jueves, abril 30, 2009

La lengua de las abejas

No quise ver "La lengua de las mariposas". Al saber que era de un maestro, en la República, que enseñaba a los niños a observar el comportamiento de las mariposas, supe inmediatamente que en la guerra le fusilaban o algo por el estilo. Seguro que la película es muy buena pero yo no tengo el ánimo para ver eso, intuyo que es una historia demasiado trágica y demasiado cercana a mi.

Algo hay de subversivo en la observación de la naturaleza cercana. Los niños suelen saber que es el canguro, conocen los hábitos del koala y la higiene del elefante, incluso diversos tipos de dinosaurios. En esto no hay problema, pero darles instrumentos racionales y un método para que interpreten su realidad inmediata, la que ven con sus propios ojos, eso es peligroso. Podrían aplicar esta técnica a analizar otras cosas. Mal asunto, ahora y antes.

En fin, el otro día pude ver la lengua de las abejas, que es de observación más complicada que la de las mariposas. Las abejas y los abejorros suelen meterse de cuerpo entero en las flores para libar, y su lengua queda oculta por los pétalos. Pero para poder producir miel, que hasta donde yo se es una especie de saliva azucarada, también necesitan agua en grandes cantidades. Al lado de un charco seco no muy lejos de una gran colmena acudían a beber decenas y decenas de abejas. Junto con un amigo estuvimos fotografiándolas durante un buen rato.

Las abejas no suelen picar si no se las molesta ni se está cerca de la colmena, y como se saben temidas, no huyen como las moscas. Ocurre algo parecido con las avispas y si me apuran, con la víbora.

La lengua de las abejas ha resultado ser de tipo carnoso y por lo menos bífida (aunque en alguna foto parece que sea trífida). De esa agua maloliente que está en el suelo y que la abeja chupa, saldrá la miel que yo uso para endulzar los yogures. ¿No es eso un foco de infección? No. La miel tiene un contenido en azúcar tan sumamente elevado que no hay microbio que la resista, de hecho hay quien la usa como desinfectante de heridas.

Así son las cosas, de lo más sucio pude salir lo más limpio, al pasar por la lengua de un insecto que mucha gente considera asqueroso. Y los animales venenosos resultan al fin ser los más fáciles de observar. Pura subversión.

martes, abril 28, 2009

La cópula del Notonecta

Hoy hace exactamente un año subí una foto del ángel de agua, criatura sorprendente que habita boca arriba en las charcas, con el vientre expuesto al sol y la espalda mirando al cieno.

Y en esa misma entrada formulé una pregunta: ¿en que posición copula el notonecta? Su anatomía plana por delante y jorobada por detrás parece que haría más indicada la cópula en posición ventral (es decir, dándose las caras). Pero no dejan de ser insectos, tal vez una herencia de millones de años les predispone inevitablemente a la cópula dorsoventral (con el vientre del macho en contacto con la espalda de la hembra). Y también podrían copular uniéndose en posición opuesta por los extremos de los abdómenes, como la mosca asesina. Nadie ha contestado a la pregunta y me veo obligado a revelar la respuesta.

Efectivamente, si amplían la foto y se fijan, verán que son dos individuos y que practican el sexo dorsoventral, que yo no se si entre personas llega a ser considerado pecado por la Santa Madre Iglesia. Si que recuerdo la película "En busca del fuego", que era de hombres primitivos, en la que se veía que los más primitivos copulaban dorsoventralmente, pero la chica de la tribu más civilizada prefería la posición ventral por ser más romántica. Todo ello muy elegantemente contado, sin nada explícito pero educando a las masas. Como yo la vi en mi más tierna infancia, pues eso sin duda me debió afectar (no revelaré en que sentido).

Y me estoy desviando del tema. Cuando la pareja siente que su integridad física peligra, lo que hacen es esconderse bajo el agua. Normalmente cuesta mucho verles pero en esta ocasión les pude sorprender debajo de este tronco, a contraluz (¿les ven?). Son animales que respiran aire. Lo absorben por los pelillos del extremo del abdomen y como no pueden permanecer indefinidamente bajo el agua y yo no tenía ninguna intención de marcharme, decidieron sacar el culo para respirar, lo que me dio ocasión de hacer una foto más explícita de la cópula.
Observarán ustedes que en realidad hay tres insectos: la hembra está devorando una pequeña presa, tal vez por aquello de "A Dios rogando y con el mazo dando".

Les dejo finalmente con una foto de otra pareja. Es curioso esto de las fotos de insectos, muchas veces traté de hacer esta foto de los notonecta copulando, pero no son especialmente efusivos. Y cuando encontré a una pareja, ¡había dos más en la misma charca! Que ustedes lo pasen bien. Yo por mi parte estoy trabajando en una enciclopedia ilustrada de la vida sexual de los insectos que sin duda será un gran éxito editorial. ¿No sabrán de algún editor...?

lunes, abril 27, 2009

Por fin, la víbora

Vipera lastati

Solamente había visto dos veces a una víbora salvaje, hace más de cinco años, y en ninguna de las dos ocasiones pude fotografiarla, por culpa de no llevar la cámara. Pero desde entonces, siempre que salgo al monte voy con la pesada réflex, el objetivo macro y dos flashes. Y a veces, el trípode. Por si acaso, como quien carga con una cruz.

Después de todas esas largas horas de maldecir el peso de la mochila, de salir muchas veces al atardecer a finales de verano o a primera hora en primavera, de buscar en vano en los lugares donde a mi me parecía que una víbora podría estar soleándose, el otro día apareció en el lugar más inesperado (aunque yo siempre esperaba secretamente poder verla). Me parece un animal muy escaso y al verla en el camino sentí una alegría proporcionada a los años de espera.

Las tres veces que la he visto me ha parecido que la víbora tiene una presencia serena y poderosa, con una majestuosidad que no tiene ninguna culebra. Da la sensación -engañosa- de que es imposible confundirlas incluso desde muy lejos. Esta debía medir unos 60cm, y aunque no sea un animal muy grande, cuando está parada en un camino por el que debemos pasar, tiene entidad más que de sobras para que el camino parezca demasiado estrecho.

Se trataba de fotografiarla sin que se escapara ni nos picara, aunque no me pareció que tuviera ninguna intención de picar a nadie. Las serpientes, cuando se preparan para atacar lo que hacen es doblar el cuerpo de forma que puedan extender la cabeza rápidamente hacia delante. Pero esta víbora ni se inmutó con nuestra presencia y llegué a pensar que estaba muerta. Y ahora al ver las fotos pienso que tal vez estaba digiriendo una presa. Hice una toma de cuerpo entero y algunos primeros planos (este entre ellos). Quise acercarme un poco más por el lado de la luz buena, pero al ir a rodearla se marchó con toda tranquilidad y se escondió entre unas hierbas al lado del camino. Hubiera querido hacer otras fotos mejores, poniéndome un poco más cerca y más bajo, a la altura de sus ojos para poder hacerle un retrato. Pero no pudo ser.

Me dejaste con ganas de más, hermana víbora, espero volver a encontrarte. Pero ahora yo ya soy otro, he crecido un poquitín, ya pude fotografiar a la víbora.

Ese bulto al lado de la cabeza, como si fuera la mejilla del reptil, se debe a las glándulas que segregan el veneno. La culebra viperina (natrix maura) cuando quiere sabe poner cara de víbora, tensando los músculos de la cabeza, como se puede ver aquí o en esta entrada reciente de macroinstantes. Esto es algo extraordinario por que la culebra viperina no sabe como es una víbora: simplemente algunas empezaron a hacer eso por casualidad y asustaron a sus posibles depredadores, mejorando sus posibilidades de supervivencia. Como los sírfidos y las avispas.
Algunas personas que quieren tener serpientes venenosas en casa, cosa que a mi me parece una barbaridad, optan por extirparles las glándulas (otra barbaridad) para que no piquen y como quedan feas y deshinchadas, les ponen silicona para que recuperen su aspecto venenoso (van tres).

A las serpientes venenosas no les gusta picar si no es para cazar y comerse después a la presa. Picarme por ejemplo a mi es un mal negocio para ella. No puede devorarme, por que traga a sus presas enteras y yo soy demasiado grande. Si alguna vez pican a una persona es por el miedo a ser pisadas o cazadas. Las serpientes de cascabel (que yo nunca he visto) tienen un sistema mejor: avisan de su presencia moviendo la cola y los demás animales han aprendido a asociar este sonido a la posibilidad de recibir un picotazo muy grave.

miércoles, abril 22, 2009

Soñando

El Bombylius es un insecto esforzado, un aviador de baja altura. Domina las acrobacias a ras de tierra y es capaz de meter esa enorme lengua que no pica en lo más profundo de cada flor (y aquí pueden verle en acción).

Pero por las noches sueña que vuela altísimo, como un cosmonauta que al mismo tiempo fuera su propio cohete, alcanzando la estratosfera e incluso las estrellas.

Ya de mañana, se despierta sobresaltado al recordar que es tarde y que debe volar una vez más de flor en flor para ganarse la vida con habilidad y sudor en el prado, a ras del suelo que le da el sustento (que Dios lo bendiga y más en tiempos de crisis).

La termogénesis de antes de salir a trabajar.

Entonces una vez más inicia la fatigosa y rutinaria termogénesis de cada día, el ganar calor para poder hacer frente a las primeras flores. Que es como el desperezarse y ducharse de las personas para poder hacer frente a las mierdas que nos caen cada mañana en la oficina, benditas sean.

Y las estrellas no va a alcanzarlas, puesto que no es más que un bichito que no alcanza a medir ni un centímetro ¿qué se habrá creído?.

Y además: he descubierto que para dormir la siesta en el coche es mucho mejor y más profesional utilizar el asiento trasero. Yo dormía de cualquier modo en el asiento del conductor, pero ayer se me ocurrió ponerme detrás y no tiene punto de comparación: en un camino, debajo de un árbol, junto a un barranco, pude soñar que volaba sin ningún problema.

Y también: son arduos los caminos que llevan a la felicidad, pero poco a poco se puede avanzar. Yo comía de bocadillo casi cada mediodía pero he encontrado una escalibada (*) exquisita en el mercadona, por menos de dos euros, que se conserva sin necesidad de guardarla en la nevera. También existe de la misma marca una menestra de verduras, todo ello procedente de la feliz Rioja. Añádase una lata de atún en aceite de oliva y al lado de un río uno puede comer de forma sana y agradable por menos de lo que me costaba el bocadillo de jamón.

(Recorte de la anterior para que se le vea mejor la carita. Pinchen, se lo ruego, para ampliar las fotos).

Y acabo. Esto ya hace tiempo que quería comentarlo: Juan Salvador Gaviota es un impostor, como Carlos Castaneda. No hagan caso del New Age que es un invento de los que mueven el mundo y solamente sirve para distraerles. Al parecer Coelho dijo que "Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño". Pero es mentira, el universo va a la suya y los electrones siempre zumban del mismo modo. Ya lo dijo mi padre que las cosas son como son y no como uno quisiera que fueran. Háganme caso y tonifiquen su espíritu exclusivamente con entomoterapia.

Hay otra espiritualidad laica, que no es barata y no miente.

Creo que voy a estar unos días enterrado y desconectado. Si puedo ya pondré algo que tengo en conserva y si no, ruego disculpas al respetable público.

(*) Pimiento, cebolla y berenjena asadas.

lunes, abril 20, 2009

La pequeña flor que muerde, con cielo tormentoso

Entre las hierbas a veces es posible ver a esta extraña criatura. Es la empusa, un depredador parecido a la mantis pero todavía más bonito e interesante, con su abdomen rizado y las antenas de alien. No es un animal abundante, pero tampoco especialmente escaso. Esta la encontré ayer a última hora de la tarde en el prado-basurero que suelo frecuentar.

Si no la han visto nunca no deben preocuparse, yo vi la primera cuando tenía 36 o 37 años. Al ser tan sumamente críptica podemos pasar por su lado sin darnos cuenta de su presencia. Su estrategia no se basa solamente en el camuflaje pasivo y la inmovilidad absoluta: si hace viento ella tiembla como si fuera una ramita.

En la mitología griega la empusa es una mujer bellísima que seduce a los hombres ingenuos para después devorarlos o beber su sangre, como las vampiresas. O más propiamente, una criatura maligna que adopta forma de mujer, pero se la puede reconocer por que (de forma algo inverosímil) una de sus piernas es de bronce.

De la wikipedia: [A la empusa] le agrada merodear por parajes desiertos, sobre todo cuando hay luna llena. En la Vida de Apolonio de Tiana de Filóstrato una Empusa toma forma humana para seducir a un joven estudiante de filosofía, Menipo. Por fortuna, Apolonio se ocupa de desenmascararla y ella acaba admitiendo que se dedica a cebar a jóvenes ardientes e ingenuos para, después de acostarse con ellos, beber su sangre y devorarlos.

Entre los insectos, la hembra no devora al macho después de la cópula, como ya comentamos en otra ocasión.

Mañana: la empusa y yo.

jueves, abril 16, 2009

CCCLVIII concurso de blasfemias

Cuando el primer finalista subió al escenario se hizo un silencio sepulcral en el salón. Era un camionero prejubilado de Manresa que en su juventud había aprendido a renegar en los clubs de carretera de media España. Exclamó:

Xxxxx xxx xxx xxxxxxxxx xxx xxxxxxxxxx xx xxxxxxxx xx Xxx !

Los aplausos fueron largos y sinceros. Había sido un juramento magnífico, de la escuela catalana, colorista, muy imaginativo.. pero un poco flojo de pasión, como un ejercicio de virtuosismo sin sinceridad blasfematoria.

Las deliberaciones fueron difíciles. Los jueces habían recibido instrucciones estrictas del Maestro: ¡En la final, no os excedáis en las puntuaciones! Obtuvo un 9.90 en Creatividad, un 9.10 en Rigor Teológico, pero tan solo un 5.70 en Declamación. Esta última calificación provocó algún silbido de los cofrades (ya se sabe que no hay decisión arbitral sin polémica).

El otro finalista era un aragonés de los Monegros que hizo el servicio militar en Marina y después se reenganchó. Aprendió el arte de la blasfemia en los bares portuarios de todo el litoral Mediterráneo hasta que a los cuarenta, asqueado de la vida militar, puso un centro de buceo en Blanes.

Contrajo el abdomen, bajó un poco la cabeza, apretó fuerte como para defecar, enrojeció y gritó:

Xx xxxx xx Xxxx x xx xx Xxxxxx ... ... ¡xxxx!

La cofradía entera quedó estupefacta, consciente de haber asistido a un momento histórico. Pocos se atrevieron a aplaudir. Algunos se marcharon discretamente de la sala, temerosos de que un rayo pudiera alcanzarla (entre ellos, el representante de Irlanda, que según se dice, a la mañana siguiente se confesó discretamente).

Más que las palabras, que fueron ofensivas pero convencionales, la fuerza del juramento estuvo en la pausa entre la primera primera y la segunda parte. Durante ese segundo pensó en su pobre infancia, en su padre despótico, en la mujer que lamentó haber abandonado y en el hijo perdido para siempre, en los gastos de mantenimiento del viejo barco, en los malditos turistas apijotados que tenía que aguantar a diario, en el siniestro accidente de descompresión que le había dejado renqueante, en el escaso coral cada vez más profundo.. y entonces pronunció el adjetivo final como si realmente el Altísmimo en persona fuera el responsable de todos sus males y con ese último grito pudiera encabronarle definitivamente, renunciando a cualquier posibilidad futura de redención.

...

Después de la entrega de premios, el Maestro tomó la palabra:

-Apreciados amigos: El nivel alcanzado ha sido realmente excepcional y esta edición de nuestro certamen pasará a la historia. Los concursantes han mezclado lo prostibulario, lo fecal y lo sacro con soltura e imaginación, como solo sabemos hacerlo nosotros. Pero hoy es un día triste: debo deciros que nos espera un futuro muy complicado. Me temo que ya entreveo el fin de nuestra venerable cofradía secreta.

(Murmullos de desaprobación)

-¡Silencio!. Hemos sobrevivido desde los tiempos de la Inquisición y hemos capeado varias dictaduras. Pero hoy en día la juventud no sirve para esto, ya no tenemos vocaciones ¡No tienen ni la cultura ni la paciencia necesaria para la práctica diaria! Siento decirlo en este salón donde me rodean los cuadros de mis ilustres antecesores que ahora sin duda nos están observando desde el infierno... ¡Pero no podemos negar la evidencia! Hace años que no hay socios nuevos y la mayoría de los aquí presentes pasamos de los sesenta. En una sociedad sin fe ni valores no puede haber buenas blasfemias. El otro día me contaron el caso de unos estudiantes de periodismo que no sabían ni quien fue Jesucristo. ¡A donde vamos a ir a parar! ¡Y no nos faltaba más que la asignatura de educación para la ciudadanía! ¡Que Dios nos ampare!

(Una entrada sin ánimo de ofender, dedicada a los amigos A. y B.)

miércoles, abril 15, 2009

Ardor guerrero

Hasta donde yo se esta es una Locusta migratoria, un gran saltamontes que vuela casi tan bien como un pájaro. Su obsesión, como la de otros muchos, es dominar el mundo. Si puede, se reúne en grandes bandadas insensibles al dolor, para volar de un país a otro devorando toda la vegetación a su paso, siempre en busca de espacio vital. A veces el destino les lleva a cruzar mares. Cuando llega la noche, exhaustos de tanto volar, algunos individuos tratan de posarse a descansar sobre las aguas, donde mueren ahogados. Sus seguidores se posan sobre ellos y también los seguidores de los seguidores, hasta que los cadáveres forman una masa compacta e impermeable donde el resto puede dormir y reanudar el viaje al amanecer, hasta la siguiente noche. Estos animales, ya lo habrán adivinado, fueron los causantes de alguna plaga bíblica.

Pero este pobrecito llegó a casa de los señores Martínez-Campos una noche a finales de noviembre. Estadisticamente por esas fechas ya hubiera tenido que estar muerto y de hecho su destino no era formar parte de un ejército terrible si no ser devorado por un gato en el jardín, o morir de frío esa misma noche. Pero se apiadaron de él y le pusieron en una caja de zapatos con agujeritos para que pudiera respirar, en el comedor, entre el radiador y la planta. Le daban lechuga fresca y para sorpresa de todos, el animal empezó a comer. Los días fueron pasando, llegó el bullicio de Navidad y después de los turrones el señor Martínez se acercó a mirarlo. Se le veía cansado y sin ánimos para saltar, y ni mucho menos de volar. De hecho ya hacía tiempo que no tapaban la caja de zapatos. Pero estaba vivo y defecaba regularmente.

Pasaron los carnavales y empezó la cuaresma. Un día le dio un arranque, una segunda juventud, y trepó por el visillo buscando horizontes nuevos como para iniciar por ejemplo una cruzada. El señor Martínez le agarró suavemente por el lomo y después de regañarle con cariño volvió a meterlo encima de su lechuga.

Pero a los pocos días, en otro impulso marcial salió andando dispuesto a cruzar pasito a pasito el comedor, grande como una estepa interminable sobre la que él hubiera querido galopar incansablemente al mando de un ejército de tártaros invasores. Esta segunda salida tuvo consecuencias: la señora Campos le pisó, con la enorme suerte de que solamente perdió pata trasera izquierda.

Ya tullido, pasó la Semana Santa muy débil. El jueves le encontraron tumbado de lado como agonizante pero al dejar la caja encima del radiador se recuperó un poco. El domingo de Gloria, cuando me llamaron para que hiciera estas fotos le encontré senil, enormemente viejo pero dispuesto a vivir para siempre.

martes, abril 14, 2009

Extraños ojos de caracol

Según se dice, una mañana de febrero del 2008, un agrimensor de mediana edad y aspecto discreto (por no decir gris) estaba paseando por la floresta de Tijuca, no muy lejos de Rio de Janeiro. Su única excentricidad conocida era la afición a la fotografía de insectos, que practicaba aprovechando los desplazamientos a diferentes congresos de agrimensores. Justamente andaba detrás de la despampanante mariposa Morpheus cuando vio a un extraño caracol deslizándose sobre una hoja húmeda.

A primera vista no supo que tenía de especial, y si quiso fotografiarlo fue casi por casualidad, o por el vicio de agrimensor de fotografiarlo y cartografiarlo todo. Pero al acercarse se dio cuenta: eran los ojos. No estaban en el extremo de unos apéndices telescópicos, si no directamente sobre el cuerpo del animal. Esta particularidad anatómica, así como el vigor de su mirada, le daban un aire singular, reflexivo y casi humano. Antes de perderse de vista entre el follaje, el caracol se detuvo por unos instantes y contempló, nostálgico, al agrimensor.

Ya en su casa el agrimensor trató de identificar al caracol. Como era previsible, ninguna de las obras de su modesta biblioteca decía nada al respecto del caracol de extraños ojos. Colgó la foto en diferentes páginas web especializadas pero nadie supo aportar ningún dato concreto. La flor y nata de la malacología europea examinó el asunto sin llegar a ninguna conclusión. El Dr. Joao Grande y el Dr. Adalberto Gumucio, eminentes zoologos de la Universidade do Estado do Rio de Janeiro mencionaron la existencia de diversas especies similares, pero quedaron igualmente desconcertados por el brillo de los ojos y pidieron al agrimensor el lugar exacto donde el caracol fue visto, para poder capturar, diseccionar y clasificar al extraño ejemplar. Indignado, el agrimensor se negó en rotundo.

Las pesquisas mantenían al agrimensor en vela hasta altas horas de la madrugada. Una noche, agotado, se durmió frente al ordenador y en un sueño se le apareció el caracol. Le habló del gozo de sentirse un molusco, de la delicia de la humedad que hay después de la lluvia, que permite el deslizamiento rapidísimo, con un agradable cosquilleo en el músculo del pie. Y del sabor frondoso de las hojas, de la relajada vida íntima en el interior de la cáscara (que predispone al conocimiento de uno mismo), de los placeres dobles del amor hermafrodita, y también del arte de la conversación, que los caracoles brasileños -aseguró- dominan como nadie en el mundo. "Ven conmigo", le dijo.

Al día siguiente el agrimensor llegó pasadas las once a su trabajo en la Compañía de Agrimensores la Puntual. Fue al despacho del Gerente Supremo y anunció su renuncia inmediata e incondicional. Aliviado y rejuvenecido, cuarenta y ocho horas después ya estaba volando vía Madrid hacia Rio de Janeiro. No se entretuvo en las famosas playas de Ipanema, donde las garotas siempre son jóvenes, ni pensó en asistir a los carnavales, ni tampoco en la mariposa Morpheus, si no que a primera hora de la mañana regresó a Tijuca en taxi y empezó la búsqueda del caracol de extraños ojos.

Al atardecer se reencontraron. Con un solo cruce de miradas, el agrimensor supo que había tomado la decisión correcta (porque dentro de su cabeza, además de otros personajes, vivía un pequeño burgués que no dejaba de atormentarle con dudas). Pero la timidez se apoderó de él y solamente alcanzó a decir "Te traje unas hojas de lechuga". Y tal vez no hubiera acertado a dar el primer paso. Por suerte, el savoir faire del caracol resolvió la situación. "Deja eso para luego", le dijo (y su voz le pareció incluso más dulce que en el sueño). Le tomó de la mano y se deslizaron juntos hacia arriba por la corteza de un árbol frondoso, sorteando las bellas pero incomestibles plantas parásitas, hasta llegar al mundo de los caracoles cuyos secretos yo no pienso desvelar. Aquella fue una noche memorable y el principio de una nueva vida. Y hay que tener presente que un día entre los caracoles puede fácilmente equivaler a más de cien años.

miércoles, abril 08, 2009

Una tarde en el cielo

Un vídeo que hice hace años, cuando estuve en el cielo una tarde. Pero después era mentira.



(La música es de Miles Davis)

domingo, abril 05, 2009

Darwin en la selva atlántica del Brasil y el caracol antropomórfico


1832, 29 de Febrero. El día se me ha pasado deliciosamente; pero este calificativo no expresa con bastante fuerza los sentimientos del naturalista que por vez primera discurre a su albedrío en un bosque brasileño. La elegancia de las diversas clases de hierbas, la novedad de las plantas parásitas, la belleza de las flores, el verde lustroso del follaje, y, sobre todo, la general exuberancia de la vegetación, me llenaron de admiración. Charles Darwin, Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo.

Yo apenas tuve dos días para pasear por la selva atlántica del Brasil y creo que me acordaré toda la vida. Entre tantas y tantas cosas maravillosas cuyos nombres ignoro, quisiera mostrarles a este extraño caracol que tenía los ojos negros, despiertos y pegados al cuerpo (en lugar de dispuestos en apéndices telescópicos).

Esta particularidad anatómica le daba un aspecto mucho más profundo que el de los caracoles convencionales. Estuve a punto de sentarme a charlar con él pero andaba justo de tiempo. "Te llamaré caracol antropomórfico", le dije, como si yo fuera Dios la tarde después de la creación y estuviera entretenido poniendo los nombres a todas las cosas.

Nada me gustaría más que volver a verle.

viernes, abril 03, 2009

Pasar fugazmente junto a galáxias y jardines escondidos

Satélite Iridium fotografiado pasando a 27.000 kilómetros por hora junto a la galáxia M51 (aparentemente) .

Ya lo dijo Suzanne Vega,

I knew that he was drowning, and I brought him in to me
...
My name is Calypso; my garden overflows
Thick and wild and hidden is the sweetness there that grows
My hair, it blows long as I sing into the wind
I tell of nights where I could taste the salt on his skin
Salt of the waves and of tears

A mi me hubiera gustado ser Odiseo y ganar la guerra de Troya solamente para después poder naufragar cien veces y con la piel salada ver a Calypso esperando para recogerme en la playa. Y poder descubrir su jardín, thick and wild and hidden, antes de seguir mi camino.

miércoles, abril 01, 2009

La lluvia y el Mediterráneo

Ahora es miércoles y desde el viernes no para de lloviznar. No ha habido ni un solo hueco de color azul entre las nubes y casi parece que el cielo solamente sepa producir tonos grisáceos (como un camaleón enfermo, que según me han contado, anuncia su muerte con colores de luto).

Esto ya casi parece la muy triste Inglaterra, con la salvedad de que allí el tiempo suele ser muy variable. Malo pero variable, es raro el día en que las nubes no se abren ni siquiera un ratito, y si llueve no suele durar todo el día. De todos modos, esta sensación inmediata de bienestar que proporciona el sol allí es poco frecuente. En nuestro clima basta con salir a la calle un día de primavera o incluso invierno, si hace sol, para sentir que el mundo es un lugar hecho para que nosotros lo disfrutemos. O al revés, que nosotros estamos hechos para el sol.

Yo no daba mucha importancia a estas cosas y pensaba que podría vivir en uno de esos países civilizados donde (según dicen) la gente es próspera, limpia y feliz. Pero cuando estuve en Inglaterra y Escocia, aunque solamente fueron cuatro meses en total, me di cuenta de que no podría soportar esa tristeza de humedad y neblina. A falta de otra cosa que hacer, estaba todo el día y buena parte de la noche trabajando delante del ordenador. Llegué a ponerme enfermo. Para aliviar la angustia a veces salía a dar un paseo en coche. Buscaba un pueblo pequeño en el mapa y conducía hasta allí, esperando encontrar la torre de una iglesia junto a una plaza pequeña, uno o dos gatos haciendo la siesta en una calle estrecha y poder ir al café del pueblo para leer el periódico escuchando las conversaciones ruidosas de los viejos, o tal vez charlar con un desconocido.

Pero no había ni torre, ni plaza, ni gatos ni mucho menos café. Y todos los pueblos eran iguales: urbanizaciones sin ningún sentido profundo donde la gente, para comer, paraba el coche al lado de una furgoneta y pedían unas cosas malísimas que engullían de pie bajo la lluvia, como si fueran zombies, o como si comer no fuera una ocasión para celebrar una pequeña fiesta cada día. Los pubs tampoco fueron de gran ayuda y llegué a cansarme de las pints of ale que me tenía que tomar en una mesa oscura, con el suelo enmoquetado y las paredes llenas de horteradas.