sábado, agosto 30, 2008

Una noche de agosto


Este es el gran roble, y detrás está la Vía Láctea, en esta noche clara de Agosto. Justo ahora mismo acabo de leer que para los antiguos egipcios la Vía Láctea era como un Nilo celestial. La mancha blanca es Júpiter con sus satélites. Brilla más que cualquier otra estrella, y causa escándalo e incluso temor en el firmamento. Por allí, más arriba de las ramas, debe de andar el enigmático Plutón. Pero es miles de veces demasiado sutil para que pueda verlo la cámara. También se oyen los autillos cantando imperturbables, como si fueran radiofaros, y a veces a lo lejos, los extraños ladridos de los zorros y los gruñidos de los jabalíes que suelen pasar cerca de aquí. Siempre siempre tan reflexivos, me preguntan que estoy haciendo.

-Fotos, hago fotos, y también observo la galaxia de Andrómeda con mi modesto catalejo.

Veo pasar de vez en cuando extraños cuerpos celestes, demasiado rápidos para ser un avión y demasiado lentos para ser estrellas fugaces. Careciendo de fe en la Ufología, asumo que son satélites artificiales y recuerdo que CocaCola se estuvo planteando durante años si poner un anuncio en órbita.

Pero yo debo aprender algo de astronomía, por que si finalmente aterrizaran criaturas de otros planetas por lo menos ya podríamos hablar de las supernovas y los agujeros negros, que aterrorizaron desde el primer momento a mi hijo pequeño. El mayor se quedó consternado al saber que dentro de 4000 millones de años el sol explotará y reducirá la tierra a cenizas.

Esa luz roja del fondo, que parece infernal, en realidad es el reflejo de una gran Babilonia, con sus campos de Golf y sus urbanizaciones a medio construir por culpa de las suspensiones de pagos.

domingo, agosto 24, 2008

Los tres cerditos constructores

Había una vez, en un país muy lejano, tres cerditos constructores: el cerdito inmigrante, el cerdito obrero y el cerdito promotor.

El cerdito inmigrante llegó ilegalmente y empezó trabajando de peón. A fuerza de mucho trabajar y mucho observar, pudo aprender el oficio de colocador de pladur. Con lo que ganaba, le pareció que podría pagar un piso en un suburbio miserable.

Pero al poco de firmar su hipoteca, soplaron vientos de crisis y llegó la ruina.

Cuando la ruina alcanzó el piso del cerdito inmigrante, de un solo soplido le dejó sin trabajo. El día del embargo, dos guardias civiles y un notario les echaron a la calle sin atender al llanto de los niños.

Y suplicó: “Cerdito obrero, no tengo trabajo. ¿Podrías ayudarme?”

-Ay, que más quisiera yo, ¿no ves que también lo estoy pasando muy mal?

El cerdito obrero era hijo de un albañil y enseguida pudo aprender el oficio de encofrador. Eran tiempos de euforia salarial, y a fuerza de mucho trabajar pudo comprarse un dúplex, un Audi A4 y un apartamento en La Manga del Mar Menor. Y ya estaba pensado en invertir en otro piso cuando llegó la ruina.

En un par de soplidos les dejó sin trabajo, a él y a su mujer.

-Cerdito promotor, no podemos pagar la hipoteca, ¿podrías ayudarnos?

-Ay, que más quisiera yo, si hace meses que no se empiezan obras nuevas.

El cerdito promotor siempre estuvo bien situado y ya de joven pudo disfrutar de la náutica, del golf y de otros caros placeres. Empezando con el bolsillo lleno, a fuerza de mucho especular, recalificar y subcontratar, amasó un gran patrimonio que no enumero para no causar escándalo.

Y cuando la ruina llegó a su casa de la zona alta, estuvo un buen rato soplando y soplando. Pero el cerdito especulador ya lo había vendido todo y tenía el dinero a buen recaudo, en otros países y en negocios que no me quiso contar. Pero me dijo: “Acuérdate siempre de esto Frikosal, el último millón hay que dejárselo ganar a otro”.

Y dicen que allí en lo alto, el cerdo banquero se lo mira todo con relativa indiferencia desde su torre de cristal, por que de toda la vida se ha dicho que la banca siempre gana. Aunque esta vez la ruina viene muy crecida y ¿quien sabe lo que podría suceder?

(3 de Noviembre, San Martín, tomen nota)

miércoles, agosto 20, 2008

La Vía Láctea y la tormenta

Aquella noche se dio una circunstancia extraña. Las nubes que por la tarde cubrían el cielo se fueron desplazando hacia el noreste, más allá de las montañas, donde formaron una importante tormenta eléctrica. Y el resto del cielo quedó despejado casi por completo, dejando la Vía Láctea, que tanto me gusta contemplar, totalmente desnuda.

En realidad yo estaba en casa pero mi amigo P. me vino a avisar del prodigio que sucedía. Cuando pude llegar al lugar adecuado lo mejor ya había terminado, la tormenta se había alejado mucho. Los truenos no se oían y los rayos, a pesar de ser grandes, estaban tan lejos que no resultaban amenazadores. No obstante, estuve un buen rato observando el cielo y haciendo fotos.

Esta imagen no hace justicia a aquel cielo tan especial. Yo recuerdo el silencio, la oscuridad de la noche interrumpida por los rayos lejanos, la soledad. Solamente me interrumpió un ruido, que parecía de roedor que pero resultó ser de un sapo corredor.

viernes, agosto 15, 2008

Llorar como los lagartos

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantaritos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran.
¡ay! ¡ay!, cómo están llorando!


(Federico García Lorca)

Yo tenía 36 años un día de octubre, y regresaba de fotografiar mariposas. Pero ya no había mariposas. En la radio del coche escuché la historia de los lagartos, tan tristes, tan viejos y tan pobres buscando su anillo. Yo también lloré. ¿Por qué lloré como los lagartos? Esta pérdida de un objeto tan especial, el anillo de desposados, que es de plomo, barato y pesado, que solamente tiene valor para ellos, me conmovió. Es, una vez más, el paso del tiempo y la destrucción de las ilusiones y los recuerdos.

A Charlot, en Tiempos modernos, se le cayó el reloj, la única herencia de su padre, en una prensa. El público rompió a reír. Pero mi madre me tuvo que sacar del cine, que tenía los asientos de madera, para no molestar a los demás con mi llanto.

Por favor ¿por qué ese cielo grande y sin gente? ¿es la indiferencia, junto con el capitán? Creo que en realidad eran dos ancianos, marido y mujer, llorando arrugados, al sol de una calle en Granada los que vio Federico siendo un niño. Y que bueno era, aunque a Borges no le gustara.

domingo, agosto 10, 2008

El canto de la rana arborícora y el concepto de pecado en fotografía

El canto de la rana arborícora es furioso y desesperado. El macho de rana común, según me dijo el herpetólogo que me guiaba, ensaya diversas melodías para atraer a las hembras. Pero la arborícora es monótona y se basa únicamente en su potencia. Su canto se puede oír a kilómetros de distancia. Que misterio más grande, siendo de noche oír su canto a lo lejos y no saber donde están. Y después, encontrar su charca oculta, iluminar con la linterna y verla cantando en el agua, como hipnotizada por el deseo. Todavía más, encontrar a una de ellas cantando desde lo alto de un arbusto. Las demás, desde el agua, trataban en vano de hacerla callar.

Le pregunté al herpetólogo si para impresionar a las hembras es una buena estrategia cantar desde lo alto, como hacían antiguamente los obreros de la construcción. Vaciló un poco y al final me dio la respuesta: Es una tontería cantar desde lo alto, los demás machos no pueden expulsarte pero la cópula al fin se realizará en el agua. Por mucho que cantes, rana, será en vano (a menos que haya alguna estrategia secreta que ignoramos los humanos).

Dispuesto a fotografiar esta rana cantadora tan especial, metí la cámara entre las ramas y pude hacer unas fotos con cierta dificultad. Me marché contentísimo. Pero al llegar a casa observé que el reflejo del flash había quedado un poco feo. Con paciencia y photoshop fui pintando la rana de rana, allí donde la luz la había blanqueado. ¿Es esto pecado mortal Padre yo pregunto?

domingo, agosto 03, 2008

El vértigo de estar sin estar

Queridísimos amigos y familiares,

Temporalmente ya no estoy aquí, si no en un lugar remoto sin conexión a la red y apenas sin telefonía ni televisión. Solamente me queda el flagelo de "Radio 5 todo noticias", que parece alcanzar el universo entero.

Relativamente feliz, como el avestruz que ha escondido sabiamente la cabeza dentro de la arena, ignoro cual puede estar siendo el devenir del mundo desde que desaparecí el pasado día 1.

He dejado entradas programadas para los días 10, 15 y 20 de agosto. También una para el 10 de ocubre, que borraré en cuanto regrese. Que vértigo, estar sin estar. Y regresar para abrir con temblores el ordenador y encontrar los comentarios.

Necesitaba vacaciones, pero me temo que volveré peor.

Siempre vuestro,

Dr. Frikosal (sin licencia para recetar).