalar esos datos a una comunidad.

Creo que este acto de estudio metódico de una piedra casi irrelevante encierra una maravillosa poesía. Imagínenlo como un mandala. Y la firma, de una modestia absoluta, simplemente: "Observador: Ramon Naves". OBSERVADOR, el que observa, anota, guarda, estudia ese mundo interior.

Es posible que en esta entrada haya cometido algún error, no he querido consultar ninguna wikipedia ni nada por el estilo. Yo no se gran cosa de todo eso. Se lo suficiente como para que me asombre. Pero declaro: Felices los que se asombran, felices los que se admiran de la obra de los demás, felices los que reconocen su ignorancia y la usan como estímulo para aprender.