miércoles, agosto 26, 2009

Regresando del altiplano

Esta tarde de Agosto el calor ha sido intenso. Ya casi no queda nadie en la ciudad-dormitorio y aquí cualquier cosa resulta penosa, incluso comprar un sobre se ha convertido en una odisea. En medio de este sopor, la vida en la oficina de agrimensores me ha parecido incluso más claustrofóbica de lo normal y me ha venido de nuevo a la memoria el viaje a Chile.

Hice esta foto regresando del altiplano, donde pasamos un día especialmente intenso el Dr. Garat y yo. Tratamos de llegar en coche a unas lagunas que están a más de 4000 metros de altitud, y nuestra intención era esperar a que oscureciera para poder fotografiar el reflejo de las estrellas en sus aguas. Pero no pudimos ni tan siquiera alcanzar las lagunas. A esa altitud y en invierno, todos los planes hay que hacerlos contando con la aprobación de la naturaleza. Y al regresar me di cuenta de que a veces las cosas que perseguimos con tanto afan resultan ser mucho menos importantes de lo que parecían.

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Pero ya no estoy en la oficina, sigo desconectado y ya ven que últimamente ando con un extraño optimismo. ¿Parezco un personaje de Coelho?. Y por cierto, que vértigo pulsar un botón para que se publique una entrada dentro de casi tres semanas. ¿Quien sabe lo que puede haber pasado entre tanto?. Pero si todo sigue como estaba previsto, pronto voy a regresar (tristemente) a la ciudad-dormitorio.

miércoles, agosto 19, 2009

Teología-ficción: El joven Dios y su primer universo

Foto: Atarceder en el salar de Atacama, con rayo de luz que no es de orígen divino si no físico.

Esto tan solo es Teología-Ficción, pero según se dice, cuando el joven Dios tan solo contaba con unos eones de vida, y por tanto no era más que un niño, en cierta ocasión fue tan grande su aburrimiento que decidió crear un mundo y poblarlo de habitantes.

Le salió perfecto, pero al poco tiempo de haberlo creado decidió que algunos detalles no le gustaban y que lo encontraba tedioso. Entonces, como un niño que desmonta su juguete preferido, hizo que en ocasiones la lluvia cayera hacia arriba, desde los lagos hasta el cielo, y que las piedras a veces levantaran el vuelo en llamas para convertirse en estrellas fugaces. Las setas más sabrosas resultaban ser tóxicas, pero solamente cuando a El se le antojaba. Los planetas describían extrañas trayectorias en el cielo, completamente impredecibles, y la forma de las constelaciones variaba día a día. La propia mecánica del amor y de la vida era errática: algunas mujeres quedaban embarazadas con solo exponerse al viento del norte. Siendo Dios juguetón como era, no podía evitar cambiar la matemática, y algunos días incluso los números primos eran divisibles por dos. Ciertos años las cosechas eran abundantísimas, pese a no haber sembrado, y otros el trigo se negaba a crecer.

No faltaron quienes se dieron cuenta de lo absurdo del mundo, pero Él en persona borraba los libros que escribían y los sustituía por otros, autocomplacientes, que predicaban que el universo no era indiferente a los anhelos de las personas. Puesto que no tenía sentido practicar la agricultura, ni la medicina, ni la zoología, ni la literatura, ni las matemáticas, ni ninguna otra cosa excepto la religión o la lotería, los hombres se tumbaron a rezar y a esperar que su destino fuera aconteciendo según la voluntad diaria del joven Dios.

Pero El terminó por hacerse adulto y se cansó de ese mundo de seres indolentes, que solamente sabían implorar al altísimo, acostumbrados a que todo dependiera del capricho momentáneo de un ser impredecible. Profundamente avergonzado de lo que había hecho, tomó un alfiler y pinchó su primer universo, que se desvaneció sin dejar rastro (como los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles de Machado).

Entonces decidió crear un segundo universo, donde todo funcionara siempre de la misma manera, según unas reglas complejas pero inalterables y por tanto, predecibles. A pesar de ser un Dios, le costó mucho idearlas de modo que fueran tan interesantes como para que el universo fuera un lugar bello y habitable en algunas regiones. Pero cuando finalmente hubieron sido establecidas, entonces lo puso en marcha (algunos dicen que con una explosión) y se retiró a meditar, sin intervenir ya nunca más en las cosas, que por si solas crearon las sustancias condensadas, la vida y la inteligencia.

De modo que cuando algunos opinan que en realidad el Dios creador no existe, por que jamás interviene en las cosas del mundo, o por lo menos no hay ninguna evidencia de ello, Dios sonríe y piensa que su segunda obra fue definitivamente buena. Y que algunos de su habitantes también se han hecho adultos.

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Yo sigo desconectado. Hagan el amor y no jueguen al golf.

miércoles, agosto 12, 2009

El cielo más extraño del mundo

Salí buscando el mejor cielo de la tierra, pero encontré el más extraño. Y no piensen que exagero si les digo que aquella noche, en el Valle de la Luna (Atacama), la noche se pobló de fenómenos extraordinarios, bellísimos y aterradores al mismo tiempo.

Júpiter, que es la enorme luz blanca a la derecha, parecía querer apoderarse de toda la noche. Júpiter no es solamente un planeta, es casi una estrella que no se encendió. De haber sido algo más grande, en su interior se hubieran dado las condiciones para que empezara una reacción nuclear y ahora en las noches de verano tendríamos otro sol. Todo hubiera sido diferente y lo más probable es que no existiéramos nosotros: tan delgada es la línea por la que avanza nuestra especie. Pero esa noche brillaba entre las nubes, enorme y celoso, como si realmente fuera una estrella con luz propia.

No era ese el principal prodigio, ni tampoco la Vía Láctea, ni la brillante estrella Arturus (a la izquierda). Yo compuse la foto prescindiendo de esas nubes rojas de la derecha, por que a simple vista eran invisibles. Al verlas en la pantalla de la cámara se me heló la sangre en las venas y miré otra vez al cielo: no estaban, o por lo menos yo no las veía. Esto me ocurrió otra vez, hace años, cuando en una foto nocturna la puerta del cementerio apareció con un resplandor extraño, totalmente invisible para mis ojos; al final resultó ser el reflejo de una luz lejana amplificado por la cámara.

Pero ¿qué eran esas nubes tan rojas y brillantes, más de cuatro horas después de la puesta de sol?.

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Esta entrada la ha colgado el robot, yo ahora mismo no estoy.

viernes, agosto 07, 2009

El alivio de Prometeo

Como justo castigo por haber robado el fuego a los Dioses, Prometeo fue encadenado a una roca y dejado a merced de un águila blanca que cada día le devoraba el hígado. Por la noche, el hígado volvía a crecer y a la mañana siguiente Prometeo sufría de nuevo el mismo tormento.

Pero yo creo que, a pesar de ser un héroe, en cierta ocasión no pudo soportar más el horrible dolor del águila desgarrándole el vientre y pidió a Zeus que le aliviara. Y el padre Zeus se compadeció de él: a la mañana siguiente mandó dos águilas, una blanca y la otra negra. Como siempre, la blanca le devoró el hígado. Y además, la negra le reventó los ojos a picotazos.

Por la noche todos los órganos dañados se regeneraron. Prometeo se sintió verdaderamente aliviado al ver aparecer de nuevo, con las primeras luces del alba, su familiar águila blanca solitaria.

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Me marcho unos días a un lugar casi perfectamente durandiano sin conexión a internet y a duras penas telefonía, televisión, etc. He ido a Telefónica, esa emblemática empresa española, para ver cuanto costaba un modem USB, atraído por el canto de la sirena que prometía que el pago era de un euro cada día que se usaba el servicio. La chica me ha comentado que hay un mínimo mensual de 10 euros y un compromiso de permanencia de 16 meses, cosas que no aparecen en el folleto por ninguna parte. Y además, no hay ninguna garantía de que allí donde yo voy haya cobertura. De modo que sigo pagando solamente mi móvil convencional y por lo tanto me despido hasta dentro de unos días (aunque voy a estar todavía por aquí este fin de semana). He dejado unas entradas para que las suba el robot. Sean felices, dentro de lo posible.

martes, agosto 04, 2009

El enigma de Polaris Australis

El cielo al sur de la Laguna Verde, cerca de Valparaiso, con algo de contaminación luminosa pero mejor que casi en cualquier lugar de España.

La vida en las ciudades, donde por la noche el cielo es anaranjado e insípido (especialmente si tiene que competir con la telebasura), nos ha privado de la visión de las estrellas. Pero hasta hace unas pocas décadas, casi todo el mundo sabía decir la hora (aproximadamente) mirando la posición de las estrellas respecto de la Polar.

La estrella Polar, que es fácilmente visible incluso en las ciudades, señala el Norte con una precisión tan buena que parece un regalo que Dios hubiera hecho a los hombres. Aunque hace unos siglos, la estrella Polar no estaba exactamente en el norte (debido al cambio de orientación periódico del eje de la Tierra), los navegantes sabían orientarse perfectamente en la noche observando otras estrellas cercanas en la Osa Menor.

Ahora bien, ¿qué les ocurrió a los primeros occidentales que navegaron por el hemisferio Sur, donde la estrella polar no es visible?. A pesar de que tenían brújula, uno casi puede imaginarse el terror que debieron sentir al ver que noche tras noche su guía se iba acercando al horizonte norte, mientras que por el sur aparecían nuevas estrellas dispuestas en extrañas constelaciones. ¿Cual de ellas era Polaris Australis, la estrella que el buen Dios había colocado en el cielo para indicar el polo sur?.

La respuesta no era obvia. La estrella Polar permanece aparentemente inmóvil (o casi) en el cielo, mientras que las demás giran. Pero al acercarnos al centro de rotación el movimiento se hace más y más lento. Y si ustedes lo prueban en una apacible noche de agosto, verán que es muy difícil observar el movimiento de las estrellas, ya no digamos decir cual de ellas está inmóvil (y si lo prueban, déjenme un comentario).

Parece ser que uno de los que ansió realizar este descubrimiento fue Americo Vespuccio, pero fue en vano. Antonio Pigaffeta, cronista del viaje de Magallanes, escribe en su diario: Las constelaciones no están distribuidas en el polo Sur de igual manera que en el Norte, se ven dos grupos de pequeñas estrellas, de luz muy viva que parecen nubecillas, cuyo movimiento es apenas perceptible; ellas determinan el polo S.

Se refiere Pigaffeta a las que hoy se conocen como Nebulosas de Magallanes (marcadas como SMC y LMC en la foto), que deben ser los más preciosos objetos celestiales y de las que ya hablamos en este cuadernillo, pero se equivoca: No están sobre el polo. ¿Cual es pues Polaris Australis? La respuesta es bien clara: No existe tal estrella, ni tampoco ninguna estrella guía brillante que esté cerca del polo sur. No tenía el cielo ninguna obligación de tener una estrella en ese punto. Pero si yo fuera Dios, les aseguro que la hubiera puesto.

Lo más parecido a Polaris Australis es la modestísima Sigma Octantis, que utiliza mi amigo el fotógrafo que fue astrofísico para orientar sus artilugios autoconstruidos (al más puro estilo Muir) y hacer fotos maravillosas del cielo austral. Pero yo esa estrella no supe identificarla a simple vista. Ahora la he marcado en el dibujo con una "X", como los tesoros en los mapas piratas... a pesar de que tampoco está exactamente en el polo.

De todos modos, para orientarse en la noche austral, hay un truco: si ustedes siguen la línea larga de la Cruz del Sur (en verde) y la prolongan y después (reteniendo el anterior dibujo imaginario en la mente), trazan una perpendicular a las espectaculares Alpha y Beta Centauri (en rojo), ambas líneas se cruzan cerca del polo sur, aunque la X de Sigma Octantis es mejor aproximación.

Pero no crean que yo se mucho de estas cosas, yo soy el más ignorante de los aficionados a la astronomía. Solamente a base de paciencia y de Stellarium he ido dibujando las constelaciones australes. Y me lo he pasado muy bien haciéndolo: las estrellas sirven para soñar.

lunes, agosto 03, 2009

Como proteger nuestras fotos

Después de haber pasado unos días atribulado con fallos de hardware y virus, como por suerte no he perdido nada más que el tiempo, quisiera dedicar una entrada a explicar como protejo mis fotos. No me considero un experto, pero reconocerán que a los expertos informáticos no hay quien les entienda.

Hoy por hoy todo el mundo tiene fotos digitales con recuerdos valiosos, como las de los niños recién nacidos, de modo que es importante tomar algunas medidas para asegurar que esos datos no se pierdan. Los discos duros, sean de la marca que sean, son como las personas: tarde o temprano dejan de moverse y se llevan todos sus recuerdos a la tumba. La única cuestión es cuando va a ser, ¿antes o después de tener una copia?. Si alguien piensa que un Mac o un ordenador Linux le va asegura que las fotos de sus hijos o nietos no se van a perder, pues lo siento mucho pero se equivoca.

Allá voy:

-Yo considero que los ordenadores, a diferencia de los datos que almacenan, son un producto perecedero. Se quedan viejos, se estropean, se los comen los virus.. por tanto, los datos importantes siempre los tengo en discos externos. Después de malas experiencias, yo no me fío de CDs ni de DVDs. Los ordenadores netbook (pequeños y baratos -menos de 300 euros) son útiles por que son robustos y por que en el caso improbable de avería uno puede permitirse el lujo de tirarlos a la basura sin necesidad de tener que tratar con los técnicos que supuestamente debían repararlo (que a veces son gente enferma de ignorancia y de soberbia), ni esperar largo tiempo hasta que finalmente regresan estropeados de nuevo. Es una buena idea tener un ordenador para navegar por la red, chatear y hacer todas las porquerías que uno quiera, y otro para manipular los datos importantes.

-Hay que tener por lo menos dos copias de las fotos en discos diferentes. A menos que uno sea muy ordenado, un programa de sincronización es muy útil para evitar tener que copiarlo todo cada vez. Yo uso allwaysync , que cuesta unos 15 euros.

-Teniendo dos copias ¿ya está todo seguro?. En absoluto. Si a Vd. le entra un ladrón en casa, o sufre un incendio, inundación o algún desastre.. cosa que al cabo de los años puede terminar por suceder, se van a perder las dos copias. Los dos discos deben estar en lugares diferentes.

-Los virus (usando la palabra en un sentido amplio) son un problema muy serio. No solamente pueden borrar nuestros datos si no espiar lo que hacemos, por ejemplo cuando compramos un libro o un billete de avión, y después mandar nuestro número de tarjeta a una tercera persona. Usando Windows, la probabilidad de tener problemas de este tipo es mucho más elevada que con Linux o Mac. El software que la gente se baja de la red, muchas veces viene con su virus incorporado. Es imprescindible tener un antivirus. Yo ahora tengo instalado avira, que pese a ser gratuito me ha funcionado mejor que dos productos de pago. También es muy útil tener un firewall, que nos avisará de intentos de entrada o salida de datos de nuestro ordenador (y además nos va a permitir observar como les gusta a los programas que tenemos instalados comunicarse con su empresa madre sin avisar, e impedirlo si así lo deseamos). Yo utilizo zonealarm, que tiene una versión gratuita (pero creo que antes protegía más, ahora si se quieren algunas funciones importantes hay que pagar). Nada de esto es infalible, y una práctica útil es comprobar regularmente si el botón de actualización del antivirus funciona. En caso contrario, probablemente un virus se ha comido al antivirus y hay que reinstalarlo de inmediato.

-Pero con todo lo anterior no basta. Hay un tipo de virus que viven en los pendrive y discos duros externos y que sorprendentemente infectan el ordenador antes de que el antivirus (avira, bullguard, mcafee) pueda detectarlos. Esta infección produce algunos de los siguientes síntomas: al hacer doble click sobre el dispositivo, nos pregunta con que programa queremos abrirlo en lugar de iniciar una ventana del explorador; al conectarlo, entre las acciones sugeridas figura ejecutar un programa sospechoso; la opción del explorador para ver los archivos ocultos está misteriosamente inutilizable.

Afortunadamente, hay un programa fácil de usar y gratuito que parece eficaz contra estos cabrones: autorun eater. No se le ocurra meter su pendrive en el ordenador de nadie antes de haber instalado este programa u otro parecido (a mi ese error me ha costado una semana de trabajo).

-Así es la vida, los ordenadores windows (y los demás también, en menor medida) son un campo de batalla entre virus, antivirus, anuncios, spyware y otras malas hierbas. Todo esto cuesta tiempo y dinero, pero es inevitable.

-Un detalle que se me olvidaba y que es importante: en referencia a las tarjetas de memoria, no hay que borrar las fotos viejas, si no formatear siempre las tarjetas de memoria y hacerlo siempre en la cámara (no en el ordenador). No usar tarjetas con fotos que no hayan sido copiadas al ordenador para almacenar ni borrar información con el ordenador. No usar una tarjeta formateada en un determinado modelo de cámara con otra cámara diferente. En teoría todo esto puede hacerse y no debería pasar nada, pero a la más mínima inconsistencia entre los programas que manejan los datos grabados en la tarjeta, se va a perder información (a mi me ha pasado).

Espero haber sido útil y no haberme puesto demasiado pesado. Por contra, si a alguien le he sido útil, sepa que yo acepto regalos y donativos para mi ong. Otro día les cuento como recuperé una tarjeta compact flash con fotos perdidas.