miércoles, septiembre 30, 2009

La búsqueda de los Prepucios y metafísica prepuciológica

Aquí, la prepuciología fundamental.

La búsqueda de los Prepucios.
No confío en encontrar el Vero Prepucio, pero tal vez si alguno de los trece Venerados. La búsqueda de los prepucios, a diferencia de la del Santo Grial, no es una empresa de tipo místico si no una simple peregrinación laica apta para cualquiera de ustedes: consiste en dar con algún lugar en el que se venere todavía un Prepucio, sacar una foto e incorporarla al poso de conocimiento prepuciológico. Y ¿quien sabe si el prepucio Venerado que alguno de los lectores del blog encuentre no será el Vero Prepucio que habiendo sido robado en Cálcata fue escondido en otro relicario desplazando a un Prepucio Venerado y ahora pendula por su cuenta sin que nadie o casi nadie lo observe? Pueden mandar, desde hoy mismo, sus enlaces a fotos de Prepucios Venerados o sus progresos en la búsqueda de los Prepucios.

Conexiones metafísicas. Los lectores atentos ya habrán adivinado las ramificaciones metafísicas de la prepuciología. En efecto, dado un ente cualquiera, puede darse el caso de que sea el Vero Prepucio o uno de los Prepucios Venerados. Pero hay más. Observen que estas dos categorías, por simple combinatoria dan lugar a cuatro tipos de entes:

1-Veros Prepucios Venerados.
2-No Veros Prepucios Venerados.
3-Veros Prepucios no Venerados.
4-No Veros Prepucios no Venerados.

El Vero Prepucio fue venerado en Roma y después en Cálcata, aunque esté en paradero desconocido es dogma de fe su existencia. Además, puesto que es el Prepucio más perfecto, debe existir (hagan el favor de repasar la demostración de San Anselmo). Los trece restantes prepucios son los No Veros Prepucios Venerados, que algún día espero encontrar. No se concibe, por dogma, la existencia material del Vero Prepucio no Venerado: es un ente inferior no dotado del atributo de la existencia.

Finalmente, los No Veros Prepucios no Venerados son aquellos objetos que no han sido venerados como Prepucios ni son tampoco el Vero Prepucio. Es decir, queridos amigos, la mayor parte de los objetos del universo son No Veros Prepucios no Venerados , como por ejemplo: el cepillo de dientes del lector, Hannah Montana, o la Galaxia de Andrómeda.

Esta gloriosa clasificación mística tetrasecta el Universo conocido y el desconocido y les permite a todos ustedes formar parte de algún modo de la prepuciología. Yo a veces en el metro grito: NO SOIS MÁS QUE FALSOS PREPUCIOS NO VENERADOS.

martes, septiembre 29, 2009

Prepuciología fundamental

Yo no se que debe tener el otoño que predispone a lo teológico. En esta entrada, sin ánimo de ofender, y a petición expresa de Javier V., quisiera hacer una breve introducción a los fundamentos de la prepuciología. Como de costumbre, empezaremos por el principio.

La historia del Vero Prepucio. Es bien conocido que después de la Circuncisión, el Vero Prepucio fue preservado en un tarro con aceite de nardos. Este recipiente, contenedor de la reliquia de las reliquias, la más santa que la cristiandad podría jamás custodiar, fue de algún modo extraviado y pasó por varias manos hasta que llegó a las de María Magdalena. Poco más se sabe del Vero Prepucio hasta que la madre del emperador Constantino, la primera peregrina, viajó a Tierra Santa para visitar los Santos Lugares y hacer acopio de reliquias, entre ellas la Vera Cruz y el Vero Prepucio. Con los tumultos de la caída del imperio romano, el Vero Prepucio desapareció para no reaparecer hasta la Edad Media cuando llegaron a haber ¡hasta catorce Prepucios Venerados!.

Entre otros muchos episodios medievales, se sabe que cierta noche Santa Catalina de Siena, que era de buena familia, tuvo un fuerte arrebato místico y amaneció exultante. Mandó llamar subito a su confesor y le anunció que, en un sueño, se le había aparecido materializado en la boca el Vero Prepucio. ¿Y entre tantos prepucios como hay, como puede su excelencia saber que se trata del Vero Prepucio?. Elemental, respondió la futura Santa con la autoridad que diferencia al verdadero iluminado del simple clérigo, o a los auténticos Madoff de las finanzas de los meros directores de sucursal, elemental, le dijo, porque era más dulce que la miel cuando se deshizo en mi boca. Alabado sea el Señor.

...click para consultar la clasificación... Pero incluso aceptando que a veces uno es tres y tres son uno, catorce prepucios resultaban demasiados prepucios, de modo que se pidió ayuda al Santo Padre quien por intercesión del Espíritu Santo dictaminó que de los catorce Prepucios Venerados tan solo uno era el Vero Prepucio: el de Roma (como era previsible). Allí fue conservado hasta que el 6 de Mayo de 1527 las tropas del emperador Español Carlos I llegaron a las puertas de la ciudad (si, nosotros invadimos Roma, que fuerte, ¿no?, en los Escolapios a mi no me lo contaron) y el Vero Prepucio fue sacado de la ciudad por temor a los desmanes de la soldadesca y escondido en la vecina Cálcata.

Comprendan que yo no puedo asegurar que todo lo anterior sea cierto: en lo relacionado con el Vero Prepucio se mezcla lo ortodoxo con lo apócrifo e incluso con la simple fantasía. Y no resulta fácil diferenciarlas (recordemos entre paréntesis que el Santo Grial está en Valencia).

El Vero Prepucio fue feliz objeto de veneración en Cálcata y según testimonios presenciales, en ciertas ocasiones señaladas se movía solo, con lentos movimientos pendulares. Pero alrededor de 1960 la impiedad del mundo llegó a tal extremo que algunos empezaron a burlarse de la más sagrada de las reliquias. Entonces el Vero Prepucio empezó a desvanecerse, y no falta quien dice que había pena de excomunión para quien mencionara el tema.

Finalmente, en los años 70 o principios de los 80, el prepucio fue robado y no ha vuelto a encontrarse. La Vanguardia se hizo eco del tema, con la discreción habitual en el buque insignia de la prensa catalana, y fue por pura casualidad que yo en mi infancia leyera la noticia mientras mi hermana hacía sus ejercicios de piano. Desde ese momento tengo un gran interés por la prepuciología y a veces me pregunto si no debería dejar la agrimensura para consagrar mi vida a la búsqueda del Vero Prepucio y de los demás Prepucios Venerados.

Aquí hay más prepuciología: La búsqueda del Vero Prepucio y Metafísica prepuciológica. Léanlo solamente en Frikosal.

lunes, septiembre 28, 2009

Resistir

Y al volvernos siempre vemos que detrás hay muchos que están peor.

sábado, septiembre 26, 2009

Budapest 1993, borrando las huellas de la Unión Soviética

Budapest, 1993, operario borrando una inscripción en ruso de un monumento. ¿Era ese el instante decisivo?
Yo era un joven y entusiasta agrimensor cuando asistí a mi primer encuentro de agrimensores. Fue en Budapest, en el 93. Al terminar las sesiones de trabajo, recorría las calles con una cámara en la mano buscando donde estaba el comunismo, o los comunistas, o los nostálgicos del comunismo. La cámara era una Yashica con prioridad a la apertura y un 50mm que había heredado de mi padre. Yo por mi cuenta añadí un 28mm muy atrotinado, de segunda mano, y un 70-210mm que era "más malo que la tiña". O por lo menos así fue calificado por un conocido comerciante de Barcelona cuando fui a venderlo. No me dio ni para un cortado.

Pero yo subí feliz a las colinas desde las que se ve toda la ciudad con su Danubio. Y allí había una especie de monumento a los caídos, con inscripciones en cirílico, que justo en aquel momento estaban siendo borradas por un operario. Hacía cuatro años que había caído el muro de Berlín y aquella mañana el ambiente era de fiesta. La gente le pedía el martillo para hacerse una foto golpeando la inscripción. No había ninguna nostalgia en Budapest, o yo no supe encontrarla.

El otro día me acordé de esta foto cuando vi un "Viva José Antonio" pintado en elegantes letras azules en la fachada de una iglesia.

Actualización. Los aficionados a la historia de la guerra fría, al fin del mundo en su versión termonuclear y a la teoría de juegos en general, tal vez disfruten leyendo este artículo sobre un dispositivo soviético capaz de lanzar un ataque final casi sin intervención humana (que sigue activo), donde también aparece el lúcido estadista vaquero Ronald Reagan.

jueves, septiembre 24, 2009

Intramuros dos

A la mañana siguiente, cuando íbamos camino del río, Jordi Busqué vio un cementerio en lo alto de una colina. “Es justamente lo que estoy buscando desde hace años, esas cruces se recortan perfectamente contra el cielo”, me dijo. Como era previsible, todo intento de quitarle la idea de la cabeza fue inútil. No es que me atemoricen los muertos, pero el cementerio está al lado de un pueblo bastante frecuentado en Agosto (demasiado para mi gusto, serán 200 personas), y no quería ni pensar en lo que podría pasar si alguien veía las luces o los rayos láser que usamos para hacer las fotos.

Pero nos desviamos del camino al río y fuimos a explorar el terreno, yo esperando que por lo menos la puerta estuviera cerrada y el asunto quedara en una simple foto exterior. En efecto, había tres prometedores cerrojos... pero todos se podían abrir sin llave. Durante toda la tarde la idea de quedarme tranquilamente fotografiando sapos y galaxias, y dejarle ir a él solo me estuvo rondando por la cabeza. Pero a las 12 de la noche, allí estábamos los dos.

Que cada uno piense lo que quiera.

...click para seguir leyendo y viendo las fotos... Tomamos unas fotos del exterior y finalmente Jordi abrió la puerta. Por mi experiencia, es imposible entrar de noche en un cementerio sin oír ningún ruido raro, que los racionalistas no atribuimos nunca a la lógica actividad paranormal de las almas en pena si no a otros factores como los ladrones de tumbas. Además de los usuales chirridos, rumores de ramas que mueve el viento y ecos lejanos que las lápidas parecen acentuar, en aquella ocasión los niños del pueblo decidieron hacer una especie de juego de noche. Cuando nosotros ya estábamos intramuros estudiando los encuadres, se formó una especie de procesión infantil, que recorrió todo el pueblo calle por calle, tocando pitos estruendosos y dando palmas. Su destino –pensé yo- no podía ser otro que el cementerio. Al llegar allí no podían dejar de vernos, tomarnos por entes paranormales y huir despavoridos a avisar a sus padres, que sin duda volverían armados de palos dispuestos a lincharnos. Cada uno interpreta las situaciones en función de sus propios temores, de los míos el principal es una multitud enardecida contra la que no hay defensa posible. Por eso el fútbol y las manifestaciones me dan miedo, incluso cuando simpatizo con sus causas. Nunca he ido a un concierto.

Pero a la cuarta foto los niños decidieron no pasar de la iglesia y regresar a sus casas. A mi me pareció que lo mejor era dejar la cámara a ras de suelo y encuadrar en horizontal. Ya más relajado y en silencio, me tumbé en el suelo para no salir en la foto de Jordi y estando allí me quedé pendiente de la Vía Láctea y de las veloces nubes que la luz del pueblo hacía parecer rojizas. Después de todo el cementerio resultó ser un lugar agradable. Ya se dice al principio de Dersu Upsala que en la naturaleza una misma noche puede ser acogedora o siniestra, sin que podamos saber la razón concreta. Y ese cementerio de pueblo era desde luego un espacio natural abierto al cielo. De hecho, en una ocasión Muir se encontró sin dinero y estuvo viviendo durante unas semanas en un cementerio que describe como precioso.

Las estrellas y la Vía Láctea se movían con perfección platónica, casi eternas (a ver si puedo preparar una animación), mientras que las nubes formaban y destruían figuras efímeras. Entre los dos extremos, pensé, debemos estar los hombres y nuestras obras.

Estos mismos acontecimientos han sido narrados por J.Busqué en su blog, ambas entradas han sido publicadas simultáneamente sin que ninguno de los dos hubiera visto el texto del otro. ¿Hasta que punto coincidimos? ¿Su cámara también registró la extraña aparición?

[ Casi daría gusto morirse para ser enterrado al natural debajo de esas estrellas. En la ciudad-dormitorio los muertos se envasan en bloques de nichos de hormigón y el enterrador en realidad es un albañil que sella la tumba con una paleta, haciendo un sonido especialmente desagradable cuando roza los bordes del hormigón para rebañar los últimos restos de cemento (en medio del silencio cobarde de los asistentes que por respeto no se atreven a gritar ¡Queremos entierros dignos para la clase obrera! ). Y se dice que puesto que la gente se resiste a pudrirse estando encerrados en esa caja hermética, o tal vez por efecto de los muchos conservantes del pan Bimbo o quien sabe la verdadera razón, el caso es que para acelerar el proceso se dice que es necesario meter discretamente unos gusanos rojos dentro del ataud. Me han asegurado que son largos y gruesos como un dedo, voraces como concejales de urbanismo y que se deleitan comiendo carne muerta.. se atracan a comer, crecen, copulan y se reproducen hasta que a la sexta generación ya son decenas de miles. Y entonces finalmente dejan los huesos mondos, sin tendones ni vísceras (ni el cerebro respetan, lo devoran por los ojos vacíos). Cuando la caja ya es un hervidero de gusanos rojos que se returecen en busca de comida, entonces empiezan a devorarse unos a otros hasta que no queda nada de nada de aquellos que tanto quisimos. Pero la incineración tampoco es la solución. ]

martes, septiembre 22, 2009

La homeopatía salvaje

Este mediodía he podido regresar al río donde fotografío libélulas en primavera. Después de tanta actividad como hay en primavera, ahora a fines de verano se respira un ambiente cansino de fin de fiesta, con muy pocos insectos y menos agua. Para poder avanzar por el río hace dos meses tenía que ir sin pantalones y ahora, saltando de piedra en piedra, no hace falta ni quitarme los zapatos. Al llegar a la profunda poza donde suelo bañarme veo que allí si que queda agua, pero está estancada y maloliente como una charca.

Se basa la homeopatía (en la que yo no creo) en el similia similibus curantur (‘lo similar se cura con lo similar’). Es decir: las sustancias tóxicas convenientemente diluidas pueden servir para curar. ¿No debe estar esta charca apestosa repleta de sustancias tóxicas? En lugar de tomarlas diluidas por vía oral, ¿por qué no bañarse en este lodo putrefacto y dejar que ellas mismas se infiltren en cantidades infinitesimales a través de los poros de mi piel? De esta forma espero por lo menos poder reforzar mi sistema inmunológico y sobrevivir a la gripe estacional, a la nueva y que Dios me guarde de todo mal.

Como nuestro padre Adán, entro en el agua descalzo y noto el lodo viscoso en los pies y las grandes algas que pronto me llegan hasta la cintura. Gerald Durrell, siendo un niño en Corfú, tanteaba el barro de las marismas con los pies esperando encontrar al tacto alguna serpiente de agua. Aquí hay serpientes, pero no aparece ninguna. Hoy lo único que me llama la atención es que por donde paso se van desprendiendo incontables burbujas de gas, generado por las bacterias anaerobias que descomponen la materia orgánica del fondo (¿habrá fuegos fatuos?).

Aunque la charca no es lo bastante profunda, hago como que nado un poco, procurando que no me entre agua en la boca ni en los ojos (me han hablado de una ameba terrible que inevitablemente se come la córnea de las personas, sin posibilidad de curación). Pasan justo en este momento cuatro cuervos que ya llevan un buen rato juntos. Vuelan muy rápido sin dejar de graznar y en este silencio balsámico de finales de verano, se oye claramente el ruido del viento en sus alas. Ellos sabrán lo que se traen entre manos.

Salgo. En menos de cinco minutos, acabo de hacer acopio de todos los principios activos que hay en todas las medicinas homeopáticas de todas las farmacias de España y tal vez del mundo, los que están descubiertos y los por descubrir. Me seco, me visto y me voy corriendo a una reunión.

A las cinco en punto he estornudado por primera vez.

domingo, septiembre 20, 2009

Intramuros

La Vía Láctea, desde el interior de una iglesia abandonada. Pinchen (se lo ruego) para ampliar.

Ya hacía tiempo que quería hacer unas fotos nocturnas en un pueblo abandonado especialmente interesante. Es un lugar remoto, con un nombre de resonancias bíblicas que yo no quiero revelar (siguiendo las enseñanzas de Durand). Viene en los mapas pero resulta de acceso difícil si no se conoce el camino exacto; no obstante quien lo busque va a encontrarlo -o tal vez encuentre otro pueblo, su pueblo, todavía más interesante.

Debe tener centenares de años, puede que incluso un milenio. Las paredes de las casas son de piedra y los tejados de vigas de madera con pesadas losas encima. Este tipo de construcción requiere mantenimiento, de lo contrario las goteras terminan por abrirse paso entre las losas, pudren los maderos y los tejados (que pesan muchas toneladas) caen. Ya debe hacer más de 40 años que el pueblo está abandonado: casi todos los tejados están en el suelo y las casas están siendo invadidas por la vegetación. Algunas especies vegetales se adaptan muy bien a las ruinas y son especialmente feroces, como la higuera, el saúco, las zarzas, las ortigas, o la trepadora hedera helix que llega a atravesar los muros de piedra con sus raíces, como si fuera un fantasma. En las calles embarradas pueden verse huellas de corzos y rastros de zorros.
...click para seguir leyendo y viendo las fotos...
A mi, que soy misántropo, este vigor de la naturaleza recuperando su territorio me parece muy interesante y de algún modo anticipa el destino que antes o después van a correr todas las ciudades del mundo: la hiedra también va a invadir la sala donde ahora se exhiben Las Meninas, quien pudiera visitar el museo ese día. Y ahora entre paréntesis quisiera recordar el episodio del Libro de la Selva donde Kaa lleva a Mowgli a la ciudad en ruinas para que vea el fabuloso tesoro que custodia la vieja cobra que ya no tiene veneno (-La ciudad no existe ya. Mira hacia arriba. Verás allí las raíces de los grandes árboles que separan los pedruscos. Los árboles y los hombres no crecen juntos -dijo de nuevo Kaa.).

El lugar más interesante del pueblo es su gran iglesia. Las paredes y la torre del campanario todavía se mantienen en pie, pero en la nave principal un enorme saúco y grandes cantidades de zarzas y ortigas crecen sobre los escombros del tejado. Hasta hace muy poco tiempo uno de los arcos de medio punto se mantenía en pié. Era una hilera de piedras que cruzaban la nave principal de pared a pared, audazmente, una detrás de otra, cubriendo una distancia de 25 o 30 metros. Ahora ya ha caído pero el lugar sigue siendo arrebatador y romántico a más no poder, incluso a plena luz del día. Yo pensaba que de noche los astros debían verse girando entre las cuatro paredes de piedra sin techo y no me resistía a dejar esa escena sin fotografiar.

Pero algunas iglesias en los pueblos abandonados de la comarca tienen extrañas inscripciones rojas y muñecos colgando atados de una cuerda. Yo no se si realmente hay quien va a esos lugares a decir misas negras, pero me parece seguro que nadie en su sano juicio va a horas intempestivas a un pueblo abandonado que está muy lejos de la carretera asfaltada: quien haga algo así por fuerza debe ser un sujeto extraño y alguna vez se han encontrado cosas terribles (como por ejemplo, un cadáver dentro de un pozo). Durante una temporada a mi me interesó el cine de terror y medio en broma llegué a preparar un guión para un cortometraje justamente pensado para ese pueblo. Es posible que a fuerza de darle vueltas al asunto yo mismo me haya sugestionado más de la cuenta pero no me atrevía a pasar la noche solo en ese lugar.

Se trataba de encontrar los compañeros adecuados para esa aventura. Finalmente concertamos una cita con el amigo J.A, que finalmente no pudo venir, y con Jordi Busqué (el fotógrafo que anteriormente fue astrofísico). Yo insistí en llegar lo antes posible para poder recorrer el pueblo y estar seguro de que no había nadie. Pero algunos asuntos nos retrasaron y llegamos poco después de la puesta de sol. La vegetación se había apoderado definitivamente de la entrada de la iglesia y fue necesario gatear por debajo de las zarzas y llenarnos de arañazos para poder acceder a la puerta. El techo del campanario estaba ruinoso, los maderos de la escalera se habían precipitado al suelo dejando sus enormes clavos de hierro forjado a mano a la vista y algunas losas se tambaleaban muchos metros por encima de nuestras cabezas. “Esas no se caen por que no tienen vértigo”, decía un albañil que conocí cuando veía esas piedras amenazadoras.

Busqué, más racionalista que yo, hizo notar que el peligro principal le parecía un derrumbe y no ser víctimas de un ritual satánico. Es posible, pero cada uno representa sus temores de una forma diferente y yo siempre temo más a las personas que a las cosas. En cualquier caso, allí estaba el dintel de la puerta (*), con su preciosa piedra grabada en latín, y el interior de la iglesia, ya completamente expoliado de cualquier elemento de valor pero rebosante de vida. Y no pude evitar sentirme un poco como si fuera Howard Carter abriendo el sepulcro de Tutankamon. Aunque la próxima vez pienso ponerme un casco.

Yo no se si las fotos que hice son buenas, pero no fueron fáciles. Para empezar, Busqué sugirió que nos situáramos en el centro de la nave para reducir el riesgo de que una piedra nos partiera la cabeza… pero acto seguido, tratando de encontrar el mejor encuadre, se colocó en el lugar más peligroso. Además, desde allí no podía ver la estrella polar, cosa que es imprescindible para orientar su seguidor de astros. Allí mismo ideamos el método de los dos rayos láser paralelos para poder poner en estación monturas ecuatoriales desde el interior de iglesias abandonadas, pero resultó ser especialmente difícil de poner en práctica. Después estuvimos probando mucho tiempo hasta encontrar la forma de iluminar las paredes, cosa necesaria para que la foto resultara inteligible.

Más de tres horas estuvimos dentro de aquel lugar, tratando de hacer las fotos y mientras tanto discutiendo como es posible que al arrodillarse sobre las ortigas con pantalones largos el escozor pueda llegar a las piernas, que profundidad debe tener una herida para que te mate el tétanos, cual era el animal que estaba con nosotros, paseándose por debajo de las zarzas de la nave (¿será ratón, será zorro, será tejón?), cuantos ajos crudos hay que comer al día para evitar las picaduras de pulgas y mosquitos, así y muchas otras cosas que no vienen al caso. Finalmente, cuando ya estábamos agotados, dimos el asunto por terminado, preguntándonos si habíamos conseguido suficiente sense of place. Dejé una cámara de película haciendo una foto con trazas de estrellas, que todavía no he revelado, y salimos al exterior a comer y beber antes de marcharnos.

Al salir, Júpiter resplandeciendo maravillosamente iluminaba todo el paisaje.

Pero al salir, la noche al aire libre nos pareció tan maravillosa y la luz de Júpiter (que no podíamos ver desde dentro) tan intensa que parecía suficiente como para iluminar todo el paisaje. Estuvimos un buen rato haciendo fotos al aire libre antes de cenar, y al resplandor de los astros todo volvió a parecernos fácil y agradable. Cuando nos marchamos del pueblo abandonado, echamos cuentas y resultó que habíamos pasado siete horas allí (**). Después de esto –pensé- lo único que nos faltaría es fotografiar cementerios de noche. Pero de esto yo hablaré otro día.

(*) Le hicimos fotos a medias y otro día subiremos.
(**) Y por eso pongo el copyright en las fotos, no se si voy a poder venderlas pero las hice yo, me costaron mucho, tienen un valor, y si alguien las copia sin permiso le voy a hacer vudú. Y a veces me funciona.

viernes, septiembre 18, 2009

La Vía Láctea


Las obsesiones suelen ser contagiosas, y yo llevo unas semanas obsesionado con la Vía Láctea. He pasado horas observándola y fotografiándola desde diferentes lugares. Siendo celestial, tiene algo de maternal, en realidad estamos en ella, es nuestra galaxia: un enorme conjunto de estrellas que giran en torno a un supuesto agujero negro central. El sol no es más que una de tantas estrellas, y está situada en las afueras.

Hasta hace poco yo creía que en Astronomía las cosas que no pueden verse a simple vista es por que están muy lejos y por tanto parecen demasiado pequeñas para que nuestros ojos puedan verlas. Esto no exacto: en verano la Vía Láctea se extiende por todo el cielo, como el Ganges de los cielos, como el camino de Santiago (así se llama todavía en algunos valles del Pirineo), como un rastro de leche dejado por Era. Pero no puede apreciarse en todo su detalle, y no es solamente un problema de contaminación luminosa: es que la luz que emite (y la que no emite) es demasiado tenue, nuestros ojos no pueden ver los colores ni todas las formas.

...click para seguir leyendo... El telescopio tiene dos funciones: aumentar el tamaño aparente de los objetos y amplificar su luz. Para fotografiar la Vía Láctea, la primera no es necesaria, y para amplificar la luz basta con un objetivo convencional y una cámara(*). De este modo podemos revelar detalles que no son demasiado pequeños pero si demasiado débiles para que nuestros ojos puedan verlos.

Si hacemos esto, la Vía Láctea se transforma en algo difícil de describir. No es solamente un conjunto de estrellas, hay mucho más. Realmente parece un camino o un río, pero también una forma orgánica, con arañas, tortugas, filamentos..

Hay zonas ligeramente brillantes, rosadas, que son nubes enormes de gas incandescente(**), y otras oscuras, en las que no se ven tantas estrellas. Estas últimas me parecen especialmente interesantes. Son los restos de estrellas que han explotado (como explotará el sol). Están hechas de elementos que las propias estrellas considerarían inservibles si pudieran hablar: carbono, silicio, hierro.. basura espacial, pero ¡de estos materiales de deshecho están hechos nuestros cuerpos y nuestras mentes! ¿No es sorprendente que todo esto se puede ver desde aquí?.

¿Qué tamaño tiene la zona fotografiada? Está hecha con un 24mm, de modo que (aproximadamente) ocupa el doble que lo que abarca nuestra mirada. Pero la galaxia continua por ambos lados. De hecho, no puede verse por entero desde un solo lugar de la Tierra ni en un solo día. Es necesario viajar a varios lugares y en varios momentos del año para poder cartografiarla por completo. Esto es una obra titánica, de una ambición y perfección muy superiores a lo que yo puedo acometer, pero ya se ha hecho en varias ocasiones (y pueden verlo aquí o aquí ¿reconocen la zona que he fotografiado yo? Vega, esa estrella de la parte superior les puede dar una pista).

Y si ampliamos cada una de las regiones de la Vía Láctea, estas nubes de gas revelarían más y más detalles, puesto que su naturaleza es fractal, hasta llegar al límite de lo técnicamente observable. Todo esto se ha cartografiado y estudiado en detalle, cada nebulosa tiene su nombre científico y vulgar, más o menos se conoce su historia.. es un mundo de mundos, en la foto está la nebulosa Norteamérica, la del Pelícano y mil cosas más (incluyendo un agujero negro que es invisible y del que un día les hablaré).

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(*) Y una montura ecuatorial con motor para compensar la rotación de la tierra. Para los aficionados a las fotos, son ocho tomas de ocho minutos cada una, a ISO400, f2.8, promediadas con DSS. Se ha pasado un filtro para reducir la presencia de las estrellas, que de otro modo no dejarían ver la galaxia.
(**) Plasma, realmente.

miércoles, septiembre 16, 2009

Lugares abandonados

El otro día paramos a comer junto a una pequeña central hidroeléctrica que debe tener unos cien años. Junto a la central, que sigue en funcionamiento, había una gran casa que debió ser para los empleados. En algún momento debieron robotizarlo todo y echarles a la calle, de modo que ahora la casa está abandonada. Se me ocurrió empujar la puerta principal a la calle, y para mi sorpresa estaba abierta.
...click para seguir leyendo... Yo no se que tienen de fascinante los lugares abandonados. Será tal vez que en esta época de plastificación disneylandizada, todavía pueden aportar sensación de auténtico, grima y asco en cantidades importantes e incluso un cierto peligro de derrumbamiento (leve en este caso). O tal vez son las malas compañías.. (si pinchan en el enlace verán la extraña síntesis entre foto de bodas y exploración de lugares abandonados que propone mi inteligente amiga Luna Vandoorne). En cualquier caso entré con la cámara e hice unas fotos en plan rápido.
La casa está en un lugar precioso, en la confluencia de dos ríos, donde es frecuente ver milanos, garzas reales e incluso águilas calzadas. Tenía dos plantas más un desván y debió ser una vivienda para varias familias, con habitaciones espaciosas y suelos de tarima sin barnizar sobre los que en algún momento dio gusto andar descalzo. Un folleto de puericultura, los lavabos llenos de papeles de periódico, el listín de teléfonos, la caja de hojalata del dulce de membrillo, el techo desconchado por el que entra una gotera que ya ha estropeado la tarima del desván y que poco a poco se abrirá paso hasta la planta baja, ropa tirada, zapatos viejos...
Algún día al alcalde se le ocurrirá gastar el presupuesto municipal en rehabilitar este lugar y hacer un centro de interpretación, un museo de las centrales hidroeléctricas o quien sabe que. Pondrán un guarda malhumorado y algunos papeles para que los visitantes se los lleven de recuerdo.
De esta manera tan tonta se han echado a perder lugares preciosos. Una vez me dejaron entrar en lo que ahora es un enorme museo de la técnica. Entonces era una sala inmensa llena de aviones destripados, ordenadores viejos, máquinas de vapor, coches antiguos, telares.. lo pasé en grande. Ahora que ya es un museo con sus paneles informativos y su audioguía, no vale un pito.

jueves, septiembre 10, 2009

Desaparecer con una sonrisa

Como estelas en la mar, como rastros de aviones al atardecer.
¿Quien será capaz de desaparecer para siempre con una leve sonrisa?

martes, septiembre 08, 2009

El gran roble, en el Heraldo de Aragón

Ayer lunes apareció una foto mía del gran roble en el suplemento Frontera Azul del Heraldo de Aragón, ilustrando un texto de Eduardo Viñuales. Creo que el roble se va a alegrar de saberlo.

lunes, septiembre 07, 2009

Praga 1997, nervios antes de salir a escena

© M.Soria - www.frikosal.blogspot.com
Nikon 601, pelicula de diapositivas del Fotoprix, la más barata. A pulso. ¿Era ese el instante decisivo?


Una de tantas reuniones de agrimensores me llevó a Praga, creo que fue en el 96 o el 97. Entonces la caída del muro y la independencia de Eslovaquia eran más o menos recientes y Praga no era tan abrumadoramente turística como me dicen que es ahora. A las 12 de la noche el centro de la ciudad se vaciaba casi por completo de transeúntes y como por arte de magia aparecían macarras y prostitutas muy jóvenes, casi niñas, en todas las esquinas.

El último día de la reunión hubo una cena de gala a la que mi amigo M. y yo asistimos esperando cenar maravillosamente (puesto que incluso en el centro de la ciudad se podía comer muy bien por poco dinero). Montaron a todo el grupo en un autocar y nos llevaron casi dos horas por carreteras retorcidas con la promesa de un castillo rodeado de viñedos. M. era comunista convencido, y por el camino tuvimos una discusión que llegó a ser un poco agria.

Al llegar, el castillo en realidad resultó ser una gran casa de campo. Nos reunieron en la entrada de la bodega, y un conde que de algún modo había podido conservar la propiedad durante el comunismo o tal vez recuperarla después del cambio de régimen nos habló de la primavera de Praga, en el 68, y nos dio a probar un vino ácido que algunos encontraron muy bueno.

Antes de cenar había un aperitivo y una sesión de canto a cargo de una coral de chicas uniformadas, casi niñas. Yo me escabullí un momento y fisgué un poco por las salas en penumbra del castillo. En una de ellas, junto a la cocina, estaban los platos del aperitivo que un camarero iba sacando. Y allí mismo, a la luz mortecina de unos fluorescentes, estaban las niñas esperando para salir a la escena. Hice una foto a hurtadillas y sintiéndome culpable. Después cantaron angelicalmente, como uno espera que cante la juventud que ha aprendido música clásica y ajedrez en un país comunista. Y seguramente por el contraste, la mente se me fue a las calles casi desiertas de Praga. La cena fue incomestible.

De regreso, en el autocar, dejé la compañía de mi amigo M. para sentarme al lado de la organizadora (o más propiamente, de la secretaria del organizador). En todo el trayecto de regreso no conseguí que dijera una sola palabra buena del comunismo, más bien parecía entusiasmada con la transición a la llamada economía de mercado y molesta con mis preguntas. Al llegar, descargó disimuladamente una gran bolsa con las sobras de la cena.

Y sucedieron muchas cosas más, pero eso ya serían otras historias. Unos años después, M. murió.

sábado, septiembre 05, 2009

La religión de los megapixels

Del 2007, en Agia Sofía, Estambul, uno de los edificios que más me ha impresionado. ¿Este era el instante decisivo?

¿La religión de los megapixels todavía tiene sus adeptos? ¿Se reúnen en iglesias abandonadas para rendir culto a los hiperpixelados sensores de sus cámaras? ¿O todo eso ya ha pasado a la historia y el sentido común ha regresado a los fabricantes de fotografía?.

Una de cal y una de arena: Canon acaba de anunciar la G11, sucesora de la G10. Si la G10 tenía 14.7 MPixels, lo que a todas luces era demasiado para un sensor tan pequeño, la G11 ha pasado a tener solamente 10. Fuimos muchos los que nos alegramos de esta histórica deflación de megapixels, que debería ir acompañada de un aumento en la calidad de imagen a ISO alto. Y si alguno de los ingenieros que ha diseñado los controles de la G11 además la usa para hacer fotos, entonces es posible que la G11 sea una muy buena cámara.

Pero poco después Canon presentó la 7D, una cámara reflex con sensor APS y ¡18 Mpixels!.. Con cámaras de 6Mpixels se han hecho fotos muy buenas, se han vendido y publicado en las mejores revistas del mundo, a doble página, y con alguna de ellas se imprimen posters de gran tamaño que la gente compra. Digamos que 10 o 12 puede dar además un poco de margen por si hay que recortar la foto o para obtener un poco más de calidad con ópticas buenas... pero 18 o 24 parece demasiado para la mayoría de aplicaciones. Parece como si la gente comprase las cámaras mirando solamente los Mpixels... y los libros mirando solamente el número de páginas ¿es así?. Voy a mirarme el último de Ildefonso Falcones.

Atentos a la novedad que Leica ha anunciado para el próximo día 9, que previsiblemente será la M9, la sucesora de la M8 (que aquí un reportero deja fatal).

jueves, septiembre 03, 2009

Noches de baja intensidad

Este agosto ha sido de estrellas. Casi cada día, al llegar al crepúsculo hemos podido estar al aire libre viéndolas aparecer una tras otra sobre el cielo todavía azul. La primera que se hace visible en agosto es Vega, muy alta, hacia el este. Poco después aparece Altaïr, más baja, a su derecha, y luego Daneb, a la izquierda de Vega y a una altura intermedia entre las dos. Ese es el triángulo de verano, después aparece el corazón del cisne, y al otro lado del cielo, Arturus y la roja Antares a la izquierda de las pinzas del escorpión. Cada noche las hemos saludado como quien saluda a un viejo amigo, ¿Qué tal Arturus? ¡Qué tarde se nos ha hecho si tu ya estás por aquí!.

Y al llegar a casa, algunos días hemos bajado unos bocadillos para cenar sentados en la hierba de la era y seguir mirando las estrellas. Casi nunca cortamos la hierba. Este año, felizmente, la desbrozadora estaba estropeada y no me he sentido con ánimos para llevarla a arreglar. De modo que cuando llegamos medía casi un metro de alto y estaba rebosante de insectos felices. Han sido los niños los que la han aplastado al pasar corriendo de un lado a otro o jugando a los exploradores. Este jardín absolutamente descuidado está en el polo opuesto de la elegancia, pero a mi me resulta acogedor.

...click para seguir leyendo... Alguna noche he estado tentado de poner a Miles Davis para que su música acompañe la aparición de las estrellas, pero no he llegado a hacerlo. Para cuando la indescriptible Vía Láctea ya se ve, la banda sonora principalmente corre a cargo de los grillos que cantan furiosamente entre las hierbas. A lo lejos, se oye a los autillos, que muy raras veces se dejan ver. A mediados de agosto, si uno está atento, además de su familiar tit-tit, también se puede escuchar un grito menos melódico, como un lamento infantil. Son los jóvenes pollos de este año, adolescentes que ya empiezan a volar pero que todavía están aprendiendo el oficio de autillo y piden comida a sus progenitores.

Entre todo esto, es posible que Júpiter ya se vea por encima de la tapia, deslumbrante, y ese es el momento de sacar el sencillo catalejo chino que hace años compré para ver observar pájaros. En menos de un minuto ya se puede estar viendo sus satélites, maravillarse de que su posición sea diferente de la de la noche anterior y acordarse por un momento de Galileo y de la Santa Inquisición.

A veces me he tumbado de espaldas sobre la hierba, con los prismáticos en los ojos, y he pasado horas viendo las estrellas de la Vía Láctea y dando vistazos ocasionales a la galaxia de Andrómeda, pero sin ningún propósito especial, sin intentar hacer fotos que me resulten complicadas: simplemente disfrutando de esta astronomía placentera, de baja intensidad, y charlando con los amigos que han tenido la gentileza de venir a visitarnos a este lugar remoto, solitario y –para nosotros- prodigioso.

Decía que saludo a las estrellas que van apareciendo como si fueran viejas amigas pero a pesar de que siempre me han gustado, en realidad fue el verano pasado cuando empecé a fijarme un poco en las constelaciones y a conocerlas por lo menos de vista. Este año he continuado mirándolas y para ser justo, debo decir que apenas estoy empezando a aclararme: por eso tengo el dulce fervor de los recién conversos. Mis hijos han tenido mucho que ver en esto. La primera semana estuvimos los tres solos y cada noche bajábamos a la era a tratar de ir aprendiendo las constelaciones, por las que han demostrado un sorprendente entusiasmo.

Para los que tengan niños o ellos mismos sean tan infantiles como yo, me atrevo a hacerles una sugerencia por si les fuera de utilidad: darles una libreta, papel y lápiz y pedirles que las dibujen. Primero se buscan y señalan en el cielo (un puntero láser es práctico, pero hay que manejarlo con cuidado) y después se les deja un libro o un ordenador con stellarium para que puedan volver a verlas mientras las dibujan. En casa esta técnica fue un éxito, aunque tuvo una bifurcación inesperada: empezaron a dibujarlas directamente de la pantalla del ordenador, donde se ven mucho mejor que en el cielo. Esta irrupción de lo virtual en el mundo real me recordó a Walt Disney y me hizo refunfuñar. Pero una noche el mayor copió el delfín de la pantalla y después al mirar al cielo exclamó: ¡He encontrado el delfín!. Y en efecto, allí estaba, y fue él quien me lo enseñó a mi. Desde esa noche, el delfín ya no es una más de las constelaciones, un grupito de estrellas en el cielo, si no el dulce recuerdo de la noche de verano en la que mi hijo me enseñó el delfín.

Pero una noche vi aparecer una silueta extrañamente familiar en el horizonte, hacia el noroeste. Eran las Pleyades, que tantas veces fotografié el pasado invierno. Aunque son preciosas, me recordaron que el fin del verano ya está próximo. A la mañana siguiente tuve una desagradable confirmación: fui a comprar al supermercado que hay en la ciudad, a una hora en coche, y allí pude ver los deprimentes lápices de colores, blocs y estuches que se utilizan para endulzarles a los niños la vuelta al cole con la sacarina del consumismo (y en mi infancia la vuelta al colegio, a las siniestras Escuelas Pías, era para mi la peor de las pesadillas).

El fin del verano ya era inevitable, y en efecto poco después fuimos a ver al roble por última vez, al río a despedirnos del lugar donde se bañan las hadas y donde a veces se pueden fotografiar serpientes. Era el triste momento de regresar al mundo real, al despacho de agrimensores y a la vida ordinaria.

Empaquetamos las cosas y regresamos a la ciudad-dormitorio que nos esperaba luctuosa, pestilente, en obras y tan repleta de contribuyentes-votantes como siempre. Igual que en una granja de ganado vacuno se produce leche y carne, la explotación de la ciudad dormitorio produce contribuciones municipales anualmente y votos cada cuatro años. Desde tiempo inmemorial las vacas se quejan de que la máquina de ordeñar les deja las ubres doloridas y de que el establo está sucio. Pero a la hora de la verdad siguen votando al mismo, desde hace más de 30 años.

Ya empiezo a sumergirme en la melancolía post-vacacional y otoñal, que es mucho más intensa después de los veranos que, como este, han sido especialmente gozosos. Apenas hay libélulas en Septiembre y en la ciudad-dormitorio no se ven las estrellas. Ya veremos como me las apañaré hasta la primavera.

miércoles, septiembre 02, 2009

Jordi Busqué por fin ha abierto su blog

Ya lo saben quienes me conocen: yo (Frikosal) no existo. Existe un agrimensor con el esqueleto dolorido que persigue libélulas y juega a los fotógrafos. En los inicios de red salió una viñeta en algún periódico americano en la que se veía a un perro blogger (*) que decía: "Lo mejor de internet es que nadie sabe que eres un perro". Pues bien, no todos somos agrimensores, Jordi Busqué por fin ha abierto su blog y él existe sobradamente.

Yo paso el día agrimensurando y a ratos perdidos juego a los fotógrafos, mi espíritu suele correr más que mis piernas y no puedo dormir si no es en una cama, mientras que Jordi si que tuvo el coraje de cambiar su vida a media representación y ahora es fotógrafo, corre el mundo con lo puesto, sube montañas, publica fotos en el National Geographic y (esperemos que no) cualquier día se lo puede comer un puma.

No dejen de visitar su blog.


(*) No era blogger, el muy perro estaba chateando o en el myspace (que no existía, pero ya me entienden).

martes, septiembre 01, 2009

Esperando a la Vía Láctea en el desfiladero

El enigmático Antoine Durand dedicó un capítulo de su Guía turística oculta al sur de los Pirineos. En la página 367 se puede leer:

En estas solitarias comarcas, que deben tener un tormentoso pasado geológico, abundan los cañones estrechos, las gargantas y los desfiladeros. Tomando las debidas precauciones, es recomendable visitarlos también después de la puesta de sol.

En uno de ellos, quien sepa calcular cuales son las noches adecuadas o tenga la suerte de estar allí por casualidad, podrá observar la Vía Láctea emplazada exactamente entre las dos enormes paredes verticales, a una distancia prodigiosa pero justamente sobre su cabeza. Este sutil prodigio ocurre en verano, con tiempo razonablemente bueno, y va acompañado del canto de los grillos y del murmullo del arroyo que discurre por el fondo del desfiladero, mucho más abajo.

La espera hasta que la Vía Láctea ocupa la posición equidistante entre las dos paredes puede ser larga. El viajero debe tener paciencia, sentarse cómodamente en el extraño puente sin barandillas y prepararse para disfrutar de la soledad de una noche de verano, siempre recordando que el camino es estrecho: tan solo un paso a la izquierda y uno a la derecha le separan de precipitarse por el abismo. Según el estado de ánimo de cada uno, esta espera en si misma puede considerarse como una silenciosa obra de arte, sin espectadores.

Este verano finalmente creo que pude encontrar el lugar durandiano al que se refieren estos párrafos. Durand jamás da los emplazamientos exactos de los lugares que describe (pero en este caso da muchas pistas y si alguien lo conoce, le ruego que no lo desvele). Es precisamente la curiosidad la que lleva a los lectores de su guía a explorar por su cuenta, alejándose de la disneylandización y encontrando tal vez otros lugares durandianos (como este, o este) que el propio Durand nunca visitó. O al menos esta es la interpretación que algunos han querido dar a su obra. En cualquier caso, la lenta rotación de la galaxia hasta que alcanza el punto exacto en el paisaje bien merece una larga espera.

Durand no suele preocuparse demasiado por los detalles. Aquí olvidó mencionar que cuando la Vía Láctea está justo en el centro del desfiladero quienes tengan buena vista también verán la galaxia de Andrómeda, abajo a la izquierda en la foto. La gran estrella en el centro, arriba, debe de ser Vega. Desde que Durand visitó este desfiladero la contaminación luminosa habrá empeorado. Ahora, las luces de los coches que pasan por una carretera vecina iluminan ocasionalmente la pared este. Por lo demás la descripción es exacta.