martes, marzo 31, 2009

La colleja Europea

Ya son tres las veces que el Parlamento Europeo ha clamado contra la corrupción urbanística en España. En esta ocasión, el informe aprobado dice que en España se "ha generado una forma endémica de corrupción". Responsabiliza a todos los niveles de la administración de un modelo de "desarrollo insostenible" y (¡sorpresa!) asegura que las autoridades judiciales han demostrado que "no están debidamente preparadas" para responder a los abusos.

Todo ello es vox populi aquí en la península del ladrillo pero los ciudadanos de nuestro país, con una sabiduría a la siciliana, optamos por callar. Quien más quien menos sabe de algún abuso, de algún campo de golf corrupto, de alguna horterada en primera línea de mar, de algún pequeño propietario al que le han quitado su finca por dos duros mientras el alcalde miraba a otro lado... pero ya se sabe que quejarse no sirve de nada, excepto tener problemas. De modo que para gran vergüenza nuestra, han sido los europeos residentes en nuestro país los que se han chivado a Bruselas. Son muchos los que compraron una casa hace años y ahora han sido prácticamente expropiados para construir pisos.

Una de las figuras más curiosas en este teatrillo nacional del cemento es el "agente urbanizador", inventado en la Comunidad Valenciana. Según yo he entendido, este caballero tiene -al parecer- la potestad de expropiar terrenos de otros, en los que él ha decidido edificar. Según he podido leer, ahora en Aragón han decidido inventar algo parecido. Pero seguro que lo he entendido mal, estas cosas no es posible que sucedan en un país civilizado ¿no es cierto?.

¿Servirá de algo la tercera colleja del parlamento Europeo? Las dos primeras fueron en 2005 y en 2007. Hasta donde yo se, no tuvieron mucho efecto. Después de todo, tal vez tienen razón los que dicen que quejarse no sirve de nada.

lunes, marzo 30, 2009

La primera orquídea

El fin de semana ha sido lluvioso y repleto de compromisos.

Pero a última hora del domingo pude escaparme a mi descampado, donde el olor a hinojo húmedo me pareció embriagador.

A menos de tres metros de una porquería especialmente repugnante, vi la primera orquídea silvestre de esta temporada.

Es una florecita sensual y carnosa, que ha evolucionado para despertar la lujuria de alguna especie concreta de insectos ... hasta el punto de que al verla tratarán de copular con ella. Como consecuencia de esos roces del insecto promiscuo (que tal vez algunos considerarían contranatura), el polen de otra flor podrá fecundarla. Pero podría estar equivocado, cada especie de orquídea tiene su propia estrategia de seducción.

El mismo Darwin escribió un difícil libro contando los pormenores de este complicado asunto. La evolución, si se sabe mirar, puede verse en cada brizna de hierba.

sábado, marzo 28, 2009

La fiebre del oro

Todo el mundo tiene un pasado: yo también hice experimentos con una cámara de vídeo. Esto son 22 segundos del 2002, en plena fiebre del ladrillo.

A la izquierda, un telescopio abandonado.

jueves, marzo 26, 2009

Grandes placeres solitarios. Hoy: la paella

Uno de los mayores placeres solitarios es la preparación de una paella individual. Sin ánimo de ofender a nadie, y asumiendo el riesgo de equivocarme (ya me perdonarán los entendidos) hoy esto va de arroces.

Algunos de mis antepasados vivieron en Valencia. Tal vez por eso en mi infancia pude valorar la importante ceremonia de la paella, que vendría a ser como la preparación del te para los budistas zen en Japón. Mi abuela, que ahora tiene 99 años, después de sobrevivir a la posguerra podía preparar unos arroces extraordinarios para seis personas con dos trozos de pollo, medio pimiento rojo, un poco de tomate y dos ajos. Mi madre ya no llegó al mismo grado de perfección (lo siento mamá) y yo me emancipé del domicilio familiar siendo un iletrado absoluto: jamás me fue revelada la tradición.

Pero un día decidí aprender el sagrado arte de preparación de la paella. Empecé cocinando yo solo, y como soy un terco autodidacta, en lugar de consultar un libro de cocina, llamar por teléfono a casa o a mi tía Angelines, quise deducir la fórmula de la paella a base de experimentación. Fueron años duros, de muchos disgustos y de arroces pasados.

Yo empecé por lo esencial, que en mi opinión es el ajo y aceite de oliva. Si se sabe hacer, solamente con estos humildes ingredientes se puede preparar un plato digno (y muy superior a la porquería que hoy jueves me han dado en el menú). Después de freír ligeramente los ajos cortados muy pequeñitos, se tira el arroz, se deja unos segundos en la sartén y se añade el agua. Entonces hay que dejarlo cocer sin tocar absolutamente nada. Hacerlo al revés, poner primero el agua, es una herejía enorme que no puede ser perdonada jamás.

El asunto fundamental es ¿cuanta agua hay que poner?. Mientras el agua hierve, el arroz se va cocinando y cuando la última gota se ha evaporado debe estar exactamente en su punto. Si se pone de más, se pasa, y si se pone de menos, queda crudo. Añadir agua a media cocción se considera un pecado mortal, y a mi me contaron el caso de una mujer que, pensando que estaba sola, cayó en esa tentación. Pero fue vista por el santo Dios que la hizo caer fulminada en ese mismo momento con un rayo.

De modo que la cantidad de agua no es en absoluto un asunto menor. Yo recordaba una fórmula mágica, de haberla oído en la cocina de nuestra casa: dos tazas de agua por taza de arroz y una para la paella. A mi este sonsonete del agua para la paella me pareció oscurantista y precientífico, de modo que decidí no hacer caso y deducir la cantidad yo mismo.

Cocinando solo para mi, llegué a la conclusión (falsa) de que debe ser el triple de agua que de arroz. Cuando ya dominé esta técnica, y conseguí que el arroz quedara ligeramente crujiente, sin estar crudo, pensé que controlaba la cocción y me atreví a preparar un arroz para cinco personas, con conejo, pimiento, costilla de cerdo troceada, alguna gamba, etc. Me salió fatal, pasadísimo, con los granos tumefactos y las gambas desconsoladas.

Pero seguí experimentando y al fin logré una síntesis entre ciencia y tradición. El asunto es que en la paella el agua se consume por dos motivos: ebullición y absorción en los granos de arroz. La cantidad de agua que hierve es aproximadamente una taza, y la que absorbe el arroz, dos tazas (por taza de arroz). Esa es la verdad positiva que subyace debajo del sonsonete tradicional. Siendo para una persona, se pone una taza de arroz y tres de agua (como hacía yo), y puede parecer que el agua debe ser triple que el arroz. Pero no es así: si son dos personas, salen cinco. Y para cinco personas, once y no quince como yo puse equivocadamente.

Aclarado esto, ya puedo prepararme arroces solitarios con conejo, bacalao, o gambón argentino del Mercadona. Y aquí se me escapan las lágrimas pensando en las inolvidables gambas mediterráneas, que saturaban el paladar de placer e incluso inducían visiones místicas. Pero ya están completamente extinguidas, por lo menos para la clase obrera. De todos modos, hay que tener en cuenta que cuantos más y mejores ingredientes se pongan, peor suele salir el arroz.

Cuando ya está terminado, se sirve en la propia paella, tapado para que termine de cocer. Entonces, al probarlo, por más bueno que sea, hay que decir (o pensar): "Este arroz no vale nada, que mal ha salido... pero nos lo comeremos". Y después hay que recordar un arroz pretérito, gozoso, celestial, que en alguna ocasión memorable preparó una abuela sabia usando exclusivamente ajo y sal. Esta melancolía del arroz ancestral es un ingrediente imprescindible.

Bon profit.

miércoles, marzo 25, 2009

Astrofotografía y proceso de datos

Nebulosas de Magallanes, pinchen para ampliarlas.

Con trabajosa humildad asciendo muy lentamente por la cuesta de la astrofotografía, que es un asunto complicado. No se trata solamente de capturar las luces sutilísimas de los astros en movimiento, si no además de procesar las fotos (inevitable pensar en el pobre K. y su trágico destino).

Versión anteriormente publicada de la misma fotografía, con contaminación luminosa.

Cuando yo pensaba que sabía algo de fotografía digital, me doy cuenta de que en las fotos del cielo nocturno todo es completamente diferente y mucho más difícil. En las fotos normales yo trato de que las escenas se vean interesantes pero no diferentes a lo que veían nuestros ojos.

En astrofotografía no se cuenta con la referencia visual y además lo que se pretende en primer lugar (¿con un cierto platonismo?) es eliminar la contaminación luminosa y en segundo que los objetos celestes se vean con claridad. Nuestra percepción visual no está hecha para discernir galaxias o nebulosas, hay que ayudarla con unos toques de matemáticas fotográficas.

Todo esto es complicado y yo voy y vengo de diferentes foros tratando de aprender un poco de los que saben mucho pero al mismo tiempo intentando no perder la inocencia visual de los que no saben nada, para poder seguir viendo las cosas un poco desde fuera.

Todo esto me absorbe y temo maltratar a la audiencia con estos asuntos. Pero en estos asuntos está mi mente ahora que empieza la primavera, aunque de vez en cuando salgo al monte en busca de los primeros bichos.

domingo, marzo 22, 2009

Muerte en la cascada y los medios de comunicación

Ahora que ya han pasado unos días, quisiera contar lo que ocurrió el sábado de la semana pasada.

Fuimos con la familia a visitar un salto de agua. Hay que andar como cuarenta minutos desde el coche, bajando por un sendero. Es un lugar precioso pero muy concurrido, había por lo menos 40 o 50 personas, familias con niños y gente de todas las edades. Tomé un par de fotos con la intención de regresar por la tarde, con mejor luz, menos gente y menos ruido.

Pero ya de regreso oímos un golpe a lo lejos, como si cayera una piedra, seguido de unos gritos, todo ello amortiguado por el sonido del salto de agua. Al principio no pareció especialmente grave, tal vez alguien que había caído al agua.. pero al llegar arriba dejamos a los niños unos metros atrás y al asomarnos al barranco vimos una persona boca arriba, al pie de la cascada, vestida con ropa de calle, a la que trataban de reanimar con un masaje cardíaco. Llamamos a emergencias -por si desde abajo no había cobertura- pero nos dijeron que ya estaban avisados y en camino. Visto que no podíamos hacer nada más, nos alejamos un poco para no preocupar demasiado a los niños. Por la tarde el silencio se apoderó de aquel lugar y vimos regresar a cinco o seis personas, bomberos y personal sanitario, con aspecto derrotado: había muerto.

El lugar, por lo menos donde estábamos nosotros, no es peligroso en absoluto. Una familia bajó a un niño de meses en un cochecito. Tal vez (pero no lo se) el accidentado subió a la parte superior de la cascada y resbaló. No lo se. Yo, que frecuento ríos, suelo ser exageradamente prudente. Es muy fácil resbalar y caer. La proximidad de la muerte nos dejó aturdidos.

Ya en casa me sorprendió como daban la noticia por la radio y en la prensa del domingo. Según se decía, el hombre estaba practicando barranquismo. Pero allí no había nadie haciendo barranquismo ni creo que ese sea un lugar adecuado para esta actividad, ni el accidentado vestía un neopreno, ni nada por el estilo. Y la noticia se relacionaba con otros accidentes ocurridos en la montaña ese mismo día: un hombre que practicaba parapente, un excursionista herido en la rodilla, un escalador con distensión de ligamentos.. La prensa después corrigió y dijo que no estaba haciendo barranquismo, que simplemente resbaló, pero he hecho una pequeña encuesta entre mis conocidos y todos se quedaron con la idea de que el hombre murió haciendo barranquismo.

Últimamente se oye hablar mucho de si hay que cobrar los rescates de montaña. Desplazar un helicóptero, ambulancias, etc vale mucho dinero y da la impresión de que se intenta preparar a la opinión pública para el día inminente en que estos servicios se cobren al usuario, si es que no tiene un seguro. Yo no se si cobrar esto es bueno o malo, creo que en otras cosas se gastará mucho más dinero público, pero no quiero entrar en este tema. Lo que si quiero decir es más general: me da la impresión de que los medios de comunicación ya tienen su discurso y se limitan a utilizar la realidad para ilustrarlo. Siempre que yo he presenciado personalmente algo que después ha sido noticia he tenido esta sensación. Mi consejo es que, si se trata de formarse una opinión, desconfíen sistemáticamente de las cosas que no hayan visto con sus propios ojos.

lunes, marzo 16, 2009

Los cometas y yo

El Lulin, fotografiado como si fuera una libélula.

Cometa Halley, 1986

El año 1986, la agrupación astronómica de mi ciudad-dormitorio organizó una salida nocturna para ver el cometa Halley. Yo entonces -aunque parezca mentira- ya era un triste estudiante de COU en las Escuelas Pías (de las que no puedo decir absolutamente nada bueno). Mi padre era muy protector, pero contra todo pronóstico me permitió subir al Renault Once de unos generosos desconocidos que condujeron durante casi tres horas hasta alejarse lo suficiente de la contaminación luminosa. Cuando llegamos ya estaban montando los telescopios. Es un arte incierto este de apuntar a las estrellas, y todavía más a los cometas: los preparativos duraron horas y horas. Para amenizarlos, otro de los telescopios se dirigió al planeta Saturno que me pareció realmente maravilloso con sus enormes anillos. Uno de los asistentes, un chico norteamericano al que después todo el mundo negó conocer, optó por traer una muy poco científica botella de JB, que terminó bebiéndose casi enteramente después de haberla ofrecido a todo el mundo.

Cuando la gente ya empezaba a desesperarse, el maquinista logró finalmente que la montura ecuatorial apuntase al cometa Halley. Con gran expectación, todos los asistentes esperamos nuestro turno para poder ver al maravilloso Halley. Uno de los primeros fue el americano, ya totalmente borracho. Miró por el ocular unos segundos, escupió al suelo y exclamó:

-¿Eso es el Halley? ¡Parece un espermatoozoide chafado!

Cuando me tocó a mi, pude confirmar que su descripción era, en lo esencial, correcta. Los placeres que proporciona la astronomía son grandes, pero no fáciles.

Cometa Hale-Bopp, 1997

En el 97 yo era un agrimensor completamente absorto en mi trabajo. Que años aquellos, cuantas horas pasadas ¿en vano? delante del ordenador sin pensar en nada más que trabajar... pero una noche mi amigo y compañero de despacho me propuso ir a ver al inolvidable cometa Hale-Bopp. A unos pocos kilómetros de la ciudad dormitorio, según se decía, el cielo ya era lo bastante oscuro como para poder ver al gran cometa. Unos días antes, los miembros de una secta se habían suicidado en masa, a instancias del gurú, con la esperanza de que sus almas montarían en una nave espacial camuflada en la cola (cosa que no era más absurda que otras creencias convencionales). De modo que el Hale-Bopp debería ser algo digno de verse, un buen cometa para transportar cómodamente a muchos fieles. Dejamos el coche junto a la carretera y subimos monte arriba para ganar algo de altura. Finalmente nos atrevimos a mirar al sur-este y en efecto, justo encima de las luces de la ciudad estaba el magnífico cometa.

Era enorme, algo ténue pero bellísimo y al mismo tiempo siniestro. No es de extrañar que antiguamente, cuando la gente miraba al cielo de noche, se creyera que eran portadores de desgracias. Regresamos a la ciudad admirados por el espectáculo que habíamos contemplado, y pensando en trabajar un poco menos y aficionarnos a alguna cosa bonita e intrascendente, como fotografiar libélulas o galaxias.

Esa fue una de las muchas salidas que hicimos juntos y para mi los cometas siempre estarán asociados al recuerdo inolvidable de su amistad. Unos años más tarde falleció, sin haber fotografiado ninguna libélula. Pero esa es otra historia.

Cometa Lulin, 2009

Ahora en el 2009 yo soy el que escribo. A última hora de la tarde dejé a la familia en el hotel y subí monte arriba en coche, esta vez dispuesto a hacer mis propias observaciones. Cuando llegué al lugar acordado, que es uno de los más oscuros en el noreste de la península, ya estaban allí mis amigos, con su telescopio montado sobre la nieve, a punto de empezar una extraordinaria fotografía. Mi objetivo, además de pasar un tranquilo fin de semana con la familia, era fotografiar la galaxia de Andrómeda. Pero -un poco absurdamente- había tenido que dejar el telescopio en casa por que no había forma de meterlo en el maletero del coche junto con el resto del equipaje. La vida, dicen, es lo que te va sucediendo mientras tu intentas planificarla. Solamente llevaba la montura ecuatorial, que es lo que permite detener el movimiento de las estrellas, y la cámara con el teleobjetivo.

Una vez fotografiada la galaxia resultó que el cometa ya había salido -los cuerpos celestes salen y se ponen, igual que el sol. De modo que siguiendo las indicaciones que me dieron, pude localizar al cometa, también cerca de Saturno. Y le fotografié modestamente, usando el objetivo de 180 milímetros de fotografiar libélulas. Si pinchan para ampliar la foto, verán -en tan solo tres fotogramas- al cometa de color verde surcar el cielo majestuosamente entre las estrellas (y si no funciona pulsen aquí). Hubiera tenido que hacer más fotos para completar la secuencia (y que estupendo sería poderle ver ahora abandonar el encuadre como una gran dama desairada que sube escaleras arriba). Pero la temperatura era de cuatro grados bajo cero y estando quieto frente a la cámara el cerebro se embota... de modo que dejé al cometa y pasé a hacer otra foto que tal vez un día les muestre. Esta del cometa no creo que pueda mejorarla, el cometa Lulin tardará más de dos mil años en regresar, si es que regresa, que ya veremos.

domingo, marzo 15, 2009

Blanco sobre blanco

Un poco confuso, este año ya se me pasaba el ritual del almendro. Sin tener la certeza absoluta de nada, fui a un campo de cultivo abandonado que hay más allá del vertedero de basuras. El cielo era plomizo y fotografié los almendros en flor, blanco sobre blanco, tal y como salen en la esquina de un grabado japonés con geishas que ahora no consigo encontrar. Pero no se que tal habrán quedado.

Creo que ha llegado el momento de empezar a celebrar la Navidad.

viernes, marzo 13, 2009

Las luces azules y la culpa

Fue hace unos meses, por la noche. Yo regresaba cansado de hacer unas fotos cuando vi la luz azul de los controles de policía. Mucha sangre de herejes y maleantes debe de correr por mis venas, por que al ver a la autoridad yo siempre me alarmo. Procuro conducir respetando todas las señales, incluyendo los abundantes límites de velocidad. Pero en esa carretera las señales de 80, 40, 70 y 60 parece que hayan sido sembradas como dando de comer a los peces. Y yo nunca puedo estar seguro de haberlas visto todas.

Esa noche llevaba puesto el cinturón de seguridad. A mi lado, se suponía, estaba el chaleco reflectante y en el maletero las bombillas de recambio que nadie sabe cambiar. También pasé revista mentalmente a toda la documentación: Ficha técnica, seguro obligatorio al corriente de pago, carnet de conducir, permiso de circulación, comprobante de haber pasado la ITV. De todo eso, solamente tenía la certeza de llevar el carnet. Todo lo demás me daba sudores, empezando por el coche que era prestado.

En fin, que yo seguía acercándome a la luz azul y ya casi veía la multa, y la retirada de los puntos. Y quien sabe si la cárcel. Por si acaso, escondí los restos de papel de plata y me sacudí las migas del bocadillo que terminaba de comerme. Unos días antes, estando parado en un atasco, un agente me advirtió de que no se puede conducir mientras se come un plátano. Desde el coche patrulla me hizo señales, hizo como si escribiera ("Te voy a poner una multa") y contó con los dedos de la mano extendidos ("Uno, dos, tres, cuatro. Cuatro puntos te voy a quitar"). Yo me asombré ¿por comerme un plátano en un atasco?. Si, si, me dijo por señas, a la próxima ya verás, te voy a empapelar. Y me dejó angustiado.

Las luces eran muchas y muy azules. Tal vez no era cosa de tráfico, tal vez buscaban a alguien realmente peligroso. Y yo llevaba dos cámaras, un telescopio, un ordenador, un temporizador, varias baterías, dos trípodes y un aparato electrónico hecho en casa. Todo ello de lo más sospechoso. A veces, cuando detienen a una peligrosa banda y ponen todos los aparatos incautados encima del mostrador y dejan que la cámara haga un tráveling arriba y abajo, yo pienso que eso no es nada: yo tengo aparatos mucho más sospechosos. "Le fueron incautados impresionantes medios informáticos y electrónicos", ya casi podía ver los titulares. "Alegó que era fotógrafo y agrimensor". Risas y más risas de la audiencia despiadada, como cuando Joseph K. quería defenderse de las acusaciones. ¿Quién va a creerse eso?. ¡Pero yo les aseguro que soy inocente!

Aunque tal vez -sin saberlo- había infringido alguna otra ley. Quien sabe, hay leyes que son secretas, como el reglamento de las cosas que se pueden subir a un avión. No se puede hacer público por que si los malos lo supieran, eso les daría ideas. Entonces, ¿como se puede estar seguro de no haber hecho algo ilegal? ¿no podría haber más leyes secretas, desconocidas incluso para los propios policías? (o leyes absolutamente secretas, guardadas dentro de un sobre lacrado en una caja de plomo en el fondo del mar). Y además, casi todo el mundo, en lo más íntimo de su persona, se sabe secretamente culpable de algo, aunque no sepa exactamente de que. Al revés, los más peligrosos son los que tienen la certeza de haber obrado siempre bien, me parece a mi. Pero ¿el tribunal va a entender estas sutilezas?.

Futbol. Les hablaría de futbol. Eso seguro que aliviaba un poco la tensión. No obstante, el día antes la selección nacional había disputado un importante encuentro y yo no sabía el resultado (es más, me resultaba totalmente indiferente). Tendría que haberlo preguntado y después fingir alegría o desolación, para parecer un buen ciudadano. Y además estaba el asunto de la ropa interior. Esa mañana justamente me había vestido pulcramente de blanco ¿no sería eso sospechoso?.

-Detenga el motor del vehículo, deme el carnet de conducir y sople aquí.

jueves, marzo 12, 2009

Caos y corrupción en el mundo sublunar

Medusa, de Caravaggio.

Hasta donde yo se, se debe a Aristóteles la doctrina de la separación entre el mundo sublunar y el celestial. El primero, el nuestro, estaría sujeto a la corrupción y el caos mientras que el segundo sería el de las esferas celestes, perfecto e imperecedero.

Dijo Russell que Aristóteles tuvo la desgracia de ser el último gran pensador en muchos siglos, de modo que su sistema pasó a ser un dogma de fe que no podía ser criticado sin riesgo. Galileo fue de los primeros que se atrevió, ahora hace 400 años, y ya saben ustedes como terminó el asunto.

En este modesto cuadernillo ya nos hemos entretenido varias veces en burlarnos de Aristóteles (ahora que supongo que ya se puede sin miedo a la hoguera, a la que yo siempre he tenido un gran respeto). Pero en esta entrada de hoy yo quisiera homenajear al sabio griego. Y a tal efecto, el sábado pasado subí al tejado con el telescopio. No es un asunto sencillo. Tuve que hacer cuatro viajes con la montura, el trípode, el ordenador, el telescopio propiamente dicho, el maldito contrapeso, la cámara, una silla, el bocadillo para cenar y una batería de coche para propulsar el conjunto.

Debo completar el montaje del observatorio y su puesta en estación con el mayor de los sigilos, como si fuera un ladrón. Una desafortunada noche hice un pequeño ruido que alertó a la vecina del ático. Y ella subió, terriblemente, con batín y rulos chillando "ladrones, ladrones" como la mismísima medusa que era capaz de paralizar con la mirada.

El telescopio, en el lugar de los hechos (Esa parabólica yo no la recibo, ni falta que hace).

Según Aristóteles, las esferas del mundo celestial giran armoniosamente noche y día, con centro en un punto situado cerca de la estrella polar. Pues bien, el telescopio, con la ayuda de una cámara guía y un ordenador, es capaz de deshacer este movimiento, dejando las estrellas absolutamente fijas durante mucho tiempo y haciendo rotar el mundo sublunar. Durante unos diez minutos jugué a detener el cielo de este modo. Mientras la cámara (¿la ven encima del telescopio?) apuntaba a la constelación de Cefeo, la tierra estuvo girando, y el resultado es esta foto:

El cielo fijo y el mundo sublunar en rotación. Pinchen para poder ver las estrellas absolutamente inmóviles mientras todo gira.

Estando las esferas celestes detenidas, pasaron no menos de siete ciclomotores atronando como demonios en celo, los vapores de la tortilla de patatas emergieron pestilentes del patio de luces, los humos de los autobuses surcaron el cielo de este a oeste formando extrañas bandas de color violeta, un vecino celebró un gol y el sagaz perro de la vecina no dejó de ladrar.

Pero las estrellas siguieron quietas e inmutables, por encima de la contaminación luminosa de la ciudad-dormitorio. Aristóteles, yo te comprendo; Platón, discúlpame. ¿Por donde se sube al mundo celestial?

martes, marzo 10, 2009

La siesta

Yo -siempre que las circunstancias me lo permiten- me tumbo a dormir después de comer. A veces duermo en el tren, dentro del coche aparcado o en un prado. Pero si puedo, me meto en la cama y al esconder la cabeza en la almohada, tengo la certeza de estar disfrutando de uno de los sentimientos más sinceros que existen: el amor a uno mismo.

De noche se duerme por obligación, para poder estar despierto al día siguiente y trabajar para pagar la hipoteca. Las personas honradas y trabajadoras, como los grandes banqueros, madrugan y por consiguiente deben pasar la noche durmiendo. De este modo a primera hora de la mañana ya están despiertas y preparadas para poder invertir en la bolsa.

Pero la siesta se hace por el vicio de la pereza, para darse el placer de descansar. ¿Cuál de los dos sueños debe ser más gozoso? ¿El obligatorio de la noche o el robado al mediodía?

La mejor de las siestas, la más perfecta, es la de 10 minutos. Cuando el cuerpo y la mente están en plena forma, con este tiempo es suficiente para soñar una historia completa y despertar renovado. Ahora bien, en épocas de cansancio o de insomnio, es posible que tendamos a alargarnos más, mucho más. Son estos excesos de los días festivos los que dan mala imagen a la siesta, pero ¿qué más da? Quien pueda que los disfrute.

El invierno, con sus días tan cortos, es el enemigo natural de la siesta larga. Las horas de luz terminan muy pronto y es una pena desperdiciarlas, incluso si no tenemos ninguna obligación por la tarde. En cambio, el verano, con sus tardes enormes y su calor despiadado, parece que nos obligue a dormir después de comer. Incluso desde el punto de vista de la productividad, la siesta veraniega debería considerarse una herramienta útil. Es de sobra conocido que los minutos más lúcidos son los que siguen al despertar de una siesta de verano. De la misma manera que lo perfecto está en el punto medio entre lo posible y lo imposible, en estos instantes que siguen al despertar suave de un sueño feliz, la mente puede concebir y explorar las ideas más atrevidas y al mismo tiempo someterlas a la criba del pensamiento racional y después recordarlas.

Me voy a dormir. Diez minutitos, solamente.

lunes, marzo 09, 2009

El retorno de la primavera

Parece que la primavera ya empieza a asomar. Los insectos más audaces ya están empezando a correr por el monte y yo, que estoy ensimismado con la contemplación de las galaxias, estuve a punto de perderme este acontecimiento.

El otro día, a la hora de comer pude salir de la ciudad-dormitorio apenas una hora. Conduciendo con el bocadillo en la mano llegué en menos de quince minutos al descampado donde he hecho tantas y tantas fotos. Es un lugar cercano y fácilmente accesible en coche, por lo que hay que andar con cuidado: persiguiendo mariposas y abejorros, es fácil caer encima de botellas rotas, preservativos usados o quien sabe que (y al llegar aquí siempre me viene a la memoria Suzanne de Leonhard Cohen, cuando dice And she shows you where to look //
Among the garbage and the flowers)


Antes esta suciedad me escandalizaba, pero ahora ya se que no es casual, ni mucho menos. Se trata de que parezca un lugar asqueroso. De este modo, cuando ellos decidan que ya es el momento de recalificar el terreno para hacer una urbanización de lujo (que estará muy cerca de la capital gracias a la nueva autopista, y al mismo tiempo muy cerca del parque natural) entonces todo el mundo dirá que no importa. Por que era un paraje dejado y sucio donde los pobres pasaban el rato haciendo porquerías. "Menos mal que han adecentado aquel descampado", dirán los bienpensantes patricios de la ciudad-dormitorio: los del gobierno y los de la oposición, los ecologistas y los comunistas, los constructores y el concejal de educación, todos ellos van a estar de acuerdo, como siempre, en las cosas tangibles.

Yo conozco este lugar arbusto por arbusto, y en cada uno de ellos he vivido. En aquella mata de romero estuvo cazando una mantis durante todo el mes de septiembre. Allí, debajo de la zarza, fotografié a la Ameles. En el tronco del árbol se instalaron unas preciosas avispas Vespula germanica, y las pude observar casi a diario durante semanas. Todavía más: unos centenares de metros más adelante, hay una charca donde nunca falta el agua. Por la noche, acude el jabalí a bañarse y la jineta a beber. Y también se puede oír el canto siniestro del cárabo, que suele asustar a las parejas que se aman en los coches.

Ahora, a principios de marzo, el tiempo sigue siendo frío y a primera vista parece que solamente se atreven a volar los abejorros, que siempre consiguen mantenerse más calientes que el resto de los insectos. Y algunas mariposas limoneras, que han hibernado camufladas entre las hojas. Con tantas novedades yo deambulo algo perplejo entre el madroño, las aliagas y los pinos, tratando de rehacer las fotos que ya hice tantas otras veces, como si no supiera que cada foto es un instante. Y cada instante es irrepetible, las fotos no pueden repetirse de la misma manera que la vida no puede volverse a vivir.

Pero en el lugar acostumbrado vuelvo a encontrar mi fantástico hormiguero de Campanotus cruentatus, las astutas hormigas gigantes que no comen pan bimbo por más que uno insista. Una de ellas termina de salir del nido, como si quisiera ver que tal está el tiempo. Pero está casi tan perpleja como yo, y se toma su tiempo antes de empezar a trabajar. Como tantos otros, el mito de la hormiga esforzada es una verdad a medias. Más trabajaron -día y noche- los obreros en las fábricas de esta ciudad con el cielo de plomo. Y más quisieran ahora que seguir trabajando.

Y yo ya tengo que regresar (a trabajar).

PS. Disculpen si no puedo responder a los comentarios como es debido, se me acumulan las cosas pendientes y si encuentro un momento prefiero dedicarlo a escribir una entrada nueva. Pero les leo a todos y siempre agradezco sus puntos de vista.

viernes, marzo 06, 2009

Verde Rubianes

Ya se murió Rubianes. Yo me lo temía desde que dijo que estaba enfermo y desapareció sin dejar rastro mediático ni pasar por Huston. Yo se que muchos le odiaban sin haber asistido nunca a uno de sus espectáculos, tal vez a causa de algunas campañas de prensa, y que tal vez ahora alguien me acuse de quien sabe que solamente por haber escrito esto.

Decía que cuando la tristeza asomaba había que marcharse a África. Criticaba a las cajas de ahorros, a las hipotecas y se burlaba de los planes de pensiones, entre otras cosas. A mi me hizo reír y no me hubiera importado compartir mesa con él. Ahora sería imperdonable no dedicarle ni una sola de mis humildes entradas.

La mitad de sus cenizas las han mandado a Cuba. Y la otra, a África. Yo no he estado en ninguno de los dos lugares. Pero si la doctrina de la salvación inversa fuera cierta, espero que nos veamos en el cielo. Entretanto, un brazo amigo Rubianes.

jueves, marzo 05, 2009

El blanco y el negro

(Pinchen, se lo ruego, para ampliar la foto).

De pequeñito yo entendí que las fotos en blanco y negro no tenían grises. A causa de este lamentable error de interpretación, toda mi posterior trayectoria fotográfica ha sufrido una desviación irreversible: en lugar de preservar los nueve sutiles tonos grises entre el blanco y el negro que nos mostró el maestro Ansel Adams, y dejar las fotos tal y como manda la doctrina católica y apostólica de la fotografía digital correcta y de alta calidad, yo a veces tiro por el lado más bestia de la vida y me sale todo blanco o negro.

Pero esta foto no es en blanco y negro, si no que es en color. Simplemente es que allí casi no había color: esta es una inolvidable playa de arena volcánica en Tenerife.

En algunos lugares de Tenerife parace que el negro-negro tampoco gusta y han traído arena dorada, de calidad, para que los turistas estén más a gusto.

miércoles, marzo 04, 2009

Edwin Hubble y la galáxia de Andrómeda

Esta es mi modesta (por no decir mala) primera foto de la Galaxia de Andrómeda. Está tirada con un 50-500 a 500mm. La galaxia se ve más o menos igual de grande que el cuerpo de un pato asustado que se aleja volando. Aquí hay una foto buena.

Yo no se si la noche del 5 al 6 de octubre de 1923 hubo algún importante partido de fútbol, pero pasará a la historia por la foto que hizo Edwin Hubble de la galaxia de Andrómeda. Hubble, antes de ser un famoso robot telescopio, era un astrónomo. No se si nos hubiéramos llevado bien. Por una parte, Hubble me cae simpático por que se interesó por la astronomía a escondidas de su padre, que pretendía que fuera un próspero abogado. Pero por otra, me parece que debía de ser un poco repelente: se dice que tenía un carácter más parecido al de un artista de cine que al de un astrónomo (*) y se empeñaba en hablar con acento de Oxford (donde solamente estuvo tres años) a pesar de ser de Missouri.

Hubble, frente al telescopio de Monte Palomar, entonces el más grande del mundo. De un APOD.

En cualquier caso, Hubble era un usuario muy competente del telescopio de 2.5 metros del monte Wilson, que esa noche apuntó hacia la misteriosa nebulosa de Andrómeda (igual que mi cámara 86 años más tarde). En aquella época no estaba clara la naturaleza de esas manchas luminosas que hay en el cielo. Algunos sostenían que todas ellas no eran más que simples nubes de gas, mientras que otros pensaban que algunas eran otras galaxias, a distancias enormemente grandes. Hubble era más bien partidario de esta segunda opinión. Y aquella noche, contra todo pronóstico, pudo demostrarlo.

Galaxia de Andrómeda, fotografiada por Hubble con el telescopio de monte Wilson. Las anotaciones son de su puño y letra. La estrella variable está marcada como VAR!

El telescopio de 2.5 metros, que capta unas 1000 veces más luz que el modesto objetivo de mi cámara, no se utilizaba para simplemente ver, si no para algo mucho más importante: fotografiar. Desde principios del siglo XX la fotografía había revolucionado la astronomía, por primera vez se podía estudiar las imágenes con detenimiento y sobretodo comparar y objetivar los datos. Cuando Hubble comparó la foto de aquella noche con otras exposiciones anteriores, observó una estrella variable presumiblemente dentro de la nebulosa de Andrómeda.

Esto era muy importante. Algunas estrellas agonizantes tienen algo parecido a una respiración interior, se expanden y contraen regularmente. Y esto, aunque parezca mentira, permite saber a que distancia están. Aunque la persona que hizo este sensacional descubrimiento, a diferencia de Hubble, no fue un personaje mediático: murió en el anonimato y sin ningún reconocimiento (pero de eso hablaré otro día).

En el caso de la nebulosa de Andrómeda, la distancia hasta la estrella variable resultó ser enorme: más de dos millones de años luz, muchísimo más lejos que el tamaño de nuestra Via Láctea. Era definitivamente otro universo-isla. Esa luz difusa de la nebulosa no está compuesta por motas de polvo normales, si no por mundos enteros... cada uno de ellos formado por una estrella y sus planetas, con sus lunas, sus libélulas y sus notarios.

Se ha podido averiguar que se aproxima a nosotros, dentro de algunos miles de millones de años finalmente chocaremos. No creo que ninguno de nuestros descendientes pueda observarlo.

(*) He had an exciting, compelling personality, far different from most astronomers, much more like those of the movie stars and writers who become his friends and companions in the later years of his life. (Self-made cosmologist: the education of Edwin Hubble. D.E.Osterbrock et al.)

lunes, marzo 02, 2009

Huellas en la nieve

(¿Un zorro?)

Que gran placer, para quien pueda hacerlo, salir al monte por la mañana a primera hora después de una nevada y encontrar las preciosas huellas de los animales nocturnos. La noche había sido de luna llena, y me sorprendió no ver algún jabalí en la claridad de los campos nevados, ni tampoco los ojos resplandecientes de un zorro. Es que nos temen, nos temen enormemente. A pesar de que en el pueblo casi nunca hay más de diez o quince personas, esa noche tan sumanente clara los habitantes del bosque prefirieron no acercarse más de la cuenta.

Pero por la mañana bastó con alejarnos un poco para encontrar sus rastros, y me hubiera gustado seguirlos para saber por donde se mueven. Los animales también tienen sus carreteras, pequeños caminos por los que avanzan más fácilmente que campo a través, y que a veces coinciden con los nuestros. Nada me gustaría más que poder fotografiar sus vidas secretas, pero hasta el momento he fracasado por completo.

(¿un conejo?)

(¿un duende?)